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Ciencia

El último Falcon 9 de Cabo Cañaveral completó una constelación

Tres satélites cerraron la constelación O3b mPOWER en un vuelo que también celebró una cifra histórica de la familia Falcon.

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Cape Canaveral último Falcon 9

El último lanzamiento de un Falcon 9 desde Cabo Cañaveral del que hay constancia en la información disponible despegó el domingo 13 de septiembre de 2026, a las 2:49 de la tarde, hora del este de Estados Unidos. La misión llevó al espacio los tres satélites finales de la red O3b mPOWER de SES y convirtió ese vuelo en el número 700 de la familia Falcon, según SpaceX. La primera etapa volvió a aterrizar en una plataforma marítima tras completar su trabajo.

La palabra último requiere aquí una precisión importante: se trató del vuelo más reciente recogido en los datos disponibles y, sobre todo, del último envío de satélites necesario para completar esa constelación. No fue el último Falcon 9 de la historia ni el final de las operaciones de SpaceX en Florida. La distinción cambia por completo el sentido de la noticia: el hito celebraba una misión concreta y una cifra acumulada, no la retirada del cohete.

El vuelo que completó la constelación de SES

El Falcon 9 partió del complejo de lanzamiento SLC-40, en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, Florida. Su carga eran tres satélites O3b mPOWER fabricados por Boeing para SES, que fueron desplegados en órbita terrestre media. Con este vuelo quedó completo un conjunto de 13 satélites que SpaceX había puesto en órbita mediante seis lanzamientos del Falcon 9 desde diciembre de 2022.

El dato de los tres aparatos finales ayuda a entender por qué la misión tenía un significado doble. Para SES, cerraba el despliegue de la constelación prevista; para SpaceX, añadía otro vuelo a una cadencia de lanzamientos que ya había alcanzado una cifra redonda. La misión no se limitó a transportar una carga: fue el último tramo de una campaña espacial repartida en varios años y vuelos.

La órbita terrestre media distingue a estos satélites de los numerosos aparatos que Falcon 9 lleva a órbita baja, como los de la red Starlink. No hace falta atribuir a la misión una función distinta de la que consta para comprender la diferencia: los O3b mPOWER fueron enviados a una región orbital diferente, y su lanzamiento formó parte de la arquitectura de comunicaciones de SES. El dato central es que los tres llegaron a la órbita prevista, según la información publicada tras el vuelo.

Qué significa que fuera el vuelo 700 de Falcon

La cifra de 700 corresponde a la familia Falcon en conjunto, no exclusivamente al Falcon 9. Esa familia incluye cinco vuelos del Falcon 1 y 13 del Falcon Heavy; el resto de las misiones contabilizadas corresponde al Falcon 9. Por tanto, presentar el lanzamiento de septiembre como el vuelo número 700 del Falcon 9 sería inexacto: fue el número 700 de los vuelos de la familia completa.

La diferencia importa porque Falcon no designa un único modelo. El Falcon 9 es el vehículo de dos etapas que SpaceX emplea para lanzar satélites y otras cargas, mientras que el Falcon Heavy utiliza tres primeras etapas derivadas de ese diseño. El Falcon 1, por su parte, fue un lanzador anterior de la compañía. El hito expresa la trayectoria acumulada de varios cohetes, aunque el Falcon 9 haya protagonizado la gran mayoría de esos vuelos.

La cifra tampoco significa que las 700 misiones fueran idénticas, ni que todas tuvieran el mismo destino, carga o perfil de recuperación. Algunas llevan satélites a distintas órbitas; otras han transportado naves Dragon, incluidas misiones de abastecimiento a la Estación Espacial Internacional y vuelos con astronautas. El número sirve para medir la actividad global de la familia, pero cada lanzamiento responde a un encargo y una configuración propios.

