Economía
¿Qué empresas españolas están en Marruecos y en qué sectores operan?
Más de 350 empresas españolas tienen presencia estable en Marruecos, desde la automoción y la banca hasta el turismo, el agua y el ferrocarril.

Por Chah.salah - Trabajo propio, CC0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Más de 350 empresas españolas están instaladas en Marruecos
- Industria, banca, turismo y energía concentran buena parte de su actividad
- El Mundial de 2030 acelera nuevos contratos de transporte e infraestructuras
La presencia empresarial española en Marruecos ya no cabe en aquella fotografía de fábricas textiles, hoteles, conservas y constructoras que circulaba en 2019. Más de 350 empresas españolas están instaladas en el país, con posiciones especialmente fuertes en infraestructuras, energía y agua, automoción, banca, transporte, tecnología y turismo. Y el mapa continúa moviéndose: aparecen nuevos contratos ferroviarios, enormes desaladoras y proyectos ligados a la energía verde que hace siete años apenas asomaban por el horizonte.
Conviene aclararlo desde el principio porque ahí está el dato que cambia toda la lectura. La relación difundida originalmente en agosto de 2019 y recuperada como hemeroteca no constituye un censo actualizado de 2026. Muchas de las compañías siguen presentes, otras han cambiado de nombre, estructura o actividad y han aparecido actores nuevos. Marruecos, mientras tanto, se ha convertido en el principal destino africano de la inversión española y en un engranaje cada vez más cercano de las cadenas industriales de España. Catorce kilómetros de Estrecho son muy poca distancia cuando por medio circulan coches, cables, trenes, habitaciones de hotel, créditos bancarios y contratos públicos de cientos de millones.
De la lista de 2019 al mapa empresarial de 2026
La vieja relación tenía valor documental. Mostraba nombres como Acciona, ACS, Roca, Ficosa, Grupo Antolin, CaixaBank, Banco Sabadell, ALSA, Barceló, Iberostar o RIU, junto a decenas de firmas de alimentación, textil, componentes industriales, logística y servicios. Pero utilizarla sin fecha sería como abrir una guía telefónica de hace siete años y asegurar que nadie se ha mudado.
El propio concepto de empresa española que «opera» en Marruecos necesita una pequeña lupa. Se ha hablado de más de 350 compañías instaladas, mientras otras estimaciones elevan a cerca de 800 el número de empresas españolas con actividad en el país. No existe necesariamente contradicción: una cosa es disponer de implantación estable —filial, sucursal, fábrica o estructura local— y otra tener actividad comercial en territorio marroquí. Son perímetros distintos.
También han cambiado los rótulos. La antigua Cepsa, por ejemplo, pasó a llamarse Moeve y desarrolla con TAQA Morocco un proyecto relacionado con hidrógeno y derivados verdes. A la vez, empresas que apenas figuraban en el relato de 2019 han ganado protagonismo gracias a grandes adjudicaciones. El resultado es un tejido económico más complejo, menos limitado a vender productos desde España y bastante más integrado en la economía marroquí.
Agua, trenes y energía: los contratos que han cambiado la escala
Una de las imágenes más claras de esa nueva etapa está bajo tierra y junto al mar. Acciona lidera el consorcio responsable de la futura desaladora de Casablanca, ubicada en Sidi Rahal. El proyecto contempla una capacidad de 300 millones de metros cúbicos de agua al año, suficiente para abastecer a millones de personas y atender también necesidades agrícolas. La inversión estimada ronda los 613 millones de euros y la compañía española participa con el 50% del vehículo del proyecto.
No es una obra menor colocada discretamente en el currículum corporativo. Acciona asumirá construcción, operación y mantenimiento durante décadas, mientras la financiación pública española ligada al proyecto se aproxima a 340 millones de euros mediante distintos instrumentos. Agua, energía renovable y diplomacia económica mezcladas en la misma tubería.
El ferrocarril proporciona otro ejemplo bastante gráfico. En 2025, CAF obtuvo su primer gran contrato ferroviario en Marruecos para suministrar 40 trenes interurbanos capaces de alcanzar los 200 kilómetros por hora. La financiación articulada desde España supera los 750 millones de euros y enlaza directamente con el enorme programa marroquí de modernización del transporte ante el Mundial de 2030.
La industria del automóvil ya no es solo mano de obra barata
Más silencioso, aunque quizá más revelador, resulta el sector de componentes. Marruecos ha construido alrededor de Tánger, Kenitra y otros polos industriales un ecosistema automovilístico que atrae proveedores europeos por proximidad, costes, conexiones logísticas y acceso a fabricantes implantados en el país.
Ahí permanece Ficosa, cuyo centro marroquí se ha convertido en una instalación estratégica para el grupo. La compañía fabrica en Marruecos cámaras y sistemas de visión para automoción, entre otros componentes; de hecho, todavía en 2025 identificaba el país como uno de sus centros internacionales de producción de cámaras. Es una diferencia importante respecto al estereotipo habitual: no todo lo que cruza el Estrecho son procesos básicos de ensamblaje. También viajan electrónica, ingeniería y sistemas destinados al vehículo conectado.
Roca conserva igualmente una presencia industrial tangible. El grupo dispone de producción en Marruecos y cuenta con dos fábricas en el país dentro de su actividad vinculada a productos para el baño. La cercanía al mercado europeo, pero también el crecimiento de la construcción marroquí, ayuda a explicar por qué compañías españolas que comenzaron mirando al país como plataforma productiva acabaron contemplándolo también como mercado.
