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¿Qué equipos van a octavos y cuándo es el sorteo Champions?

Sorteo de octavos en Nyon: horario, fechas y cruces posibles de Barça, Madrid y Atleti, con el cuadro completo rumbo a Budapest, las claves.
La Champions ya tiene a sus 16 equipos de octavos y el calendario también está cerrado: el sorteo se celebra el viernes 27 de febrero de 2026, a las 12:00 (hora peninsular), en Nyon (Suiza), en la Casa del Fútbol Europeo. En ese acto quedará emparejada la ronda de octavos y, con el mismo golpe de mano, se dibujará el camino completo del cuadro hacia la final de Budapest.
Los ocho que llegan como cabezas de serie (por acabar arriba en la fase liga) son Arsenal, Bayern Múnchen, Liverpool, Tottenham, Barcelona, Chelsea, Sporting CP y Manchester City. Los otros ocho, los que han pasado por el peaje del play-off a doble partido, son Real Madrid, París Saint-Germain (PSG), Newcastle, Atlético de Madrid, Atalanta, Bayer Leverkusen, Galatasaray y Bodø/Glimt. Dos bombos, dos ritmos… y desde mañana, un único relato.
Los 16 de octavos, sin anestesia
Hay algo muy de esta Champions “nueva” en cómo suena la lista: mezcla gigantes de siempre con clubes que hace nada eran una rareza en el mapa. En la parte alta de la mesa se sientan, sin sorpresas, los que evitaron el play-off y aterrizan con traje planchado: Arsenal (mandando desde la fase liga), Bayern, Liverpool, Tottenham, Barcelona, Chelsea, Sporting CP y Manchester City, que además conserva esa sensación de equipo que, incluso cuando no juega bien, te obliga a mirarle. Ese premio no es decorativo: ser cabeza de serie significa jugar la vuelta en casa en octavos, y en marzo eso vale oro, o por lo menos vale una noche menos con el estadio en contra.
La otra mitad del cuadro llega con barro en las botas, y no es una metáfora bonita: el play-off te obliga a competir con el cuchillo más cerca. Ahí aparecen Real Madrid y Atlético, dos clásicos españoles que han tenido que ganarse el billete por la vía del desgaste; PSG, que sigue siendo PSG incluso cuando tiembla; Newcastle, que ha convertido una eliminatoria en una declaración de intenciones; Atalanta, que ha pasado con una remontada de las que dejan marca; Leverkusen, serio y seco, sin florituras; Galatasaray, experto en partidos con temperatura alta; y Bodø/Glimt, que ya no es el “equipo simpático del norte”: es un rival que ha aprendido a hacer daño de verdad y que llega a octavos con una credencial que nadie esperaba hace unos meses.
En el detalle también está la película: la fase liga te coloca en un carril, el play-off te obliga a correr. Arsenal y Barcelona llegan con esa calma rara de quien ha visto el río desde el puente; Real Madrid, Atlético o Galatasaray vienen con la tensión todavía en la mandíbula. A veces eso se nota en marzo, cuando el partido se rompe… y el que está acostumbrado a jugar con el partido roto suele sufrir menos.
El sorteo del 27 de febrero en Nyon
El sorteo del viernes no es el típico momento de “a ver quién toca” y ya está. Se celebra en Nyon, a las 12:00, y tiene una peculiaridad que explica por qué todo el mundo mira el reloj como si fuera un examen: además de asignar los octavos, se deja armado el cuadro que lleva a la final. Es como poner un mapa en la pared: de repente, no solo sabes tu próxima parada, también intuyes qué puede venir después si sobrevives.
La mecánica, eso que a veces suena a burocracia y luego te cambia la primavera, es clara: los cabezas de serie se emparejan por su posición final en la fase liga en parejas (los de arriba con los de arriba), y el sorteo va colocando a cada uno en un lado del cuadro. No es una tómbola sin memoria, es un sistema con carriles marcados: cada equipo tendrá solo dos rivales posibles en octavos, y eso reduce el azar, pero no el morbo… lo concentra. La UEFA, además, permite que haya cruces entre equipos del mismo país y también repeticiones de partidos ya vistos en la fase liga, así que la frase “ya nos hemos visto” no sirve para espantar a nadie.
