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Santoral del 3 de febrero de 2026: San Blas y sus tradiciones
Velas cruzadas, dulces de anís y danzas populares acompañan la celebración de San Blas y otros santos del día.

El martes 3 de febrero de 2026, el nombre que concentra la atención en el calendario católico español es San Blas, obispo y mártir asociado desde hace siglos a la protección de la garganta. Su festividad se reconoce por un rito sencillo —dos velas cruzadas junto al cuello— y por celebraciones que convierten la fecha en algo visible y compartido, desde los dulces y cordones de Lorca hasta las danzas de Los Negritos en Montehermoso.
La jornada también recuerda a San Óscar, conocido como Ansgar, a San Agatángelo, San Laurentino, San Julián y Santa Claudina Thévenet, entre otros nombres que figuran en distintos calendarios. La relación puede variar según el martirologio o la tradición local consultada: el santoral no funciona como una lista idéntica en todas partes, sino como una memoria religiosa con celebraciones propias de cada comunidad.
San Blas, un santo unido a la garganta
La tradición presenta a Blas como obispo de Sebaste, ciudad de la antigua Armenia, y mártir durante las persecuciones contra los cristianos. Los datos biográficos seguros sobre los primeros siglos son escasos, de modo que las narraciones más conocidas mezclan memoria religiosa y relatos transmitidos durante generaciones. Esa incertidumbre no borra el lugar que ocupa en la devoción popular; explica, más bien, por qué conviene distinguir entre lo que se conoce de su culto y los episodios legendarios que le dieron fama.
El relato más repetido cuenta que un niño se estaba ahogando por una espina o un fragmento de alimento atravesado en la garganta y que Blas logró salvarlo. Los detalles cambian de una versión a otra, pero la escena conserva una fuerza directa: el peligro se concentra en una parte del cuerpo vulnerable y cotidiana, y el santo interviene cuando la respiración parece interrumpirse. De esa historia nace su vínculo con los males de garganta y la protección de la voz, además de su asociación moderna con los especialistas de la laringe.
Otras leyendas lo describen retirado en una cueva y rodeado de animales que acudían a él. Esa imagen, cercana a los relatos de santos vinculados a la naturaleza y a la vida apartada, forma parte de una tradición hagiográfica más amplia que no siempre puede leerse como biografía literal. Lo que sí deja claro es el modo en que la comunidad fue construyendo su figura: no solo como autoridad eclesiástica, sino como un intercesor próximo a las necesidades del cuerpo.
El calendario ayuda a entender por qué la devoción se mantiene tan presente. La celebración llega en pleno invierno, cuando los catarros y la tos forman parte de la experiencia común, y ofrece un gesto fácil de recordar y repetir. La continuidad de San Blas depende tanto del relato como de la costumbre: la visita a la iglesia, la bendición, el cordón que se lleva al cuello o el dulce que solo se compra en esos días. No hace falta que todos los participantes vivan la fecha del mismo modo para que el rito siga formando parte de la identidad local.
Las velas cruzadas y el sentido de la bendición
La imagen más reconocible del día es la bendición de las gargantas. En muchas iglesias, el celebrante acerca al cuello dos velas cruzadas, en ocasiones atadas con una cinta, mientras pronuncia una oración. El gesto dura poco, pero concentra varios símbolos: la luz como amparo, la cruz como signo cristiano y la garganta como lugar donde se encuentran la respiración, la voz y la vulnerabilidad física.
En algunas comunidades se emplean velas bendecidas durante la Candelaria, celebrada el 2 de febrero. Así, dos fechas consecutivas quedan unidas por un objeto que pasa de una ceremonia a otra: primero se bendice la luz y después esa luz se incorpora a un rito relacionado con San Blas. La práctica no es uniforme en todas las parroquias, pero la proximidad del calendario contribuye a que ambas celebraciones se entiendan como parte de un mismo tramo del invierno.
Para quien asiste, la experiencia tiene una escala íntima. Se espera en silencio, con el abrigo todavía puesto, y durante un instante las velas quedan cerca de la piel. Esa sencillez ayuda a que la tradición se transmita sin necesitar grandes explicaciones: basta con haber visto el gesto una vez para reconocerlo al año siguiente. La ceremonia expresa una petición religiosa de protección, no una intervención médica ni una promesa de curación.
La distinción importa porque la festividad coincide con una época de infecciones respiratorias y molestias comunes. Participar en una bendición puede tener significado espiritual, familiar o cultural, pero no sustituye una valoración sanitaria cuando existe un problema de salud. El rito da forma a una esperanza compartida —conservar la voz, respirar sin dificultad, atravesar el frío—; la atención clínica pertenece a otro ámbito y no depende de la celebración religiosa.
