Naturaleza
¿Cómo afectará el súper El Niño a España durante el otoño de 2026?
El súper El Niño gana fuerza y puede alterar el otoño en España, con más calor, lluvias irregulares y episodios intensos entre las opciones.

El Niño se está fortaleciendo con una rapidez poco habitual y las previsiones han dado un salto importante durante agosto. Para España, sin embargo, eso no significa automáticamente un otoño de diluvios, DANAs encadenadas o calor extremo sin descanso. El escenario que dibujan los modelos es bastante más interesante —y bastante menos cinematográfico—: temperaturas con muchas papeletas para mantenerse por encima de lo normal y una señal que favorece episodios húmedos en parte del sur de Europa, aunque la influencia directa de El Niño sobre la Península sigue siendo incierta.
Hay una señal inmediata. La predicción estacional disponible de AEMET para agosto, septiembre y octubre de 2026 concede una probabilidad muy alta al tercil cálido en toda España y una probabilidad alta de precipitaciones superiores a lo habitual en buena parte del país, excepto el noroeste peninsular y Canarias, donde no aparece una categoría claramente dominante. La agencia relaciona esa señal húmeda, sobre todo, con posibles episodios convectivos durante agosto y septiembre. Es importante el matiz: esta previsión abarca hasta octubre, no todo el otoño climatológico. La actualización que incluya septiembre, octubre y noviembre llegará a finales de agosto.
El dato que ha disparado las alarmas: un 95 % de probabilidad
La nueva previsión de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, explica por qué El Niño ha vuelto a las portadas. En su actualización de agosto, el Centro de Predicción Climática estadounidense calcula un 95 % de probabilidad de que El Niño alcance la categoría de “muy fuerte” entre octubre y diciembre, con un índice relativo del Niño igual o superior a 2 grados. Para septiembre, octubre y noviembre, esa probabilidad es del 93 %.
El salto es considerable. En julio la probabilidad de un episodio muy fuerte para octubre-diciembre era del 81 %. Un mes después ha subido hasta el 95 %. La NOAA sitúa además el valor central de su previsión del índice RONI en torno a 2,66 grados durante octubre, noviembre y diciembre, aunque el abanico posible continúa siendo amplio. El océano Pacífico ecuatorial, en otras palabras, está acumulando bastante pólvora climática.
Hay otro número todavía más llamativo. El Centro de Predicción Climática considera que existe un 69 % de probabilidad de que el episodio alcance una intensidad histórica durante octubre-diciembre, superando a los eventos de El Niño registrados desde 1950. No es una certeza, ni mucho menos, pero tampoco una hipótesis marginal escondida en el fondo de un modelo. Es el escenario central de una previsión que se ha ido reforzando a medida que avanzaba el verano.
“Súper El Niño” funciona muy bien como titular, pero no es su nombre científico
Conviene limpiar un poco la espuma alrededor de la noticia. “Súper El Niño” no es una categoría meteorológica oficial. La Organización Meteorológica Mundial no utiliza esa expresión y clasifica estos episodios como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes. El término “súper” se ha popularizado para describir informalmente los eventos excepcionales, los que se mueven en el territorio de los grandes episodios históricos.
Así que no, los científicos no han bautizado un monstruo nuevo en el Pacífico. Lo que sí existe es algo bastante más serio que el apodo: un episodio de El Niño en intensificación y una probabilidad excepcionalmente elevada de que alcance la máxima categoría operacional durante el otoño y comienzos del invierno.
La diferencia importa. Un El Niño muy fuerte aumenta la capacidad de alterar la circulación atmosférica mundial, desplazando zonas de lluvia, modificando corrientes en chorro y favoreciendo sequías en unas regiones mientras otras reciben precipitaciones abundantes. Pero intensidad no equivale a impacto idéntico en cada punto del planeta. Un episodio más fuerte puede aumentar la confianza en determinados patrones climáticos, pero nunca garantiza que estos aparezcan en una región concreta.
