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¿Cómo delataron sus vuelos desde Loiu el fraude de 15.000 € a Lanbide?

Sus vuelos desde Loiu destaparon que cobraba casi 15.000 euros de Lanbide mientras residía en Francia y ocultaba su situación familiar real.

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Los viajes dejaron un rastro difícil de cuadrar. Una mujer que figuraba como residente en Eibar y percibía prestaciones gestionadas por Lanbide acabó bajo investigación después de que sus desplazamientos y su situación real contradijeran los datos con los que había accedido a las ayudas. El caso, conocido de nuevo a raíz de sus vuelos desde el aeropuerto de Bilbao-Loiu, gira alrededor de casi 15.000 euros cobrados mediante la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) y la entonces Prestación Complementaria de Vivienda.

La investigación acreditó que la mujer residía de forma continuada en Niza, Francia, al menos desde enero de 2022, pese a estar empadronada en Eibar y mantener ante Lanbide una situación familiar muy distinta. Entre octubre de 2021 y noviembre de 2022 llegó a percibir 14.913 euros: 672,48 euros mensuales de RGI y otros 275 euros correspondientes a la prestación de vivienda. El domicilio declarado en Euskadi, el hijo que supuestamente vivía con ella y sus movimientos fuera de España terminaron componiendo un puzle que no encajaba.

Los vuelos desde Loiu que dejaron al descubierto la contradicción

Un billete de avión parece poca cosa. Una sucesión de desplazamientos, fechas de entrada y salida y estancias prolongadas en otro país es diferente. El control de los movimientos fuera de Euskadi puede convertirse en un elemento relevante cuando una prestación está vinculada precisamente a la residencia efectiva de quien la recibe.

Ese es el punto delicado del caso. La mujer constaba administrativamente en Eibar, pero las pesquisas permitieron establecer que su vida cotidiana estaba en Francia. Allí había alquilado una vivienda y había constituido una sociedad mediante la que adquirió el traspaso de un establecimiento de ocio que comenzó a gestionar. No se trataba, por tanto, de una escapada puntual ni de unas vacaciones demasiado largas: la investigación situaba allí su residencia continuada.

El aeropuerto de Loiu se convirtió así en algo parecido a una grieta en el decorado. Los desplazamientos podían confrontarse con el relato administrativo que sostenía el cobro de las ayudas. Y cuando los movimientos físicos de una persona dicen una cosa mientras su expediente dice otra, el papel empieza a pesar bastante menos.

La RGI exige residencia efectiva, no solo un padrón

Estar empadronado no funciona como una contraseña mágica. La normativa actual de la RGI exige empadronamiento y residencia efectiva en Euskadi, y Lanbide recuerda expresamente que quienes perciben la prestación pueden salir de la comunidad autónoma durante un máximo de 30 días dentro de cada año natural, debiendo además comunicar esas salidas.

Esa precisión importa porque permite distinguir dos situaciones que a veces se meten en el mismo saco. Viajar no es incompatible con cobrar la RGI. Vivir realmente fuera de Euskadi mientras se mantiene ante la Administración que la residencia continúa aquí es otra cosa muy distinta.

La propia arquitectura de la prestación descansa sobre esa diferencia. La RGI está concebida para atender las necesidades básicas de personas y familias con recursos insuficientes residentes en la comunidad autónoma. No basta con conservar una dirección administrativa mientras el centro efectivo de la vida se ha desplazado a otro país.

El hijo vivía en Huelva mientras ella decía tenerlo a cargo

Los vuelos no fueron la única pieza que chirrió. La mujer había declarado que su unidad de convivencia estaba integrada únicamente por ella y por su hijo menor. La investigación concluyó, sin embargo, que el niño vivía en Huelva con su padre.

La diferencia no es menor. La composición de la unidad de convivencia afecta directamente al reconocimiento y a la cuantía de las prestaciones. Declarar como conviviente a una persona que realmente reside a cientos de kilómetros altera la fotografía económica y familiar sobre la que la Administración decide cuánto corresponde cobrar.

A aquello se sumó otra circunstancia llamativa: los investigadores averiguaron que la mujer había solicitado también una prestación económica en Francia alegando, otra vez, que tenía al menor a su cargo. Mientras tanto, su residencia efectiva estaba en Niza. El expediente administrativo decía Eibar; la vida real dibujaba un mapa bastante distinto.

Habitaciones subarrendadas y un empadronamiento bajo sospecha

El domicilio de Eibar abrió todavía otra puerta. La investigación constató que varias habitaciones habían sido subarrendadas a otras personas y que la beneficiaria se había valido de un tercero, previo pago, para empadronar temporalmente en la vivienda a una de ellas y tratar de obtener más ayudas.

