Salud
La cifra real de muertos por covid supera los registros oficiales
La mortalidad excedente revela vidas perdidas que nunca aparecieron como casos confirmados.

Un análisis internacional sitúa en alrededor de 22 millones las muertes vinculadas a la pandemia de covid en todo el mundo, casi el triple de las contabilizadas oficialmente en algunos recuentos. La cifra no representa un nuevo registro de certificados de defunción, sino una estimación que incorpora el exceso de mortalidad: las vidas perdidas por encima de lo que cabía esperar en condiciones normales.
La diferencia importa. Los balances oficiales reúnen fallecimientos atribuidos y comunicados como causados por la infección, mientras que el exceso de mortalidad también capta muertes que no llegaron a diagnosticarse como covid y otras relacionadas indirectamente con la crisis sanitaria. Por eso, no existe un único total que responda a preguntas distintas: el número cambia según qué se cuente, durante qué periodo y con qué calidad de datos.
Por qué las estimaciones superan el recuento oficial
Durante buena parte de la emergencia, para registrar una muerte como causada por covid hacía falta detectar la infección y comunicar el fallecimiento mediante los sistemas sanitarios y estadísticos de cada país. Ese proceso fue desigual. En los primeros meses hubo lugares con pocas pruebas, hospitales desbordados y registros civiles incapaces de actualizar sus datos con rapidez. Algunas personas murieron sin una confirmación de laboratorio y, por tanto, pudieron quedar fuera de las estadísticas específicas de la enfermedad.
El exceso de mortalidad intenta corregir parte de ese punto ciego. Compara las muertes observadas en un periodo con las que se habrían esperado según los patrones de mortalidad anteriores. Si en una región fallecieron más personas de las habituales, la diferencia permite medir el impacto total de la crisis, aunque no identifica por sí sola la causa de cada muerte. Es una herramienta para estimar el saldo global, no un diagnóstico individual retrospectivo.
La medida incluye fallecimientos directamente asociados al virus que no se notificaron como tales, pero también puede abarcar efectos indirectos. Cuando los hospitales concentraron recursos en atender a pacientes con covid, algunas consultas, pruebas y tratamientos de otras enfermedades se retrasaron o interrumpieron. Una persona que no pudo recibir atención a tiempo pudo morir por una causa distinta de la infección, dentro de un sistema alterado por la pandemia.
El indicador tampoco implica que todas las muertes adicionales fueran consecuencia directa de la covid. Los confinamientos y los cambios de actividad pudieron reducir algunos fallecimientos, por ejemplo al disminuir los accidentes de tráfico o laborales, mientras que otras circunstancias pudieron elevarlos. En el balance final, el exceso refleja el resultado combinado de esas fuerzas. Su utilidad está en mostrar el impacto neto que los registros específicos no captan, con la cautela de que no ofrece una atribución causal perfecta.
Qué significa la estimación de 22 millones
La cifra cercana a 22 millones procede de un estudio internacional liderado por investigadores de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, según la información disponible sobre el análisis. Su planteamiento se basa en medir la mortalidad excedente para reconstruir una parte más amplia del coste humano de la pandemia. El resultado ha reabierto la discusión porque se sitúa muy por encima de los fallecimientos confirmados y comunicados como covid.
Ese cálculo debe leerse como una estimación, no como una suma exacta de certificados revisados uno a uno. Los modelos comparan lo ocurrido con un escenario esperado y dependen de los datos disponibles para construir esa referencia. Cuando las estadísticas de un país son incompletas, los investigadores tienen que estimar más; cuando existen registros más consistentes, el margen de incertidumbre puede ser menor. El total global reúne realidades nacionales con calidades de información muy distintas.
También conviene evitar una comparación mecánica entre estudios. La cifra de 22 millones se presenta como un balance más amplio, mientras que los cálculos anteriores de la Organización Mundial de la Salud se centraron en un periodo concreto: 2020 y 2021. Además, los análisis pueden diferir en los datos, las hipótesis y los métodos empleados. Que una estimación sea mayor no significa necesariamente que la anterior estuviera mal calculada; puede responder a otro alcance o a una manera distinta de completar las lagunas estadísticas.
Por eso, decir que el total fue casi tres veces el oficial describe la distancia entre determinados recuentos, pero no convierte el resultado en una cifra definitiva aceptada sin reservas. La cifra oficial suele ser más estrecha porque depende de que cada caso se detecte y clasifique; la estimación por exceso es más amplia, aunque incorpora incertidumbre. La diferencia entre ambas no es solo un error de registro: también refleja dos formas distintas de medir el impacto.
