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¿Está Ceuta abriendo una grieta entre Ferraz y los alcaldes del PSOE?
Ceuta deja al descubierto las tensiones internas del PSOE, con alcaldes desmarcados y Sevilla apoyando una moción crítica con el Gobierno central.

Resumen
- Ceuta ha abierto una grieta visible entre Ferraz y varios cargos del PSOE
- Sevilla apoyó una moción del PP crítica con la gestión del Gobierno
- No hay una rebelión organizada, pero sí desmarques municipales repetidos
La crisis de Ceuta sí está abriendo una grieta visible dentro del PSOE, aunque todavía sería excesivo hablar de una rebelión organizada contra Pedro Sánchez. Lo que existe, y ya no puede despacharse como una simple anécdota municipal, es una sucesión de dirigentes socialistas que han marcado distancias con las instrucciones de Ferraz y, en algunos casos, con la gestión del Gobierno. El episodio más significativo se produjo en Sevilla, donde el grupo municipal socialista votó junto al PP y Vox una moción de apoyo a Ceuta que contenía críticas a la actuación del Ejecutivo central.
La fotografía política, por tanto, tiene más matices que un simple motín contra Sánchez. Los dirigentes locales que se han apartado de la línea federal no han articulado una corriente alternativa ni existe, con los datos conocidos, una estructura organizada para disputar el liderazgo del partido. Muchos insisten precisamente en que su postura responde a la solidaridad con Ceuta y a la autonomía de los ayuntamientos. Pero el problema para Ferraz está ahí: cuando un partido marca una línea y varios cargos propios toman otra, la disciplina empieza a crujir, aunque todavía no se haya roto la vajilla.
Sevilla convierte el malestar en una votación incómoda
El último movimiento ha ocurrido en el Ayuntamiento de Sevilla. El PP presentó una propuesta en apoyo a Ceuta y Melilla, en defensa de su españolidad y reclamando mayor protección de las fronteras. El texto incluía también reproches a la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez durante la crisis migratoria. El PSOE municipal decidió respaldarlo junto con populares y Vox, mientras Con Podemos-IU se abstuvo.
Antonio Muñoz, portavoz socialista en el consistorio sevillano, intentó separar ese voto de cualquier desafío a Ferraz. Su grupo defendió que el objetivo era transmitir un respaldo institucional sin fisuras a la ciudad autónoma, pese a discrepar de las críticas introducidas por el PP. La explicación reduce la carga del episodio, pero no elimina su significado: el PSOE de Sevilla terminó apoyando una iniciativa crítica con el Ejecutivo socialista. Quince días antes, además, los socialistas sevillanos no habían participado en las concentraciones promovidas en numerosos consistorios por la crisis de Ceuta.
Ahí aparece el cambio. Una cosa es que un alcalde acuda a una concentración distinta de la recomendada por su partido; otra, políticamente más incómoda, es levantar la mano en un pleno a favor de un texto promovido por la oposición y que cuestiona la actuación de un Gobierno del mismo color político.
Ferraz ya había encontrado resistencia entre sus alcaldes
La tensión no nació en Sevilla. A finales de agosto, la dirección socialista pidió a sus responsables territoriales que no participaran en las concentraciones convocadas por la Federación Española de Municipios y Provincias para el 2 de septiembre. El PSOE consideraba que el PP estaba utilizando políticamente la crisis y cuestionaba que la convocatoria hubiera sido pactada adecuadamente dentro de la FEMP. Ferraz trasladó esa posición mediante una nota interna a sus dirigentes territoriales.
No todos siguieron la misma línea. Hubo ayuntamientos gobernados por socialistas que participaron en movilizaciones o convocaron actos alternativos de solidaridad con Ceuta, tratando de separar el respaldo a la ciudad autónoma de la confrontación entre partidos. Entre los casos documentados aparecen León, Mérida y Espartinas, junto con otros municipios gobernados por formaciones de izquierda.
El alcalde de León, José Antonio Diez, anunció que acudiría a una concentración promovida por la sociedad civil y defendió que la cuestión debía afrontarse con “altura de Estado”. En Espartinas, su alcaldesa, Cristina Los Arcos, también negó que convocar un acto de apoyo a Ceuta constituyera una rebelión contra el partido y reivindicó el carácter solidario de la iniciativa.
Autonomía municipal, pero con elecciones cada vez más cerca
El factor municipal no es menor. Los alcaldes responden ante su partido, sí, pero también ante vecinos que en 2027 volverán a votar en las elecciones locales. Y la crisis de Ceuta ha desbordado el perímetro habitual de la política migratoria para convertirse en un debate sobre seguridad, fronteras, gestión humanitaria y capacidad del Estado.
Eso ayuda a explicar parte de la distancia entre Ferraz y algunos dirigentes locales. Un alcalde puede considerar que secundar un acto de solidaridad con Ceuta encaja mejor con el sentir de su municipio que seguir una directriz nacional diseñada para evitar la instrumentalización partidista denunciada por el PSOE. No significa necesariamente que quiera sustituir a Sánchez o alterar el rumbo ideológico de la formación. Significa algo más prosaico —y políticamente bastante importante—: los intereses municipales y los de la dirección federal no siempre coinciden.
