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El tiempo hoy en España 4 de febrero ¿dónde cae hoy lo peor?
Leonardo sacude el país: avisos AEMET, lluvia, viento y gran oleaje; nieve, deshielos, carreteras cortadas y clases suspendidas en Andalucía.

Leonardo sacude el país: avisos AEMET, lluvia, viento y gran oleaje; nieve, deshielos, carreteras cortadas y clases suspendidas en Andalucía.
España encara este miércoles 4 de febrero de 2026 con la borrasca Leonardo instalada como un motor grande y persistente: lluvia que no es “una tanda” sino horas seguidas, rachas de viento que se meten por el Estrecho y por la fachada atlántica, y un temporal marítimo que convierte ciertas costas en un lugar incómodo incluso para mirar. El dibujo general es claro desde primera hora: el sur concentra lo más duro, pero el episodio no se queda ahí; se estira hacia el oeste, sube al noroeste y roza a ratos el Mediterráneo con chubascos y oleaje, mientras la nieve aparece en la foto como invitada madrugadora y luego se retira hacia cotas más altas.
La pieza más delicada del mapa está en Andalucía, con el foco especialmente afilado en Málaga y Cádiz, donde los avisos por lluvia alcanzan el nivel rojo en zonas concretas por peligro extraordinario. La situación, además, no es un fogonazo de hoy y ya: la alerta estatal se mantiene por temporal atlántico, al menos, hasta el sábado 7, con una sucesión de frentes y una atmósfera cargada de humedad que sostiene la inestabilidad y multiplica el impacto allí donde el suelo ya venía empapado.
Leonardo entra con todo: lluvias, viento y mar de fondo
En un día como hoy, la meteorología se vuelve casi logística: cuándo cae más, dónde pega el viento, qué tramo de costa se pone feo y qué carretera deja de ser carretera para convertirse en una lámina de agua. Leonardo se comporta como una borrasca amplia, con circulación del oeste y suroeste empujando aire templado y húmedo hacia la Península; esa combinación, cuando choca con relieve y con cuencas ya cargadas, suele traducirse en precipitaciones persistentes y en un repunte de incidencias que no siempre dependen del “récord” de litros, sino de la continuidad.
La mañana arranca con chubascos generalizados en buena parte del territorio, pero lo que marca la jornada es el contraste: el sur con lluvia de verdad —de la que no deja respirar— y el norte-noroeste con un patrón más de frente tras frente, viento y tormenta a ratos. La sensación térmica también cambia el guion: el aire llega relativamente suave en muchas zonas, lo que empuja la cota de nieve hacia arriba y abre la puerta a un fenómeno menos vistoso y a menudo más puñetero, el deshielo.
El mar, mientras tanto, juega a lo grande. Cuando el parte habla de oleaje y viento del oeste fuerte, el mensaje implícito es simple: hay tramos de costa donde el agua no “rompe”, golpea. Y no hace falta un titular épico para que eso sea un problema: basta con que coincida con pleamar, con un paseo expuesto o con una escollera donde el viento te empuja hacia donde no conviene.
Avisos y zonas calientes: el rojo del sur
La clave del día está en cómo se reparte el riesgo. Hoy hay avisos activos por lluvia, viento, nieve, fenómenos costeros y deshielos en una parte muy amplia del país, con un conteo que incluye 25 provincias y también a Ceuta y Melilla. Pero el nivel rojo —el de “esto ya no es un susto, esto es serio”— se concentra en áreas muy concretas del sur, y ahí el lenguaje se vuelve numérico, casi quirúrgico: acumulados que pueden pasar de 150 litros por metro cuadrado en 12 horas y superar los 200 litros en 24 horas en puntos especialmente favorecidos por el relieve y el flujo húmedo.