Qué se decide además de octavos
Lo que queda fijado en Nyon no es un simple emparejamiento, es el orden del camino. A partir de la colocación en el cuadro, los cruces de cuartos y semifinales se encadenan por la ruta asignada: si avanzas, no te “vuelven a sortear”, sigues el carril. Esto tiene un efecto inmediato, casi psicológico: hay equipos que, tras el sorteo, sentirán que el horizonte se les abre… y otros que verán una pared a tres semanas vista. Y lo curioso es que esa pared a veces es imaginaria: en Champions, la lógica dura lo que tarda un balón en entrar por la escuadra.
También se confirman las fechas que mandan el resto del curso europeo, y conviene dejarlas atadas, sin ruido: los octavos se juegan en dos tandas, 10/11 de marzo la ida y 17/18 de marzo la vuelta; los cuartos, 7/8 y 14/15 de abril; las semifinales, 28/29 de abril y 5/6 de mayo; y la final, el 30 de mayo de 2026 en Budapest. Todo en fila, como un pasillo que se va estrechando.
Cruces posibles: cada grande tiene dos caminos
Aquí está la gracia real de este sorteo: cada cabeza de serie mira el bombo y ve solo dos posibles puertas. Eso hace que el debate sea menos de “quién me toca” y más de “qué historia me cae encima”, porque los estilos de juego cambian muchísimo de una opción a otra, y el margen de sorpresa se traslada al guion, no al rival.
El reparto es así, dicho sin artificios y con nombres propios: Arsenal y Bayern se cruzarán con Atalanta o Leverkusen; Barcelona y Chelsea con Newcastle o PSG; Liverpool y Tottenham con Atlético o Galatasaray; y Manchester City y Sporting CP con Bodø/Glimt o Real Madrid. Y, sí, hay eliminatorias que suenan a “final anticipada” aunque estemos en octavos, porque una cosa es lo que dice el calendario y otra lo que dice el peso del escudo cuando se apagan las luces del estadio.
En ese reparto hay un caramelo envenenado que se ve desde lejos: Real Madrid puede caer en el carril de Manchester City o en el de Sporting, y el matiz es enorme. City-Madrid, incluso cuando no está en su mejor momento, se vive como una saga: mucho precedente, mucho detalle, mucha lupa. Madrid-Sporting es otra cosa: un cruce con memoria, sí, pero con un tipo de partido más imprevisible, más de interrupciones, más de ida y vuelta emocional si el marcador se mueve pronto.
También hay un choque con aroma de época reciente: Barcelona tiene como posibles rivales a Newcastle o PSG, y ahí no hace falta vender humo. Con Newcastle ya hubo cara a cara esta temporada y no fue amable: partido de tensión, de estadio apretando. Con PSG, además, está esa sensación de rivalidad europea que se repite cada pocos años con nombres cambiando pero con el mismo ruido de fondo: París sabe que, para defender su corona, en algún momento tendrá que pasar por el fuego, y un cruce con el Barça te pone el fuego delante desde el primer día.
Y ojo con el bloque Liverpool-Tottenham frente a Atlético-Galatasaray, porque ahí el sorteo puede fabricar un partido de ritmo alto y choque o uno de cerrojos y colmillos. Atlético te lleva al terreno de la paciencia y del error mínimo; Galatasaray te lleva al terreno del partido que se calienta con facilidad, donde una falta tonta se convierte en una batalla y una grada puede empujar como un motor.
Los precedentes que calientan el bombo
No es solo romanticismo: hay números que cuentan historias y que explican por qué algunos emparejamientos se sienten “familiares”. Barcelona-PSG tiene una colección enorme de enfrentamientos europeos, con un equilibrio casi de espejo: triunfos y derrotas repartidos, goles similares, esa sensación de que ninguno domina al otro de manera estable. Real Madrid-Manchester City también ha crecido a base de capítulos, con resultados apretados y eliminatorias que suelen decidirse en momentos muy concretos, casi siempre en el tramo final de un partido grande. Atlético-Liverpool tiene historial y cicatrices: muchos duelos, resultados cruzados, partidos que rara vez son tranquilos.
Y luego están los pequeños datos que pinchan el globo de la confianza: Bodø/Glimt ya le ha ganado al Manchester City esta temporada, y no por accidente, con un partido que dejó a mucha gente mirando el resumen dos veces. Barcelona ya ganó en el campo del Newcastle en esta misma edición, lo cual cambia la psicología de un posible cruce: no sería un misterio, sería una segunda lectura, y las segundas lecturas suelen ser más crueles.
