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Salud

¿Por qué los neurólogos piden cero pantallas en los colegios hasta los 6 años?

Quince sociedades médicas y 30 entidades piden cero pantallas hasta los 6 años y límites hasta los 16. Esto hay detrás del aviso.

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Niños usando tabletas en el aula de un colegio

Resumen

  • La Plataforma Control Z, que agrupa a 30 entidades y 15 sociedades médicas, pide cero pantallas en los colegios hasta los 6 años y límites horarios hasta los 16.
  • El argumento central es neurocientífico: la infancia es el periodo crítico de maduración de la atención, el control inhibitorio y la regulación emocional.
  • El decálogo llegará al Ministerio de Educación, al Consejo Escolar del Estado y a las instituciones europeas, con los malos resultados de PISA 2025 como telón de fondo.

Treinta entidades y quince sociedades médicas y de psicología se han alineado detrás de una cifra redonda: cero horas de pantalla hasta los seis años. La Plataforma Control Z, que reúne a pediatras, psicólogos, psiquiatras, neurólogos y expertos educativos, presentó este martes un decálogo con recomendaciones científicas para reducir la hiperconexión digital de niños y adolescentes, y su primera propuesta es la más contundente: que los colegios españoles eliminen por completo las pantallas en la etapa de infantil.

No es una ocurrencia aislada ni una cruzada nostálgica. Detrás del documento hay un argumento con forma de curva: la del neurodesarrollo. Y llega en un momento incómodo, justo después de que el informe PISA 2025 evidenciara malos resultados de los jóvenes españoles de 15 años en ciencias, lectura y matemáticas.

0 h
de pantallas hasta los 6 años
<1 h
diaria entre los 7 y los 12, con supervisión
<2 h
entre los 13 y los 16, deberes incluidos
16
edad mínima propuesta para redes sociales y smartphone propio

Qué propone exactamente el decálogo de Control Z

La escala horaria es la parte más citada del documento, pero el decálogo va bastante más allá de un simple contador de minutos. Las recomendaciones, presentadas junto a la Estrategia Digital ZETA de la organización Escuela Saludable (con participación de Ecologistas en Acción), se pueden resumir en unos cuantos bloques concretos:

  • ✓Cero pantallas hasta los 6 años, con excepciones tasadas como las videollamadas con familiares que viven lejos.
  • ✓Menos de una hora diaria entre los 7 y los 12 años, siempre con supervisión adulta.
  • ✓Menos de dos horas entre los 13 y los 16, incluyendo el tiempo escolar y los deberes.
  • ✓No regalar ni facilitar un smartphone con acceso libre a internet antes de los 16 años, y priorizar teléfonos sin internet entre los 13 y los 16.
  • ✓Centros docentes libres de smartphones personales durante toda la jornada escolar.
  • ✓Desconexión digital nocturna: fuera pantallas una o dos horas antes de dormir.

Hay un matiz que la propia plataforma se esfuerza en subrayar: los 16 años no son una frontera mágica del cerebro. Lo definen como una propuesta regulatoria y de protección para servicios de mayor riesgo, «no como un límite neurobiológico demostrado, ni como una edad a partir de la cual el uso universal de las tecnologías con diseño adictivo se considera seguro». Traducido: a los 16 no se abre la barra libre.

Por qué el cerebro de un niño de seis años no es el de un adulto

El núcleo del argumento es de calendario biológico. La infancia y la adolescencia son etapas de intensa maduración de los sistemas neurológicos de atención, recompensa, control inhibitorio y regulación emocional, además de los sistemas de apego. Es también el periodo en el que se consolidan hábitos y rutinas que tienden a durar décadas.

La «evidencia neurocientífica justifica proteger este neurodesarrollo frente a exposiciones intensivas, persuasivas y desplazadoras del sueño», sostiene el documento. La palabra clave es desplazadoras: el problema no es solo lo que la pantalla hace, sino todo lo que sustituye. Horas de juego libre, de actividad física al aire libre, de lectura en papel y, sobre todo, de sueño.

