Economía
¿Endesa dispara su beneficio y promete 10.600 millones?

Endesa cierra 2025 con 2.198 millones y ebitda de 5.756; anuncia 10.600 millones hasta 2028, red al centro y dividendo de 1,58 € por acción.
Endesa cerró 2025 con el marcador en verde y una promesa de inversión que no es de las que se dicen para quedar bien. La compañía ganó 2.198 millones de euros (un 16% más que en 2024) y comunicó a la CNMV un resultado bruto de explotación, el ebitda, de 5.756 millones, un 9% más. Al mismo tiempo, presentó su plan estratégico 2026-2028 con un volumen inversor récord de 10.600 millones, con la mitad larga del dinero orientada a un objetivo muy concreto: reforzar la red eléctrica y aliviar lo que define como una saturación “generalizada” de la infraestructura de distribución en España.
El paquete llega con otra cifra que también hace ruido, porque habla directamente a los accionistas: Endesa propone subir el dividendo un 20% sobre lo previsto y repartir 1,58 euros por acción, también un 20% por encima del dividendo del año anterior. Todo esto, además, apoyado en un relato financiero que insiste en la visibilidad: el plan estima que alrededor del 85% del ebitda de los próximos tres años (unos 18.000 millones) estará regulado o contratado, es decir, amarrado a negocios con ingresos más predecibles.
Resultados 2025: 2.198 millones y un ebitda al alza
La foto que Endesa entrega de 2025 tiene dos líneas principales y ambas suben. Por un lado, el beneficio neto de 2.198 millones, que marca ese +16% interanual y coloca a la empresa en una posición cómoda para hablar de futuro sin que suene a brindis. Por otro, el ebitda de 5.756 millones (+9%), que es la medida más usada para explicar el rendimiento operativo antes de amortizaciones e impuestos y que, en una eléctrica, sirve para entender si el negocio “respira” con normalidad cuando el mercado, la regulación y la operación del sistema se ponen quisquillosos.
A esa doble subida se le añade un dato que Endesa destaca como si fuera el motor del año: el beneficio ordinario neto, que se situó en 2.351 millones y creció un 18%. Esa etiqueta de “ordinario” suele funcionar como un filtro: intenta mostrar el resultado asociado al desempeño recurrente del negocio, apartando efectos puntuales que pueden inflar o desinflar el neto final. En una compañía con actividades reguladas, contratos a largo plazo y exposición al mercado, ese matiz importa, porque el mercado suele premiar lo que se repite y castigar lo que huele a excepcional.
El contexto de 2025, según el propio comunicado, estuvo marcado por dos variables que se notan en el día a día del sistema eléctrico. La demanda de electricidad en la península creció alrededor de un 2%, una señal clara de que la economía se está “enchufando” más —industria, climatización, movilidad, servicios— aunque no todo vaya al mismo ritmo. Y el precio medio del pool ibérico fue de 65 euros/MWh, un nivel que Endesa califica de competitivo a escala europea. Ese pool, el mercado mayorista, es el termómetro que se mira a diario; pero no es el recibo final, y aquí aparece una de las frases más reveladoras del año.
Endesa subraya que al precio del pool se le sumaron otros 16 euros/MWh por el sobrecoste de los servicios complementarios, cinco euros más que el año anterior. Suena técnico, pero la idea es sencilla: además de comprar y vender energía, el sistema paga por mantenerse estable, por tener reservas, por sostener tensión y frecuencia, por operar con más margen de seguridad cuando hace falta. Ese “cuando hace falta” fue especialmente visible tras el apagón del 28 de abril, que obligó a una operativa más exigente. En el fondo, el año mezcla dos sensaciones: un mercado mayorista relativamente contenido y una operación del sistema más cara, más vigilada, con más costes asociados a la estabilidad.
Inversiones récord: 10.600 millones hasta 2028
En el plan estratégico 2026-2028, Endesa eleva el listón inversor un 10% respecto al plan anterior, que ya describía como récord histórico desde que en 2014 opera con su perímetro actual. La cifra total, 10.600 millones, no se presenta como una apuesta difusa, sino como un reparto muy orientado a un cuello de botella concreto: la infraestructura que permite que entren nuevos consumos y nuevas generaciones. La compañía viene a decir que la transición energética no se juega solo en paneles y aerogeneradores; se juega —cada vez más— en cables, subestaciones, centros de transformación, automatización y capacidad real para conectar.