España puede notar a El Niño, pero el Pacífico no manda solo
Aquí empieza la parte que suele perderse cuando el mapa meteorológico se convierte en espectáculo. España está lejos de las regiones donde El Niño ejerce una influencia directa y bien establecida. En el Pacífico tropical, América, Australia o determinadas zonas de Asia, las señales son mucho más reconocibles. En Europa occidental la conexión es más débil, indirecta y depende de muchas otras piezas atmosféricas.
AEMET lo ha explicado con bastante claridad durante los últimos meses: no existe una correlación sencilla entre El Niño y el tiempo de España. Algunos estudios encuentran una mayor tendencia hacia condiciones húmedas durante finales del otoño y comienzos del invierno cuando se producen episodios intensos, pero esa asociación falla en determinados años. El Niño carga los dados; no decide por sí mismo qué número saldrá.
El Atlántico seguirá teniendo muchísimo que decir. La posición de la corriente en chorro, las borrascas atlánticas, la Oscilación del Atlántico Norte y los bloqueos anticiclónicos pueden modificar completamente el resultado que finalmente llegue a la Península. Basta un cambio persistente en la circulación para que una temporada aparentemente predispuesta a las lluvias termine dejando enormes diferencias entre Galicia, Andalucía, el Mediterráneo o el interior.
Y hay otro factor que suele confundirse: El Niño trabaja a escala climática, no meteorológica diaria. Puede modificar probabilidades para varias semanas o meses; no permite saber si el 18 de octubre habrá una DANA sobre Valencia o si noviembre traerá cinco borrascas atlánticas. Pretender extraer ese nivel de detalle en agosto sería algo parecido a saber que una Liga será igualada y asegurar ya el resultado de la jornada 14.
Más calor y una señal húmeda: lo que muestran los modelos para el otoño
Las predicciones europeas también están dejando pistas. Los modelos estacionales favorecen condiciones más húmedas de lo habitual en el sur de Europa durante el comienzo del otoño, mientras la señal húmeda tendería después a desplazarse hacia regiones centrales europeas durante el final del otoño y el inicio del invierno. En temperaturas, la señal resulta mucho más contundente: valores muy superiores a los habituales aparecen como escenario probable en prácticamente toda Europa durante el periodo analizado.
Eso encaja razonablemente con la previsión de AEMET para el tramo agosto-octubre, que contempla temperaturas superiores a la media en todo el territorio español y mayor probabilidad de lluvias en gran parte del país. Pero que dos señales coincidan no significa que El Niño sea el responsable único. Las predicciones estacionales integran decenas de variables oceánicas y atmosféricas; convertir todo lo que ocurra este otoño en “consecuencia de El Niño” sería cómodo, aunque científicamente bastante pobre.
El escenario térmico es, de hecho, más sólido que el de las precipitaciones. Un otoño cálido puede significar máximas anormalmente altas en septiembre y octubre, noches suaves durante más tiempo y retraso en la llegada del frío persistente. Eso no impide irrupciones frías puntuales. La climatología estacional habla de promedios: puede haber cinco días casi invernales dentro de un mes que termine siendo notablemente cálido.
Con la lluvia ocurre justo lo contrario: manda la irregularidad. Un trimestre puede acabar estadísticamente húmedo gracias a unos pocos episodios muy intensos, separados por semanas prácticamente secas. Y en España conocemos bien la película. No hacen falta cuarenta días de lluvia para superar la precipitación normal de una estación; a veces bastan varias jornadas extraordinarias.
¿Puede provocar más DANAs y lluvias torrenciales?
No existe una relación automática por la que un El Niño muy fuerte produzca más DANAs en España. Las depresiones aisladas en niveles altos aparecen cuando determinadas configuraciones de la circulación atmosférica desprenden bolsas de aire frío en altura. El Niño puede alterar el contexto general, pero no aprieta un botón en el Pacífico y fabrica una DANA sobre el Mediterráneo tres semanas después.