Lorca: rollicos, reliquias y una tradición que se prepara en el convento
En Lorca, San Blas también se reconoce por el olor del anís y por los dulces que se preparan para la jornada. La referencia de 2026 sitúa en 450 kilos la producción de rollicos, elaborados con azúcar, anís, harina, aceite y matalauva. Se venden en bolsas de 14 unidades, una presentación pensada para que el dulce salga del obrador y llegue a las casas, donde el sabor queda ligado a una fecha concreta del calendario local.
La tradición incluye más de 2.000 reliquias artesanales de lana y seda, de distintos colores, que se llevan colgadas al cuello y se asocian popularmente con la protección de la garganta, sobre todo en el caso de los niños. Su nombre y su función devocional no deben confundirse con una garantía material o sanitaria: son objetos de una costumbre religiosa y comunitaria. El roce de la cinta sobre la ropa convierte, eso sí, una celebración de un día en un recuerdo que acompaña durante más tiempo.
La iniciativa de preparar y vender estos productos nació a comienzos del siglo XX y se retomó en 1996. En la celebración se combinan la misa, la bendición y la actividad del convento, de modo que el trabajo de cocina y la vida religiosa no quedan separados por una frontera rígida. Harina en las manos, bandejas que entran y salen del horno, bolsas que se preparan: la fiesta también depende de tareas repetidas que rara vez ocupan el centro de la escena.
Los precios difundidos para esa edición eran 1,70 euros por bolsa de rollicos y 2 euros por cada reliquia. La recaudación se vincula a la ayuda a familias necesitadas, lo que añade una dimensión solidaria a la venta. No es solo una manera de llevarse un recuerdo: el producto tradicional circula por el barrio y sostiene una actividad colectiva. En Lorca, la fecha se reconoce en el paladar tanto como en la iglesia; el anís y la matalauva funcionan como una especie de calendario comestible.
Montehermoso y Los Negritos, una fiesta que se baila
En Montehermoso, en Cáceres, la celebración de San Blas adquiere una dimensión pública y visual. Los Negritos recorren las calles y bailan con la cara tiznada; la fiesta cuenta con nueve danzantes y está declarada de Interés Turístico Regional desde 2006. La tradición local sitúa sus orígenes en el siglo XVI, aunque ese tipo de antigüedad forma parte del relato transmitido por la comunidad y no equivale por sí sola a una documentación completa de cada etapa histórica.
El día central reúne pasacalles, danzas y venta de cordones de San Blas. La Plaza de España se convierte en uno de los espacios principales de la celebración, mientras la música —a menudo acompañada por el sonido del tamboril— marca el movimiento de los danzantes. El tizne, el ritmo y la concentración de vecinos y visitantes hacen que la fiesta se perciba con todos los sentidos: no es una tradición que se contemple desde lejos, sino una escena que ocupa la calle.
La danza cumple también una función de pertenencia. Repetir los pasos cada año permite que una práctica heredada siga viva y, al mismo tiempo, abre la posibilidad de que nuevas generaciones se incorporen. En 2026, el debate local incluye precisamente cómo transmitir la tradición y mantener el relevo joven, además del deseo expresado de obtener un reconocimiento de ámbito nacional. El sello institucional puede darle visibilidad, pero la continuidad cotidiana depende de quienes ensayan, organizan y participan.
Junto a los bailes, la jornada incluye comida popular y actividades que reúnen a la localidad alrededor de una celebración religiosa y festiva. El cordón vuelve a enlazar la escena con la devoción a San Blas: se compra, se lleva puesto y recuerda el motivo de la fiesta. En Montehermoso, el santo no queda limitado al altar; se manifiesta en la música, el movimiento y la ocupación compartida de las calles.
Otros santos del 3 de febrero y calendarios distintos
San Óscar, también llamado Ansgar o Ansgario, aporta una dimensión europea a la fecha. Nació en Amiens en 801 y murió en 865, según la tradición biográfica recogida en los calendarios. Fue monje de Corvey, misionero en Dinamarca y Suecia y arzobispo de Hamburgo. El papa Gregorio IV le confió tareas de evangelización en el norte de Europa, motivo por el que se le conoce como el apóstol de Escandinavia. Su memoria contrasta con la devoción más corporal y doméstica asociada a San Blas.
