Naturaleza
¿Dónde golpea Therese y cuánto durará la nueva borrasca?

Therese entra por Canarias con lluvia, viento y varios días de inestabilidad. Así cambia el mapa frente a Samuel y a un invierno tan húmedo.
La borrasca que entra en escena esta semana se llama Therese, y ese detalle importa porque es el nombre que figura en la lista oficial de la temporada 2025-2026. Su llegada cambia el mapa del tiempo en España, pero no de la misma manera que lo hizo Samuel. Mientras la borrasca del fin de semana ha dejado su firma sobre todo en Pirineos, Baleares y el norte del Mediterráneo, con viento muy duro y mala mar, Therese apunta de lleno a Canarias a partir del miércoles 18 de marzo, con un arranque todavía moderado y un tramo más serio entre jueves y viernes, cuando pueden entrar frentes más activos, con más lluvia y un viento del oeste bastante más incómodo.
La diferencia más importante está ahí: Samuel ha sido una borrasca más seca en amplias zonas, más violenta en el viento y muy clara en su impacto marítimo; Therese se perfila como un episodio más húmedo, más canario y potencialmente más persistente. En la Península, de momento, la semana arranca con una calma relativa, con cielos más abiertos y temperaturas que remontan en bastantes puntos, mientras el temporal marítimo sigue todavía removiendo costas del norte y del Mediterráneo por la resaca del sistema anterior. En Canarias, en cambio, el tiempo se pone serio otra vez. Y marzo, que ya venía con ganas de bronca, cambia de escenario sin perder tensión.
Therese entra por Canarias y no repite el dibujo de Samuel
Lo primero que conviene fijar es el territorio principal del impacto. Therese mira a Canarias, no al noreste peninsular ni a Baleares como ha ocurrido con Samuel. La previsión sitúa el deterioro desde el miércoles, con una primera estructura de precipitación que no sería todavía la más intensa. El cambio de verdad llegaría después, entre jueves y viernes, con el paso de dos frentes que pueden dejar precipitaciones más cuantiosas y, además, viento de componente oeste. Ahí está el corazón de la noticia: no una sacudida puntual, sino un episodio que puede ir creciendo.
Ese matiz separa a Therese del ruido habitual de un titular meteorológico cualquiera. No es simplemente otra borrasca con nombre. Es una perturbación que llega en un momento en que la Península disfruta de una tregua relativa, pero Canarias vuelve a quedar colocada en el centro del mapa, con un patrón clásico de inestabilidad atlántica, giro del viento, chubascos que pueden ganar cuerpo y un fin de semana todavía abierto porque el centro de la baja podría acercarse más al archipiélago. Cuando los modelos empiezan a discutir profundidad y posición, la traducción al castellano de toda la vida es bastante sencilla: hay margen para que el episodio empeore.
En la práctica, eso significa un cóctel bastante reconocible para las islas: lluvia, rachas fuertes, posible tormenta, incluso granizo y nieve en las cumbres en la evolución prevista para el archipiélago. No todo caerá de golpe ni en todas las islas por igual, claro. Canarias nunca funciona así. El relieve manda muchísimo, y cuando el viento entra del oeste hay vertientes, medianías y cumbres que se convierten en otra película. Por eso la clave no es solo cuánto llueva, sino dónde y durante cuántos días.
Lo que puede pasar entre jueves y domingo
El tramo que más preocupa, con la información disponible a 16 de marzo, se abre entre jueves 19 y viernes 20, cuando los frentes asociados a Therese pueden llegar con más energía. A partir de ahí, el foco se desplaza al fin de semana. La previsión contempla que el centro de la borrasca pueda situarse más cerca del archipiélago, aunque con la cautela lógica porque esa posición todavía está bailando. Es una manera muy técnica —y muy prudente— de decir que el episodio aún no está cerrado, que no se puede dibujar con rotulador grueso, y que el comportamiento final dependerá de unos pocos cientos de kilómetros arriba o abajo. En meteorología, esa distancia puede separar un temporal serio de una simple semana revuelta.
Ahí aparece otro contraste interesante con Samuel. Lo de Samuel ha sido más parecido a un golpe de viento y mar: intenso, muy visible, incluso aparatoso en algunas zonas, pero más corto y más concentrado. Therese, en cambio, tiene pinta de episodio que se pega a la semana, de esos que obligan a mirar el cielo cada pocas horas porque no descargan todo a la vez ni desaparecen en una noche. Es menos cinematográfica que una racha de 140 kilómetros por hora y, a veces, bastante más pesada. Porque una borrasca que dura y reengancha frentes suele desordenarlo todo: carreteras, puertos, vuelos, planes y, sobre todo, la sensación de que el tiempo no termina de irse nunca.
