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¿Qué edificio moverá la Sagrada Familia por su fachada de la Gloria?
La Sagrada Familia estudia reubicar un bloque de viviendas para ejecutar la fachada de la Gloria y resolver uno de sus últimos obstáculos urbanos.

Resumen
- La Sagrada Familia propone trasladar el bloque afectado por la fachada de Gloria
- El edificio se reubicaría en un solar cercano de la misma manzana
- El acuerdo urbanístico es clave para construir la gran escalinata de Gaudí
La Sagrada Familia ha puesto sobre la mesa una solución concreta para uno de los últimos grandes obstáculos que separan al templo de su final definitivo: trasladar a un solar cercano el bloque de viviendas afectado por la futura fachada de la Gloria. La propuesta permitiría construir la gran escalinata proyectada por Antoni Gaudí sin recurrir al escenario, mucho más traumático, que durante años hizo temer la desaparición de alrededor de 200 viviendas.
El edificio afectado se encuentra en la calle Mallorca, frente al templo. Según la Junta Constructora, existe espacio disponible en la manzana contigua para reproducir allí el mismo bloque y reubicar a sus residentes. Las conversaciones con vecinos y Ayuntamiento de Barcelona están avanzadas y se habla incluso de principios de acuerdo, aunque todavía no existe un pacto urbanístico definitivo.
La solución que plantea ahora la Sagrada Familia
El director general de la Junta Constructora, Xavier Martínez, ha explicado que la propuesta actual reduce de manera considerable la afección residencial contemplada durante décadas alrededor del proyecto de la fachada principal.
La idea consiste en trasladar el único edificio que, según el planteamiento presentado por el templo, impide desarrollar completamente la escalinata de la fachada de la Gloria. Hay un solar en la manzana vecina donde sería posible levantar un bloque equivalente. Sobre el papel parece una operación quirúrgica frente a aquella vieja imagen de una franja entera del Eixample desapareciendo bajo el proyecto de Gaudí.
No está cerrado, sin embargo. La Junta asegura mantener un diálogo constante con el Ayuntamiento y los vecinos, mientras espera una decisión municipal que permita encajar jurídicamente la actuación. El consistorio tendrá la última palabra sobre el diseño urbanístico del entorno y también deberá determinar si la intervención se limita a ese inmueble o alcanza edificios adyacentes para abrir una perspectiva más amplia frente a la basílica.
Ese matiz importa. Mover un edificio no equivale a tener solucionada la fachada. Quedan licencias, ordenación del espacio público, compensaciones y una intervención sobre una calle plenamente integrada en la trama cotidiana de Barcelona.
Por qué la fachada de la Gloria necesita ocupar la calle Mallorca
La fachada de la Gloria no es una fachada más. Gaudí la concibió como la entrada principal de la Sagrada Familia, la gran puerta monumental del templo, y su diseño rebasa el perímetro de la parcela actual.
El proyecto incluye una amplia plaza y una escalinata que avanzaría sobre la calle Mallorca hacia la manzana situada enfrente. Ahí nace el problema urbanístico. Mientras las fachadas del Nacimiento y de la Pasión caben esencialmente dentro del recinto del templo, la de la Gloria fue concebida con una proyección exterior mucho mayor.
Parte de su estructura se extenderá unos 35 metros hacia el exterior, sostenida mediante columnas bifurcadas. La escalinata salvaría la calle Mallorca y conduciría hasta el acceso principal. Una solución espectacular desde el punto de vista arquitectónico; bastante menos sencilla cuando debajo hay tráfico, viviendas y una ciudad que lleva más de un siglo creciendo alrededor de una obra que parecía no acabar nunca.
Las obras pueden avanzar, pero solo hasta cierto punto
La basílica dispone actualmente de autorización para desarrollar la parte vertical de la fachada que queda dentro de su propio solar. Ese trabajo ya ha comenzado.
La construcción se concentra en las cuatro grandes torres de la fachada de la Gloria, que alcanzarán aproximadamente 120 metros de altura. Los cimientos fueron ejecutados tiempo atrás y el avance de las estructuras puede continuar sin necesidad de resolver todavía la ocupación exterior.
La frontera aparece cuando el proyecto cruza físicamente el límite del recinto. Para ejecutar las columnas y estructuras asociadas a la futura plaza y a la escalinata hace falta un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona y las correspondientes autorizaciones para actuar sobre la calle.