En la provincia malagueña, el aviso rojo se activa sobre la comarca de Ronda, con una previsión de precipitación acumulada que, en el contexto de febrero, tiene un sabor claramente excepcional. Al mismo tiempo, en la provincia gaditana, el rojo afecta a Grazalema y a Jimena de la Frontera, dos nombres que ya suenan a lluvia en la memoria colectiva porque su geografía, cuando entra humedad del Atlántico, hace de exprimidor natural. En paralelo, se mantiene un cinturón de avisos naranja y amarillo en otras comarcas, porque el episodio no se limita a un punto; es una mancha que se desplaza, se regenera y vuelve a cargar.
Málaga y Cádiz, el corazón del episodio
El detalle que cambia el tono —y la respuesta de emergencias— es el ritmo de acumulación. Se manejan escenarios donde, además de grandes cifras en 12 o 24 horas, puede haber momentos de intensidad muy alta en intervalos cortos. En el entorno del Estrecho, por ejemplo, se ha llegado a poner sobre la mesa la posibilidad de acumular hasta 120 litros por metro cuadrado en una hora en áreas con mayor probabilidad alrededor de Algeciras, y de alcanzar del orden de 150 litros en 24 horas. Es un tipo de cifra que, en terreno urbano o con drenaje limitado, no se discute: se padece.
En Málaga, fuera del rojo de Ronda, el naranja cubre buena parte del resto de la provincia por acumulados relevantes, y el litoral añade otro ingrediente: aviso por fenómenos costeros en áreas como Sol y Guadalhorce y Axarquía, con el poniente soplando con mala idea. En Cádiz, además de la lluvia, el viento sube el listón: en el litoral gaditano se contemplan rachas cercanas a 90 km/h en el tramo más comprometido del día, y eso no es solo un dato bonito en una tabla; es persianas que golpean, ramas que ceden y sensación de temporal de los que se oyen desde dentro de casa.
En el resto de Andalucía el mapa no se queda en blanco: Granada y Jaén se sitúan bajo avisos naranjas por lluvia, con acumulados que pueden rondar o superar los 150 litros por metro cuadrado en las zonas más expuestas del episodio, y con rachas relevantes en áreas interiores. Córdoba, Huelva y Sevilla se mueven en avisos amarillos por lluvia, con umbrales del orden de 15 mm en una hora o alrededor de 40–60 mm en 12 horas según comarcas, cifras que, con suelo saturado, dejan de ser “moderadas” en la práctica.
El resto del mapa: Galicia, mesetas y Mediterráneo inquieto
Mientras el sur recibe el golpe más duro, el noroeste y el oeste viven su propia versión del temporal, más de viento y de frente tras frente. Galicia aparece señalada por episodios de lluvia y por fenómenos costeros, y en puntos del litoral se añaden avisos por tormentas con probabilidad de granizo. La combinación es típicamente atlántica: un cielo que cambia de cara varias veces al día, ratos de lluvia regular y, de pronto, un chubasco más serio con viento que lo desordena todo.
En la Meseta, el viento también gana terreno. En zonas de Castilla y León, por ejemplo, se contemplan avisos amarillos por rachas alrededor de 70 km/h, un umbral que no siempre deja grandes destrozos, pero sí suficientes incidencias como para que los servicios municipales no paren. Y la lluvia, aunque menos dramática que en el sur, se vuelve insistente: nubosidad cerrada, chubascos, ratos de precipitación débil que no parecen nada hasta que, al cabo de horas, han calado el terreno y complican cauces secundarios.
El Mediterráneo, con Leonardo, va por capítulos: no necesariamente se lleva los grandes acumulados del día, pero no queda al margen. En la Comunidad Valenciana el tiempo se mueve entre intervalos de nubes y claros y chubascos puntuales, mientras aparecen avisos por viento en tramos de litoral con rachas que pueden rondar los 80 km/h en franjas concretas. Más al sureste, en Murcia y Alicante, el episodio se traduce en mañana con lluvia o llovizna y una tendencia posterior a abrir claros y subir temperaturas, ese contraste raro de febrero donde en una punta del mapa se habla de inundaciones y en otra el termómetro parece de abril.
