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¿Ed Sheeran es realmente apolítico? Las veces que sí tomó posición
Ed Sheeran afronta críticas por Palestina tras haber apoyado públicamente a Ucrania y otras causas, mientras defiende conciertos sin política.

Resumen
- Sheeran defendió públicamente a Ucrania en 2022 y actuó por ayuda humanitaria
- La salida de Macklemore reabrió el debate sobre Palestina y sus conciertos
- El cantante ha prometido dos millones de dólares para ayuda ligada a Gaza
Ed Sheeran ha quedado atrapado en una discusión bastante más incómoda que cualquier crítica musical. La salida de Macklemore de su Loop Tour después de que el rapero mostrara su apoyo a Palestina ha colocado bajo la lupa la posición pública del cantante británico, que sostiene que prefiere mantener sus conciertos alejados de la política. El problema, señalan sus críticos, es que su trayectoria no siempre ha sido tan neutral.
La comparación que más circula estos días remite a Ucrania. En marzo de 2022, pocas semanas después de la invasión rusa, Sheeran expresó públicamente su apoyo a los ucranianos y participó en el Concert for Ukraine de Birmingham, organizado para recaudar fondos humanitarios. Cuatro años después, en plena polémica por Palestina, defiende otro enfoque: no convertir sus escenarios en foros políticos y preservar sus conciertos como espacios de unidad, alegría, evasión y amor. No significa que haya declarado no tener opiniones; de hecho, insiste precisamente en lo contrario. Significa que ha decidido no hacerlas públicas del mismo modo. Ahí está el matiz —y también el origen del debate.
La polémica que ha colocado a Ed Sheeran bajo el foco
Todo comenzó a adquirir otra dimensión durante las actuaciones de Sheeran en el MetLife Stadium de Nueva Jersey a comienzos de septiembre. Macklemore, uno de sus teloneros y desde hace años una de las voces más visibles de la industria musical en apoyo de los palestinos, aprovechó el escenario para pronunciarse sobre Gaza.
El rapero gritó «Free Palestine», proyectó imágenes de la destrucción en Gaza y defendió que criticar las actuaciones del Gobierno israelí no equivalía a atacar a los judíos. Sus palabras provocaron inmediatamente una reacción fuera del estadio. Diversos recintos previstos para las siguientes fechas comunicaron que no aceptarían su presencia en el cartel.
Uno de los protagonistas de aquella presión fue Robert Kraft, propietario de los New England Patriots y del Gillette Stadium de Massachusetts. Kraft sostuvo que su rechazo estaba relacionado con declaraciones e imágenes anteriores de Macklemore que consideraba antisemitas. El rapero ha rechazado que su defensa de Palestina tenga ese carácter y mantiene que sus críticas están dirigidas a las políticas del Gobierno israelí.
La promotora Messina Touring Group terminó apartando a Macklemore de la gira. Y ahí apareció Ed Sheeran en medio del incendio.
Sheeran asegura que la decisión no fue suya
El británico negó que hubiese ordenado expulsar personalmente a Macklemore. Según explicó, varios estadios habían advertido de que podían cancelar los conciertos si el estadounidense seguía actuando como telonero y él trató de encontrar una salida negociada.
Sheeran afirmó que Macklemore salió de la gira por decisión del promotor, no por la suya. También reconoció conversaciones directas con Kraft y aseguró que había intentado tender puentes entre las partes. La versión difundida por la organización sostiene que varios recintos amenazaban con impedir futuros espectáculos con Macklemore en el cartel.
La explicación no desactivó la polémica. Finneas, Lukas Graham, Aaron Rowe y miembros de Beoga, la banda que acompaña a Sheeran, abandonaron posteriormente la gira en solidaridad con Macklemore. El asunto dejó de ser una discusión entre dos músicos y pasó a plantear algo bastante mayor: quién decide realmente qué puede decirse desde un escenario contratado por una gran promotora y alojado en un estadio privado.
Qué ha dicho realmente Ed Sheeran sobre Palestina
Aquí conviene separar las frases comprobables del ruido de las redes sociales.
Sheeran dijo estar horrorizado por el conflicto entre Israel y Palestina y calificó el sufrimiento causado como una tragedia humana. También explicó que tiene opiniones personales sobre lo ocurrido, aunque no quiera exponerlas públicamente con el mismo grado de detalle que otros artistas.
Su argumento es que sus conciertos reúnen a personas de edades y procedencias muy distintas, incluidos numerosos menores, y que no desea convertirlos en espacios de confrontación política. Según su versión, pretende utilizar su plataforma para favorecer el diálogo y ofrecer un lugar de unidad y evasión.
Por tanto, definirlo sencillamente como alguien que carece de postura resulta impreciso. Su posición pública consiste más bien en no revelar completamente esa postura y en separar sus opiniones privadas de su escenario profesional. Macklemore ha sostenido que, durante sus conversaciones privadas, Sheeran se refugió en una fórmula similar a no tomar partido. Esa afirmación procede de la versión ofrecida por el rapero, no de una declaración pública equivalente del cantante británico.
Los dos millones de dólares que complican el relato
Hay otro dato que cambia bastante la fotografía.
Sheeran ha comprometido dos millones de dólares en el marco de las aportaciones anunciadas tras la polémica, mientras Robert Kraft aseguró haber comprometido otros dos millones. Macklemore, por su parte, anunció que destinaría el millón de dólares ganado durante la gira a seis organizaciones que trabajan con población palestina.