España en el cuadro: Barça sembrado, Madrid y Atleti al asalto
El fútbol español llega con tres equipos y tres estados de ánimo distintos. Barcelona entra como cabeza de serie y eso se nota en el tipo de conversación: no es lo mismo imaginar una eliminatoria con la vuelta en casa que hacerlo pensando en sobrevivir al partido de vuelta fuera. El Barça tiene dos opciones que, en realidad, son dos mundos: Newcastle o PSG. Newcastle sería una eliminatoria de contacto, con velocidad y estadio; PSG sería una eliminatoria de foco global, con el campeón defensor, con Luis Enrique en el banquillo, con un nivel de presión mediática que te ocupa media semana aunque intentes esquivarlo.
Real Madrid, en cambio, llega desde el play-off y con un relato muy suyo: pasó, sí, pero dejó la sensación de haber caminado por el filo. Ante el Benfica, el Bernabéu vivió un partido con tensión y con un guion que se movía entre la ansiedad y el alivio. Benfica golpeó primero con Rafa Silva, el Madrid respondió rápido con Aurélien Tchouaméni y el billete se terminó de sellar con Vinícius Júnior en el tramo final, con un partido que tuvo momentos de incomodidad y también de oficio. El Madrid, ahora, mira el sorteo y solo ve dos posibles salidas: Manchester City o Sporting CP. La primera es una eliminatoria de megafonía, de ida y vuelta emocional; la segunda tiene ese punto de trampa amable: parece menos ruidosa, pero te castiga en cuanto bajas un grado la intensidad.
Y luego está el Atlético de Madrid, que ha llegado con un golpe de autoridad ofensiva poco habitual en su propio cliché. Contra el Club Brugge, la eliminatoria fue un tiroteo: tras un primer partido de intercambio, el Metropolitano vivió una vuelta con Alexander Sørloth en modo martillo, firmando un hat-trick, y con un gol de Johnny Cardoso que cambió el tono del partido nada más empezar la segunda parte. El Atlético cerró la serie con un global de goles alto, con Simeone celebrando algo que no siempre le conceden: pasar sin que el equipo tenga que sostenerse únicamente en el alambre. Su premio es un sorteo con dos opciones durísimas: Liverpool o Tottenham. Liverpool sería una eliminatoria de colmillo y experiencia continental; Tottenham, una eliminatoria de ritmo y vértigo, con un tipo de partido que se puede descontrolar rápido.
Hay una lectura más, menos obvia pero importante: el Barça llega con la calma del que ha tenido tiempo de preparar marzo sin urgencias europeas en febrero; Madrid y Atlético llegan con el pulso todavía alto. A veces esa diferencia se nota en el primer partido de octavos: el que viene de sufrir suele entrar antes en modo eliminatoria.
Febrero dejó pistas, marzo pone la sentencia
El play-off ha sido una criba con historias muy distintas, y conviene mirarlas porque explican el tipo de equipo que llega a octavos, no solo el nombre del escudo. PSG, por ejemplo, pasó, pero lo hizo sin esa sensación de superioridad aplastante que a veces se le presupone. Contra el Mónaco, la vuelta acabó 2-2 y la eliminatoria se cerró por un margen mínimo, con un partido marcado por la expulsión de Mamadou Coulibaly cuando el global estaba empatado y el ambiente era de partido que se podía ir a cualquier sitio. El PSG remontó con goles de Marquinhos y Khvicha Kvaratskhelia, el Mónaco respondió con Maghnes Akliouche y Jordan Teze, y el campeón defensor terminó clasificándose con el traje arrugado. Eso, en Champions, a veces es una mala señal… y a veces es exactamente lo que necesitas para espabilar.
Atalanta llegó con una de esas noches que se recuerdan por una acción concreta, casi cinematográfica. Venía de perder 2-0 en la ida ante el Borussia Dortmund y respondió en Bérgamo con un 4-1 cargado de golpes y nervios. Marcó Gianluca Scamacca temprano, empató el global antes del descanso con Davide Zappacosta, se puso por delante con Mario Pašalić y, cuando parecía que el guion se iba a extra tiempo con el marcador temblando, apareció el minuto que nadie quiere defender: penalti tras revisión y gol de Lazar Samardžić en el descuento más tardío, con el estadio explotando. El Dortmund, que había tenido la eliminatoria en la mano, salió con la cara de quien entiende demasiado tarde que en febrero también se puede perder una temporada.