En Islas Baleares, el miércoles empieza con lluvia y llovizna y evoluciona hacia una tarde de claros, pero el viento vuelve a asomar en el horizonte inmediato: en el sur de Mallorca se activan avisos por rachas que también pueden acercarse a los 80 km/h en el tramo del jueves. Es el típico escenario de “parece que afloja” y luego reaparece el golpe de viento, seco y molesto.
Y al otro lado, en Canarias, el contraste es casi descarado: estabilidad relativa, temperaturas suaves y un cielo con sol filtrado por nubes altas en muchas horas. El archipiélago mira el temporal peninsular como quien oye una tormenta a distancia: se sabe que está, pero el día a día allí va por otro carril, con ambiente agradable y menos sobresaltos.
Nieve y deshielos: el norte y la trampa de la cota
La nieve hoy tiene un papel peculiar: aparece en el parte como riesgo real en determinados corredores, pero también como fenómeno que cambia rápido de forma. En el centro y el norte hay avisos amarillos por nieve en áreas de interior y de montaña, y se registran afectaciones en carreteras por acumulación y por hielo. Sin embargo, el aire relativamente templado que acompaña a Leonardo empuja la cota hacia arriba, lo que convierte algunas nevadas de madrugada en lluvia pocas horas después. Ese cambio, más que “buena noticia”, abre la puerta al deshielo, y con él a un incremento del caudal en cursos pequeños y a la aparición de placas de agua y barro en vías secundarias.
Aquí el detalle manda: un puerto puede pasar de blanco a negro, y luego a una mezcla incómoda de agua, nieve pisada y hielo residual. En la red viaria se han reportado restricciones por nieve y hielo incluso en ejes importantes, con tramos donde se limita velocidad y se prohíbe el paso a vehículos pesados. No es solo el copo; es la mezcla de humedad, temperatura y viento, que te deja la carretera en un estado que cambia en minutos y no siempre avisa con elegancia.
En áreas del interior del norte y de la Meseta, el deshielo se suma a la lluvia ya caída días atrás, y ese es el tipo de combinación que eleva el riesgo de incidencias hidrológicas aunque no caiga un diluvio en ese punto concreto. Cuando el suelo está saturado, cualquier aporte extra —lluvia persistente, deshielo, desembalses— tiene un efecto más rápido y más visible.
Carreteras, trenes y colegios: el tiempo en la vida diaria
El temporal deja de ser abstracto cuando toca la rutina. En Andalucía, la actividad lectiva se ha suspendido en todas las provincias salvo Almería, una decisión que da la medida del episodio: no se toma por cuatro charcos. En paralelo, los desalojos preventivos han superado las 3.000 personas en provincias como Cádiz, Málaga y Jaén, con la mirada puesta en zonas inundables y en la posible crecida de ríos. La fotografía de la madrugada y primeras horas incluye también una tensión añadida: la red fluvial con varios puntos en nivel rojo y naranja, y la administración autonómica avisando de que podrían ser necesarios más desalojos si la lluvia insiste donde ya está haciendo daño. En esas horas, la meteorología no es conversación; es gestión del riesgo.
El transporte también acusa el golpe. El estado de la red secundaria refleja cortes por inundaciones, desprendimientos y balsas, y en el balance temprano de la mañana se contabilizan decenas de carreteras cerradas al tráfico, con una parte por nieve y otra por lluvia intensa y anegaciones. En algunos momentos se ha hablado de alrededor de 45 carreteras cerradas, con 13 afectadas por nieve en nivel de mayor restricción y más de 30 por inundaciones, además de otras decenas condicionadas por meteorología adversa. El dato importa, sí, pero lo que de verdad se nota es la dispersión: cortes repartidos que obligan a desviar y que convierten trayectos normales en un mapa de rodeos.
