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Naturaleza

¿Qué pueblos amenaza el incendio de Guadalajara que llega a Soria?

El incendio de Guadalajara calcina 26.000 hectáreas, fuerza evacuaciones masivas y extiende la amenaza forestal hasta la provincia de Soria.

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megaincendio en Chile

Actualizado a las 8:10 del 21 de julio de 2026. El incendio forestal iniciado en La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, continúa fuera de control después de calcinar unas 26.000 hectáreas, dibujar un perímetro superior a los 120 kilómetros y obligar a más de 1.200 personas a abandonar sus casas. El fuego, declarado el jueves 16 de julio, se ha convertido en el mayor registrado en Castilla-La Mancha y ha cruzado el tablero administrativo: la emergencia alcanza a la provincia de Soria.

El balance más consistente a primera hora sitúa en 33 los núcleos evacuados en Guadalajara y en 11 los que permanecen confinados, aunque las cifras cambian a medida que se dictan nuevas órdenes de protección. En Soria han sido desalojados los 31 vecinos que permanecían en Barcones y los residentes de un centro de mayores de Retortillo. No se han comunicado fallecidos ni heridos directamente causados por las llamas, pero el incendio conserva una enorme capacidad de propagación y sigue lejos de considerarse estabilizado.

Un incendio que ha desbordado la capacidad de extinción

El fuego fue detectado alrededor de las 13:55 del jueves en el término municipal de La Mierla. Lo que inicialmente parecía un incendio agrícola con posibilidad de alcanzar el monte terminó convirtiéndose, en cuestión de horas, en una masa de llamas empujada por el viento sobre pinares, matorral y terreno reseco. La Sierra Norte llevaba días calentándose como una vieja estufa de hierro. Bastó la chispa —su origen exacto continúa investigándose— para que todo saltara.

Los técnicos del dispositivo Infocam reconocen que el incendio ha llegado a superar la denominada capacidad de extinción. La expresión no significa que los equipos hayan dejado de combatirlo, sino que en determinados momentos la intensidad del frente resulta demasiado alta para atacarlo directamente y con seguridad. Se han observado llamas cercanas a los 30 metros, velocidades de avance de hasta 66 metros por minuto y saltos capaces de rebasar cortafuegos de más de 40 metros. No es un fuego que camine. Corre, gira y, cuando cambia el viento, vuelve sobre sus propios pasos.

Durante las últimas jornadas han trabajado cientos de profesionales de Infocam, bomberos forestales, agentes medioambientales, Guardia Civil, Protección Civil y cerca de 200 militares de la Unidad Militar de Emergencias. El despliegue aéreo ha llegado a reunir más de una veintena de aeronaves en una sola jornada, entre helicópteros, aviones anfibios y aparatos de coordinación. A ellos se han sumado agricultores con tractores y maquinaria pesada, especialmente útiles para abrir líneas defensivas en las zonas de cultivo.

El problema está en el suelo, en el aire y también en la geografía. Barrancos, laderas y masas forestales continuas complican el movimiento del operativo, mientras las carreteras estrechas ralentizan la llegada de vehículos pesados. La inversión térmica nocturna puede aplastar el humo sobre los valles, empeorar la visibilidad y retrasar la entrada de los medios aéreos durante las primeras horas. Cuando el sol levanta esa tapa gris, el viento vuelve a mandar.

Muriel, un pueblo vacío bajo el ruido de los helicópteros

Muriel fue una de las primeras localidades evacuadas. Esta pequeña pedanía de Guadalajara apenas cuenta con ocho habitantes empadronados y, por el momento, sus viviendas se mantienen en pie. Las calles, sin embargo, están vacías. Quedan puertas cerradas, alguna maceta, coches que salieron deprisa y el sonido constante de los helicópteros cargando agua en el cercano embalse de Beleña.

El fuego se acercó con tal rapidez que algunos vecinos apenas tuvieron tiempo para recoger documentación, medicamentos y una muda. Lo demás quedó dentro. Casas, fotografías, herramientas, animales domésticos; esas cosas pequeñas que nunca aparecen en un parte técnico y que, sin embargo, ofrecen la verdadera medida de una evacuación de emergencia.