Cuando Lanbide detectó irregularidades en ese domicilio, la mujer sostuvo que una de las personas empadronadas era un ciudadano ucraniano al que había acogido como desplazado por la guerra. Las comprobaciones revelaron una realidad bastante menos épica: aquel hombre estaba en España desde 2003 y residía en la vivienda desde 2020, pagando 300 euros mensuales por una habitación.

Es aquí donde el caso deja de parecer una simple discusión sobre cuántos días puede pasar fuera de Euskadi un beneficiario. La investigación describió un conjunto de datos falsos o incompletos sobre residencia, convivencia e ingresos que permitieron mantener durante meses prestaciones públicas.

Casi 15.000 euros cobrados entre 2021 y 2022

La cifra exacta acreditada fue de 14.913 euros obtenidos entre octubre de 2021 y noviembre de 2022. Cada mes recibía 672,48 euros de RGI y 275 euros de la Prestación Complementaria de Vivienda, una ayuda vinculada al alquiler de la vivienda habitual.

Cuando las irregularidades llegaron a conocimiento de Lanbide, el organismo paralizó los pagos. La investigación quedó en manos de la Brigada de Extranjería y Fronteras de San Sebastián, con colaboración de la Policía Municipal de Eibar, dentro de la denominada Operación Wiza, centrada en detectar fraudes en ayudas y subsidios mediante empadronamientos ficticios. La mujer fue detenida en enero de 2023 y puesta a disposición judicial.

El importe puede llamar la atención, pero la parte más reveladora está en el mecanismo. No había una sofisticada arquitectura financiera, sociedades fantasma en media Europa ni cuentas numeradas en algún paraíso fiscal. Había algo bastante más doméstico: un padrón, una vivienda y una composición familiar que no coincidían con la realidad reconstruida por los investigadores.

Lanbide ha endurecido el control de los cobros indebidos

El caso adquiere otra lectura en 2026 porque el sistema de control de la RGI ha cambiado. La reforma del Sistema Vasco de Garantía de Ingresos reforzó la comprobación de datos y los procedimientos destinados a detectar prestaciones percibidas indebidamente.

Lanbide sostiene que los nuevos mecanismos han permitido reducir a la mitad los pagos indebidos en un año y mantiene como objetivo declarado el «fraude cero». La expresión tiene ese aroma administrativo de las metas que suenan impecables sobre el papel; la realidad, naturalmente, suele ser más terca. El propio organismo admite que siempre habrá intentos de engañar al sistema.

Cuando se detectan datos erróneos o incumplimientos, Lanbide puede abrir un procedimiento de control para revisar el periodo afectado y calcular cuánto debía haberse percibido realmente. La diferencia cobrada en exceso debe devolverse. Si se constatan inexactitudes, falsedades u omisiones, la extinción de la ayuda puede impedir solicitar nuevamente la prestación durante dos años.

La legislación vasca va aún más lejos cuando existe voluntad de engañar. Considera infracción muy grave actuar fraudulentamente para obtener prestaciones indebidas, conservarlas sin reunir los requisitos o aportar datos o documentos falsos con ese propósito.

Un aeropuerto puede contar mucho más que un padrón

Este episodio ilustra bastante bien cómo han cambiado los controles sobre las prestaciones públicas. Un expediente administrativo ya no vive aislado dentro de una carpeta. Residencia, movimientos fronterizos, vuelos, ingresos y viviendas pueden cruzarse hasta reconstruir una realidad bastante más precisa.

Y ahí aparece Loiu. Un aeropuerto que, a primera vista, poco tendría que ver con una prestación social terminó aportando información capaz de poner en cuestión la residencia declarada. Los vuelos dejaron huella; la vivienda de Eibar aportó otra; la situación del hijo, una tercera. Una detrás de otra.

También conviene evitar el salto fácil desde un fraude concreto hasta la sospecha general sobre quienes reciben ayudas. La RGI es una prestación social destinada a personas y familias sin recursos suficientes, y cobrarla legítimamente no tiene nada que ver con manipular los requisitos para obtenerla. Precisamente por eso el control importa: protege dinero público, sí, pero también evita que unos pocos casos acaben convirtiéndose en munición contra miles de beneficiarios que cumplen las reglas.

La historia de los casi 15.000 euros tiene, al final, poca magia. Cuando la residencia declarada está en Euskadi pero la vida discurre en otro país, los movimientos terminan hablando. A veces lo hacen desde una oficina; otras, desde la puerta de embarque.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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