Los firmantes del decálogo insisten en que no se trata de demonizar la tecnología, sino de ordenarla por edades. Un niño de cinco años que aprende a leer en papel está construyendo exactamente los circuitos que después le permitirán usar bien cualquier dispositivo. El orden de los factores, sostienen, sí altera el producto: primero atención, lectura y sueño; después, pantallas con criterio. Invertir ese orden es lo que la evidencia empieza a asociar con peores resultados académicos y más problemas de salud mental en adolescentes.

📌 Dato clave: la hiperconectividad nocturna genera «un déficit crónico de sueño que degrada la memoria de trabajo», advierte José Antonio Luengo, vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España.

De ahí que el decálogo insista en separar dos mundos que las aulas suelen mezclar: las herramientas digitales con finalidad pedagógica definida y los dispositivos orientados al ocio o la comunicación social. No es lo mismo una app de anatomía usada veinte minutos bajo guía del profesor que un feed infinito diseñado para retener la atención. El primer uso puede tener sentido; el segundo, sostienen los expertos, es precisamente el que hay que dejar fuera del colegio.

Móviles fuera, papel dentro: qué cambiaría en el aula

La Estrategia Digital ZETA dibuja centros docentes como espacios libres de smartphones personales, con límites horarios claros y una apuesta explícita por reforzar lo que PISA mide y las pantallas desplazan: lectura comprensiva, escritura, razonamiento matemático y resolución de problemas. Vuelta al papel, a la escritura manual y al patio.

El documento también pone tareas al profesorado: formación específica sobre entorno digital, riesgos y alfabetización mediática en todas las etapas. Y a los centros les reserva un papel que va más allá de lo académico: al ser el lugar donde los niños pasan la mayor parte del día, pueden detectar de forma temprana casos de ansiedad, depresión o trastornos alimentarios asociados al uso de redes sociales.

«Hay que decir basta por el principio de precaución y salud pública» — José Antonio Luengo, Consejo General de la Psicología de España

El principio de precaución es, de hecho, el suelo común del decálogo. No hace falta una certeza absoluta sobre cada efecto de cada pantalla: con el volumen de indicios acumulado sobre sueño, atención y rendimiento, la carga de la prueba cambia de bando. Ya no toca demostrar que las pantallas dañan, sino justificar por qué seguimos exponiendo a los menores sin límites.

La comparación con otros debates de salud pública es inevitable. Nadie esperó a tener el mapa completo del daño para restringir el tabaco en espacios cerrados o para obligar al cinturón de seguridad. Con las pantallas, la diferencia es que la exposición ya es masiva y temprana: los pediatras ven en consulta lo que las encuestas confirman en los datos, y por eso quince sociedades médicas firman juntas un documento que, hace un lustro, habría parecido radical.

De la recomendación a la ley: qué recorrido tiene

Control Z ya ha llamado a la puerta del Consejo Escolar del Estado y llevará el documento al Ministerio de Educación y a la Comisión y el Parlamento Europeo. La plataforma sabe que parte de lo que pide no requiere boletín oficial. «Para muchas medidas no hacen falta leyes, solo voluntad política», resumió su directora, Mar España.

¿Qué significa eso en la práctica? Que un colegio puede vetar los móviles personales mañana mismo, que las familias pueden retrasar el primer smartphone sin esperar a nadie, y que la regulación europea de servicios digitales ya ofrece margen para endurecer el acceso de los menores a las plataformas con diseño adictivo. El decálogo mezcla, a propósito, lo que se puede decretar con lo que se puede simplemente decidir.

Queda por ver si la propuesta encuentra eco institucional en un curso marcado por el debate sobre la edad mínima de acceso a redes sociales, que varios países europeos quieren elevar. Los neurólogos han puesto sobre la mesa su respuesta a una pregunta que muchas familias se hacen en la cena: cuánta pantalla es demasiada. Ahora la pelota, dicen, está en el tejado de quien legisla y de quien educa. Y, sobre todo, en el de quien regala el primer móvil.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.