Economía
Por qué los hogares españoles mueven su ahorro de depósitos a fondos
Los tipos, la inflación y la diversificación explican el cambio, aunque invertir en fondos no garantiza ganancias.

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El dinero de las familias españolas ha ganado peso en los fondos de inversión mientras los depósitos avanzan más despacio. Entre junio de 2020 y junio de 2025, el saldo en participaciones y fondos pasó de 1,094 billones a 1,685 billones de euros, un aumento del 45 %. En el mismo periodo, el efectivo y los depósitos subieron de 996.800 millones a 1,131 billones, un 13,4 %. La diferencia refleja un cambio de preferencias: con la remuneración bancaria a la baja, parte del ahorro busca alternativas con más posibilidades de rendimiento, aunque también con más riesgo. Un fondo no ofrece la certeza de un depósito ni garantiza recuperar el capital.
El giro responde, sobre todo, al ciclo de tipos del Banco Central Europeo (BCE), a la inflación y a una oferta más accesible de fondos de renta fija, mixtos e indexados. A mediados de 2025, el tipo oficial se situaba en el 2 % tras los recortes iniciados en junio de 2024; más adelante, los datos disponibles sitúan la facilidad de depósito del BCE en el 2,25 % en junio y julio de 2026. Sin embargo, la evolución de los saldos no demuestra que cada euro retirado de un depósito haya acabado en un fondo: también influyen las aportaciones nuevas y la revalorización de los mercados. La tendencia es clara, pero no equivale a un trasvase directo y automático.
Un cambio de peso, no la desaparición del depósito
La fotografía del primer semestre de 2025 muestra un ahorro financiero familiar en máximos y una distribución distinta a la de cinco años antes. El efectivo y los depósitos seguían siendo el bloque más grande, con el 34,4 % del total, pero habían perdido peso relativo. Las participaciones en capital representaban el 31,7 % y los fondos de inversión, el 16,6 %; seguros y planes de pensiones rondaban el 11,8 %. En términos absolutos, los activos de las familias en fondos aumentaron de 359.096 millones a 543.953 millones de euros entre 2020 y 2025. El depósito conserva una posición central, aunque ya no concentra tanto el ahorro financiero.
También cambió la composición de la riqueza neta. Al cierre del primer semestre de 2020, los fondos representaban el 19 % de una riqueza financiera neta cercana a 2,5 billones de euros; cinco años después, su proporción había subido al 22 %. Si se agrupan participaciones, acciones y fondos, esos activos pasaron del 58 % al 63,4 % del total. La comparación no significa que los hogares hayan abandonado la prudencia: indica que una parte mayor de sus activos financieros está expuesta a instrumentos cuyo valor puede subir o bajar con los mercados. La cartera se ha diversificado, pero esa diversificación no elimina las pérdidas posibles.
Los flujos trimestrales refuerzan la imagen. En el segundo trimestre de 2025, los hogares invirtieron 49.551 millones de euros y los fondos de inversión registraron 11.408 millones de entradas netas. Son cifras de actividad y captación, no una prueba de que todo ese dinero procediera de depósitos. El saldo de un fondo puede crecer porque entran nuevas aportaciones, porque sube el valor de los activos que ya tenía o por ambas razones. A la inversa, un depósito puede aumentar por nuevos ahorros incluso si pierde cuota dentro del conjunto. La diferencia entre flujo y saldo ayuda a leer las estadísticas sin confundir crecimiento con dinero trasladado.
Los tipos explican por qué el depósito perdió atractivo
La política monetaria es el mecanismo principal detrás del cambio. El BCE elevó con fuerza los tipos entre julio de 2022 y septiembre de 2023, los mantuvo durante nueve meses y empezó a recortarlos en junio de 2024. En el momento de la fotografía de 2025, el tipo oficial había bajado hasta el 2 %. Esa trayectoria afectó al precio que los bancos estaban dispuestos a pagar por captar ahorro: cuando financiarse resulta menos costoso, las entidades suelen tener menos incentivos para competir por los depósitos con remuneraciones elevadas. Los cambios del BCE llegan a los ahorradores de forma indirecta y con distintos ritmos.
La transmisión no es idéntica en todos los bancos ni se produce de un día para otro. Cada entidad decide cómo gestionar su balance, qué clientes quiere captar y qué ofertas mantiene. Por eso pueden convivir depósitos con intereses modestos y promociones llamativas para nuevos clientes o para plazos concretos. En los datos referidos a agosto de 2026, la remuneración media de los depósitos a plazo alcanzó el 2,29 % TIN, frente al 2,25 % de julio, mientras algunas ofertas anunciaban hasta un 4 % TAE. La media del mercado y el mejor anuncio no describen la misma oportunidad para todos.
La comparación exige, además, distinguir entre TIN y TAE. El TIN expresa el tipo nominal aplicado; la TAE incorpora el efecto de la periodicidad de los pagos y otros elementos normalizados de la oferta. Una cifra máxima puede estar condicionada a ser cliente nuevo, cumplir requisitos o contratar productos adicionales. También puede corresponder a un plazo distinto. Por eso, comparar un depósito promedio con una promoción excepcional o con el rendimiento de un fondo en un periodo concreto puede llevar a conclusiones engañosas. El porcentaje anunciado solo cobra sentido junto con sus condiciones, su duración y sus costes.