Ese enfoque no es casual. Durante años, la conversación pública se ha centrado en cuánta renovable se instala, cuánto baja el coste de la solar o cuánto viento trae una temporada. Ahora el foco se desplaza hacia algo menos fotogénico y más determinante: la red. Si la red no crece y no se moderniza, las conexiones se frenan, los proyectos se atascan y la electrificación pierde velocidad. La inversión en distribución es, en cierto modo, la parte “silenciosa” de la transición: cuando funciona, casi nadie la menciona; cuando falla, ocupa portadas.
Endesa acompaña ese anuncio con otra cifra que retrata el ritmo reciente. En 2025 invirtió 3.200 millones de euros, un 55% más que el año anterior, y destinó el 77% a redes y renovables. La tendencia, por tanto, ya venía acelerando antes de que el plan 2026-2028 se formalizara: el dinero ya estaba entrando, y ahora se pone por escrito una ambición mayor y más concentrada en distribución.
La red se lleva 5.500 millones y pone condiciones
La pieza central del plan es el bloque de 5.500 millones de euros para la red de distribución, el 52% del total del trienio. Endesa recalca que es un salto relevante: supone un 40% más que en el plan anterior para este capítulo. Y aquí aparece un “sí, pero” que cambia el tono del anuncio, porque introduce una condición regulatoria muy concreta: esa inversión en redes se ejecutará en los términos planteados si se aprueba el real decreto que permitiría invertir por encima del actual tope regulatorio y si se reconoce el 100% de las inversiones realizadas.
En lenguaje llano, Endesa está diciendo que quiere meter más capital en la red, pero necesita que el marco regulatorio le deje y, sobre todo, que le remunere lo invertido sin recortes ni reconocimientos parciales. La distribución es un negocio regulado: no funciona como vender camisetas o coches, sino como operar una infraestructura esencial con reglas de inversión y retribución fijadas. Ese detalle, que para muchos suena burocrático, es el corazón del plan: sin ajuste normativo, la ambición en redes se vuelve más difícil de sostener tal como está dibujada.
La compañía liga esa apuesta a un argumento que lleva meses subiendo de volumen en el sector: la red está al límite en muchas zonas. Endesa habla de “saturación generalizada” y enmarca su inversión como una manera de abrir la puerta a más conexiones de nuevos clientes, en un momento en que la demanda crece y los usos eléctricos se multiplican. Detrás de esa frase hay un choque real entre deseo y física: pueden existir proyectos industriales listos, puntos de recarga planificados, autoconsumos que quieren volcar excedentes, centros de datos con necesidad de potencia… pero la red tiene capacidad finita, y ampliarla no es inmediato.
Lo que movió el negocio: margen eléctrico, gas y renovables
Endesa explica el rendimiento de 2025 con un mensaje que, leído con calma, dibuja ganadores y un perdedor relativo. Según la compañía, todos los segmentos de negocio excepto el de generación renovable incrementaron su contribución al ebitda. La renovable, dice Endesa, sufrió por menores volúmenes y precios de la eólica y la solar. Aquí aparece una realidad incómoda para los relatos simples: más renovable instalada no garantiza automáticamente mejores márgenes cada año; hay volatilidad meteorológica, hay horas con precios muy bajos cuando sobra sol o viento, y hay una competencia creciente que presiona la captura de precio.
En cambio, el segmento que más empuja es el que a menudo se mira con menos glamour: la generación convencional, “con especial fuerza” gracias al buen comportamiento del negocio del gas. En un sistema con renovables variables, el gas suele funcionar como respaldo flexible: entra cuando falta viento o cae el sol, y ayuda a estabilizar el sistema cuando el equilibrio es frágil. Endesa no está diciendo que el gas sea el futuro brillante, pero sí que en 2025 fue una palanca de resultado, y eso se nota en la evolución del margen.