Más de una treintena de poblaciones han pasado por una situación parecida. Entre los núcleos desalojados figuran La Mierla, Almiruete, Palancares, Semillas, La Nava de Jadraque, Muriel, Umbralejo, Arroyo de las Fraguas, Navas de Jadraque, El Ordial, Zarzuela de Jadraque, Villares de Jadraque, Bustares, Las Veguillas, Prádena de Atienza, Gascueña de Bornova, Robledo de Corpes, Aldeanueva de Atienza, Naharros, La Bodera, Ríofrío del Llano, Cardeñosa, Santiuste, Rebollosa de Jadraque, Angón, Hiendelaencina, San Andrés del Congosto, Congostrina, Huerce, Valdepinillos, Albendiego, Somolinos y Alpedroches.

Los vecinos desplazados han sido acogidos en viviendas de familiares, instalaciones municipales y recursos habilitados por Cruz Roja. La incertidumbre pesa más que las maletas. Nadie puede fijar todavía una fecha segura para el regreso porque un pueblo no se reabre cuando las llamas dejan de verse, sino cuando los técnicos comprueban que los accesos, el aire, las líneas eléctricas y el perímetro no esconden una nueva trampa.

El fuego alcanza Soria y obliga a evacuar Barcones

La cabeza del incendio avanzó durante el lunes hacia el norte y terminó afectando al entorno de la provincia de Soria. La Junta de Castilla y León activó el Índice de Gravedad Potencial 2, reservado para emergencias que pueden amenazar seriamente a la población y requieren una coordinación reforzada de recursos.

El Cecopi ordenó evacuar Barcones debido a la mala calidad del aire y al riesgo de que el frente se aproximara todavía más. En la localidad permanecían 31 vecinos, todos con medios propios para abandonar el municipio y sin personas dependientes entre ellos. El humo había llegado incluso a puntos situados decenas de kilómetros al norte, dejando un cielo ocre y ese olor áspero, mezcla de madera y ceniza, que se pega a la garganta.

También fue desalojada la residencia Virgen del Prado, en Retortillo de Soria. Treinta y tres personas fueron trasladadas: 32 a una residencia de Arcos de Jalón y una al Hospital Universitario Santa Bárbara. El operativo incluyó vehículos adaptados, personal sanitario, Guardia Civil y medios de la Diputación. La evacuación se decidió por prevención, no porque las llamas hubieran alcanzado el edificio. Esperar a verlas por la ventana habría sido una temeridad bastante castiza, pero temeridad al fin.

Arenillas, Lumías y el propio núcleo de Retortillo permanecen bajo vigilancia, con instrucciones preparadas ante una posible evacuación. Los vecinos de las zonas afectadas por el humo deben mantener puertas y ventanas cerradas, evitar el ejercicio al aire libre y reducir los desplazamientos. Las personas con asma, enfermedades respiratorias o problemas cardiovasculares son las más vulnerables; una mascarilla filtrante puede ayudar cuando sea imprescindible salir, aunque no convierte una atmósfera cargada de partículas en aire limpio.

Por qué resulta tan difícil frenar las llamas

La superficie quemada equivale aproximadamente a 36.000 campos de fútbol. Es una comparación gastada, sí, pero aquí sirve: permite imaginar una mancha negra extendiéndose desde la comarca de La Mierla hacia las parameras de Atienza y el límite con Castilla y León. El perímetro del incendio, superior a los 120 kilómetros, obliga a repartir medios en numerosos flancos y a elegir dónde atacar, dónde contener y dónde proteger directamente viviendas.

Las temperaturas elevadas, la humedad escasa y el viento han generado un escenario especialmente adverso. Para este martes se espera una jornada seca, con cielos despejados y máximas que rondarán los 35 o 36 grados en buena parte de Guadalajara. No se prevén lluvias capaces de aliviar el incendio. El riesgo de propagación sigue siendo extremo en La Mierla y otras áreas de la provincia, mientras Castilla y León mantiene activada su alerta por incendios forestales.

Una dificultad añadida son las reactivaciones. El frente puede aparentar menor actividad durante la noche, pero conservar puntos calientes en raíces, troncos y acumulaciones de materia vegetal. Con la subida de la temperatura, esas brasas reciben oxígeno, saltan de nuevo y obligan a recomenzar trabajos que parecían ganados. El incendio, en fin, no respeta horarios de oficina.

La prioridad continúa siendo la defensa de las personas y los núcleos habitados. Los medios aéreos atacan las zonas de mayor intensidad, mientras los equipos terrestres consolidan líneas de contención y vigilan que las pavesas no crucen carreteras o franjas agrícolas. En algunos sectores los tractores han abierto amplios corredores sobre campos de cereal, una barrera sin árboles que puede ralentizar el avance. Puede. Esa palabra manda en toda la operación.