Samuel fue otra cosa: viento huracanado y mar muy mala
Para entender de verdad qué trae Therese, conviene mirar un momento hacia atrás. Samuel fue nombrada el 15 de marzo de 2026 y su impacto más claro se dejó sentir en el entorno de los Pirineos, el norte del Mediterráneo y Baleares. Su descripción más precisa es también la más útil: rachas huracanadas en zonas pirenaicas, fuerte oleaje en el norte del Mediterráneo y en Baleares, y continuidad del mal estado de la mar durante el lunes. No era una borrasca de chaparrón sostenido sobre media España; era, sobre todo, un episodio de viento extremo y temporal marítimo.
Los avisos que ha dejado dan una pista de su tamaño real. Este lunes seguían activos avisos naranjas por viento y oleaje en Mallorca, Menorca y Girona, además de alertas costeras en el norte peninsular, y se llegó a difundir aviso rojo por rachas huracanadas en el Pirineo de Girona, con posibilidad de superar los 140 kilómetros por hora. Esa es la foto de Samuel: un sistema que entra como una puerta golpeada por el viento, no como un grifo abierto durante varios días. De ahí que compararla sin matices con Therese sea un error. Comparten apellido atmosférico, sí. La manera de fastidiar, no.
También cambia el tipo de amenaza dominante. Samuel ha sido mala mar, rachas secas y un Mediterráneo bastante enfadado. Therese huele a otra cosa: a un Atlántico más húmedo, a una borrasca que puede regar con insistencia y meter el viento donde más molesta en Canarias, especialmente si acaba acercando su centro al archipiélago. Una te cierra paseos marítimos y te dobla árboles; la otra puede pasarse días dejando agua a distintas intensidades, con trompicones, con descansos engañosos y con un remate final más severo del previsto. No es que una sea peor en abstracto. Juegan a cosas distintas.
No todas las borrascas de este invierno han pegado igual
Ese es otro error muy extendido: meter en el mismo saco cualquier borrasca con nombre. Leonardo, por ejemplo, fue recordada sobre todo por el golpe de lluvia extraordinaria en Andalucía, con el dato descomunal de 577 litros por metro cuadrado en 24 horas en Grazalema, una cifra de las que cambian la conversación durante días. Nils y Oriana se hicieron fuertes en los temporales de viento del noreste, con Cataluña muy castigada y rachas que en algunos puntos rozaron o superaron el umbral de lo huracanado. Regina, ya el 1 de marzo, activó una mezcla bastante antipática de lluvia, viento y temporal marítimo. Cada nombre arrastra un tipo de daño distinto, y por eso Therese no debería leerse como una simple continuación mecánica de Samuel.
En Canarias, además, hay antecedentes recientes que obligan a no mirar el episodio con frivolidad. Emilia dejó más de 1.700 incidencias en el archipiélago, con caídas de árboles, desbordamientos, desalojos puntuales y carreteras cerradas, aunque sin daños personales. Gran Canaria y Tenerife concentraron la mayor parte de los avisos. Ese recuerdo sigue muy fresco y explica que cualquier nueva borrasca con viento del oeste, lluvia sostenida y un centro que pueda acercarse más de la cuenta se mire con otra seriedad. No por histeria. Por memoria. Therese todavía no es Emilia, claro. Pero entra en un terreno donde ya se sabe perfectamente lo que puede pasar cuando la atmósfera se empeña.
Por qué este invierno casi ha gastado todo el alfabeto
La llegada de Therese no se entiende del todo sin mirar la temporada completa. La AEMET y el resto de servicios meteorológicos del Grupo Suroeste europeo trabajan cada año con una lista de 21 nombres, de la A a la W, que se van asignando a borrascas y danas de gran impacto entre septiembre y agosto. No entra cualquiera. Se nombran los sistemas que pueden generar avisos naranjas o rojos por viento, lluvia o nieve, precisamente para que la comunicación pública sea más clara y el riesgo no se disuelva entre mapas y tecnicismos. En esta temporada, la lista ha corrido tanto que, antes de Samuel, solo quedaban cuatro nombres disponibles: Samuel, Therese, Vítor y Wilma.
