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Economía

¿Por qué China evalúa cancelar el swap renovado con Javier Milei?

Pekín endurece su relación con Javier Milei y analiza el futuro del swap con Argentina, recién renovado y clave para la estabilidad financiera.

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sede ministerio finanzas de china

Por N509FZ - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • China estudia revisar el swap con Argentina, pero no ha anunciado su cancelación
  • El acuerdo fue renovado por cinco años y mantiene un tramo activado clave
  • La tensión creció tras una protesta de Pekín contra un funcionario de Milei

China ha elevado la presión sobre el Gobierno de Javier Milei en medio de una nueva crisis diplomática y, según fuentes conocedoras de la relación bilateral, Pekín estaría evaluando incluso la continuidad del swap de monedas con Argentina, una herramienta financiera que acaba de ser renovada por cinco años. Por el momento, sin embargo, no existe un anuncio oficial del Gobierno chino ni de su banco central que confirme una cancelación.

La diferencia no es pequeña. Lo confirmado es el enfado de Pekín y una protesta diplomática formal después de que Juan Pablo Carreira, director de Comunicación Digital de la Presidencia argentina y conocido en redes como Juan Doe, responsabilizara a una empresa estatal china de la catástrofe ocurrida en la frontera de Nepal y el Tíbet. Lo que está todavía en el terreno de las fuentes diplomáticas es la posibilidad de que China lleve el conflicto al bolsillo y revise uno de los acuerdos financieros más importantes que mantiene con Buenos Aires.

China y Milei chocan cuando Argentina necesita mantener el equilibrio

El problema llega en un momento especialmente incómodo para la Casa Rosada. El Banco Central de Argentina y el Banco Popular de China renovaron el pasado 5 de agosto su acuerdo bilateral de intercambio de monedas por 130.000 millones de yuanes, equivalentes entonces a unos 19.000 millones de dólares.

No fue una renovación rutinaria. El nuevo convenio amplió de tres a cinco años su vigencia y mantuvo activo un tramo de 35.000 millones de yuanes, alrededor de 5.000 millones de dólares, utilizado desde 2023 como respaldo para la estabilidad financiera argentina y para facilitar comercio e inversiones.

Conviene distinguir ambas cifras, porque suelen mezclarse hasta convertir el swap en una especie de gigantesca cuenta corriente china a disposición del Gobierno argentino. No funciona así. Los 130.000 millones de yuanes representan el tamaño total de la línea acordada entre los dos bancos centrales; solo una parte está activada, y su utilización responde a condiciones y mecanismos pactados entre las instituciones monetarias.

Para Argentina, aun así, el acuerdo tiene peso. Ayuda a reforzar la capacidad del Banco Central frente a episodios de tensión cambiaria y reduce presión sobre unas reservas que durante años han sido uno de los puntos débiles de la economía nacional. De ahí que una hipotética retirada china tendría bastante más importancia que un simple desencuentro diplomático.

El mensaje sobre Nepal que irritó a Pekín

La última escalada comenzó con una publicación de Carreira sobre la devastadora catástrofe que afectó a Nepal y al territorio tibetano. El funcionario vinculó el desastre con una supuesta infraestructura hidroeléctrica de una empresa estatal china y utilizó el episodio para atacar el modelo económico y político de Pekín.

El problema es que esa explicación no estaba respaldada por las investigaciones conocidas sobre el origen del desastre. Las informaciones disponibles apuntaron al colapso de una masa glaciar y a fenómenos naturales relacionados con la inestabilidad de los glaciares del Himalaya, no al derrumbe de una gran obra pública china como causa demostrada de la tragedia.

La Embajada de China en Buenos Aires reaccionó de forma poco habitual. Acusó al funcionario de difundir rumores maliciosos, atribuyó sus afirmaciones a prejuicios ideológicos y le reclamó que dejara de utilizar la catástrofe con fines políticos para evitar daños en las relaciones entre los dos países.

La tensión no terminó en las redes sociales. La representación argentina en Pekín también fue convocada para recibir formalmente la protesta china. Y ahí el asunto dejó de ser una bronca digital. La geopolítica, al contrario que Twitter, tiene memoria institucional.

El swap entra en una pelea mucho mayor entre China y Estados Unidos

La irritación de Pekín tampoco nace exclusivamente de este episodio. La relación con la Administración Milei arrastra desde hace tiempo una contradicción difícil de disimular: Argentina mantiene una estrecha dependencia comercial y financiera de China, mientras el presidente argentino ha construido buena parte de su política exterior alrededor de una alianza privilegiada con Estados Unidos.

Milei llegó al poder después de utilizar un discurso extraordinariamente duro contra el régimen chino, aunque después introdujo una dosis considerable de pragmatismo. Su Gobierno mantuvo relaciones comerciales con Pekín, conservó el swap y terminó aceptando que una economía puede tener preferencias ideológicas, pero las facturas suelen hablar otro idioma.

China es uno de los grandes socios comerciales de Argentina y su presencia alcanza sectores como energía, minería, infraestructuras, telecomunicaciones y financiación. Estados Unidos, por su parte, ha intensificado durante los últimos años su presión contra la expansión estratégica china en América Latina.

