Actualidad
¿Qué disfraces arrasan en el desfile de Badajoz 2026?
Badajoz se echa a la calle con el Desfile 2026: 107 agrupaciones, recorrido, horarios, directos y disfraces muy virales en el centro pacense.

Badajoz se echa a la calle con el Desfile 2026: 107 agrupaciones, recorrido, horarios, directos y disfraces muy virales en el centro pacense.
Badajoz vive este domingo, 15 de febrero de 2026, su gran jornada de calle con el Gran Desfile de comparsas, grupos de animación y artefactos, fijado a las 12:00 y diseñado para atravesar la ciudad desde Entrepuentes hasta la plaza Dragones Hernán Cortés, con paso por la avenida de Santa Marina, Enrique Segura Otaño y la avenida de Europa. La edición llega con un dato que lo explica casi todo —récord de participación: 107 agrupaciones— y con una doble forma de seguirlo: a pie de acera o en retransmisión, con televisión y emisión online, mientras un mapa en tiempo real va chivando por dónde respira la comitiva.
En paralelo, el carnaval “de calle”, el que no necesita jurado para convertirse en conversación, ya ha dejado su colección de estampas: calamares a la romana gigantes, esquiadores sin nieve, y ese tipo de disfraces que funcionan porque son reconocibles a diez metros… y porque en Badajoz, cuando se suelta la imaginación, no se pide permiso. El domingo no se agota al mediodía: desde las 16:00 se programa animación con DJ y el fallo del jurado del desfile se sitúa alrededor de las 23:45, con la noche estirándose como un acorde largo, de esos que no quieres que se acaben.
La mañana grande: hora, recorrido y el arranque en Entrepuentes
El reloj marca 12:00 como punto de partida, pero el desfile empieza antes, cuando las agrupaciones se van concentrando en la avenida de Entrepuentes y el entorno va cogiendo esa textura de previa: piezas de vestuario que se recolocan a última hora, maquillaje que se repasa con el pulso firme, percusión probando sonido —un golpe seco, otro, el tercero ya con intención— y la sensación de que la ciudad está a punto de cambiar de piel. No es solo un desfile: es un mecanismo enorme que se pone en marcha por tramos, con gente entrando y saliendo de escena como si Badajoz tuviera, por unas horas, un guion escrito con purpurina y tambor.
El trazado oficial dibuja una línea clara: Santa Marina, luego Enrique Segura Otaño, después avenida de Europa y remate en Dragones Hernán Cortés. En papel parece sencillo; en la calle tiene matices. Santa Marina suele ser el tramo donde las comparsas “llegan enteras”, con energía alta, vestuario impecable y esa primera descarga de aplausos que calienta. Segura Otaño se siente más compacto, más de pasillo humano: el sonido rebota, la gente se pega a la acera, y los detalles del traje se ven de cerca, casi al tacto. La avenida de Europa abre y deja respirar, como si el desfile necesitara aire para que la coreografía no se encierre en sí misma.
El dato de las 107 agrupaciones explica, también, por qué se habla de una jornada larga. Con ese volumen, el desfile no es una foto rápida: es una sucesión de propuestas que se van encadenando, cada una con su idioma —percusión, baile, carrozas, sátira, fantasía— y con su propio ritmo. Hay comparsas que apuestan por el impacto visual desde lejos, con tocados altos y colores que “se oyen” antes de verse; otras juegan a lo fino, al detalle de cerca, al bordado, al maquillaje que cuenta una historia. Y luego están los artefactos, que traen ese punto de ingenio sobre ruedas, mitad chiste, mitad escenografía móvil, sin pedir perdón por ser raros. Raros… en el mejor sentido.
Los puntos donde el desfile se vuelve “marea” y no solo espectáculo
Con tanta participación, el ambiente cambia por zonas. Hay tramos donde el público se queda fijo, como si plantara bandera, y otros donde se mueve en oleadas buscando el mejor ángulo. Ese movimiento —la gente recolocándose, los grupos intentando mantener formación, la percusión tirando del paso— es parte del día. Y se nota especialmente en el arranque y en las transiciones: cuando una agrupación termina de “contar” lo suyo y aparece la siguiente, la calle se reorganiza sola, sin que nadie lo ordene del todo.
