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¿Quién es Estefanía Etxebeste y cómo hizo historia en herri kirolak?

Estefanía Etxebeste, de 23 años, levantó una piedra rectangular de 166 kilos en Ituren y superó la histórica marca femenina de Idoia Etxeberria.

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Estefanía Etxebeste

Imagen: Facebook

Resumen

  • Estefanía Etxebeste levantó una piedra rectangular de 166 kilos en Ituren
  • Superó los 163,4 kilos de Idoia Etxeberria, récord vigente desde 2016
  • Con 23 años, la navarra confirma su rápido ascenso en el harrijasotzea

Estefanía Etxebeste ha hecho historia en los herri kirolak. La harrijasotzaile navarra, de 23 años, ha establecido un nuevo récord femenino en levantamiento de piedra tras alzar una piedra rectangular de 166 kilos en Ituren, su localidad natal. Una barbaridad física, sí, pero también una marca con bastante más trabajo detrás del que sugieren unos pocos segundos en la plaza.

La hazaña llegó el 19 de septiembre de 2026. Etxebeste tenía previsto enfrentarse a una piedra de 165 kilos, suficiente para superar el registro anterior. La báscula añadió un pequeño detalle al guion: pesaba realmente 166. Tras fallar en su primera tentativa, consiguió levantarla en las dos siguientes. De este modo dejó atrás los 163,4 kilos de Idoia Etxeberria, récord que permanecía vigente desde hacía diez años.

Los 166 kilos de Ituren que cambiaron el récord

La escena tuvo algo de aquellas historias deportivas que parecen diseñadas con demasiada precisión para ser verdad. El récord se intentaba en Ituren, delante de familiares, amigos y vecinos, en una plaza llena. Y la protagonista había querido que fuese precisamente allí.

La primera alzada salió mal. Etxebeste logró mover la piedra, pero perdió su control al estabilizarla y el intento quedó invalidado. La mole volvió al suelo y durante unos instantes el récord pareció alejarse. No ocurrió. Tras recuperar la concentración dispuso de otra tentativa y esta vez los 166 kilos subieron hasta completar una alzada válida. Después repitió la operación una tercera vez. Dos levantamientos buenos después del tropiezo inicial.

El matiz del peso tampoco es menor. La prueba se había anunciado con una piedra rectangular de 165 kilos, pero el pesaje oficial dio un kilo más. El anterior tope femenino de referencia era el conseguido por Idoia Etxeberria en 2016 con 163,4 kilos. La diferencia parece pequeña escrita sobre una pantalla; con una piedra pegada al cuerpo, cada kilo juega otra liga.

Quién es Estefanía Etxebeste

Estefanía Etxebeste nació en Ituren, Navarra, en 2002. Su llegada al levantamiento de piedra fue tardía para lo que suele imaginarse cuando aparece una deportista capaz de pulverizar una plusmarca. No creció siguiendo un programa milimétrico para convertirse en campeona ni llevaba media vida especializada en fuerza.

De hecho, comenzó prácticamente por casualidad. En 2023 sus amigos le regalaron por su cumpleaños una clase en la escuela del harrijasotzaile Joseba Ostolaza, en Orio. Llegó sin experiencia previa levantando piedras. Allí comprobaron enseguida que tenía unas condiciones poco corrientes: algunas de las piedras que normalmente planteaban dificultades a los principiantes las movió con sorprendente facilidad. El regalo dejó de ser anécdota y empezó a convertirse en entrenamiento. Tres años más tarde regresaba a aquella escuela con un récord de 166 kilos.

Del primer entrenamiento a la élite del harrijasotzea

Etxebeste comenzó a desplazarse regularmente a Orio y fue construyendo su técnica alrededor de una disciplina en la que la fuerza bruta, aunque ayuda bastante —no nos engañemos—, está lejos de ser suficiente.

El harrijasotzea, o levantamiento de piedra, forma parte de los deportes rurales vascos. El objetivo consiste en elevar piedras de diferentes formas y pesos siguiendo unas condiciones determinadas. Rectangulares, cilíndricas, cúbicas o esféricas plantean problemas distintos de agarre, apoyo y equilibrio. Mover una pieza de más de 100 kilos exige potencia; conseguir colocarla y dominarla exige técnica. Y repetirlo cuando el cuerpo empieza a protestar es otra historia.

En la escuela de Ostolaza, Etxebeste fue aprendiendo precisamente esa parte menos visible. Cómo atacar la piedra, cómo colocar el cuerpo, cuándo acelerar el movimiento y cómo evitar que una mole sin demasiadas ganas de colaborar termine imponiendo su propia ley. El control corporal y el agarre cuentan tanto como la fuerza cuando los kilos empiezan a acercarse al límite.