Galatasaray, por su parte, ha vivido una eliminatoria de locura contra la Juventus. Llegaba con un 5-2 de la ida y aun así estuvo a punto de tirarlo todo. Juventus ganó la vuelta 3-2 tras prórroga y forzó el partido al límite con goles de Manuel Locatelli de penalti, Federico Gatti y Weston McKennie, incluso jugando con uno menos por la expulsión de Lloyd Kelly. En la prórroga, con superioridad numérica, Galatasaray se agarró a su gente y a su delantero: Victor Osimhen marcó y Barış Alper Yılmaz remató la clasificación. Resultado final: 7-5 para Galatasaray en el global. No es una clasificación limpia: es una clasificación con cicatrices, y esos equipos suelen llegar a octavos con una mezcla peligrosa de confianza y descaro.
El caso Newcastle también es revelador: pasó por encima del Qarabağ con una ida descomunal, un 6-1 en Azerbaiyán con un primer tiempo que fue una tormenta, y remató en St James’ Park con un 3-2 entretenido, de esos partidos con goles tempranos y cierto desorden, con Sandro Tonali y Joelinton marcando en los primeros minutos y Sven Botman sentenciando después, aunque Qarabağ todavía encontró la manera de arañar orgullo con goles y sustos. El global, 9-3, no deja discusión. Y el sorteo tampoco le da respiro: Newcastle será rival de Barcelona o Chelsea, y cualquiera de las dos opciones es una entrada directa a la Champions de máximo foco.
En paralelo, Bodø/Glimt firmó la sorpresa que más pesa por el nombre del rival: eliminó al Inter con un global contundente y remató en San Siro con un partido en el que volvió a mostrarse como un equipo con idea, no como un invitado. Jens Petter Hauge y Håkon Evjen marcaron en Milán y el club noruego, dirigido por Kjetil Knutsen, se ganó el derecho a mirar a la cara a cualquiera. Y ahora su premio vuelve a ser salvaje: puede caer contra Manchester City o contra Sporting CP. En una de esas opciones hay revancha reciente, en la otra hay misterio y viaje largo.
Y Leverkusen fue, quizá, el más “europeo” en el sentido clásico: eliminatoria controlada, sin dramas finales. Tras ganar la ida, sostuvo un 0-0 en casa ante el Olympiacos con un partido de defensa seria y momentos puntuales de peligro. Hubo protagonismo de Patrik Schick (clave en la eliminatoria), hubo un disparo al larguero de Alejandro Grimaldo, y se vio un Leverkusen de esos que no se descompone aunque el rival apriete en los últimos córners. En el banquillo, además, hay una decisión que define al equipo: apostar por experiencia en noches así, jugar a no regalar nada.
Con ese contexto, el viernes deja de ser un sorteo de nombre y pasa a ser un sorteo de estados de forma. No es lo mismo cruzarte con un equipo que llega en calma que con uno que acaba de sobrevivir a una prórroga con el estadio ardiendo.
Marzo enciende el camino a Budapest
A partir de aquí, la Champions deja de ser un torneo de “vamos viendo” y se convierte en un torneo de detalles. Los octavos empiezan el 10/11 de marzo y se resuelven el 17/18, con una semana en medio donde siempre ocurre algo: una lesión inoportuna, una expulsión doméstica que obliga a rotar, un gol en liga que cambia el ánimo. Y luego ya no hay descanso real: abril trae los cuartos, mayo trae las semifinales, y Budapest espera al final del pasillo, el 30 de mayo, como una cita que todavía suena lejana pero que se acerca rápido cuando el calendario se pone serio.
La lista ya está cerrada y tiene su propia música: Arsenal, Bayern, Liverpool, Tottenham, Barcelona, Chelsea, Sporting CP, Manchester City, Real Madrid, PSG, Newcastle, Atlético, Atalanta, Leverkusen, Galatasaray y Bodø/Glimt. Unos llegan con la ventaja de la vuelta en casa, otros llegan con la piel curtida por el play-off. Mañana, con el cuadro dibujado, ya no habrá “posibles” en abstracto: habrá una eliminatoria concreta, dos noches marcadas y un camino con curvas. Y en Champions, las curvas suelen llegar cuando todo parecía recto.

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