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Leonardo golpea Portugal, España y Marruecos: zonas afectadas
Lluvias intensas, evacuaciones y ríos crecidos resumen el impacto del temporal en tres países.

La borrasca Leonardo deja lluvias intensas, inundaciones y evacuaciones en Portugal, España y Marruecos. La situación más delicada descrita en los balances disponibles se concentra en Andalucía, donde el agua acumulada eleva el riesgo de desbordamientos y desprendimientos; en Portugal, las incidencias se reparten sobre todo por Lisboa y el Algarve, y en el norte de Marruecos continúan los desalojos preventivos.
Hay, sin embargo, un desfase importante en la fecha de la consulta: los datos detallados facilitados corresponden al episodio del miércoles 4 de febrero, no a un parte verificable del martes 3. Por eso, las cifras que siguen describen ese balance y no deben leerse como una actualización en tiempo real para el día 3. Entre los puntos más afectados figuran Grazalema, Cádiz, Málaga y Jaén, además de las regiones portuguesas de Lisboa y Algarve y la provincia marroquí de Larache.
El balance disponible corresponde al miércoles 4
La fecha importa porque el avance de una borrasca cambia por horas. Los informes reunidos describen un episodio ya desplegado el miércoles, con lluvias extraordinarias y crecidas de ríos después de varios temporales previos. No ofrecen una distribución horaria confirmada para el 3 de febrero; atribuirle a ese día cifras posteriores supondría mezclar balances distintos y dar una imagen engañosa de la evolución.
En el balance del miércoles, las autoridades españolas situaban el mayor impacto en Andalucía. Más de 3.000 personas habían sido desalojadas de forma preventiva en zonas inundables, mientras 110 carreteras registraban cortes o algún tipo de incidencia. También se habían contabilizado 159 incidencias atendidas por el servicio de emergencias andaluz durante la madrugada y las primeras horas del día, según el recuento citado en la información disponible.
La borrasca no actúa sobre un territorio que parte de cero. Varias zonas llevaban semanas recibiendo lluvia y afrontaban ríos con caudales elevados, de modo que el terreno tenía menos capacidad para absorber nuevas precipitaciones. Esa condición ayuda a explicar por qué una nueva descarga puede causar anegamientos y problemas en cauces incluso fuera del lugar donde cae la lluvia con más intensidad: el agua que ya ha escurrido desde otras áreas sigue avanzando por la cuenca.
Andalucía concentra el mayor impacto en España
Dentro de España, Andalucía aparece como el principal foco de preocupación en los datos aportados. Cádiz, Málaga y Jaén figuran entre las provincias más afectadas, aunque el episodio no se limita a ellas: diez comunidades autónomas estaban bajo algún tipo de aviso por lluvia, nieve, viento, deshielo u oleaje. La combinación de fenómenos complicaba los desplazamientos y elevaba el riesgo tanto en zonas urbanas como en carreteras secundarias y áreas próximas a los ríos.
En Cádiz, Grazalema registró 253,5 litros por metro cuadrado en las 12 horas previas al último dato citado y 278 litros en 24 horas, hasta las 11:30 del miércoles. La previsión mencionada entonces apuntaba a acumulaciones de hasta 350 litros. Son cantidades de lluvia, no medidas de altura del agua en las calles: expresan el volumen caído sobre una superficie y ayudan a entender la presión que soportan el suelo, los cauces y los sistemas de drenaje.
La saturación del subsuelo se hizo visible en algunas viviendas de Grazalema, donde el agua brotaba por suelos, paredes e incluso por los orificios de los enchufes, según el balance de referencia. No se trata únicamente de charcos que se acumulan en la superficie. Cuando el terreno ya está empapado, el agua encuentra menos espacio para infiltrarse y puede aflorar por puntos bajos o juntas; a la vez, aumenta el riesgo de que la tierra pierda estabilidad en laderas y taludes.
En la movilidad, el impacto andaluz fue especialmente tangible. Alrededor de 110 carreteras permanecían cortadas o afectadas en el balance aportado, y la circulación de alta velocidad entre Málaga y Antequera se había interrumpido por un desprendimiento de tierras en Álora. Un corte ferroviario por seguridad o daños en la vía no equivale necesariamente a una suspensión de toda la red, pero sí puede dejar sin conexión directa a viajeros y localidades mientras se inspecciona el trazado.