En ferrocarril, la operativa se ajusta al minuto. Renfe ha llegado a suspender servicios y a suprimir trenes en varias líneas andaluzas para explorar el estado de la infraestructura y garantizar seguridad, con afectaciones destacadas en conexiones que pasan por tramos castigados por lluvia intensa. La alta velocidad entre Antequera y Málaga ha figurado entre las líneas condicionadas, y se han registrado supresiones en servicios de media distancia y proximidad en diferentes puntos del sur. Es la parte menos visible del temporal: cuando el agua cae con intensidad, la prioridad no es “mantener horario”, sino comprobar vía, taludes y puntos sensibles, y eso se traduce en cancelaciones, retrasos y una cadena de decisiones que, desde fuera, parecen bruscas pero suelen ser pura prudencia operativa.
DGT, Renfe y emergencias, el pulso del día
La Dirección General de Tráfico se convierte en un barómetro tan importante como el pluviómetro cuando el temporal aprieta. Sus informes van dibujando el país en tiempo real: un tramo cortado aquí por desbordamiento, otro allí por nieve, un puerto que entra en restricciones, una nacional donde el agua se come el arcén. En paralelo, los servicios de emergencias autonómicos y locales sostienen la parte de calle: achiques, vigilancia de cauces, control de pasos inferiores, evacuaciones preventivas donde toca y seguimiento continuo de embalses y ríos.
En este tipo de episodios, además, aparece un actor que suele decirlo todo sin decirlo: la Unidad Militar de Emergencias, puesta en alerta ante la evolución del temporal en Andalucía. No hace falta convertirlo en espectáculo: cuando la UME entra en escena, es porque se asume que el episodio puede exigir capacidades extra, desde apoyo logístico a intervención en zonas anegadas si la situación lo pide.
El dato hidrológico completa el cuadro: embalses desembalsando en varias cuencas, ríos con niveles de vigilancia elevados y un riesgo que no siempre coincide con la hora de lluvia más intensa. A veces el pico llega después, cuando el agua de laderas, arroyos y ramblas termina de confluir. Ese “desfase” es el que obliga a mantener el foco también cuando parece que, por unos minutos, el cielo afloja.
Cuando pase lo peor: la inercia del temporal hasta el sábado
La idea más útil para entender lo que viene no es “hoy llueve, mañana ya veremos”, sino inercia. Leonardo no es una borrasca que entra, cruza y se va dejando un día de titulares. El escenario que se maneja para los próximos días mantiene el patrón de inestabilidad con frentes sucesivos, viento en distintos momentos y un mar todavía revuelto en las zonas más expuestas. El jueves, por ejemplo, se dibuja en muchas áreas con viento más protagonista y con lluvias que, sin tener siempre el mismo impacto del miércoles en el sur, siguen apareciendo de forma intermitente o persistente según la zona.
En el sur, la preocupación no es solo lo que cae en una hora concreta, sino la suma: acumulados que se apilan sobre acumulados, cauces que reciben aportes por lluvia directa y por escorrentía, y un terreno que deja de absorber y empieza a escupir agua cuesta abajo. En el noroeste, el viento y la lluvia mantienen el paisaje atlántico típico de borrasca: cielo bajo, chubascos, rachas y un litoral que exige respeto. En el interior, la nieve y el hielo se mueven con la cota, y el deshielo añade una capa extra de vigilancia en zonas donde el termómetro sube justo lo suficiente para convertir la nieve en agua corriente.
Al final del día, el temporal suele dejar dos cosas a la vez: imágenes muy concretas —una carretera cortada, un arroyo al límite, un paseo marítimo vacío— y una sensación más general, casi física, de atmósfera cargada. Hoy, 4 de febrero, esa sensación está sostenida por datos y por decisiones: avisos rojos en áreas del sur, suspensión de clases en buena parte de Andalucía, desalojos preventivos por riesgo de crecida, cortes en carreteras y ajustes en trenes. Y por encima de todo, el mismo hilo que lo cose todo: Leonardo no se comporta como visita breve, sino como un temporal con continuidad, de los que obligan a mirar el parte no por curiosidad, sino porque marca el ritmo del país durante varios días.

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