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Qué ocurre al morir con un marcapasos y qué hace el dispositivo

El aparato acompasa el corazón, pero el desenlace suele depender de la enfermedad de fondo y del estado general.

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como mueren las personas con marcapasos

Una persona con un marcapasos suele fallecer por la enfermedad que afecta a su corazón o por otra patología grave, no porque lleve implantado el dispositivo. Este ayuda a mantener un ritmo adecuado cuando el corazón late demasiado despacio o conduce mal las señales eléctricas, pero no cura la enfermedad de base ni sustituye la capacidad del músculo cardiaco para bombear sangre. Una insuficiencia cardiaca avanzada, un infarto, un ictus, una infección grave o el deterioro de varios órganos pueden determinar el desenlace aunque el aparato funcione correctamente.

Por eso, llevar un marcapasos no implica un tipo de muerte único ni significa que el corazón vaya a seguir latiendo indefinidamente. El dispositivo puede continuar enviando impulsos, pero estos no bastan si el músculo cardiaco u otros órganos ya no pueden responder. En la mayoría de los casos, el final lo marca el estado general del organismo y la evolución de sus enfermedades, mientras el aparato queda en un segundo plano.

Qué puede hacer el marcapasos y cuáles son sus límites

El marcapasos controla la actividad eléctrica del corazón. Si detecta que el ritmo cae por debajo de un nivel programado, puede enviar impulsos para ayudar a mantener una frecuencia suficiente. Se utiliza, entre otras situaciones, ante la bradicardia —un ritmo demasiado lento— y ciertos bloqueos en la conducción eléctrica. Estos problemas pueden provocar mareos, desmayos, cansancio o falta de tolerancia al esfuerzo cuando reducen el riego sanguíneo al cerebro y al resto del cuerpo.

El sistema más habitual tiene un generador, que contiene la batería y los circuitos de control, conectado al corazón mediante uno o varios cables llamados electrodos. También existen modelos sin cables, que se implantan directamente dentro del corazón, y marcapasos temporales que se emplean en determinadas urgencias. Aunque varían en diseño y funcionamiento, todos buscan corregir un problema eléctrico concreto; no reparan las arterias, las válvulas ni un músculo debilitado por una enfermedad avanzada.

Ese límite explica por qué una persona puede tener un pulso razonablemente regular y, aun así, encontrarse muy enferma. El ritmo es solo una parte del trabajo cardiaco: también hacen falta fuerza para bombear, una circulación eficaz y pulmones, riñones y otros órganos capaces de sostener el equilibrio del cuerpo. Si falla alguna de esas funciones de forma grave, ordenar los latidos no equivale a recuperar la salud. El dispositivo puede cumplir su tarea sin cambiar el rumbo de la enfermedad que está causando el deterioro.

La enfermedad de fondo suele pesar más que el aparato

En personas con cardiopatías, el desenlace puede estar relacionado con una insuficiencia cardiaca, un infarto o una arritmia distinta de la que trata el marcapasos. También pueden intervenir un ictus, una neumonía, una infección generalizada, un cáncer o una enfermedad renal o pulmonar avanzada. En edades mayores, a menudo se superponen varios problemas crónicos y la pérdida de reserva física hace que el organismo tolere peor una infección o una descompensación que antes habría podido superar.

Cuando la insuficiencia cardiaca avanza, por ejemplo, el corazón puede perder fuerza para mover la sangre aunque el ritmo se mantenga. La persona puede notar más falta de aire, menor capacidad para caminar, hinchazón o cansancio, con periodos de estabilidad y recaídas. No todos los pacientes siguen el mismo curso: el deterioro puede ser gradual o acelerarse por una complicación. El marcapasos no permite predecir cuándo ocurrirá la muerte ni cuál será su causa; eso depende de la situación clínica concreta y de cómo evolucionen las enfermedades.