Otra cosa es el terreno sobre el que se desarrollen esos episodios. Un ambiente muy cálido y mares con abundante energía pueden proporcionar más vapor de agua a determinadas situaciones meteorológicas. Cuando coinciden aire frío en altura, flujo húmedo persistente y una configuración favorable, las precipitaciones pueden intensificarse con rapidez. De ahí que un otoño cálido no sea sinónimo de otoño tranquilo. A veces ocurre exactamente lo contrario: más calor disponible significa más combustible cuando la atmósfera encuentra la cerilla adecuada.
Tampoco puede afirmarse que España vaya hacia un otoño de inundaciones. Sería ir varios kilómetros por delante de los modelos. Las previsiones estacionales permiten hablar de probabilidades de temperatura y precipitación, pero no anticipar episodios extremos concretos con meses de distancia. Cada episodio de El Niño es diferente y sus efectos dependen de su intensidad, duración, momento del año y combinación con otros patrones climáticos.
Por qué este El Niño de 2026 está llamando tanto la atención
La evolución durante los últimos meses explica buena parte del interés. A comienzos de 2026 todavía se hablaba de la transición desde La Niña y existían dudas importantes sobre la fuerza que podría alcanzar el nuevo episodio. En marzo, la probabilidad de llegar a un El Niño fuerte durante octubre-diciembre rondaba aproximadamente una posibilidad entre tres. En junio, la probabilidad de la categoría muy fuerte había subido al 63 % para noviembre-enero. En julio alcanzó el 81 % para octubre-diciembre. Agosto la ha elevado al 95 %.
No es simplemente que los ordenadores estén cambiando de opinión cada semana. Los modelos disponen ahora de información que no tenían durante la primavera: la evolución real de la temperatura del Pacífico, el calor acumulado bajo la superficie oceánica y, sobre todo, la respuesta de la atmósfera. Océano y atmósfera están mostrando un acoplamiento cada vez más claro, uno de los ingredientes esenciales para que El Niño se intensifique.
La tendencia internacional también apunta a una rápida intensificación hacia condiciones fuertes y sitúa el máximo alrededor de noviembre. Los modelos proyectan asimismo temperaturas superiores a las normales en extensas regiones del planeta, otra señal que mantiene la atención puesta sobre la evolución del Pacífico durante los próximos meses.
La atención, por tanto, está justificada. Lo que no está justificado es convertir una previsión climática extraordinaria en una colección de certezas locales. Un El Niño histórico puede existir y, al mismo tiempo, dejar en España una huella mucho menos espectacular de la que sugiera su nombre.
El Pacífico empuja, pero el Atlántico sigue teniendo la última palabra
Con los datos disponibles el 20 de agosto, la fotografía empieza a definirse. El Niño de 2026 tiene muchas posibilidades de convertirse en uno de los episodios más intensos del registro moderno y su máximo probablemente llegará entre el otoño y el comienzo del invierno. Para España, la señal más consistente sigue siendo un periodo cálido, mientras aumenta el interés por una posible tendencia húmeda durante parte del otoño, especialmente conforme avance la estación.
Eso no equivale a anunciar lluvias torrenciales durante tres meses. Tampoco permite asignar de antemano una DANA, una borrasca o una inundación al fenómeno del Pacífico. Los modelos estacionales están señalando el terreno; el tiempo concreto lo decidirá después la circulación atmosférica sobre el Atlántico y Europa.
La próxima pieza importante llegará con la actualización estacional de AEMET de finales de agosto, cuando septiembre, octubre y noviembre entren juntos en la ventana de predicción. Hasta entonces, el dato verdaderamente extraordinario está al otro lado del planeta: un 95 % de probabilidad de El Niño muy fuerte entre octubre y diciembre. Lo que consiga hacer ese gigante al llegar a España es otra historia. Y ahí, por mucho que seduzca la palabra “súper”, la atmósfera todavía se guarda unas cuantas cartas.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