Es decir: las grúas pueden seguir subiendo. La ciudad, en cambio, todavía tiene que decidir cómo encaja el último gran gesto de Gaudí en un barrio que en 1882, cuando comenzó el templo, era otra cosa.
De unas 200 viviendas afectadas a un solo bloque
Durante años, el debate sobre la fachada de la Gloria estuvo asociado a una cifra especialmente delicada: unas 200 viviendas potencialmente afectadas por la prolongación de la escalinata.
El nuevo planteamiento modifica de forma sustancial ese escenario. La Junta Constructora sostiene ahora que sería suficiente actuar directamente sobre un único inmueble, identificado como el bloque de Núñez y Navarro, y trasladarlo a la parcela próxima.
La diferencia es enorme. No elimina el conflicto —para quienes viven en ese edificio, evidentemente, no es una cuestión abstracta dibujada sobre un plano—, pero reduce considerablemente el número de vecinos directamente afectados por la ejecución estricta de la escalinata.
Otra cuestión es lo que decida finalmente Barcelona. El consistorio podría estudiar una transformación más amplia del entorno para mejorar la visibilidad del monumento y ordenar la futura plaza. Esa posibilidad pertenece todavía al terreno urbanístico, no al de los hechos consumados.
La fachada de la Gloria, última gran pieza del templo
La importancia de la negociación se entiende mejor al mirar hacia arriba. La Sagrada Familia ha culminado ya el exterior de la torre de Jesucristo, de 176 metros, que corona el conjunto y convierte el templo en una presencia todavía más dominante sobre el perfil de Barcelona.
Con las seis torres centrales completadas exteriormente en 2026, la actividad constructiva ha empezado a desplazarse hacia la fachada de la Gloria. Será allí donde se levanten las últimas grandes torres previstas para completar el conjunto de 18 torres concebidas para la basílica.
Dentro de la torre de Jesucristo los trabajos tampoco han terminado. Durante 2027 y 2028 continuará el acondicionamiento interior, mientras se desarrolla una decoración que incluirá un gran mosaico de más de 50.000 piezas, concebido para representar el firmamento mediante una transición de tonalidades violetas y azules hacia el blanco.
La obra, por tanto, ha cambiado de naturaleza. Ya no se trata tanto de levantar el gigantesco núcleo central como de completar interiores, elementos anexos y, sobre todo, resolver la fachada que debe relacionar definitivamente el templo con la ciudad.
¿Puede terminar realmente la Sagrada Familia dentro de diez años?
La Junta Constructora considera que diez años serían suficientes para acabar la fachada de la Gloria y, con ella, las grandes obras de la basílica. El horizonte situaría la terminación aproximadamente a mediados de la década de 2030.
No es una fecha grabada en piedra. Depende de cómo se resuelva precisamente el conflicto urbanístico de la calle Mallorca. La fecha definitiva de conclusión de la basílica sigue pendiente de determinar, porque la ejecución completa de la fachada depende de decisiones que escapan a la construcción propiamente dicha.
Hay, aun así, una diferencia importante respecto a otros anuncios del pasado: las partes esenciales del templo están ya físicamente muy avanzadas. La torre de Jesucristo está culminada exteriormente, las seis torres centrales están completadas y los trabajos de la Gloria están en marcha.
La vieja broma de que Barcelona vería terminar antes cualquier cosa que la Sagrada Familia empieza a tener fecha de caducidad.
El último gran problema está a ras de suelo
Después de décadas mirando las grúas y calculando alturas imposibles, el desafío decisivo de la Sagrada Familia resulta curiosamente terrestre. No está a 176 metros sobre Barcelona, sino al otro lado de la calle Mallorca.
La propuesta de trasladar un solo edificio a una parcela cercana abre una salida mucho menos agresiva que las alternativas manejadas históricamente y podría desbloquear la gran escalinata de la fachada de la Gloria. Pero todavía necesita convertirse en acuerdo, proyecto urbanístico y permisos.
La arquitectura puede estar bastante definida; la ciudad no funciona con maquetas. Vecinos, Ayuntamiento y Junta Constructora deberán encajar ahora una pieza que Gaudí dibujó cuando el entorno de la basílica apenas se parecía al Eixample actual. Si ese encaje prospera, la Sagrada Familia habrá despejado uno de los últimos obstáculos para terminar una obra iniciada hace más de 140 años.

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