En la fase final de una enfermedad grave pueden aparecer más sueño, menos apetito, debilidad, confusión o cambios en la respiración y en la cantidad de orina. Son manifestaciones que pueden acompañar al deterioro general, pero no son señales específicas de que el marcapasos esté fallando ni permiten calcular por sí solas cuánto tiempo queda. La valoración corresponde al equipo sanitario, que interpreta esos cambios junto con el diagnóstico, la exploración y la evolución del paciente. Un síntoma nuevo puede tener distintas causas y no debe atribuirse automáticamente al dispositivo.

El corazón puede dejar de responder aunque reciba impulsos

La presencia de señales eléctricas no garantiza que el corazón produzca una circulación eficaz. En una situación de gran deterioro, la falta de oxígeno, una presión arterial muy baja o alteraciones graves del organismo pueden hacer que el músculo no tenga capacidad para contraerse con fuerza suficiente. El marcapasos puede emitir el impulso previsto, pero no aporta energía mecánica al corazón ni reemplaza la función de los órganos. Por eso no impide que se produzca una parada cuando el cuerpo ya no puede sostener la circulación.

También es impreciso imaginar que el aparato mantiene a una persona viva de manera automática contra cualquier circunstancia. En algunos pacientes ayuda mucho porque corrige el problema principal; en otros, con el tiempo, aparecen enfermedades que el dispositivo no trata. El beneficio inicial puede haber sido importante —menos desmayos, mejor tolerancia a la actividad o un ritmo más estable— y coexistir más adelante con un deterioro por causas distintas. Que el marcapasos siga activo no significa que esté prolongando por sí solo la agonía.

Marcapasos y desfibrilador no son lo mismo

Buena parte de la inquietud procede de confundir el marcapasos con otros dispositivos implantables. Un marcapasos convencional está pensado principalmente para tratar ritmos lentos o problemas de conducción. Un desfibrilador automático implantable, conocido como DAI, puede detectar ciertas arritmias rápidas y peligrosas e intentar corregirlas mediante estimulación o una descarga eléctrica. Algunos aparatos combinan funciones, de modo que una persona puede llevar un sistema que actúa como marcapasos y que también incorpora desfibrilación.

La diferencia importa especialmente en una enfermedad irreversible. Un marcapasos habitual no administra descargas dolorosas como las que puede emitir un desfibrilador cuando detecta determinadas arritmias. Si existe un DAI, el equipo médico puede conversar con el paciente o sus representantes sobre la función de descarga cuando el objetivo pasa a ser evitar intervenciones que ya no aportan beneficio. Desactivar las descargas no es lo mismo que apagar la estimulación del marcapasos, y las decisiones deben distinguir claramente ambas funciones.

La planificación depende de qué dispositivo lleva la persona, de cuánto depende de él y de la situación clínica. En general, no se desconecta de forma automática un marcapasos al final de la vida. Si hay un desfibrilador o un dispositivo combinado, las terapias pueden revisarse por separado. El equipo responsable debe explicar qué hace cada opción y qué consecuencias tendría en ese caso concreto; no existe una decisión idéntica para todos los pacientes.

Qué significa depender del marcapasos

Algunas personas dependen en gran medida de la estimulación porque, sin ella, su ritmo sería extremadamente lento o habría pausas capaces de comprometer la circulación. En otras, el aparato se activa solo cuando hace falta y el corazón conserva un ritmo propio suficiente durante parte del tiempo. La dependencia no se deduce simplemente de que alguien lleve muchos años con un dispositivo: se determina mediante la evaluación de su funcionamiento y de la actividad cardiaca.

Si una persona es muy dependiente, interrumpir la estimulación podría causar una bradicardia grave o una pérdida de la circulación. Por eso, cualquier decisión de modificar o retirar esa función requiere una valoración individual y una conversación clínica cuidadosa, con participación del paciente cuando sea posible. La presencia de un marcapasos no obliga a desactivarlo cuando se acerca el final; se ponderan su función, los objetivos de cuidado y las circunstancias de la persona.

Es distinto evitar descargas de un DAI que retirar la estimulación de un paciente dependiente. En el primer caso se puede decidir que las descargas ya no son acordes con los objetivos de atención; en el segundo, la estimulación puede sostener de forma directa el ritmo cardiaco. La información sobre el modelo y sus funciones ayuda a evitar decisiones basadas en la idea equivocada de que todos los implantes hacen lo mismo. La conversación debe centrarse en el propósito de cada función, no solo en el nombre genérico del aparato.