Un propulsor que había volado 29 veces

La primera etapa de esta misión, identificada como B1080, completó su vigesimonoveno vuelo y regresó a la plataforma marítima autónoma A Shortfall of Gravitas, situada en el Atlántico. El aterrizaje se produjo aproximadamente nueve minutos después del despegue. Esa recuperación es uno de los rasgos más visibles del Falcon 9: en lugar de perder necesariamente la etapa principal tras cada misión, SpaceX intenta recuperarla para volver a utilizarla.

La reutilización no significa que todo el cohete vuelva a volar. En esta arquitectura, la recuperación se centra en la primera etapa, que se separa durante el ascenso y realiza una maniobra de regreso. La segunda etapa continúa con la misión y coloca la carga en la órbita prevista. El aterrizaje de B1080 demuestra la repetición de uso del propulsor, no que la totalidad del vehículo haya regresado intacta a la Tierra.

La plataforma marítima permite recibir una primera etapa en el océano cuando el perfil de vuelo no contempla un regreso directo a tierra. En el lanzamiento de SES, ese retorno quedó confirmado con el aterrizaje de B1080. El dato de 29 vuelos pertenece a ese propulsor concreto y no debe confundirse con el número de misiones del Falcon 9 en general: cada etapa tiene su propio historial, mientras que el cohete como sistema vuela con componentes que pueden variar.

Por qué la reutilización cambió el funcionamiento del Falcon 9

El Falcon 9 fue concebido como un lanzador parcialmente reutilizable. Su primera etapa reúne nueve motores Merlin y aporta el impulso inicial; la segunda utiliza un motor Merlin adaptado para operar en el vacío y sigue acelerando la carga después de la separación. El cohete mide unos 70 metros de altura y 3,66 metros de diámetro en su versión Block 5, la variante que el material de referencia identifica como activa.

Ambas etapas emplean oxígeno líquido y queroseno para cohetes, conocido como RP-1. El nombre del vehículo alude al grupo de nueve motores de la primera etapa, además de una referencia al Halcón Milenario de la saga Star Wars. Estos detalles describen un diseño pensado para combinar capacidad de lanzamiento con recuperación: el cohete no es reutilizable de una sola pieza, sino que intenta conservar y volver a emplear una parte importante del sistema.

La recuperación ha exigido desarrollar maniobras de reentrada y aterrizaje, además de plataformas terrestres y marítimas. En los primeros intentos de la compañía hubo aterrizajes fallidos y etapas dañadas; el primer regreso controlado exitoso de una primera etapa llegó en diciembre de 2015, después de que el cohete completara la entrega de su carga. En abril de 2016, otra etapa aterrizó sobre una nave dron tras una misión de abastecimiento de la cápsula Dragon. La reutilización pasó de ser un objetivo técnico a una operación repetida, aunque cada vuelo y recuperación dependen de sus condiciones específicas.

Cabo Cañaveral, una de las bases de lanzamiento

El SLC-40 es uno de los complejos desde los que despega el Falcon 9 en Florida. El cohete también puede lanzarse desde el complejo 39A del Centro Espacial Kennedy y desde el SLC-4E de la base de Vandenberg, en California. Por eso, decir que el Falcon 9 tuvo un nuevo vuelo no basta para identificar el lugar: una misión puede salir de Florida o de California, según el vehículo, la carga y el perfil orbital requerido.

La misión de SES despegó desde Cabo Cañaveral, pero no todos los vuelos de la compañía desde esa región salen del mismo recinto. El SLC-40 pertenece a la estación espacial militar, mientras que el complejo 39A está en el Centro Espacial Kennedy. Son instalaciones distintas dentro de una zona con larga actividad aeroespacial. En este caso, la referencia precisa es el SLC-40, no una descripción genérica de todos los lanzamientos de Florida.

La ubicación de la base tampoco determina por sí sola el destino de la carga. La órbita perseguida y la trayectoria necesaria dependen de los objetivos de cada misión, y una misma familia de cohetes puede servir para transportar satélites, cápsulas o vehículos de suministro. El Falcon 9 inauguró sus vuelos desde Cabo Cañaveral el 4 de junio de 2010, cuando la primera versión llevó una maqueta de la cápsula Dragon. Desde entonces, el diseño ha evolucionado y ha multiplicado sus misiones.