El recuento también hablaba de cerca de 3.800 personas de 53 municipios sin fibra o suministro eléctrico. Esa cifra muestra que el temporal no se mide solo por la lluvia caída o las carreteras cerradas: las interrupciones de servicios básicos añaden otra capa de dificultad, sobre todo en localidades donde las vías de acceso ya están afectadas. El número citado agrupa a personas afectadas por esos servicios y no significa que todas estuvieran evacuadas.
Por qué la lluvia mantiene el riesgo aunque afloje
Las lluvias intensas pueden dejar efectos que continúan después de que disminuya la precipitación. El agua que cae en una cuenca se desplaza hacia arroyos y ríos, y sus aportes pueden llegar desde lugares situados a bastante distancia. Por eso, el nivel de un cauce no siempre alcanza su máximo al mismo tiempo que llueve con más fuerza: la respuesta depende de cuánto agua se acumule en el conjunto de la cuenca y de cómo avance hacia los tramos bajos.
También importa el estado previo del terreno. Un suelo seco puede absorber parte del agua, mientras que uno saturado ofrece menos margen y favorece la escorrentía superficial. En el caso descrito, la información señalaba que el terreno y los ríos ya estaban muy cargados tras temporales anteriores. Así se entiende que el episodio elevase el peligro de inundaciones, desbordamientos y deslizamientos, incluso cuando la lluvia no fuese igual de intensa en todos los municipios.
El riesgo, además, no se limita a las márgenes de los grandes ríos. Los arroyos, los barrancos y los pasos bajos pueden responder con rapidez, y las carreteras pueden quedar afectadas por agua, barro o desprendimientos. Una vía cortada es un dato operativo que puede cambiar durante la jornada; el número de cortes citado corresponde a un balance concreto y no permite saber por sí solo qué rutas seguirán cerradas horas después.
Portugal afronta otra borrasca tras Kristin
En Portugal, las incidencias atribuidas a Leonardo se concentraban principalmente en la región de Lisboa y en el Algarve, en el sur. Se habían notificado inundaciones, deslizamientos de tierra y caída de árboles, aunque el balance inicial citado por la autoridad de emergencias no señalaba heridos ni grandes daños materiales. La activación del nivel máximo de emergencia permitió movilizar los medios de Protección Civil según las necesidades que fueran surgiendo.
El contexto portugués era especialmente delicado porque el país todavía se recuperaba de la borrasca Kristin, que había causado cinco muertes la semana anterior, según los datos de referencia. El Gobierno había prorrogado hasta el 8 de febrero la situación de calamidad declarada por aquel temporal. La sucesión de episodios deja menos tiempo para recuperar infraestructuras y puede mantener expuestas zonas que ya habían sufrido daños, aunque cada borrasca tenga una trayectoria y unos efectos propios.
Los avisos meteorológicos portugueses abarcaban buena parte del país. El Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera mantenía avisos amarillos o naranjas por fuerte oleaje en todo el litoral, y todos los distritos salvo Oporto, Guarda, Bragança y Aveiro estaban bajo aviso amarillo por lluvia. Esos niveles no describen daños ya producidos: son alertas sobre fenómenos previstos o en curso y sirven para señalar que las condiciones pueden resultar adversas.
La costa añade un peligro distinto al de las crecidas fluviales. El oleaje intenso puede afectar el litoral y complicar actividades marítimas, mientras la lluvia persistente aumenta la presión en drenajes y cauces tierra adentro. Que un distrito no figure en un aviso concreto no significa que el conjunto del país esté libre de incidencias: los avisos dependen del fenómeno y de la zona, y en este episodio se combinaban lluvia y mar alterado.
Los desalojos preventivos en el norte de Marruecos
En Marruecos, las autoridades mantenían evacuaciones preventivas ante el riesgo de inundaciones en el norte del país. El balance citado superaba las 51.000 personas desalojadas, con especial atención a la provincia de Larache. La mayoría de las salidas se concentraban en Alcazarquivir, también conocida como Ksar el Kebir, en una llanura atlántica donde la crecida del río Loukkos elevaba la preocupación.
Los desalojos eran una medida de prevención y no indican que todas las personas afectadas hubieran perdido sus viviendas. Parte de la población había sido reubicada en campamentos provisionales y se habían suspendido las clases en Alcazarquivir durante una semana. También se interrumpió la actividad lectiva en otras provincias, entre ellas Taza, Tánger, Tetuán, Alhucemas y Kenitra, por las alertas de lluvia intensa y rachas fuertes de viento.
