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Cómo se apoderaron de la identidad de Clawdbot en GitHub

El código siguió vivo; los estafadores aprovecharon el vacío de identidad creado durante el cambio de nombre.

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Cómo robaron ClawdBot en GitHub

El proyecto de inteligencia artificial Clawdbot no desapareció cuando cambió de nombre, pero durante la transición dejó atrás una identidad que otros aprovecharon. En el breve intervalo entre el abandono de sus antiguas cuentas y la actualización de sus perfiles, estafadores se hicieron con nombres asociados al proyecto y los usaron para promocionar una criptomoneda sin relación con su creador.

La confusión afectó a GitHub y a la red social X, aunque no significa que los atacantes copiaran el código fuente ni que se quedaran con el asistente. La diferencia es importante: lo que quedó expuesto fue la identidad digital ligada al nombre anterior, no necesariamente el repositorio activo. El software siguió adelante, primero como Moltbot y después como OpenClaw.

Qué ocurrió realmente con las cuentas de Clawdbot

El incidente coincidió con el primer cambio de nombre del proyecto, a finales de enero de 2026. Su creador, Peter Steinberger, explicó que el proceso de renombrar las cuentas salió mal: la antigua identidad en X acabó en manos de estafadores de criptomonedas y también hubo problemas durante la modificación del nombre en GitHub. La ventana de confusión fue suficiente para que terceros ocuparan espacios vinculados a la marca anterior.

La palabra robo puede sugerir que alguien entró en los sistemas privados del desarrollador y extrajo el código. La información disponible apunta a un escenario distinto: tras dejar de usar ciertos nombres de usuario, estos quedaron disponibles o vulnerables a una apropiación por terceros. En X, los estafadores se hicieron pasar por la cuenta relacionada con el proyecto; en GitHub, el cambio de dirección y la disputa por el nombre generaron un riesgo de suplantación. La apropiación de una identidad no equivale a una intrusión en los servidores originales.

El repositorio del proyecto, por tanto, no debe confundirse con las cuentas o rutas antiguas. La página oficial volvió a estar disponible bajo el nombre actualizado y la dirección anterior del repositorio redirigía al nuevo espacio, según la información publicada tras el cambio. Esto reduce la probabilidad de que quien buscaba el código terminara en una copia, pero no elimina la confusión que podían provocar perfiles abandonados o mensajes publicados desde cuentas con apariencia legítima. El problema principal fue de continuidad de identidad.

El cambio de nombre abrió la puerta a la suplantación

Clawdbot era un agente de inteligencia artificial de código abierto creado por Steinberger. A diferencia de un chatbot que se limita a responder dentro de una página, podía conectarse con aplicaciones y ejecutar acciones en el equipo donde se instalaba. El proyecto ganó popularidad con rapidez y acumuló más de 63.000 estrellas en GitHub en el momento del primer cambio de nombre. Ese crecimiento hizo que la cuenta oficial y sus canales fueran referencias reconocibles para miles de usuarios.

El primer cambio se anunció el 27 de enero de 2026. Anthropic pidió modificar el nombre porque Clawd se parecía demasiado a Claude, su asistente de inteligencia artificial, por motivos relacionados con marcas. El equipo optó por Moltbot, una referencia a la muda de los crustáceos, y también cambió el nombre de Clawd, la mascota del proyecto, por Molty. El propósito era conservar el carácter del asistente sin mantener una denominación que pudiera confundirse con la de Anthropic. La transición afectó de golpe a nombres de usuario, repositorios y perfiles sociales.

El segundo cambio llegó apenas tres días después: Moltbot pasó a llamarse OpenClaw. El equipo explicó que el nuevo nombre encajaba mejor con el proyecto, mientras que el anterior no terminaba de funcionar. Dos rebrandings en pocos días multiplicaron las posibilidades de que los usuarios siguieran enlaces viejos, buscaran el nombre equivocado o no supieran qué perfil era el auténtico. La rapidez del cambio convirtió una decisión de marca en un problema práctico de seguridad.

La cronología ayuda a entender por qué el episodio se propagó tan deprisa. Primero se anunció una nueva identidad; después se renombraron cuentas y canales; durante esa maniobra, las referencias antiguas dejaron de estar bajo control claro; por último, terceros las aprovecharon para difundir contenido propio. No fue necesario imitar durante meses una marca establecida: bastó con aparecer justo cuando la comunidad intentaba averiguar dónde se había trasladado el proyecto. El momento de mayor confusión fue también el más útil para los suplantadores.

Por qué un cambio en GitHub puede dejar un nombre expuesto

GitHub es a la vez una plataforma de desarrollo y un sistema de identidad para proyectos. Un nombre de usuario identifica una cuenta; el nombre del repositorio forma parte de su dirección; y ambos suelen aparecer en documentación, tutoriales, publicaciones y gestores de paquetes. Cuando un proyecto cambia de denominación, no basta con actualizar el logotipo: hay que coordinar enlaces, permisos, perfiles y referencias externas. Cada pieza que se queda atrás puede convertirse en una fuente de confusión.

