Economía
Por qué CaixaBank supera a BBVA y Santander en ahorro juntos
La fotografía del mercado español de inversión y previsión a 30 de septiembre de 2025 deja un titular nítido: CaixaBank se ha convertido en el primer gestor del ahorro de las familias españolas por volumen y, sobre todo, por ritmo de entrada de dinero nuevo.

Foto: La Caixa / Recursos para Medios
CaixaBank lidera la gestión del ahorro en España con récord de flujos y cuota, desbanca a BBVA y Santander; claves, cifras y contexto extra.
La fotografía del mercado español de inversión y previsión a 30 de septiembre de 2025 deja un titular nítido: CaixaBank se ha convertido en el primer gestor del ahorro de las familias españolas por volumen y, sobre todo, por ritmo de entrada de dinero nuevo. La entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri y dirigida por Gonzalo Gortázar declara 279.505 millones de euros en recursos gestionados en fondos de inversión, carteras delegadas y sicav, planes de pensiones y seguros de ahorro. A ese tamaño se suma una captación neta de 10.300 millones entre enero y septiembre —casi 12.900 millones en los últimos 12 meses— que consolida una cuota cercana al 29% en ese perímetro. Con esos mimbres, “supera a BBVA y Santander juntos” en el negocio de gestionar el ahorro doméstico: volumen, flujos y capilaridad convergen en una misma idea de liderazgo.
La explicación no descansa en una única palanca. Hay un componente de ciclo —la bajada de tipos del BCE ha devuelto el protagonismo a los ingresos por comisiones— y un componente de ejecución comercial. CaixaBank ha fundido banca de particulares, banca premier y banca privada bajo el paraguas de Wealth Management, ha reforzado su oferta en renta fija y soluciones de previsión a largo plazo, y ha exprimido el tamaño de VidaCaixa y la potencia de distribución de CaixaBank Asset Management (CaixaBank AM). En ese contexto, BBVA y Santander mantienen fortalezas en segmentos como la gran banca privada y en negocios fuera de España, pero en el perímetro local y minorista del ahorro gestionado la ventaja del grupo catalán se amplía con cada trimestre.
Qué hay detrás del liderazgo
Conviene situar bien el mapa del que hablamos. “Gestión del ahorro” no es un eslogan: es el bloque de recursos que no permanece inmóvil en cuentas corrientes o depósitos, sino que se canaliza hacia fondos de inversión, carteras delegadas (gestión discrecional), sicav, planes de pensiones individuales y de empleo y seguros de ahorro (incluidos unit linked). Es el territorio donde las decisiones de inversión cuentan, donde se cobra por asesorar y por gestionar, y donde la calidad de la oferta y la capilaridad comercial separan a unos y otros.
En ese tablero, CaixaBank ha sumado dos vectores. El primero, escala industrial. VidaCaixa domina el negocio de previsión social y seguros de vida-ahorro; CaixaBank AM encabeza el patrimonio en fondos domésticos y, desde la integración de Bankia, la entidad ha unificado procesos, catálogo y equipos sin perder tracción comercial. El segundo, ritmo. La captación de dinero nuevo —lo que en el sector se sigue con lupa— ha sido la mayor de la industria con 10.300 millones en nueve meses y cerca de 12.900 millones a 12 meses, un hito que la propia entidad califica de histórico. Cuando ese flujo se sostiene trimestre tras trimestre, la cuota se ensancha por inercia.
También ayuda el momento macro. Con el margen financiero menos boyante tras el pico de tipos, los grandes bancos han puesto el foco en las comisiones de gestión y asesoramiento. No es una moda: es la respuesta natural a un ciclo más maduro. El resultado se ve en la cuenta de resultados y en las sucursales: más propuestas de carteras perfiladas, más lanzamientos de fondos de renta fija a corto, más campañas de planes de pensiones con aportaciones periódicas y más soluciones de seguro de ahorro para perfiles conservadores que quieren fiscalidad estable y menos sobresaltos.
Por último, hay un factor sociológico: los hogares españoles acumulan patrimonio financiero en niveles récord y muestran desde 2024 un trasvase desde depósitos hacia productos de inversión con volatilidad controlada. Cuando un banco tiene una red con millones de clientes, recorrido en asesoramiento y marca asociada a la previsión, que una parte de ese océano de dinero se mueva con él se vuelve casi inevitable.
