Tecnología
¿Puede PlayStation salvar los juegos físicos antes del adiós de 2028?
El futuro de los juegos físicos de PlayStation se complica en 2028, aunque Shawn Layden ve una salida para conservar los discos mediante terceros.

Por Solomon203 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Sony dejará de fabricar discos para nuevos juegos de PlayStation en 2028
- Shawn Layden propone licenciar su fabricación a empresas autorizadas
- Los juegos físicos anteriores podrán seguir vendiéndose y reponiéndose
El final del disco en PlayStation todavía no tiene por qué ser definitivo. Shawn Layden, antiguo máximo responsable de PlayStation, sostiene que Sony dispone de una salida relativamente sencilla: permitir que fabricantes externos autorizados produzcan discos para las consolas de la compañía. La propuesta llega después de que Sony Interactive Entertainment anunciara que dejará de fabricar discos físicos para los nuevos videojuegos que se estrenen a partir de enero de 2028.
Hay, eso sí, una diferencia importante entre posibilidad y decisión empresarial. Sony no ha comunicado ningún cambio en sus planes. Layden ya no dirige PlayStation y plantea una alternativa desde fuera de la compañía. Pero su argumento abre una puerta que parecía cerrada: el formato físico podría continuar como producto minoritario, de coleccionista o destinado a determinadas editoras, aunque Sony abandone su fabricación directa. El disco quizá deje de ser el rey de la estantería; enterrarlo del todo es otra cosa.
La salida de Shawn Layden: que Sony licencie el disco
El problema, según Layden, no está únicamente en que Sony quiera reducir la producción. La cuestión esencial es que la compañía controla el proceso propietario utilizado para fabricar los discos de PlayStation. Si Sony deja de producirlos y no permite que nadie más lo haga, las editoras que quieran publicar una edición física tendrán las manos atadas.
Su propuesta consiste en licenciar esa tecnología a fabricantes especializados. Dicho de forma menos industrial: Sony podría dejar de tener las máquinas funcionando para cada lanzamiento sin impedir que otras empresas autorizadas siguieran prensando discos compatibles con PlayStation.
Layden ha definido un futuro sin discos como algo deprimente, aunque solucionable. No presenta un acuerdo cerrado ni asegura que Sony esté estudiándolo. Es una posibilidad empresarial. Y resulta bastante menos extravagante de lo que parece.
El modelo de Xbox demuestra que no es una fantasía
Microsoft ya utiliza un sistema parecido. La producción de determinados discos de Xbox puede realizarse mediante fabricantes externos autorizados, sujetos a las condiciones y certificaciones de la compañía. Sony, en cambio, mantiene la producción de sus discos dentro de su propia estructura industrial.
Ese precedente convierte la idea de Layden en algo más que nostalgia con traje de ejecutivo. Técnicamente existe un modelo. La pregunta empresarial es distinta: si a Sony le interesa conservarlo.
Una edición física fabricada por terceros tendría especialmente sentido en juegos con comunidades muy fieles, tiradas limitadas o versiones de coleccionista. Es un mercado más pequeño que hace diez años, sí, pero pequeño no significa inexistente. Basta observar lo ocurrido con el vinilo para comprobar que algunos formatos abandonan el centro del escenario y, cuando todos los daban por cadáveres, encuentran una segunda vida en los márgenes.
Qué ocurrirá de verdad con PlayStation en enero de 2028
Sony anunció el 1 de julio de 2026 que la producción de discos físicos para los nuevos juegos lanzados en consolas PlayStation finalizará a partir de enero de 2028. Los títulos nuevos posteriores a esa fecha se comercializarán en formato digital, tanto mediante PlayStation Store como a través de otros distribuidores.
Eso no significa que el 1 de enero de 2028 todos los discos de PlayStation vayan a desaparecer de las tiendas. Los juegos publicados físicamente antes de esa fecha no quedan afectados por la medida. Podrán seguir existiendo copias en circulación y Sony DADC ha aclarado que incluso habrá reposiciones posteriores de títulos anteriores cuando resulte necesario.
También conviene desmontar una cifra que circuló durante semanas. Algunas informaciones interpretaron que la producción de la planta de Sony caería hasta representar apenas el 10% de su nivel anterior. No es así. Sony DADC ha precisado que para 2028 espera una reducción del volumen total de aproximadamente el 10%, no una reducción hasta el 10%. Parece un juego de palabras, pero entre ambas cosas hay una fábrica entera.
El cambio profundo llegará con los estrenos posteriores al límite fijado por Sony. Ahí la caja tradicional con un Blu-ray dentro dejará de formar parte del modelo previsto por PlayStation. Las tiendas podrán seguir vendiendo videojuegos, pero mediante productos digitales y códigos de descarga. La estantería puede sobrevivir; el disco, no necesariamente. Una peculiar modernidad: comprar una caja cuyo contenido principal vive en un servidor.
Por qué Sony acelera hacia un negocio cada vez más digital
La explicación oficial habla de hábitos de consumo, y los números respaldan al menos una parte del argumento. En el ejercicio fiscal de 2025, alrededor del 80% de las ventas de juegos completos de Sony fueron descargas digitales. Hace una generación, semejante proporción habría parecido ciencia ficción.