El precedente de la OMS y las diferencias entre países
En mayo de 2022, la OMS estimó que durante 2020 y 2021 se habían producido 14,9 millones de muertes en exceso asociadas directa o indirectamente a la pandemia. De ellas, 6,2 millones figuraban entonces en los datos oficiales comunicados al organismo. La distancia entre ambas cantidades ya mostraba que los registros confirmados dejaban fuera una parte considerable del impacto, incluso antes de que se difundieran análisis posteriores con estimaciones más altas.
La OMS señaló que el resto podía incluir tanto muertes causadas por el virus que no se notificaron como otras asociadas a las consecuencias de la crisis sanitaria. Ese balance no debe confundirse con la cifra de 22 millones: corresponde a un periodo delimitado y a un ejercicio distinto. El dato de 14,9 millones es un antecedente importante, no una cifra intercambiable con cualquier estimación posterior.
Las diferencias aparecen con claridad al observar países concretos. Para México, el análisis de la OMS calculó unas 626.000 muertes en exceso relacionadas con la pandemia en 2020 y 2021, frente a unas 324.000 muertes por covid reconocidas en los registros sanitarios citados en aquel momento. La distancia no significa que cada fallecimiento adicional tuviera una causa demostrada idéntica; indica que el balance de mortalidad del periodo fue mucho mayor que el registro específico de la enfermedad.
India fue otro caso destacado en esa estimación: la OMS calculó 4,7 millones de muertes asociadas a la pandemia, unas diez veces las cifras oficiales entonces disponibles y cerca de un tercio del total mundial que estimó el organismo para ese periodo. El Gobierno indio cuestionó la metodología, mientras que otros estudios llegaron a conclusiones de una escala parecida. La controversia muestra que los modelos pueden ser discutidos incluso cuando varias investigaciones apuntan a un subregistro considerable.
En el número total de muertes excedentes también figuraban Rusia, Indonesia y Estados Unidos, además de Brasil, México y Perú. Sin embargo, ordenar países solo por cantidades absolutas puede inducir a error: los más poblados pueden acumular cifras mayores aunque el impacto proporcional sobre sus habitantes sea distinto. Por eso, algunos análisis comparan las tasas de exceso de mortalidad, una medida que permite considerar el tamaño de la población y observar mejor el peso relativo de la crisis.
Por qué contar dependía de la capacidad de cada sistema
Un recuento de fallecimientos no empieza cuando se publica una cifra, sino mucho antes: con la certificación médica, el registro civil, la transmisión de datos y la definición de qué causas se incluyen. Si esas piezas funcionan con retraso o de forma desigual, el balance oficial puede ser incompleto aunque las autoridades informen de buena fe. En una emergencia que se extendió por numerosos países, las diferencias entre sistemas hicieron que las comparaciones internacionales fueran especialmente difíciles.
El problema se agravó allí donde las pruebas diagnósticas eran escasas o la atención sanitaria estaba bajo presión. Una persona que moría en casa podía no ser sometida a una prueba; un hospital saturado podía tener dificultades para certificar con precisión la causa; y las estadísticas nacionales podían tardar en consolidarse. La ausencia de un dato no equivale a la ausencia de una muerte, pero tampoco permite afirmar automáticamente cuál fue su causa.
Las limitaciones fueron particularmente importantes en regiones con pocos datos de mortalidad. Los investigadores que colaboraron en el informe de la OMS admitieron que sus cálculos eran más especulativos para África subsahariana. En 41 de los 54 países africanos no había estadísticas fiables suficientes para el análisis. Cuando no existen registros completos, los modelos deben apoyarse en información indirecta y supuestos, lo que amplía la incertidumbre de cualquier cifra regional.
Esto ayuda a entender por qué dos países con impactos reales parecidos pueden mostrar balances oficiales muy distintos. Uno puede disponer de pruebas, certificados y sistemas de notificación sólidos; otro, de registros incompletos que dejan fallecimientos sin clasificar. La calidad estadística forma parte de la explicación epidemiológica: no solo se cuenta cuánta gente murió, sino también cuántas de esas muertes pudo observar y registrar cada sistema.
Estados Unidos y el peso de los recuentos nacionales
En Estados Unidos, los Centers for Disease Control and Prevention registraron más de 1,2 millones de muertes asociadas a la covid desde el inicio de la pandemia, según los datos de referencia. Esa cifra corresponde al recuento nacional citado y no debe confundirse con las estimaciones globales de exceso de mortalidad, que pueden aplicar otros periodos y criterios. Los análisis epidemiológicos también han señalado que los balances oficiales podrían quedarse cortos, sobre todo en las primeras etapas, cuando no había vacunas y los servicios sanitarios soportaban una presión extrema.