Radiografía del negocio: fondos, pensiones y seguros
La cifra global —279.505 millones en “gestión patrimonial”— se entiende mejor al abrirla en tres grandes bloques. En fondos y carteras delegadas, CaixaBank AM supera de largo los 100.000 millones de patrimonio, lo que lo sitúa como primera gestora del país por volumen. No es solo tamaño: el patrón de flujos de 2025 muestra entradas robustas en renta fija (tanto a muy corto plazo como a vencimientos intermedios), buen tono en mixtos moderados y una recuperación más contenida en renta variable, donde el inversor sigue yendo con freno de mano. La gestora ha explotado la fortaleza de su gama de fondos perfilados, que permiten adaptar el riesgo sin necesidad de “mover piezas” continuamente, y ha apoyado a la red con una arquitectura que combina producto propio con soluciones de terceros en segmentos concretos.
En planes de pensiones, el liderazgo pasa por VidaCaixa, que mantiene la primera posición por patrimonio en España. El saldo administrado en pensiones del grupo se sitúa en torno a 50.800 millones, con un crecimiento interanual contenido pero sostenido. El impulso llega por dos vías: planes individuales con aportaciones periódicas —beneficiados por la campaña de cierre de año— y planes de empleo en compañías y, poco a poco, en pymes y autónomos a través de los vehículos impulso público-privado. La red comercial ha afinado el discurso de horizonte temporal y perfil de riesgo, que en pensiones lo es casi todo: más que una rentabilidad puntual, importa encajar la curva de aportaciones con la edad y la tolerancia a los vaivenes del mercado.
La tercera pata, seguros de ahorro, ha ganado peso en 2025. En un contexto de tipos que retroceden, muchos clientes han buscado soluciones de prima única o productos con garantías parciales —a veces con ventanas de liquidez— y, sobre todo, unit linked para quien quiere exposición a mercados dentro del sobre seguro. Aquí CaixaBank también lidera por volumen y ha encontrado un encaje natural con perfiles conservadores que aceptan rentabilidades más acotadas a cambio de estabilidad y tratamiento fiscal predecible. El crecimiento en seguros, además, ayuda a diversificar los ingresos frente a la volatilidad de los mercados de renta fija y variable.
La combinación de estos tres motores explica por qué la cuota sube y, sobre todo, por qué sube deprisa. El mix es coherente con el momento del ciclo —más renta fija, menos riesgo— y con la preferencia histórica del cliente español, que valora liquidez razonable, sencillez y menos sobresaltos. Con esa demanda, el banco con más alcance comercial y más catálogo útil tiende a absorber una parte mayor del flujo.
Competidores en movimiento: BBVA y Santander
El liderazgo de CaixaBank no implica pasividad en sus rivales. BBVA, con Carlos Torres Vila como presidente y Onur Genç como consejero delegado, ha acelerado en España en recursos fuera de balance —fondos, pensiones y otros—, con un crecimiento interanual positivo en los nueve primeros meses del año y un refuerzo explícito del negocio de asesoramiento patrimonial. Su gran fortaleza es, precisamente, no depender exclusivamente del mercado doméstico: la tracción de México, Turquía o América del Sur alimenta el grupo y permite sostener inversiones tecnológicas y de producto que luego aterrizan en España. En el perímetro español, el banco ha puesto foco en carteras discrecionales, fondos de renta fija y propuestas digitales con mayor personalización, buscando elevar el ticket medio y retener traspasos que históricamente se escapaban con facilidad hacia competidores.
Santander, bajo la presidencia de Ana Botín y la dirección ejecutiva de Héctor Grisi, ha progresado de manera notable en banca privada y wealth para grandes patrimonios. Tiene un músculo histórico en segmentos alto y ultra alto, que suma decenas de miles de millones en España y le permite ofrecer arquitectura abierta muy amplia y acceso a activos alternativos que el minorista no siempre ve. La cuestión, en el debate que nos ocupa, es de perímetro: esas cifras brillan en el universo de altos patrimonios, pero no necesariamente se traducen en el volumen minorista doméstico que pondera la comparación con CaixaBank. En el terreno del cliente masivo, el grupo ha ampliado catálogo de mixtos defensivos, ha empujado planes de pensiones de ciclo de vida y ha reforzado las alianzas con gestoras internacionales para ganar atractivo comparativo.