La organización, consciente de esa dinámica, ha señalado zonas pensadas para cruzar el recorrido sin improvisar. En el mapa aparecen puntos concretos: un cruce en la esquina entre Santa Marina y Colón, otro en Enrique Segura Otaño frente a El Corte Inglés, y otro al comienzo de la avenida de Europa. Son detalles de esos que parecen menores hasta que el cuerpo pide moverse, encontrar a alguien, salir un momento del gentío o, simplemente, cambiar de tramo para ver el desfile con otra luz.
Comodidad, accesibilidad y servicios: lo que sostiene el día sin lucirse
En el carnaval se aplaude lo que brilla, pero el día se sostiene por lo que no se ve. Aquí entra la zona PMR situada en Enrique Segura Otaño, y también la colocación de aseos portátiles en puntos que repiten varias fuentes: Entrepuentes, avenida de Colón, avenida de Huelva y el entorno de la plaza de San Francisco. Dicho sin dramatismos: con un desfile largo, estos datos son la diferencia entre una jornada llevadera y un “ya vale, vámonos”.
Más allá del recorrido, el dispositivo de ciudad es amplio y tiene números que impresionan por lo concreto: se habla de más de 50 contenedores y 300 papeleras repartidos, junto a un despliegue de baños que incluye 166 casetas, 272 setas y 26 cabinas PMR, además de un punto violeta orientado a información y prevención frente a agresiones sexuales. La parte menos fotogénica del carnaval es esta… y, a la vez, la más seria: la que intenta que una multitud conviva sin que el festejo se convierta en problema.
También se ha reforzado el capítulo de transporte y limpieza, y no es casualidad. Un evento de este tamaño obliga a pensar en lo que queda después: calles que hay que limpiar rápido, contenedores que deben estar donde la gente los use, refuerzos que eviten que la ciudad amanezca “pegajosa” de confeti y vasos. El carnaval no termina cuando pasa la última comparsa: termina cuando Badajoz vuelve a ser transitable sin perder el buen humor. Y ese equilibrio —fiesta intensa, ciudad funcional— es una de las batallas silenciosas de cada edición. La edición 2026 lo sabe.
Verlo en directo: televisión, YouTube y un mapa que te dice “por dónde va”
La retransmisión vuelve a tener un papel central. El desfile se puede seguir por Canal Extremadura y también por YouTube a través de Badajoz Online, que anuncia una emisión desde minutos antes del inicio oficial. Es, en la práctica, la forma de “estar” sin estar, con realización, comentarios y planos que a veces captan detalles que en la acera se escapan entre cabezas y móviles.
Pero lo verdaderamente distintivo este año no es solo la emisión, sino la herramienta de seguimiento: una aplicación online que permite ver dónde está cada comparsa, grupo de animación o artefacto, incluso si aún no ha salido o si ya ha llegado a la zona final. La propia organización explica que esta evolución se apoya en un control de tiempos con códigos QR que portan los grupos y en una vista de mapa con previsión de salida y llegada. En otras palabras: el carnaval asume que hoy se vive también con el móvil en la mano, sin que eso tenga por qué matar lo auténtico. A ratos, incluso lo ordena.
Hay algo curioso en esta mezcla de tradición y seguimiento digital: el desfile sigue siendo lo de siempre —tambores, baile, calle—, pero se le añade una capa de información que cambia la manera de moverse por la ciudad. Cuando se sabe qué agrupación viene, cuánto falta, dónde se atasca el ritmo o qué tramo está más avanzado, se reducen escenas típicas: la gente corriendo de un lado a otro “a ciegas”, los encuentros fallidos, las esperas interminables sin saber si queda mucho o poco. No desaparece el caos; se domestica un poco. Un poco basta.