Para una compañía de plataforma, además, el negocio digital tiene ventajas evidentes. Desaparecen buena parte de los costes relacionados con fabricación, transporte, almacenamiento y distribución física. La venta pasa directamente por una infraestructura controlada por la propia plataforma y el producto no necesita viajar en un camión, ocupar un almacén ni esperar detrás de una vitrina.
También desaparece otra cosa menos mencionada en las notas corporativas: el mercado de segunda mano. Un disco puede prestarse, venderse o comprarse usado. Una licencia digital ligada a una cuenta normalmente no. Desde la perspectiva de la empresa, el usuario digital es un cliente extraordinariamente ordenado: compra, descarga y no revende nada. Desde la del consumidor, la fotografía admite otros adjetivos.
El 80% digital inclina la balanza, pero no cuenta toda la historia
Que ocho de cada diez ventas completas sean digitales explica por qué Sony considera económicamente razonable el cambio. No demuestra, sin embargo, que los compradores del otro porcentaje hayan desaparecido o carezcan de valor comercial.
Las ediciones especiales y de coleccionista siguen apelando precisamente a lo contrario del consumo invisible: cajas grandes, libros de arte, mapas, figuras, carátulas, discos. Objetos. Para determinados aficionados, acumular videojuegos no es un accidente del medio sino parte del propio hobby.
Layden lo plantea desde ese ángulo. Coleccionar siempre ha formado parte del lenguaje de los videojuegos: conseguir objetos dentro de una partida y también fuera de ella. Una biblioteca de cajas de PS1, PS2 o PS3 cuenta una historia que una cuadrícula de iconos digitales en una pantalla difícilmente reproduce. No es mejor ni peor para jugar. Es otra relación con el producto.
Lo que se pierde cuando desaparece el soporte físico
El debate, por eso, rebasa la nostalgia del plástico y las instrucciones impresas que casi nadie imprime ya. Afecta a cuestiones como propiedad, préstamo, reventa y conservación cultural.
Un videojuego físico tampoco garantiza una independencia absoluta. Muchos títulos modernos necesitan actualizaciones, descargas adicionales o conexiones a servidores. Algunos discos contienen versiones incompletas o dependen de servicios que algún día pueden desaparecer. Idealizar el formato físico sería tan poco sensato como declararlo inútil.
Pero existe una diferencia material. Un disco plenamente funcional puede conservar una copia ejecutable durante décadas sin depender de que una tienda digital mantenga el producto en su catálogo. Una licencia descargable depende, en distintos grados, de cuentas, servidores, sistemas de autenticación y políticas empresariales.
La cuestión preocupa también a quienes consideran el videojuego patrimonio cultural. En España, la Biblioteca Nacional conserva videojuegos dentro de su labor de preservación, mientras museos, archivos y coleccionistas llevan años advirtiendo de las dificultades para conservar obras cuya existencia depende de infraestructuras digitales privadas.
RTVE ha dedicado uno de sus programas de Fallo de sistema al posible adiós del formato físico, con representantes del ámbito de la conservación, la edición y el coleccionismo. La inquietud no consiste únicamente en no poder colocar una caja bonita en una balda. Dentro de treinta o cuarenta años habrá videojuegos que alguien tendrá que poder estudiar, restaurar y ejecutar. La cultura digital también envejece, aunque no acumule polvo.
En comercios especializados españoles el movimiento de Sony tampoco se contempla como un simple cambio de embalaje. Eliminar el disco reduce una parte del negocio tradicional de las tiendas, especialmente la compraventa de segunda mano y el coleccionismo. El establecimiento puede vender un código digital, naturalmente, pero un código no vuelve meses después a la tienda para ser revendido. La circulación económica cambia por completo.
El disco puede dejar de ser masivo sin desaparecer
El escenario más probable no parece un regreso triunfal del formato físico a los niveles de hace quince años. El mercado ya ha cambiado demasiado. Descargar un juego resulta cómodo, inmediato y, para millones de jugadores, suficiente. Pretender que todo vuelva a la caja, el manual y el paseo hasta la tienda sería confundir cariño con estadística.
Pero entre dominar el mercado y desaparecer existe un territorio enorme. Sony podría mantener vivo el disco como formato especializado sin volver al modelo industrial anterior. La propuesta de Shawn Layden apunta exactamente ahí: dejar que fabricantes autorizados atiendan una demanda que sigue existiendo cuando la propia PlayStation considere que producir para ella ya no compensa.
Queda una incógnita decisiva. Sony no ha dicho que vaya a licenciar su tecnología ni existen negociaciones públicas para hacerlo. Su calendario oficial continúa intacto: enero de 2028 marca el final de los discos para los nuevos lanzamientos de PlayStation.
Aun así, el futuro físico de la consola ya no parece una cuestión puramente sentimental. Hay una solución industrial conocida, hay fabricantes capaces de asumirla y todavía hay compradores dispuestos a pagar. Falta que Sony decida si ese pequeño mercado merece seguir respirando. A veces el progreso consiste en eliminar cosas. Otras veces, simplemente en descubrir que no hacía falta eliminarlas del todo.