Mérida ofrece un buen ejemplo. Allí, el Ayuntamiento gobernado por el socialista Antonio Rodríguez Osuna celebró una concentración en la que se leyó un manifiesto consensuado por los cinco grupos políticos municipales. El texto expresaba solidaridad con Ceuta y reclamaba respaldo institucional, recursos y protección de la soberanía territorial. Más de medio millar de personas participaron en el acto. La escena distaba mucho de una insurrección partidista; era, más bien, política municipal escapando de la geometría de Madrid.
En Palencia se produjo otra imagen significativa. El pleno municipal aprobó dos mociones distintas de apoyo a Ceuta, una presentada por el PP y otra por el PSOE. La socialista reclamaba apoyo económico, legal y humano del Gobierno central para afrontar la crisis. El episodio muestra que el respaldo institucional a Ceuta atraviesa las fronteras partidistas, aunque cada formación coloque después sus propios matices políticos sobre la mesa.
Ceuta también está erosionando al PSOE fuera de sus ayuntamientos
El desgaste no se limita a los alcaldes. Eduardo Madina, antiguo dirigente socialista y rival de Pedro Sánchez en las primarias de 2014, ha cuestionado públicamente la gestión de la crisis y la falta de coordinación institucional. Al mismo tiempo, diferenció esas críticas de una impugnación general al PSOE y centró sus reproches en la respuesta ofrecida por el Ejecutivo. Su intervención añadió otra voz incómoda a un debate que ya había dejado de ser exclusivamente municipal.
También existen señales demoscópicas que ayudan a medir el contexto, aunque conviene no convertir correlaciones en causas. El barómetro del CIS de septiembre situó al PSOE en el 31% de estimación de voto, frente al 25,5% del PP y el 16,6% de Vox. Los socialistas retrocedieron dos puntos respecto a la medición anterior. Vincular automáticamente toda esa variación a Ceuta sería demasiado simple —una encuesta recoge muchos factores a la vez—, pero el sondeo llegó después de semanas en las que la crisis había ocupado buena parte de la agenda política nacional.
Al mismo tiempo, la dirección socialista mantiene públicamente otra interpretación. Ferraz acusa al PP de intentar obtener rédito político de la crisis de Ceuta y sostiene que la prioridad debe ser recuperar la normalidad, gestionar la acogida y los retornos y repartir responsabilidades entre administraciones. Esa diferencia entre la narrativa nacional y algunas respuestas municipales es precisamente donde la fisura resulta más visible.
La propia crisis de Ceuta sigue lejos de estar resuelta
Todo ocurre mientras la situación sobre el terreno continúa condicionando la política española. Este 18 de septiembre se puso en marcha un amplio operativo para trasladar a miles de migrantes desde las playas de Benítez y El Trampolín hacia instalaciones temporales de acogida en la zona portuaria de Ceuta. El Gobierno defendió la actuación como parte del proceso para recuperar la normalidad, mientras el PP mantuvo sus críticas a la gestión gubernamental. La crisis humanitaria sigue siendo el fondo real de la disputa política.
La Audiencia Nacional permitió continuar con el recinto provisional del puerto después de rechazar la petición del Sindicato Unificado de Policía de paralizar las instalaciones. El traslado provocó momentos de tensión durante el acceso de los migrantes, aunque las autoridades señalaron que no se registraron incidentes graves. El dispositivo incluye espacios de descanso, enfermería y atención social. Ceuta continúa necesitando una respuesta administrativa de gran escala, más allá del choque entre partidos.
Es decir, Ceuta continúa produciendo decisiones administrativas, judiciales y políticas con enorme rapidez. Mientras eso ocurra, también seguirá poniendo a prueba la cohesión de los partidos, especialmente la del que sostiene al Gobierno y debe compatibilizar la respuesta institucional con las sensibilidades de sus estructuras territoriales.
De los “versos libres” a un problema político para Ferraz
La cuestión decisiva no es contar cuántos alcaldes se han apartado puntualmente de una instrucción. En los grandes partidos siempre existen dirigentes territoriales con margen propio. La diferencia aparece cuando esos episodios empiezan a repetirse y el desacuerdo pasa de escoger una manifestación distinta a respaldar resoluciones que incomodan al Gobierno.
Eso es lo que convierte Sevilla en algo más que otra anécdota. Ferraz puede sostener que no existe una corriente organizada contra Sánchez, y los propios responsables municipales niegan en varios casos estar protagonizando una rebelión. Los hechos disponibles respaldan esa cautela. Pero también muestran que la dirección federal no ha conseguido alinear completamente a sus estructuras locales frente a la crisis de Ceuta.
Una grieta visible, todavía lejos de una ruptura
Por ahora, Ceuta no está partiendo al PSOE en dos. Está haciendo algo políticamente más sutil: está dejando a la vista sus costuras. Alcaldes con elecciones próximas, concejales que necesitan responder a sus ciudades y una dirección nacional empeñada en mantener un relato común empiezan a moverse a ritmos distintos. En política, esas pequeñas diferencias pueden quedarse en ruido o adquirir más peso si se acumulan. A 18 de septiembre de 2026, lo comprobable es la grieta; la ruptura, todavía no.

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