Uno de los factores observados era el nivel del embalse de Oued El Makhazine, situado en la misma zona. Según los medios públicos citados en la información de referencia, había superado el 140% de su capacidad de llenado y rebasado los 940 millones de metros cúbicos, un nivel que no se había alcanzado antes. El dato señala una situación excepcional para esa infraestructura, pero por sí solo no permite deducir que una presa vaya a fallar ni describe el estado de seguridad de la instalación.
La combinación de un río crecido y un embalse con un volumen de agua muy elevado requiere vigilancia porque el comportamiento de ambos elementos está conectado con las precipitaciones y los aportes de la cuenca. En una llanura, el agua puede extenderse por áreas bajas y afectar a viviendas, caminos y servicios. Las evacuaciones anticipadas buscan reducir la exposición de la población; no son una medida equivalente a un balance definitivo de daños ni a una previsión de cuánto durará la inundación.
Una masa de humedad y varios temporales encadenados
La información meteorológica de referencia atribuye a Leonardo el impulso de una masa de aire con gran contenido de humedad procedente del Caribe. Ese aporte ayuda a explicar la persistencia de las precipitaciones en la península ibérica y el norte de África, aunque no basta por sí solo para describir el funcionamiento completo de la borrasca. Su efecto se combina con la trayectoria del sistema y con las condiciones que encuentra al llegar a cada región.
El resultado fue un episodio con lluvia, viento y, en algunas zonas, nevadas copiosas. La humedad acumulada en el suelo y el caudal elevado de los ríos, tras varios temporales desde principios de año, agravaron las consecuencias. La lluvia nueva cayó sobre un terreno ya cargado, en lugar de hacerlo sobre una superficie capaz de absorberla sin dificultad. Ese encadenamiento ayuda a comprender por qué el impacto puede ser mayor que el que sugeriría observar una sola jornada de precipitaciones.
La misma borrasca, además, no produce efectos idénticos en todos los lugares. En el interior, la preocupación puede centrarse en los cauces y los desprendimientos; en el litoral, el oleaje y el viento pueden cobrar más importancia. En las zonas montañosas, la lluvia intensa y la nieve pueden coincidir con accesos difíciles. La geografía convierte un mismo episodio meteorológico en riesgos distintos, por lo que un balance nacional reúne situaciones locales que no deben confundirse entre sí.
El alcance del temporal se mide también en evacuaciones y servicios
Los datos reunidos permiten distinguir tres focos principales: Andalucía, con evacuaciones, carreteras afectadas y problemas en ríos; Portugal, con incidencias en Lisboa y el Algarve y avisos por lluvia y oleaje; y el norte de Marruecos, donde los desalojos preventivos superaban las 51.000 personas. No existe en la información facilitada un único recuento comparable de daños para los tres países, de modo que las cifras describen indicadores diferentes: personas evacuadas, vías afectadas, avisos o niveles de agua.
La cifra de desalojados, por ejemplo, refleja decisiones de protección tomadas ante un riesgo, no necesariamente el número de viviendas inundadas. Del mismo modo, una carretera con incidencia puede estar cortada o sometida a restricciones distintas, y un aviso amarillo o naranja expresa una alerta meteorológica, no un daño confirmado. Separar esos conceptos evita convertir un balance de emergencia en una suma de datos que no miden lo mismo.
El episodio también muestra por qué la evolución de una borrasca debe leerse con fecha y hora. Las lluvias pueden desplazarse, los ríos reaccionar más tarde y las autoridades actualizar evacuaciones o restricciones conforme cambia la situación. Para el 3 de febrero, los datos disponibles aquí no permiten fijar un parte exacto por municipio; el balance detallado corresponde al miércoles siguiente. La fotografía más sólida de la información aportada sitúa el mayor impacto en Andalucía, Lisboa y Algarve, y el norte de Marruecos, con las cautelas propias de un temporal cambiante.
En conjunto, Leonardo golpeó tres países con una combinación de lluvias persistentes y consecuencias amplificadas por la saturación del suelo y las crecidas previas. En Andalucía, la emergencia se reflejó en desalojos, carreteras y transporte ferroviario afectados; Portugal afrontó nuevas incidencias mientras seguía bajo la situación de calamidad por Kristin, y Marruecos trasladó a decenas de miles de personas ante la amenaza de inundaciones. El mapa del daño no depende solo de dónde llueve más, sino también de cuánto agua había acumulado cada territorio y de su capacidad para encauzarla.

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