Batería, revisiones y posibles complicaciones

La batería no suele agotarse de repente como una pila doméstica que deja de funcionar sin aviso. Los marcapasos se revisan periódicamente y los controles permiten valorar su estado y programar el recambio del generador cuando se aproxima el final de su vida útil. La duración depende del dispositivo y de su uso; la referencia médica consultada sitúa el intervalo aproximado entre seis y 15 años. El seguimiento es especialmente relevante para quienes dependen mucho de la estimulación.

Como cualquier dispositivo implantado, puede presentar complicaciones. Entre ellas figuran una infección en la zona de la incisión, sangrado, alteraciones del ritmo, desplazamiento o daño de un electrodo y, con menor frecuencia, una lesión del pulmón o una perforación cardiaca. Algunas requieren tratamiento o una intervención. Son riesgos que se vigilan, pero no describen la forma habitual en que fallecen las personas portadoras. Una complicación es un problema clínico concreto, no una consecuencia inevitable de llevar el aparato.

El enrojecimiento, el calor, la hinchazón o el dolor alrededor del implante, así como fiebre o un empeoramiento llamativo de los mareos, las palpitaciones o la falta de aire, pueden justificar una valoración médica. Esos signos no demuestran por sí solos que el marcapasos esté averiado: también pueden relacionarse con la enfermedad de base u otras causas. El control del dispositivo y la evaluación clínica permiten distinguirlas. No conviene interpretar cualquier empeoramiento como un fallo terminal, pero tampoco ignorar cambios nuevos o persistentes.

El papel de los cuidados cuando la enfermedad progresa

Cuando el objetivo médico deja de ser revertir una enfermedad y pasa a priorizar el bienestar, la atención puede centrarse en aliviar síntomas como la falta de aire, el dolor o la ansiedad y en revisar qué tratamientos siguen teniendo sentido. Las decisiones sobre intervenciones, reanimación o terapias del dispositivo se toman en función del cuadro completo y de las preferencias del paciente, dentro de la valoración del equipo sanitario. El marcapasos no determina por sí solo el plan de cuidados.

En ocasiones, mantener el dispositivo puede ser compatible con los cuidados paliativos, porque ambas cosas persiguen objetivos distintos: el aparato regula ciertos problemas del ritmo y los cuidados paliativos atienden el sufrimiento y las necesidades de una enfermedad avanzada. Si además hay un DAI, abordar por separado la estimulación y las descargas ayuda a evitar confusiones. La conversación puede ser difícil, pero nombrar con precisión el dispositivo y sus funciones permite explicar qué se está decidiendo y por qué.

El curso de los últimos días tampoco es igual para todos. Puede haber una pérdida gradual de fuerza o un cambio más rápido asociado a una infección, un ictus u otra complicación. Las señales físicas se interpretan con cautela y el equipo clínico puede orientar sobre el control de síntomas y las medidas proporcionadas. No hay una secuencia universal atribuible a llevar un marcapasos: lo que ocurre depende de la enfermedad que está avanzando y de la respuesta del organismo.

Qué sucede con el dispositivo después del fallecimiento

El fallecimiento no suele deberse a que el marcapasos siga enviando impulsos. Después de la muerte, el cuerpo ya no mantiene la circulación y el aparato no puede reanimarlo ni recuperar la función de los órganos. Si se va a realizar una cremación, el generador debe retirarse antes, porque el calor intenso puede hacer que la batería explote. La retirada forma parte de la gestión posterior del cuerpo y no altera la causa de la muerte.

La presencia de un implante no cambia la respuesta central: el dispositivo puede haber sido decisivo para controlar un trastorno del ritmo durante la vida, pero no neutraliza todas las enfermedades ni detiene el envejecimiento y el deterioro de otros órganos. En la mayoría de las situaciones, la explicación está en la cardiopatía u otra patología grave, no en un mecanismo misterioso del aparato. Un marcapasos sostiene una función eléctrica; no gobierna por sí solo el final de la vida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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