En una transición ordenada, el equipo conserva el control de las cuentas antiguas, configura redirecciones y comunica cuál es la dirección oficial. Si un nombre deja de estar asociado a su titular y puede registrarlo otra persona, alguien ajeno podría utilizarlo para publicar mensajes que parezcan proceder del proyecto. Esa es la clase de riesgo que hace delicados los cambios de usuario en plataformas de desarrollo. La vulnerabilidad no está necesariamente en el código, sino en el vínculo entre un nombre conocido y quien puede controlarlo.

En este caso, la información disponible describe un cambio de nombre de GitHub que salió mal y una apropiación de nombres asociados al proyecto. No permite afirmar que los estafadores obtuvieran acceso a los repositorios privados de Steinberger, que modificaran el código oficial o que el proyecto perdiera de forma permanente su repositorio. De hecho, la página actualizada volvió a estar disponible y la ruta antigua redirigía al nuevo repositorio. Separar lo comprobado de lo que la palabra robo puede hacer imaginar evita exagerar el alcance del incidente.

La mecánica también explica por qué una dirección aparentemente familiar no siempre basta para verificar la autenticidad. Los proyectos pueden cambiar de organización, de usuario o de nombre, y las antiguas referencias pueden conservar relevancia durante un tiempo. Un perfil con el nombre correcto puede estar controlado por terceros si el titular legítimo lo ha abandonado; del mismo modo, una redirección oficial puede seguir llevando al repositorio real. Importa quién controla la cuenta y adónde conduce el enlace, no solo qué nombre aparece en pantalla.

La cuenta falsa sirvió para impulsar una estafa cripto

Los estafadores aprovecharon la identidad abandonada en X para presentar un token como si tuviera relación con el equipo de Clawdbot o con su creador. El relato resultaba verosímil en medio del cambio: los seguidores veían publicaciones desde una cuenta con el nombre conocido justo cuando el proyecto anunciaba una nueva denominación. La credibilidad prestada por la cuenta era el principal instrumento de la estafa.

El token se difundió en Solana y atrajo atención antes de desplomarse cuando Steinberger desmintió cualquier vínculo con el proyecto. La promoción no convertía la criptomoneda en una iniciativa oficial, aunque pudiera parecerlo por el nombre y por el momento elegido. Los usuarios que interpretaron esos mensajes como un respaldo auténtico podían comprar un activo sin relación con los desarrolladores. La suplantación buscaba transformar la confusión en confianza y la confianza en compras.

El episodio muestra por qué las estafas de criptomonedas suelen aparecer alrededor de anuncios muy comentados. Un cambio de nombre, un lanzamiento o una incidencia generan búsquedas y conversaciones rápidas; en ese entorno, los perfiles falsos pueden mezclarse con las comunicaciones legítimas. No hace falta que una publicación convenza a toda la comunidad: basta con que algunos lectores crean que el anuncio procede de la fuente oficial. La urgencia informativa y la apariencia de continuidad pueden facilitar el engaño.

También conviene distinguir la promoción fraudulenta de un error de GitHub. El cambio de nombre no creó el token ni implicó que el proyecto lo respaldara; proporcionó una oportunidad para que terceros ocuparan una identidad desatendida y la utilizaran con fines ajenos. La cuenta robada podía dar visibilidad a la estafa, pero no convertía a sus responsables en representantes del software. El vínculo era una suplantación, no una asociación comercial o técnica.

Por qué la popularidad amplificó el problema

Clawdbot había crecido como un proyecto llamativo porque prometía llevar la inteligencia artificial más allá de la conversación. Podía funcionar en los equipos del usuario, conectarse con servicios de mensajería y ejecutar tareas en el ordenador, desde operar con archivos hasta utilizar sesiones abiertas en el navegador. Esa combinación de autonomía y acceso directo ayudó a explicar su viralidad, pero también hizo que la autenticidad de las actualizaciones y las instrucciones de instalación tuviera especial importancia. En una herramienta con permisos amplios, seguir el canal equivocado puede tener consecuencias mayores que perder una referencia.

El repositorio acumuló decenas de miles de estrellas y su popularidad siguió aumentando tras el cambio. En los primeros días de febrero, las cifras recogidas por medios y páginas de seguimiento ya superaban las 147.000 estrellas, aunque el número variaba según la fecha de consulta. Una comunidad que crece a esa velocidad incorpora a usuarios que llegan mediante capturas, tutoriales o enlaces compartidos, no siempre desde la página oficial. La expansión rápida multiplica tanto el alcance de un proyecto como el de cualquier falsa señal de legitimidad.

La confusión no fue solo un inconveniente para quienes querían seguir el desarrollo. Un perfil antiguo con actividad repentina podía parecer una fuente fiable, mientras que una cuenta nueva recién creada podía generar sospechas pese a ser la legítima. Cuando la marca cambia varias veces en cuestión de días, el público tiene que reconstruir qué nombre corresponde al programa, cuál a su mascota y cuáles son los canales oficiales. El retraso entre la identidad nueva y la desaparición de la antigua deja un terreno ambiguo.