La inflación y los impuestos cambian el rendimiento real
El interés que aparece en la oferta bancaria no es necesariamente lo que aumenta el poder de compra. Si los precios suben más que la remuneración del depósito, el capital puede conservar su cifra nominal y, al mismo tiempo, comprar menos. Esa es la diferencia entre rendimiento nominal y rendimiento real: este último tiene en cuenta la inflación. En etapas en que el dinero apenas recibe intereses, la pérdida de poder adquisitivo se vuelve especialmente visible; pero tampoco basta con elegir un fondo para evitarla, porque su valor puede caer y sus resultados futuros no están asegurados. La inflación erosiona el ahorro de forma silenciosa, mientras el riesgo de mercado puede hacerlo fluctuar a la vista.
Los impuestos también reducen el resultado final. Los intereses de los depósitos tributan en el IRPF como rendimientos del capital mobiliario, según las reglas fiscales aplicables al contribuyente. En cambio, los fondos de inversión elegibles en España permiten, por lo general, traspasar el dinero de un fondo a otro sin tributar en ese momento; la tributación se produce cuando se reembolsan las participaciones y se materializa la ganancia o pérdida. Esa diferencia puede facilitar cambios de estrategia sin un coste fiscal inmediato, pero no convierte el fondo en una inversión exenta de impuestos. El diferimiento fiscal es una ventaja de calendario, no una garantía de rentabilidad.
La rentabilidad neta depende también de las comisiones. En un fondo, los gastos de gestión y depósito, además de posibles costes asociados a la operativa, reducen el resultado que recibe el partícipe. Dos fondos de la misma categoría pueden ofrecer resultados distintos por sus activos, sus costes y las decisiones de gestión. Una comisión baja mejora el punto de partida, pero no evita que el valor liquidativo caiga. El interés de un depósito, en cambio, suele conocerse de antemano si se mantiene hasta vencimiento y se cumplen las condiciones pactadas. La comparación útil es la del resultado neto y el riesgo asumido, no la del porcentaje más vistoso.
Por qué los fondos atraen a más ahorradores
Los fondos reúnen en una sola cartera activos que, de otro modo, exigirían compras individuales y decisiones separadas. Un fondo monetario o de renta fija de corta duración puede invertir en instrumentos con vencimientos próximos; uno mixto combina bonos y acciones en proporciones variables; uno indexado reproduce el comportamiento de un índice. Esa variedad permite escoger exposiciones distintas, pero no significa que todos los fondos sean sencillos ni adecuados para cualquier horizonte. La palabra fondo designa productos muy diferentes entre sí, desde opciones de riesgo relativamente contenido hasta carteras con fuertes oscilaciones. La categoría y la composición importan más que la etiqueta general.
La renta fija recuperó atractivo cuando los tipos dejaron atrás los niveles cercanos a cero y los bonos volvieron a ofrecer cupones más visibles. Además, cuando bajan los tipos, algunos bonos ya emitidos pueden revalorizarse, porque sus pagos fijos resultan más interesantes frente a las nuevas emisiones. Pero el efecto no es automático ni uniforme: depende de la duración de la cartera, de la calidad de los emisores y de las expectativas sobre los tipos. Si estos suben, el precio de ciertos bonos puede bajar; si un emisor atraviesa problemas, también existe riesgo de impago. Renta fija no significa capital fijo ni ausencia de sobresaltos.
Los fondos mixtos y los indexados han ampliado el abanico para quienes no quieren escoger valores uno por uno. Un mixto puede combinar deuda pública, bonos de empresas y una parte de renta variable; un indexado ofrece exposición diversificada a las compañías que forman un índice, con costes que pueden ser reducidos. La diversificación reparte la inversión entre distintos activos, sectores o países, de modo que el resultado no depende de una sola empresa. Sin embargo, una caída general de los mercados puede afectar a muchos componentes a la vez. Diversificar reduce la dependencia de una apuesta concreta, pero no hace desaparecer el riesgo común.
La facilidad de contratación también ha contribuido. Los fondos están disponibles en canales bancarios y digitales, y las carteras perfiladas o automatizadas han reducido la complejidad operativa para parte de los ahorradores. Las aportaciones periódicas permiten invertir cantidades a lo largo del tiempo en lugar de concentrar toda la entrada en una fecha. Eso puede suavizar el efecto de los vaivenes sobre el precio de compra, pero no garantiza una ganancia ni elimina la posibilidad de necesitar el dinero durante una caída. La accesibilidad ha bajado la barrera de entrada, no la incertidumbre de los mercados.
La liquidez no es igual en los dos productos
Un depósito a plazo fija unas condiciones y una fecha de vencimiento. Esa previsibilidad es una de sus ventajas, pero también limita el acceso al dinero: según el contrato, puede no ser posible cancelarlo antes de tiempo o hacerlo puede tener consecuencias económicas. Para quien reserva una suma para un gasto próximo, esa inmovilización importa tanto como el interés. Los depósitos a la vista y las cuentas remuneradas funcionan de otra manera, de modo que no conviene tratar todos los productos bancarios como si tuvieran el mismo plazo o disponibilidad. La certeza sobre el vencimiento puede tener como contrapartida menos flexibilidad.