Quién sale y qué se juega: comparsas, animación y artefactos con nombre propio
El Gran Desfile se plantea como escaparate del músculo carnavalero: comparsas con puesta en escena trabajada, grupos de animación que empujan el ritmo con percusión y humor, y artefactos que convierten la creatividad en carroza, artilugio o escena sobre ruedas. En el orden de salida aparecen nombres que, para quien sigue el carnaval cada año, suenan a “familia grande”: comparsas como Dekebais, Moracantana, Cambalada, Wailuku, Balumba, Los DeserTores, Umsuka Imbali, Caretos Salvavidas o La Bullanguera; y un universo de propuestas que, sin necesidad de explicarse demasiado, se reconocen por estilo, sonido o trayectoria.
En los grupos de animación, la etiqueta es amplia, pero el efecto es común: mantener la calle encendida, llenar los huecos de energía, convertir el trayecto en un pasacalles continuo. Aparecen nombres como AMC de Pata Negra Percusión, Carnavalatis, Los Camalotes del Guadiana, Los BolIñas o Chalchimpapas, con formatos que van desde la percusión pura hasta el despliegue más teatral. El desfile, con ellos, cambia de textura: a veces es coreografía; a veces es golpe de tambor que te empuja el pecho; a veces es un chiste que pasa rodando. Y rueda bien.
Los artefactos, por su parte, son la parte más “anárquica” en espíritu, aunque estén dentro del programa: aparecen propuestas con nombres que ya son una declaración de intenciones, como La Caidita, Goteros y Tiritas, Los Bomberos, El Carpazo o Pa 4 Días, y la lógica suele ser la del ingenio: sátira, estética de barrio, ocurrencia llevada hasta el extremo. En un carnaval donde conviven la excelencia artesanal y la gamberrada inteligente, los artefactos son el espacio donde la ciudad se ríe de sí misma sin pedir disculpas. Eso también es tradición.
Disfraces de calle: cuando la ciudad se convierte en concurso espontáneo
Antes del desfile grande, el centro ya venía calentando con el carnaval de calle. Y ahí ha surgido el comentario recurrente de esta edición: los disfraces originales “arrasan”, con ejemplos que se han vuelto virales por lo simple y lo eficaz. Un grupo convertido en calamares a la romana —rebozado incluido, literal—, otros disfrazados de esquiadores paseando por una ciudad sin nieve, y esa mezcla de referencias cotidianas y surrealismo que funciona porque no intenta ser solemne. Es el carnaval en su versión más democrática: cualquiera puede dar el golpe con una idea buena, incluso si no tiene carroza ni banda detrás.
El secreto de estos disfraces no es solo la ocurrencia; es el contexto. En Badajoz, durante estos días, un disfraz se entiende sin explicarse, porque el entorno lo acompaña: calles con música, escenarios de actuaciones, gente que acepta el juego. Un calamar gigante no es “un disfraz raro”, es una pieza más del paisaje; un esquiador es una broma compartida. Y al lado, pasando por la misma calle, una comparsa puede desplegar un trabajo de meses con un vestuario que parece salido de un taller de escenografía. Lo interesante es esa convivencia: el carnaval como gran producción y como chispazo de pandilla, sin jerarquías claras. Todo suma.
Esa energía de calle también se alimenta de los escenarios repartidos por plazas y esquinas, donde las murgas y grupos van soltando repertorio a lo largo del fin de semana, creando un ambiente continuo que desemboca en el domingo como si fuera una ola. No hace falta convertirlo en épica: basta con mirar la densidad de gente disfrazada, el ruido de fondo, las conversaciones cruzadas. El carnaval, aquí, no es un evento puntual; es un estado de la ciudad durante diez días, del 13 al 22 de febrero, y el desfile del domingo es el momento en que todo eso se ve de golpe, de una sola vez, como un resumen en movimiento.
El pregón y el COMBA: las voces que han marcado el tono de 2026
El carnaval llegó al domingo con un prólogo fuerte. El pregón inaugural lo firmó Las Sanguijuelas del Guadiana, desde el balcón del Ayuntamiento y con la Plaza de España llena, en un arranque que insistió en el orgullo rural y en la idea de que el talento no depende del tamaño del lugar del que se viene. El grupo, procedente de Casa de Don Pedro, convirtió su intervención en una declaración identitaria y emocional sin empalagar: raíces, familia, amigos, diáspora extremeña… y música para cerrar el círculo, con la plaza participando como coro. En la crónica se citan incluso los nombres de los integrantes —Carlos, Juan y Víctor— como parte de una historia de “hacer camino” desde un pueblo pequeño hasta el balcón grande.