De los primeros vuelos al Block 5

El Falcon 9 debutó en 2010 con la versión v1.0. Le siguieron la v1.1 y varias configuraciones Full Thrust, antes de que el Block 5 volara por primera vez en mayo de 2018. Cada etapa de esa evolución incorporó cambios en motores, rendimiento y capacidad de recuperación. La versión actual descrita en los datos disponibles conserva la arquitectura básica de dos etapas, pero representa un diseño muy distinto del lanzador inicial.

En la configuración Block 5, la primera etapa cuenta con nueve motores Merlin 1D mejorados y la segunda con un motor Merlin 1D Vacuum. El cohete puede transportar, en condiciones de referencia, hasta unos 22.800 kilogramos a órbita baja si vuela en una configuración desechable. La capacidad disminuye cuando se recupera la primera etapa: el valor depende de la órbita y del perfil de misión, y no es correcto presentar una cifra única como si sirviera para todas las cargas.

La reutilización obliga a equilibrar capacidad de carga y recuperación. Si el vuelo exige más energía para alcanzar una órbita, puede cambiar la posibilidad de recuperar la primera etapa o la cantidad de carga transportable. En la información técnica disponible, la capacidad para órbita de transferencia geoestacionaria también varía según se recupere o no el propulsor. Las cifras de carga útil son límites de configuración, no una promesa idéntica para cada lanzamiento.

El papel del Falcon 9 más allá de los satélites

El historial del lanzador abarca mucho más que despliegues de satélites comerciales. La cápsula Dragon utiliza el Falcon 9 para llevar carga a la Estación Espacial Internacional, y desde 2020 la combinación con Crew Dragon también ha transportado astronautas. La misma plataforma sirve, así, para misiones con perfiles y exigencias diferentes: desde colocar una carga en órbita hasta enviar una nave que debe encontrarse con una estación tripulada.

La combinación de etapas, motores y cargas explica por qué el Falcon 9 se clasifica como un lanzador de capacidad media y por qué su actividad no puede resumirse en una sola misión emblemática. El cohete no solo debe despegar: sus etapas han de separarse en el momento adecuado, la segunda debe completar el ascenso y la carga debe quedar en la órbita requerida. En misiones tripuladas se añaden las exigencias propias del transporte de personas, mientras que en vuelos comerciales la órbita final depende del contrato y del satélite.

El lanzamiento de SES reúne varios elementos que suelen quedar separados en las noticias: un despegue desde Florida, el cierre de una constelación y la recuperación de una primera etapa muy reutilizada. Ninguno de esos hechos, por sí solo, explica el alcance completo del vuelo. Juntos muestran cómo el Falcon 9 se ha convertido en una herramienta recurrente para misiones comerciales y espaciales, mientras la familia Falcon supera hitos de actividad sin que cada cifra redonda equivalga a un cambio de modelo.

Un hito de actividad, no una despedida

El vuelo del 13 de septiembre de 2026 fue histórico por dos motivos verificables: completó el despliegue de los 13 satélites O3b mPOWER de SES y llevó a la familia Falcon a su misión número 700. La primera etapa B1080 aterrizó después de su vigesimonoveno vuelo, de modo que el lanzamiento también ilustró la reutilización que distingue al diseño del Falcon 9.

Pero el carácter final de la misión se refiere a los satélites que faltaban para completar esa constelación, no al cohete ni a los lanzamientos desde Cabo Cañaveral. El Falcon 9 sigue siendo un vehículo activo en los datos de referencia, y la cifra de 700 reúne toda la familia Falcon, no únicamente sus vuelos. El cierre fue el de una campaña de despliegue: un último grupo de satélites llegó a su destino y una etapa volvió a la Tierra lista para ser evaluada y, si corresponde, reutilizada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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