Su progresión fue rápida. Muy rápida. Pero no lineal. Como ocurre en esta modalidad, el entrenamiento combina cargas, descanso, técnica y preparación mental. La propia deportista ha insistido en la importancia de no convertir cada sesión en una batalla contra el cronómetro o contra más kilos: entrenar más no significa necesariamente entrenar mejor. Durante la preparación del récord alternó piedras de 113 y 132 kilos antes de aproximarse a la carga definitiva.

Los récords que ya anunciaban algo grande

Los 166 kilos no aparecieron de repente. En 2024 Etxebeste ya fue segunda en el Campeonato de Euskadi y firmó otra marca llamativa: levantó diez veces una piedra cilíndrica de 100 kilos en tres minutos.

Un año después subió otro peldaño. En 2025 consiguió 59 alzadas con una piedra cilíndrica de 100 kilos, repartidas en dos tandas de cinco minutos, superando las 57 que había conseguido anteriormente Idoia Etxeberria. En diciembre de ese mismo año dejó una señal todavía más clara de hacia dónde podía ir su carrera: levantó una rectangular de 150 kilos en Asteasu.

En 2026 también formó parte del equipo Ulia que ganó la competición femenina Harri Herri, junto a Eider García Durana, Sara Jiménez de Aberasturi y Alba Zubiria. En la prueba decisiva de la final, el conjunto completó 47 alzadas con la piedra irregular. La imagen de Etxebeste como una aparición aislada empezaba a quedarse vieja: llevaba tiempo acumulando resultados.

Fuerza, técnica y una cabeza capaz de recomponerse

Hay un detalle del récord de Ituren que explica bastante bien por qué la hazaña no puede reducirse a tener unos músculos extraordinarios. El primer intento falló.

En una prueba preparada durante meses, delante de todo el pueblo y con una marca histórica al alcance, perder la primera oportunidad podía convertirse fácilmente en un muro. Etxebeste tuvo que recolocarse, esperar y volver a atacar exactamente la misma piedra que acababa de derrotarla. Cinco minutos después, la levantó.

La preparación mental había formado parte del entrenamiento. Uno de sus apoyos fundamentales ha sido Imanol Lartain, con quien trabaja esa parcela y que estuvo junto a ella durante el intento. En la plaza, Etxebeste trató de aislarse del ruido y concentrarse en sus indicaciones. Funcionó. La segunda alzada fue válida y la tercera confirmó que aquello no había sido un golpe de fortuna.

Durante aquel verano también había reducido salidas y fiestas, compaginando la preparación específica con exhibiciones y competiciones. Las últimas semanas fueron especialmente tensas. Después del récord llegó algo bastante menos épico y mucho más necesario: descansar.

Una estudiante de Educación Infantil que no vive del deporte

La dimensión de la marca contrasta con la realidad cotidiana de quien la ha conseguido. Etxebeste no es una deportista profesional dedicada exclusivamente a levantar piedra. Está cursando el último año de Educación Infantil y reconoce las dificultades de compaginar estudios, entrenamientos, campeonatos y exhibiciones.

Hasta el curso anterior también trabajaba, pero terminó dejándolo porque el tiempo sencillamente no daba para todo. Es una de las paradojas de los herri kirolak: una disciplina capaz de producir gestas deportivas enormes conserva todavía una estructura muy alejada del músculo económico del deporte profesional.

Su ascenso coincide, además, con una presencia femenina cada vez más visible en estas modalidades tradicionales. En exhibiciones, campeonatos y nuevos formatos aparecen harrijasotzailes, aizkolaris y especialistas de otras pruebas. El paisaje está cambiando sin necesidad de borrar la tradición; más bien ocurre lo contrario. Se amplía.

Un nombre nuevo escrito sobre una tradición antigua

Estefanía Etxebeste necesitó apenas tres años desde aquella primera clase regalada por sus amigos para llegar a una cifra que parecía reservada a otra etapa del harrijasotzea. 166 kilos, dos alzadas válidas y un récord anterior de una década convertido en historia.

Tiene 23 años, estudia Educación Infantil y, por ahora, no anda anunciando inmediatamente otra piedra mayor. Después de semejante esfuerzo, tampoco parece una mala idea. La propia Etxebeste ha dejado abierta la puerta al futuro, aunque sin convertir el siguiente récord en una obligación.

Lo que ocurrió en Ituren ya no necesita promesas. Una piedra rectangular pesada en báscula, una primera tentativa fallida y dos levantamientos posteriores bastaron para colocar a Estefanía Etxebeste entre los nombres de referencia del herri kirolak femenino. El resto llegará —o no— con el tiempo. La marca, en cambio, ya está ahí: 166 kilos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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