Ese pregón no fue una pieza aislada; dejó mensaje y dejó tono. Cuando se reivindica lo rural en un carnaval que atrae visitantes y proyecta imagen de ciudad, hay una tensión interesante: por un lado, Badajoz se muestra como capital festiva, con un carnaval ya asentado como Fiesta de Interés Turístico Internacional; por otro, se recuerda que buena parte del tejido humano que sostiene esta cultura viene de fuera del foco, de localidades pequeñas, de gente que crea por pura insistencia. El pregón de Las Sanguijuelas del Guadiana, sin ponerse solemne, puso eso sobre la mesa: identidad, territorio y orgullo sin complejos.
En el otro gran escenario, el del Teatro López de Ayala, el fin de semana llegó con el veredicto del COMBA —el Concurso Oficial de Murgas—, y el ganador fue Los Camballotas, de Olivenza, con un tipo que convirtió la sanidad pública en argumento central. La propuesta giró alrededor de Juan Andrés, un médico de familia, y la letra apretó donde duele: falta de recursos, falta de personal, tiempos de consulta que se quedan en nada. El triunfo no fue menor por su procedencia: se subrayó como un hito que una murga no pacense ganara en una historia larga del certamen. Y el podio completó el cuadro con A Contragolpe en segundo lugar y Water Closed en tercero, en una final que dejó también nombres muy presentes en el ambiente de estos días: Marwan, Valentín y Al Maridi.
Lo que conecta el COMBA con el desfile —aunque parezcan mundos distintos— es el tipo de conversación que deja en la calle. La murga señala temas, abre debates, instala frases que luego se repiten en corros, bares, aceras. Y este año el foco en la sanidad pública, unido a referencias internacionales que también se colaron en el repertorio, se queda flotando como telón de fondo. No se trata de convertir el carnaval en mitin; se trata de reconocer que, en Badajoz, la crítica y el humor van en el paquete, y eso le da densidad a la fiesta. No todo es brillo: también hay palabra.
La tarde y la noche: música, fallo del jurado y el carnaval estirado hasta casi medianoche
Después del paso del desfile, la programación no baja la persiana. Desde las 16:00 se instala la animación con DJ en el paseo de San Francisco, y el fallo del jurado se sitúa alrededor de las 23:45, con el día convirtiéndose en maratón. Entre medias, el carnaval sigue “ocupando” zonas de la ciudad: gente que se queda, gente que vuelve, gente que busca el tramo donde todavía hay ambiente fuerte. Es un cierre de jornada que no se anuncia como cierre —no hace falta—, porque se vive como lo que es: el remate del día grande, con premios, debates, comentarios y esa discusión inevitable de “merecía más” o “lo han clavado”.
Hay un detalle que ayuda a entender la estructura del domingo: a las 23:00 se programa también la concentración de artefactos en Entrepuentes, como una segunda escena nocturna para quien quiere rematar con el punto más gamberro e inventivo del carnaval. Es casi un guiño: mientras el jurado prepara nombres y la música mantiene la tensión, los artefactos se reúnen como si fueran la trastienda del desfile, el lugar donde el ingenio se enseña sin prisa, con luces de noche y otro tipo de público. El carnaval tiene esa capacidad: cambia de cara según la hora, sin dejar de ser reconocible. Mismo pulso, otra luz.
Y al final queda lo que queda siempre tras un día así, aunque cada edición lo escribe distinto: la ciudad con restos de confeti pegados en esquinas, los últimos golpes de tambor ya lejanos, el olor a comida rápida mezclado con maquillaje y laca, y una sensación de “hemos pasado por aquí” que se nota incluso en los que no se disfrazaron. El Carnaval de Badajoz 2026 llega a su gran desfile con récord de participación, con herramientas nuevas para seguirlo y con un clima de calle donde lo popular y lo espectacular se mezclan sin complejos. En eso, quizá, está su fuerza: en que no elige entre comparsa y calamar, entre teatro y avenida, entre tradición y mapa digital. Lo junta todo y lo hace caminar.