El riesgo va más allá de una cuenta falsa

La apropiación de nombres explica el incidente concreto, pero el contexto del software hace que la suplantación resulte especialmente delicada. Clawdbot, después Moltbot y OpenClaw, se diseñó para actuar como agente en el ordenador del usuario. Según los permisos concedidos, podía leer o modificar archivos, controlar sesiones del navegador y enviar mensajes o correos. Un asistente capaz de ejecutar acciones reales necesita más cuidado que un servicio que solo genera texto.

Un atacante que controle una cuenta conocida podría intentar usarla para repartir enlaces de instalación falsos, recomendar paquetes ajenos o inducir a descargar archivos maliciosos. La información de referencia confirma la promoción de una criptomoneda desde las cuentas apropiadas, pero no demuestra que esa misma operación distribuyera malware o alterara el código oficial. Esa distinción importa: el riesgo plausible de suplantación no debe presentarse como un daño que ya se haya probado. La amenaza está en lo que una identidad falsa puede persuadir a hacer, no en atribuirle hechos sin evidencia.

También existen riesgos propios de los agentes con acceso al sistema. Un documento o mensaje puede contener instrucciones diseñadas para confundir al modelo y hacer que ejecute acciones no solicitadas, un tipo de ataque conocido como inyección de instrucciones. A ello se suman los errores de interpretación: el agente puede entender mal una orden y modificar o borrar archivos por equivocación. La autonomía útil depende de permisos que, si se conceden sin límites, amplían el impacto de un fallo.

Por eso, la popularidad en GitHub no es una certificación de seguridad. Las estrellas reflejan interés y actividad de la comunidad, pero no garantizan que cada extensión, enlace o instrucción sea segura. El proyecto publicó orientaciones para revisar la configuración, y entre las precauciones comentadas figura evitar que el agente tenga acceso irrestricto al equipo principal. La confianza en el nombre del proyecto no sustituye la evaluación de los permisos que se le entregan.

Cómo reconocer la continuidad del proyecto

Tras el cambio de enero, el software continuó bajo el nombre OpenClaw. Moltbot fue una etapa breve y Clawdbot el nombre original; ninguno de esos cambios significó que el proyecto hubiera sido sustituido por otro equipo o que el código hubiera desaparecido. La cuenta antigua de X quedó eliminada y el canal oficial pasó a operar con la nueva denominación. La historia de los nombres permite entender por qué sobreviven tantos enlaces desactualizados.

En GitHub, el repositorio actualizado volvió a estar disponible y la dirección antigua redirigía a la nueva, de acuerdo con la información publicada después de la transición. Esa redirección es una señal útil, aunque siempre conviene contrastar la cuenta propietaria y no confiar en un nombre aislado. Un resultado de búsqueda, una captura antigua o un tutorial que conserva instrucciones previas puede seguir circulando aunque ya no refleje el estado actual. La ruta oficial y el titular de la cuenta son más fiables que una mención copiada de contexto.

El propio proyecto cambió de nombre dos veces en tres días, así que encontrar documentación que hable de Clawdbot o Moltbot no demuestra por sí solo que sea fraudulenta. Puede tratarse de material legítimo que quedó desactualizado. La cautela consiste en separar una referencia histórica de una instrucción actual y en desconfiar de mensajes que prometan beneficios financieros en nombre del equipo. Una denominación antigua puede ser inocente; una invitación a comprar un token no se vuelve oficial por aparecer junto a ella.

Un cambio de marca también exige proteger la identidad

La secuencia dejó una lección para cualquier proyecto que renombre sus cuentas en plataformas públicas: el cambio no termina cuando se anuncia el nuevo logotipo. Hace falta coordinar el repositorio, las redes sociales, los dominios y las menciones que apuntan a la identidad anterior, además de mantener señales claras para que la comunidad pueda reconocer el destino legítimo. La identidad digital es parte de la seguridad operativa de un proyecto.

En el caso de Clawdbot, el código siguió su camino hasta convertirse en OpenClaw, pero la transición dejó unos instantes de incertidumbre que los estafadores convirtieron en una herramienta de promoción. No se trató simplemente de que alguien se llevara GitHub: la parte decisiva fue la apropiación de nombres y perfiles vinculados a una comunidad en plena migración. Cuando una marca cambia deprisa, conservar el control de sus antiguas señales puede ser tan importante como estrenar las nuevas.

La diferencia entre una cuenta auténtica y otra que solo parece serlo puede quedar reducida a unas letras en una dirección. Para un proyecto experimental, esa frontera es fácil de pasar por alto; para quienes lo siguen, puede separar el código correcto de un enlace engañoso o una comunicación legítima de una estafa. La historia de Clawdbot muestra que, en internet, cambiar de nombre también significa proteger lo que el nombre anterior deja atrás.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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