Ese choque se vio con claridad incluso semanas antes de la actual crisis. La Embajada china acusó públicamente a Washington de tratar de entorpecer la cooperación entre empresas argentinas y Huawei, después de medidas estadounidenses contra determinados vínculos tecnológicos con compañías chinas.

Una política exterior cada vez más vinculada a Washington

El Gobierno de Milei ha apostado de forma abierta por Washington. Argentina rechazó su incorporación a los BRICS, estrechó su relación política con Estados Unidos y ha mostrado afinidad con las posiciones estadounidenses en varios conflictos internacionales y disputas económicas.

Para Pekín, el límite estaría en que esa aproximación deje de ser una preferencia diplomática argentina y se transforme en una política destinada a excluir o perjudicar intereses chinos.

La información sobre una posible revisión del swap debe leerse dentro de ese pulso. Según fuentes diplomáticas, China estaría estudiando su continuidad si Buenos Aires mantiene lo que Pekín interpreta como una actitud hostil hacia sus intereses y un alineamiento automático con Estados Unidos.

Hay, de momento, una distancia considerable entre estudiar una medida y ejecutarla. El acuerdo fue renovado hace apenas unas semanas y el propio Banco Popular de China presentó entonces la operación como una forma de profundizar la cooperación financiera, impulsar el comercio bilateral y contribuir a la estabilidad de los mercados.

Qué supondría para Argentina perder el swap chino

Una cancelación tendría primero un impacto sobre la percepción de fortaleza financiera del Banco Central. No significa que Argentina perdería de golpe 19.000 millones de dólares líquidos —esa lectura sería incorrecta—, pero sí desaparecería o se reduciría una red de seguridad financiera que ha resultado valiosa en momentos de escasez de divisas.

Más delicado sería el futuro del tramo ya activado de unos 5.000 millones de dólares equivalentes. Las consecuencias concretas dependerían de las condiciones contractuales del acuerdo y de la forma en que se produjera una eventual modificación, algo sobre lo que no existen detalles públicos suficientes para afirmar que Pekín pueda simplemente pulsar un botón y exigir toda la cantidad de inmediato.

El efecto político y de mercado sería más sencillo de anticipar. Que China cuestionara públicamente el acuerdo apenas un mes después de renovarlo enviaría una señal de deterioro profundo de la relación bilateral. En Argentina, donde cualquier discusión sobre reservas internacionales termina mirando de reojo al peso y al dólar, esa señal tendría peso propio.

También complicaría la estrategia de Milei de mantener simultáneamente el respaldo estadounidense y los beneficios económicos de su relación con China. Esa equidistancia pragmática parecía posible mientras las disputas ideológicas permanecieran en los discursos. Se vuelve bastante más difícil cuando afectan a inversiones, contratos o financiación.

Pekín todavía no ha roto el acuerdo

A 6 de septiembre de 2026, el dato central sigue siendo este: el swap no ha sido cancelado. El acuerdo de 130.000 millones de yuanes continúa formalmente vigente y fue renovado por cinco años en agosto. Tampoco existe un comunicado del Banco Popular de China anunciando que vaya a suspenderlo.

Sí existe una crisis diplomática tangible. China protestó públicamente por las declaraciones de Carreira, reclamó un cambio de actitud y llevó su queja a la representación argentina en Pekín. Paralelamente, fuentes diplomáticas aseguran que las autoridades chinas están valorando hasta dónde llevar su respuesta.

Por eso hablar de una cancelación consumada sería adelantarse a los acontecimientos. Hablar de que el asunto ha entrado en la conversación bilateral, en cambio, describe mejor la situación conocida. La posibilidad de revisar el swap entre China y Argentina es relevante precisamente porque afecta a una pieza sensible de la arquitectura financiera del país.

Un salvavidas financiero convertido en mensaje político

El episodio revela una vulnerabilidad bastante clásica de la política exterior argentina bajo Milei. El Gobierno puede compartir buena parte de la visión internacional de Washington, pero China sigue ocupando un espacio demasiado grande en la economía argentina como para tratar la relación únicamente desde la afinidad ideológica.

El swap lo resume mejor que cualquier discurso. Un Gobierno visceralmente anticomunista conserva una línea financiera multimillonaria concedida por el banco central de la República Popular China porque resulta útil para estabilizar su economía. Nada especialmente misterioso: los Estados suelen ser bastante menos románticos que sus dirigentes.

La incógnita es cuánto pragmatismo queda al otro lado de la mesa. Pekín ha tolerado durante años las diferencias políticas con Buenos Aires porque comercio, inversiones y estabilidad financiera ofrecían intereses comunes. La protesta por las declaraciones sobre Nepal muestra que China considera que algunas líneas empiezan a cruzarse.

La amenaza sobre el swap todavía no es una decisión. Pero precisamente por eso importa. Si una herramienta renovada el mes pasado empieza a aparecer como posible moneda de presión diplomática, el mensaje para Milei es incómodo y bastante claro: la alianza con Washington puede ser una elección política; mantener simultáneamente el dinero, el comercio y la paciencia de Pekín exige algo más que ideología.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.