Eso hace difícil reducir el episodio a la idea de que Sheeran simplemente haya ignorado el sufrimiento palestino. Lo que existe es una diferencia sobre cómo utilizar públicamente un escenario y hasta qué punto una estrella mundial puede reclamar una separación entre música y política cuando las decisiones de promotores, propietarios y artistas producen consecuencias públicas muy concretas.
Una distinción menos vistosa para las redes, claro. Pero bastante más fiel a lo ocurrido.
Ucrania, el precedente que alimenta las críticas
El episodio más citado para cuestionar esa posición ocurrió en marzo de 2022.
Cuando la banda ucraniana Antytila contactó con Sheeran desde Kyiv, el cantante respondió públicamente con un mensaje inequívoco de apoyo a los ucranianos. Poco después participó en el Concert for Ukraine celebrado en Birmingham.
No fue un gesto clandestino ni una donación silenciosa. Fue una declaración pública acompañada de una actuación en un gran evento televisado destinado a apoyar a las víctimas de la invasión rusa.
El concierto terminó recaudando 13,4 millones de libras mediante entradas, donaciones, publicidad y patrocinio para el llamamiento humanitario del Disasters Emergency Committee. Sheeran figuró entre los artistas principales.
De ahí nace buena parte de la crítica actual: quienes cuestionan al cantante consideran difícil conciliar aquella declaración explícita de solidaridad con Ucrania con su insistencia actual en mantener la política fuera de sus conciertos.
Pero ambos episodios tampoco son idénticos. El evento de 2022 estaba concebido desde el principio como un concierto benéfico para Ucrania; el Loop Tour es una gira comercial de Sheeran en la que Macklemore introdujo mensajes políticos dentro de su propio repertorio. Esa diferencia forma parte de la explicación del británico, aunque no ha convencido a todos los artistas vinculados a la gira.
Sheeran tampoco ha vivido completamente al margen de la política
Ucrania no es el único precedente.
En 2017, Sheeran habló favorablemente de Jeremy Corbyn, entonces líder del Partido Laborista británico. Explicó posteriormente que, aunque no hubiese hecho campaña públicamente a su favor durante las elecciones, quienes conocieran sus opiniones y escucharan sus canciones podían deducir que Corbyn era una persona que le agradaba.
También ha intervenido públicamente en asuntos que afectan directamente a la industria musical, desde las consecuencias del Brexit para los artistas en gira hasta la protección de los derechos de autor y la reventa de entradas. Son posiciones menos explosivas que Oriente Próximo, pero muestran que su carrera nunca ha estado completamente aislada de los debates públicos.
Eso no convierte automáticamente a Sheeran en un cantante político. Tampoco obliga a que un artista que habló sobre una guerra deba pronunciarse de la misma manera sobre todas las demás. Lo que sí explica es por qué su defensa actual de una plataforma profesional alejada de la política está siendo examinada con tanta atención.
Una neutralidad más difícil cuando el escenario también decide
La controversia tiene otra capa. La expulsión de Macklemore muestra que el poder de una gira no reside únicamente en el artista cuyo nombre aparece gigantesco sobre el cartel.
Los promotores financian y organizan buena parte de la maquinaria; los estadios pueden negarse a celebrar determinados espectáculos; patrocinadores, aseguradoras y propietarios tienen intereses propios. Una estrella del tamaño de Sheeran dispone normalmente de una capacidad considerable para influir en las decisiones creativas y en la elección de teloneros, pero los propietarios de los recintos conservan una herramienta bastante contundente: pueden cancelar el concierto.
Ese reparto de poder deja una zona gris. Sheeran afirma que trató de mantener a Macklemore y que finalmente prevaleció la decisión de promotores y recintos. Sus críticos sostienen que una estrella de su dimensión podía haber ejercido mayor presión. Son interpretaciones diferentes sobre hasta dónde llegaba realmente su margen de maniobra.
Lo comprobable es que Macklemore salió de la gira, otros artistas se marcharon en protesta y la discusión sobre Palestina terminó ocupando mucho más espacio del que probablemente habría ocupado aquel discurso de unos minutos sobre el escenario.
Ironías de una industria que pretendía mantener la política fuera del espectáculo.
El debate que ha dejado de ser solamente sobre Ed Sheeran
Reducir el asunto a decidir si Sheeran es o no apolítico deja fuera buena parte del problema. Su historial incluye opiniones públicas, apoyo a causas y participación en iniciativas humanitarias, mientras que su postura actual pasa por reservar sus convicciones personales y no convertir su gira comercial en un foro político.
Sus detractores ven una incoherencia entre esa posición y anteriores intervenciones, especialmente su apoyo público a Ucrania. Otros subrayan que un concierto benéfico específicamente organizado para una emergencia humanitaria no equivale a introducir mensajes políticos dentro de una gira comercial y recuerdan que Sheeran ha comprometido una aportación económica millonaria en el contexto de la ayuda vinculada a Gaza.
La controversia permanece precisamente porque ambas realidades pueden coexistir: una estrella puede querer mantenerse fuera de una disputa política y acabar, por las decisiones que toma —o que otros toman alrededor de su escenario—, situada inevitablemente dentro del debate. Para Ed Sheeran, esa frontera entre música, negocio y política acaba de hacerse mucho más estrecha.