En el negocio eléctrico, Endesa señala que el margen unitario se mantuvo sólido pese al sobrecoste de la operación reforzada aplicada por el operador del sistema tras el apagón del 28 de abril. Ese margen se situó en 52 euros/MWh, frente a 55 euros/MWh del año anterior. Es una bajada, sí, pero dentro de un rango que la compañía considera estable dadas las circunstancias operativas. Y la clave está en ese “pese a”: la operación reforzada implicó costes adicionales y un sistema más exigente, y aun así el margen no se desplomó.
En el gas, el contraste es muy nítido: el volumen comercializado se mantuvo plano en 78 TWh, de los que 16 TWh correspondieron al consumo de las centrales de ciclo combinado, pero el margen unitario subió a 9 euros/MWh, más del doble que el año anterior. Endesa atribuye esa mejora a su estrategia de coberturas y a la resiliencia del segmento residencial. “Coberturas” suena a jerga, pero se parece a cerrar el precio con antelación para reducir sobresaltos: no elimina el riesgo, lo domestica. En un año con volatilidad y con una operación del sistema más cara, esa disciplina de márgenes puede explicar por qué el gas, aun sin crecer en volumen, crece en rentabilidad.
El “apagón” y los servicios complementarios en la factura del sistema
La mención al apagón del 28 de abril funciona como un recordatorio de que el sistema eléctrico no es solo mercado; es ingeniería en tiempo real. Endesa deja claro que, tras aquel episodio, el operador del sistema aplicó una operación reforzada que encareció la estabilidad. Y ese encarecimiento aparece reflejado en el dato de servicios complementarios: 16 euros/MWh de sobrecoste, cinco más que el año anterior. La cifra es importante por lo que sugiere: mantener el sistema estable tiene un coste creciente cuando la red está exigida y cuando el mix de generación requiere más ajustes.
Ese coste no es un capricho; suele estar asociado a reservas, regulación secundaria, restricciones técnicas, gestión de congestiones, arranques y paradas, y a la necesidad de operar con más margen cuando hay incertidumbre. En un sistema con más renovables variables, esos servicios tienden a ganar peso si no se acompasan con redes más fuertes, más almacenamiento y más flexibilidad en la demanda. Endesa, al colocar este dato junto al anuncio de inversiones en distribución, está construyendo un hilo lógico: si la red está saturada y la operación se encarece, reforzar la red no es solo expansión; es también una manera de reducir fricciones del sistema.
Al mismo tiempo, la empresa insiste en que el pool ibérico fue competitivo con esos 65 euros/MWh, una forma de decir que el mercado mayorista no fue el problema principal del año. El matiz está en el “precio final”: Endesa lo presenta como un resultado de varias capas, y pone el foco en lo que ocurre fuera del titular del pool. La idea de fondo es clara: hay una parte creciente del coste eléctrico que ya no depende tanto del precio de generación en sí, sino de la estabilidad, la red y la operación. Eso, en 2026, es un debate que empieza a ser estructural.
Dividendo y deuda: 1,58 euros por acción y más apalancamiento
El anuncio del dividendo tiene un punto de gesto político hacia el mercado: Endesa propone elevar un 20% sobre lo previsto, que eran 1,3 euros, hasta 1,58 euros por acción. Y remata con otra comparación: esa cifra es también un 20% superior al dividendo repartido el año anterior. En un contexto de inversiones récord, esta decisión se lee como un intento de sostener dos promesas a la vez, la de crecer en infraestructura y la de mantener una retribución atractiva.
Ese equilibrio no es trivial. Invertir más suele tensionar la caja libre y empujar a mayor endeudamiento; pagar más dividendo también consume caja. Endesa trata de sostenerlo con el argumento de la visibilidad de ingresos: el plan estima que alrededor del 85% del ebitda de los próximos tres años (unos 18.000 millones de euros) estará regulado o contratado. Esa frase busca transmitir que una gran parte del flujo operativo viene de negocios con reglas y contratos que aportan estabilidad, algo especialmente valioso cuando el entorno energético puede cambiar de un trimestre a otro.
Aun así, Endesa no esconde que el plan implica más deuda. De cara a 2028, prevé situar la deuda neta en un rango de 14.000 a 15.000 millones de euros, lo que llevaría la ratio de apalancamiento a 2,3 veces, desde 1,8 veces al cierre del año pasado. El mercado suele tolerar cierto incremento de deuda en utilities si el flujo regulado acompaña y si la inversión está bien alineada con el marco retributivo; pero el matiz vuelve a ser el mismo: el plan de redes depende de que el regulador permita invertir más allá del tope y reconozca el 100% de lo invertido. Si ese encaje no llega, la ecuación de deuda, inversión y dividendo puede volverse más delicada.