Bancos, autobuses y hoteles: la España empresarial más visible
Si la industria vive muchas veces detrás de las puertas de un polígono, otros grupos españoles se encuentran a simple vista. CaixaBank está presente en Marruecos desde 2009 y mantiene sucursales operativas en Casablanca, Tánger y Agadir. Su negocio se orienta fundamentalmente hacia empresas y grandes clientes, precisamente el tipo de estructura financiera necesaria cuando centenares de compañías trabajan a ambos lados del Estrecho.
El transporte urbano ofrece otra presencia cotidiana. ALSA continúa operando en Marruecos y presta servicios en ciudades como Rabat, Casablanca, Khouribga y Agadir. Autobuses de una empresa española recorriendo avenidas marroquíes: pocas estampas explican mejor hasta qué punto la relación económica ha bajado del despacho ministerial a la calle.
El turismo mantiene, por su parte, nombres históricos y una implantación que se ha ampliado. Barceló Hotel Group cuenta con una amplia cartera de establecimientos en Marruecos, con hoteles en Casablanca, Tánger, Marrakech, Rabat, Agadir y Fez. Iberostar conserva establecimientos en destinos como Marrakech, Agadir y Saïdia, mientras RIU mantiene una fuerte presencia especialmente en Agadir y Taghazout.
No se trata únicamente de españoles viajando a Marrakech durante un puente. Detrás hay sociedades, empleados locales, proveedores, compras y gestión hotelera. Un ecosistema menos espectacular que un tren de 200 kilómetros por hora, pero persistente y visible durante todo el año.
Marruecos ya es una pieza central del comercio español con África
El verdadero tamaño de la relación aparece al levantar la vista de cada empresa. España se ha consolidado como primer socio comercial de Marruecos, mientras Marruecos es el principal mercado africano para las exportaciones españolas. El intercambio bilateral ha superado los 22.500 millones de euros anuales, una cifra que ayuda a colocar en perspectiva la densidad de las relaciones entre ambos países.
En 2024, las ventas españolas a Marruecos crecieron cerca de un 6%. Y la tendencia no desapareció después: Marruecos volvió a figurar entre los mercados donde las exportaciones españolas alcanzaron máximos históricos mensuales. El vecino del sur ha dejado de ser un mercado periférico para convertirse en una de las conexiones exteriores importantes de la economía española.
La inversión cuenta otra parte de la historia. Marruecos es el primer destino africano de la inversión española, con un stock cercano a 2.000 millones de euros y decenas de miles de empleos vinculados a ese capital. La geografía ayuda, claro. También los costes industriales, las conexiones marítimas, los acuerdos comerciales marroquíes y una política deliberada de Rabat para atraer fábricas y tecnología extranjera.
Hay otra cara, menos cómoda y bastante real. Cuanto mayor es la integración, mayor es también la exposición económica mutua. Una crisis diplomática, un cambio regulatorio, un conflicto comercial o una interrupción logística deja de ser ruido lejano. Puede afectar a fábricas, proveedores y mercancías en cuestión de días. La economía ata cabos que la política luego descubre que no puede deshacer con un simple comunicado.
El Mundial de 2030 acelera una relación que venía de antes
La Copa del Mundo que organizarán conjuntamente Marruecos, España y Portugal funciona como acelerador. Rabat prepara inversiones en ferrocarriles, aeropuertos, carreteras, hoteles, agua, digitalización y energía. Precisamente los ámbitos donde muchas empresas españolas llevan años acumulando experiencia internacional.
Las infraestructuras, la movilidad, la tecnología y el turismo aparecen entre los sectores con mayores posibilidades y España ha reforzado instrumentos financieros destinados a facilitar contratos de compañías nacionales. CAF y Acciona sirven como aperitivo bastante contundente de lo que está en juego.
Pero sería un error explicar todo por el Mundial. El torneo dura unas semanas; las fábricas y las plantas de agua aspiran a trabajar durante décadas. El proceso industrial marroquí viene de mucho antes y se apoya en Tánger Med, las zonas francas, la automoción y la manufactura exportadora, además de una creciente demanda de infraestructuras. El campeonato simplemente ha puesto focos y calendario sobre una transformación que ya estaba en marcha.
Un mapa empresarial mucho mayor que aquella fotografía de 2019
La hemeroteca sirve para comprobar cuánto ha cambiado el paisaje. Aquella lista de empresas españolas instaladas en Marruecos era larga incluso en 2019, pero no debe confundirse con un registro vigente. Algunas compañías siguen exactamente donde estaban; otras han transformado su negocio, han cambiado de marca o han reducido su presencia. Y otras, como CAF en el ferrocarril marroquí, representan operaciones que sencillamente no figuraban en aquella fotografía.
Lo que permanece es el fondo. España y Marruecos han construido una relación empresarial difícil de reducir a una colección de nombres: fábricas de componentes, bancos, autobuses urbanos, complejos hoteleros, plantas de agua, materiales de construcción, proyectos energéticos y, pronto, decenas de nuevos trenes. El Estrecho continúa siendo una frontera política. Económicamente, cada vez se parece más a una avenida muy transitada.