También aparece Santa Claudina Thévenet, conocida en la vida religiosa como María de San Ignacio. Nacida en Lyon en 1774, vivió de cerca la violencia de la Revolución Francesa y dedicó después su labor a personas pobres y jóvenes. En 1818 fundó la Congregación de Jesús y María, orientada a la educación de niñas. Murió el 3 de febrero de 1837; su presencia en el calendario recuerda que el santoral reúne no solo mártires de los primeros siglos, sino también figuras más próximas a la historia moderna.
San Agatángelo tiene una celebración especialmente arraigada en Elche, donde los actos religiosos se acompañan de manifestaciones en la calle. Entre las costumbres asociadas a la fecha se citan la cohetada y el volteo simultáneo de campanas en parroquias de la ciudad. Es un ejemplo de cómo una misma jornada puede tener un centro devocional compartido y, a la vez, adquirir un carácter propio en cada localidad. El calendario común no borra las diferencias locales: cada comunidad conserva los nombres y las prácticas que han encontrado un lugar en su historia.
San Julián y San Laurentino figuran asimismo en calendarios del día, aunque identificar con precisión a una sola persona puede resultar difícil. En el caso de Julián, el nombre aparece asociado a varios santos de épocas y lugares distintos; algunos listados lo ofrecen sin más especificaciones. Laurentino también aparece ligado a tradiciones sobre mártires antiguos. Estos casos muestran una limitación habitual de los calendarios breves: sirven para la onomástica, pero no siempre ofrecen información suficiente para reconstruir una biografía concreta.
Algunos calendarios incluyen además a San Celerino de Cartago, la beata María Ana Rivier, el beato Alois Andritzki y el beato Juan Nelson. Las listas varían de acuerdo con la tradición litúrgica y la fuente consultada, por lo que su presencia no convierte todas las conmemoraciones en celebraciones igualmente extendidas en España. El santoral del día es una selección de memorias religiosas, no un registro universal cerrado que se publique idéntico en cada país.
Francisco Blanco y el vínculo con Japón
San Francisco Blanco, franciscano nacido en Ourense, está unido a la historia de los mártires de Japón. Fue uno de los 26 cristianos crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597; el grupo se conmemora litúrgicamente el 6 de febrero junto a San Pablo Miki y sus compañeros. Por eso, su aparición en algunas referencias cercanas al 3 de febrero puede responder a celebraciones locales o a calendarios populares que agrupan las fiestas de esos primeros días del mes.
La precisión de las fechas evita confundir una devoción local con la conmemoración litúrgica general. En Galicia, la memoria de Francisco Blanco puede celebrarse en fechas próximas, incluso vinculada al primer fin de semana de febrero, mientras que la referencia del martirio colectivo corresponde a los días 5 y 6. La historia del santo conecta una localidad gallega con Nagasaki y muestra cómo las tradiciones religiosas viajan entre territorios sin que todas las comunidades las celebren el mismo día.
Algo parecido ocurre con otros nombres del calendario: la fecha de una fiesta patronal, una celebración parroquial o una conmemoración oficial no siempre coincide. Esa diferencia no es necesariamente un error; puede reflejar calendarios distintos y costumbres que han adquirido una vida propia. Para quien consulta la onomástica, la información más útil es saber qué santos aparecen asociados al día y reconocer que la celebración concreta depende del calendario y del lugar.
Una fecha que se recuerda con la voz, el sabor y la danza
El 3 de febrero reúne varias formas de mantener viva una memoria: la bendición breve junto al cuello, el cordón que se conserva, los rollicos que se comparten y las danzas que ocupan una plaza. San Blas domina la jornada por la claridad de su vínculo con la garganta, pero la fecha no se agota en ese patronazgo. Óscar y Ansgar evocan la expansión del cristianismo por el norte europeo; Claudina Thévenet remite a la educación, y Agatángelo conserva un lugar propio en Elche.
La fuerza de estas celebraciones está en que no pertenecen a un solo espacio. Empiezan en relatos y calendarios, pero toman forma en un convento, una parroquia, una calle o una cocina. La tradición sobrevive cuando puede repetirse y cambiar sin perder su sentido: las velas mantienen el gesto, los cordones pasan de una generación a otra y los danzantes renuevan cada año una fiesta que pertenece a Montehermoso.
Por eso esta jornada se reconoce menos como una enumeración de nombres que como un conjunto de escenas. Una cinta toca el cuello, el olor del anís sale del horno y el tamboril acompaña el paso de los danzantes. La devoción convive con la convivencia y con la historia local, sin que todas las personas la vivan de la misma manera. En esa mezcla de fe, costumbre y vida compartida está la razón de que San Blas siga ocupando un lugar visible en el invierno español.

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