En paralelo, Endesa sostiene que 2025 ya mostró un impulso inversor fuerte —3.200 millones, un 55% más— y que la mayor parte fue a redes y renovables. Ese antecedente refuerza la idea de que el plan no es un salto al vacío, sino una aceleración sobre una trayectoria ya iniciada. La diferencia es de escala y de concentración: el trienio 2026-2028 coloca el grueso del esfuerzo en distribución, que es donde la compañía dice encontrar el freno real a nuevas conexiones, nuevas demandas y, en general, al crecimiento eléctrico que describe para España.
2028 en el horizonte: la red como termómetro del país
La hoja de ruta de Endesa hacia 2028 está llena de números, pero hay tres que resumen la ambición: crecer el ebitda a una media del 4% anual hasta situarlo en una horquilla de 6.200 a 6.500 millones, elevar el beneficio ordinario neto hasta 2.500-2.600 millones con un crecimiento medio similar, y asumir un aumento de la deuda neta hasta 14.000-15.000 millones con una ratio de 2,3 veces. Son objetivos que mezclan crecimiento y prudencia: sube la inversión, suben resultados, sube la deuda, pero se intenta mantener el apalancamiento en un rango considerado razonable para una utility con una parte alta de ingresos regulados.
El plan también revela una lectura bastante clara del momento energético español: la electrificación ya no es solo un eslogan, se está notando en la demanda, y empieza a chocar con límites físicos y regulatorios. Por eso Endesa insiste en la “saturación generalizada” de la red y en la necesidad de reforzarla para admitir más conexiones. Esa saturación no significa únicamente “falta de capacidad” en abstracto; se traduce en tiempos, permisos, inversiones que se encadenan, proyectos que esperan hueco, y en una operación del sistema que, como se vio tras el apagón del 28 de abril, puede volverse más cara si el sistema necesita operar con más margen de seguridad.
En este marco, la decisión de reservar 5.500 millones a distribución funciona como una apuesta estratégica, pero también como una advertencia: la transición no avanza al ritmo de los anuncios de potencia si no hay red que la sostenga. Endesa plantea abrir la puerta a más conexiones de nuevos clientes; esa frase puede incluir desde nuevos suministros industriales hasta electrificación de procesos, desde puntos de recarga hasta expansión de servicios urbanos, desde autoconsumos que piden capacidad de evacuación hasta redes digitales que exigen calidad de suministro. Todo eso es “demanda” en el sentido más literal: potencia disponible, estabilidad y continuidad.
Queda, además, el capítulo del coste del sistema, que Endesa ha puesto encima de la mesa con el dato de los servicios complementarios y el sobrecoste de la operación reforzada. En 2025, el pool fue competitivo, pero el “extra” por estabilidad aumentó. Ese detalle, bien mirado, conecta directamente con la inversión en redes y con el debate sobre cómo se reparte el coste de mantener un sistema seguro. Si la red se refuerza y se moderniza, y si la planificación acompaña, parte de esas fricciones podrían reducirse; si no, el sistema seguirá pagando por operar en modo “prudencia”, que es más caro aunque sea necesario.
En definitiva, el anuncio de Endesa combina tres mensajes que van en la misma dirección. Primero, resultados sólidos: 2.198 millones de beneficio neto, 5.756 millones de ebitda, 2.351 millones de beneficio ordinario. Segundo, inversión récord: 10.600 millones hasta 2028, con 5.500 millones para distribución, pero sujeto a un ajuste regulatorio que permita superar el tope y reconocer el 100% de lo invertido. Tercero, retribución al accionista: un dividendo propuesto de 1,58 euros por acción, en un contexto donde la deuda subirá y el apalancamiento pasará de 1,8 a 2,3 veces. Todo encaja en una idea simple y a la vez exigente: si España quiere más electricidad —más consumo y más generación— el “cable” deja de ser un detalle técnico y se convierte en la pieza que decide cuánto se puede crecer y a qué coste.

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