La experiencia estadounidense ilustra una dificultad común: incluso un país con amplias capacidades estadísticas puede tener vacíos en medio de una emergencia. La disponibilidad de pruebas, la rapidez con que se procesan certificados y la forma de atribuir una causa de muerte cambian con el tiempo. Al comienzo, cuando el virus se propagaba y el conocimiento clínico era más limitado, establecer qué había provocado cada fallecimiento podía ser más complicado que después.
Los datos nacionales tampoco permiten concluir que todas las muertes por encima de lo esperado fueran causadas por la infección. El exceso puede recoger la combinación de enfermedad, retrasos asistenciales y otros cambios sociales producidos durante la pandemia. Un total oficial y un cálculo de exceso responden a preguntas relacionadas, pero no idénticas: el primero informa de muertes clasificadas dentro de una categoría; el segundo compara la mortalidad observada con una referencia histórica.
Lo que revelan los países con cifras más bajas
En el balance de la OMS para 2020 y 2021, China, Australia, Japón y Noruega aparecían entre los países con tasas bajas de exceso de mortalidad. La política de covid cero aplicada en China, que incluía pruebas masivas y cuarentenas, y las restricciones de viaje de Australia fueron parte del contexto de esos resultados. Pero una tasa baja en un periodo concreto no cuenta por sí sola toda la historia ni demuestra que una única medida explique el resultado.
Las comparaciones dependen de la población, del momento analizado y de la calidad de los registros. Las restricciones pueden modificar tanto la circulación del virus como otras causas de mortalidad; las diferencias de edad y las condiciones sanitarias también alteran el impacto. Además, una política que reduce la transmisión en una etapa no permite deducir automáticamente qué ocurrió después. Las tasas sirven para comparar con más contexto, no para convertir países distintos en experimentos idénticos.
En el sentido contrario, las tasas de exceso de mortalidad de Reino Unido, Estados Unidos, España y Alemania estuvieron por encima del promedio mundial durante 2020 y 2021, según el análisis de la OMS. Ese dato aporta una comparación relativa para aquel periodo, pero no debe trasladarse sin más a toda la pandemia ni leerse como una clasificación permanente. Una medición acotada describe lo que ocurrió en esas fechas y con los criterios empleados por el estudio.
La prudencia es especialmente necesaria cuando los registros son incompletos. Una aparente mortalidad baja puede reflejar un impacto menor, pero también dificultades para documentar fallecimientos; a la inversa, una estimación alta puede depender de un modelo con más incertidumbre. La cifra más convincente no siempre es la más precisa al último decimal: suele ser aquella cuyo método, periodo y límites están expuestos con claridad.
Una cuenta humana que las estadísticas no agotan
Las cifras globales son necesarias para dimensionar la pandemia, comparar su impacto y entender qué falló en la preparación de los sistemas sanitarios. También permiten advertir que los fallecimientos confirmados no abarcan necesariamente todas las vidas perdidas durante la crisis. Pero un total, por grande que sea, aplana historias distintas: una muerte directa por infección, otra tras la interrupción de un tratamiento y otra que solo puede incluirse en una estimación estadística no tienen el mismo grado de certeza causal.
La pandemia dejó además efectos que no caben en un recuento de mortalidad. Hubo crisis hospitalarias, interrupciones de tratamientos y personas con secuelas prolongadas, además de cambios sociales y económicos cuyos efectos continuaron después de la fase más aguda. Esas consecuencias no deben sumarse sin criterio a una cifra de muertos, pero ayudan a explicar por qué el impacto fue más amplio que el número de diagnósticos confirmados y fallecimientos notificados.
La estimación de 22 millones pone sobre la mesa una dimensión más amplia del saldo humano, mientras que el precedente de la OMS mostró ya en 2022 cuánto podían diferir las muertes excedentes de las comunicadas oficialmente. Ningún cálculo elimina las lagunas ni resuelve todas las discusiones metodológicas. Lo que sí deja claro es que el recuento oficial ofrece solo una parte del panorama cuando los sistemas de registro no alcanzan a seguir el ritmo de una emergencia global.
Medir mejor las muertes no es un ejercicio puramente contable. Los registros oportunos y completos permiten reconocer el alcance de una crisis y prepararse con más fundamento ante futuras emergencias. La lección que emerge de las estimaciones no es que exista una cifra perfecta escondida detrás de los informes, sino que la transparencia sobre métodos y límites resulta esencial para entender qué ocurrió y a quiénes no llegó a contar el recuento convencional.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