El origen continúa bajo investigación

La Guardia Civil mantiene abierta una investigación para determinar cómo comenzó el incendio. Las primeras averiguaciones apuntan a maquinaria agrícola utilizada durante labores de cosecha, pero todavía no existe una conclusión definitiva sobre la causa ni sobre eventuales responsabilidades penales o administrativas.

Durante los primeros días se difundió el nombre del alcalde de Robledillo de Mohernando, Rubén Marchamalo, de Vox, vinculado a la explotación agrícola investigada. El regidor negó encontrarse en el lugar donde comenzó el fuego y reclamó respeto a la presunción de inocencia. Su partido sostiene que la actividad se realizaba dentro del horario permitido y con medios preventivos. La investigación deberá aclarar quién manejaba la maquinaria, qué ocurrió exactamente y si se incumplió alguna obligación de seguridad. El resto, por el momento, es ruido político alrededor de un monte que sigue ardiendo.

Las labores agrícolas no estaban prohibidas de forma general cuando se declaró el incendio, pues el índice de propagación potencial se encontraba en nivel muy alto, no extremo. La normativa imponía restricciones horarias y medidas de precaución. Que una actividad sea legal no elimina automáticamente una posible responsabilidad por negligencia, del mismo modo que la existencia de un incendio no demuestra por sí sola que alguien actuara de manera imprudente. Ese matiz, poco vistoso en las redes sociales, será central para los investigadores.

Una cicatriz histórica en la Sierra Norte

La Mierla se ha convertido en el mayor incendio forestal conocido en Castilla-La Mancha por superficie, por encima del desastre de Riba de Saelices de 2005. Aquel fuego, también en Guadalajara, causó la muerte de 11 integrantes de un retén y dejó una herida que la provincia aún recuerda. El nuevo incendio comenzó precisamente un 16 de julio, la misma fecha del inicio de aquella tragedia, una coincidencia brutal que ha devuelto imágenes y miedos de hace dos décadas.

Esta vez no se han registrado víctimas mortales, pero el daño ambiental será enorme. Las llamas han entrado en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, un espacio de más de 117.000 hectáreas con pinares, robledales, barrancos, pastos de montaña y hábitats incluidos en la Red Natura 2000. La pérdida no se mide únicamente en árboles: afecta a suelos, aves, mamíferos, explotaciones ganaderas, colmenas, recursos hídricos y actividades turísticas.

El incendio llega, además, en plena temporada rural. Alojamientos, restaurantes y empresas de turismo activo han sufrido cancelaciones, mientras muchas explotaciones afrontan la pérdida de pastos, vallados y zonas de aprovechamiento forestal. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha anunciado un plan de recuperación con participación del Gobierno central. Primero habrá que apagar el fuego. Después vendrán la evaluación, las ayudas, la retirada de madera quemada y una restauración que no se resolverá plantando árboles a toda prisa para salir bien en la fotografía.

La regeneración natural puede ser más adecuada en algunas zonas; en otras será necesario intervenir para evitar erosión, arrastres de ceniza y contaminación de cauces. Las lluvias intensas posteriores a un gran incendio pueden convertir las laderas desnudas en una corriente de barro. El problema no acaba cuando se retira el último camión rojo.

El incendio sigue abierto y la frontera ya no protege a nadie

La emergencia de La Mierla ha dejado de ser exclusivamente un incendio de Guadalajara. Su avance hacia Soria, las evacuaciones preventivas y la enorme extensión del perímetro obligan a coordinar dos comunidades autónomas, la UME, medios estatales y numerosos servicios provinciales y municipales. Las fronteras administrativas sirven para ordenar expedientes; al viento le resultan bastante indiferentes.

El dato esencial permanece intacto y es incómodo: 26.000 hectáreas quemadas, más de 1.200 personas desplazadas y un incendio todavía sin control. Muriel continúa vacío, Barcones ha sido evacuado y los pueblos próximos al frente miran el cielo antes que el reloj. Hasta que el viento afloje y las líneas de defensa consigan cerrar el perímetro, cualquier mejoría deberá interpretarse con prudencia.

No hay una fecha para la estabilización ni para el regreso general de los vecinos. Hay trabajos parciales, sectores defendidos, noches aprovechadas y una batalla desigual contra un fuego que ha encontrado continuidad vegetal, calor y kilómetros por delante. La Sierra Norte amanece cubierta de humo. Debajo, cientos de personas siguen intentando que esa mancha gris no avance un metro más.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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