Esa rapidez tiene algo de excepcional y algo de muy español. Excepcional, porque no es habitual llegar tan pronto a la letra S y dejar el final de la lista mirando ya a la primavera. Español, porque las grandes sequías aquí suelen romperse a veces con periodos de lluvias muy intensas, no con una normalidad de manual. La propia agencia meteorológica ha insistido en que la situación ha sido extraordinaria y poco frecuente, aunque no necesariamente inédita, y ha matizado algo importante: no está claro que el cambio climático esté aumentando la frecuencia de estas borrascas, aunque sí puede estar intensificando algunos episodios de lluvia extrema, sobre todo cuando se combinan un océano más cálido y una atmósfera con más vapor disponible. La discusión de fondo sigue abierta. El agua que cae, no tanto.
Dicho de otro modo: Therese llega porque el invierno viene empujando así desde hace meses, no porque marzo se haya levantado hoy con una ocurrencia nueva. La secuencia de enero y febrero fue especialmente intensa, con un auténtico tren de borrascas que dejó primero el bloque Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph y Kristin, y luego la cadena Leonardo, Marta, Nils, Oriana y Pedro, antes de que marzo añadiera Regina y Samuel. Cuando una temporada encadena tantos nombres seguidos, la sensación de saturación no es un espejismo de redes sociales. Es simple cronología. Y en esa cronología, Therese aparece como la siguiente ficha de un dominó que todavía no se ha caído del todo.
La secuencia completa de borrascas con nombre hasta esta semana
La cronología de esta temporada, con nombre y fecha, queda así en el registro oficial y en la secuencia ya activada: Alice, una dana, el 7 de octubre de 2025; Benjamin, el 22 de octubre de 2025; Claudia, el 10 de noviembre de 2025; Davide, el 5 de diciembre de 2025; Emilia, el 11 de diciembre de 2025; Francis, el 29 de diciembre de 2025; Goretti, el 6 de enero de 2026, aunque su estudio específico aparece asociado al 8 de enero; Harry, el 16 de enero de 2026; Ingrid, el 20 de enero de 2026; Joseph, el 25 de enero de 2026; Kristin, el 27 de enero de 2026; Leonardo, el 2 de febrero de 2026; Marta, el 5 de febrero de 2026; Nils, el 10 de febrero de 2026; Oriana, el 11 de febrero de 2026; Pedro, el 17 de febrero de 2026; Regina, el 1 de marzo de 2026; Samuel, el 15 de marzo de 2026; y Therese, ya asociada al episodio que empezará a notarse en Canarias desde el 18 de marzo, convertida de hecho en el siguiente nombre activo del calendario meteorológico de este invierno larguísimo.
La importancia de esa cronología no es solo decorativa. Sirve para ver con claridad que Therese no llega sola ni fuera de contexto. Llega después de una temporada en la que Canarias ya ha notado el paso de Claudia, Emilia, Francis, Goretti, Leonardo y Regina; en la que la fachada mediterránea ha sufrido varios temporales de viento y mar; y en la que el suroeste peninsular ha visto lluvias de una intensidad poco habitual. Los nombres ayudan a ordenar la memoria y a no mezclar episodios que, sobre el mapa, no se parecen tanto como parece cuando uno solo lee el móvil a toda prisa. Samuel no fue Leonardo. Therese no va a ser Samuel. Esa es la idea central y, a la vez, el dato más útil.
Canarias vuelve al centro del mapa
Lo que deja esta nueva situación es una imagen bastante nítida. Therese entra con su diana puesta en Canarias, con lluvia que puede ir a más, con viento del oeste, con margen para que el episodio se estire hasta el fin de semana y con una diferencia clara respecto a Samuel, que ha sido más bien un zarpazo de viento huracanado y mala mar entre Pirineos, Baleares y el norte del Mediterráneo. La Península, mientras tanto, vive unos días de mayor estabilidad, de esos que engañan un poco porque parecen un paréntesis y a veces solo son un pasillo entre un sistema y el siguiente.
Con toda la prudencia que exige una borrasca todavía en evolución, el retrato de Therese ya está bastante definido: más atlántica que mediterránea, más húmeda que Samuel, más canaria que peninsular y probablemente más larga que aparatosa en un primer vistazo. Luego la atmósfera hará lo que acostumbra, que es corregirle la redacción a cualquiera. Pero, a esta hora, la historia es esa. No se llama Theresa. No llega para repetir el golpe de Samuel. Y no conviene despacharla como si fuera solo otra borrasca con nombre bonito en un invierno que ha decidido no dar respiro.

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