En los fondos, el reembolso suele tramitarse en un plazo de uno a varios días hábiles, a menudo entre 24 y 72 horas, aunque el plazo exacto depende del producto, del mercado y de las condiciones del folleto. La liquidez operativa no equivale a recuperar el importe invertido: el fondo puede venderse cuando el valor de las participaciones está por debajo del precio de compra. Además, en situaciones excepcionales pueden existir mecanismos que afecten a los reembolsos. Poder solicitar el dinero con rapidez no asegura que se retire sin pérdidas.
El capital también está protegido de manera distinta. En España, los depósitos bancarios cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos están protegidos hasta 100.000 euros por titular y entidad en caso de quiebra del banco, dentro de las condiciones del sistema. Esa cobertura no se aplica a las participaciones de fondos: su valor depende de los activos en cartera y puede subir o bajar. La protección del depósito no elimina todos los riesgos ni debe confundirse con una garantía estatal universal sobre cualquier producto financiero. La diferencia decisiva es que el depósito cubierto tiene una garantía específica y el fondo asume riesgo de mercado.
El giro empezó con la pandemia y se aceleró después
En 2020, la incertidumbre de la pandemia impulsó la acumulación de liquidez. Las restricciones al consumo y la precaución llevaron a muchas familias a mantener el ahorro en cuentas y depósitos, donde el dinero resultaba sencillo de localizar y no estaba expuesto a las oscilaciones diarias de la bolsa. Más tarde, la subida de tipos de 2022 y 2023 devolvió atractivo a algunos depósitos a plazo y a las ofertas promocionales. Aquella mejora duró mientras los bancos necesitaron competir por el ahorro en un entorno de dinero más caro. El depósito recuperó protagonismo durante un ciclo concreto, no por un cambio permanente de su función.
Con los recortes iniciados en 2024, el incentivo empezó a moderarse. A la vez, la recuperación de los mercados en 2024 y durante la primera mitad de 2025 mejoró la valoración de determinados activos, y la renta fija volvió a contar con cupones más apreciables que en la etapa de tipos ultrabajos. La combinación de una remuneración bancaria menos competitiva y resultados favorables en algunos mercados dio visibilidad a los fondos. Pero los años buenos no predicen los siguientes: una subida pasada puede atraer atención justo antes de un periodo más débil. La rentabilidad histórica explica parte del interés, pero no anticipa el rendimiento futuro.
La vivienda sigue teniendo un peso patrimonial y emocional importante en España, y condiciona la disposición de los hogares a asumir riesgo financiero. El mercado laboral, la renta disponible y el esfuerzo de las hipotecas también influyen en cuánto puede destinarse al ahorro. Si una familia cuenta con ingresos estables y gastos previsibles, quizá pueda mantener una parte de su patrimonio invertida durante más tiempo; si necesita liquidez inmediata, la prioridad puede ser otra. No hay una proporción válida para todos los hogares. La conducta de ahorro depende tanto del entorno económico como de las necesidades de cada familia.
El depósito y el fondo cumplen papeles distintos
La comparación no obliga a escoger un único producto para todo el dinero. Un depósito puede servir para una cantidad que se necesitará en una fecha determinada o para quien antepone la previsibilidad, siempre teniendo en cuenta el vencimiento y la cobertura aplicable. Un fondo puede tener sentido dentro de una estrategia de inversión con un horizonte compatible con sus oscilaciones y con una comprensión clara de sus costes y activos. La diferencia no es entre un producto bueno y otro malo, sino entre objetivos, plazos y riesgos distintos. El papel del dinero determina qué tipo de incertidumbre resulta aceptable.
En 2025, los fondos de renta fija de corta duración y los mixtos prudentes captaron parte del interés de quienes buscaban una alternativa a los depósitos. Los fondos globales indexados también facilitaron una exposición amplia a mercados internacionales. Aun así, un producto conservador puede registrar pérdidas en determinados periodos y uno diversificado puede caer si retroceden simultáneamente varios mercados. El riesgo cambia de forma; no desaparece. Para comprenderlo, importan la documentación del fondo, el horizonte recomendado, la política de inversión y las comisiones, no solo el nombre de la categoría. Una etiqueta prudente no sustituye a conocer qué contiene la cartera.
El movimiento del ahorro español apunta a una mezcla mayor de activos financieros, no al fin de los depósitos. Las cifras disponibles muestran que los fondos han crecido más deprisa y que sus entradas netas fueron relevantes en el segundo trimestre de 2025, mientras las ofertas de depósitos seguían variando con los tipos y las campañas bancarias. Que algunas entidades lleguen a ofrecer hasta un 4 % no cambia por sí solo la tendencia ni convierte ese máximo en una remuneración general. La clave del cambio está en el coste de oportunidad: cuánto se renuncia a ganar, y qué riesgo se acepta, al mantener cada euro en un producto u otro.

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