Dicho esto, el mercado es dinámico. Las campañas de final de año en pensiones y las ventanas de nuevas emisiones en renta fija pueden mover el ranking de flujos a corto plazo. También la política comercial de depósitos: si BBVA o Santander deciden tensar precios para retener liquidez, parte del ahorro dudará antes de dar el salto a fondos. Por eso conviene mirar con la misma lupa la velocidad —entradas netas sostenidas— y la calidad del crecimiento —margen y permanencia—. Ahí es donde CaixaBank ha logrado abrir una brecha este año.
Por qué ocurre ahora: tipos, comisiones y red
El telón de fondo es macro y regulatorio. La inflación se ha ido moderando, el BCE ha iniciado el ciclo de bajadas de tipos y la banca europea afronta un 2025-2026 de márgenes de intereses menos exuberantes. En ese mundo, el negocio que no depende del precio del dinero gana entidad: comisiones por gestionar el ahorro, primas de seguros, asesoramiento. Las entidades que ya tenían masa crítica en esos frentes se han colocado mejor en la parrilla de salida.
Pero si algo diferencia a CaixaBank hoy es la ejecución de la red. Millones de clientes y una estructura territorial densa permiten poner delante de cada tipo de ahorrador una solución concreta: un fondo de renta fija a 6-18 meses para quien sale del depósito pero no quiere sobresaltos; una cartera perfilada para quien busca automatizar decisiones y rebalanceos; un plan de pensiones de ciclo de vida que reduce riesgo conforme se acerca la jubilación; un seguro de ahorro para quien necesita visibilidad fiscal. Esa capilaridad, unida a procesos digitales que han mejorado la contratación y el seguimiento, produce un goteo de entradas que, sumadas, marcan el trimestre.
Hay, además, un efecto escala que no conviene minusvalorar. Cuando una gestora maneja decenas de miles de millones en categorías similares puede optimizar costes, negociar mejor con proveedores de servicios y sostener equipos de inversión más profundos por área (renta fija euro, crédito, mixtos, multiactivo, etc.). Eso no garantiza resultados superiores —la gestión es gestión—, pero ayuda a crear una oferta competitiva y a mantener ratios de coste razonables. La otra cara de la moneda es la tentación de la arquitectura cerrada, un debate recurrente en la gran banca española: equilibrar producto propio y de terceros en función de la idoneidad real para el cliente.
Impacto en el mercado y en el ahorrador
Para el mercado financiero nacional, que una entidad concentre casi uno de cada tres euros del ahorro gestionado minorista tiene implicaciones. Incentiva a los grandes a invertir en producto —nadie quiere quedarse atrás—, obliga a las gestoras internacionales a competir por tener hueco en las redes y empuja a las fintech de asesoramiento a encontrar su sitio entre precio y especialización. También plantea dudas sanas: ¿hasta qué punto la concentración reduce la competencia efectiva en distribución? ¿cómo se vigila que la idoneidad de las recomendaciones prime sobre la inercia comercial? El regulador ha afinado los requerimientos de gobernanza de producto y test de idoneidad, y el cliente cada vez cuenta con más información y más comparadores.
Para el ahorrador, el momento abre oportunidades y riesgos. Oportunidades: más catálogo en renta fija, carteras diversificadas con rebalanceos automáticos, planes de pensiones que integran el ciclo vital, seguros con distintas combinaciones de liquidez y garantía. Riesgos: perseguir rentabilidades pasadas sin mirar el horizonte, acumular costes innecesarios en soluciones redundantes, confundir seguridad con ausencia de riesgo. Aquí el tamaño de CaixaBank opera en ambas direcciones: su potencia puede abaratar y popularizar soluciones útiles, pero también exige mantener alta la vara de medir en transparencia y asesoramiento.
El año 2025 ha sido, además, un laboratorio de comportamiento inversor. La renta fija ha vuelto a brillar, sobre todo en duraciones cortas; los mixtos han ofrecido un viaje más amable; la renta variable ha rehabilitado su papel en carteras de largo plazo sin lograr, aún, convencer al perfil más conservador. En ese ecosistema, CaixaBank ha captado flujos récord apoyándose en su gama y en su red. BBVA ha escalado posiciones en discrecional y fondos defensivos; Santander ha crecido a doble dígito en patrimonios altos y ha empujado su arquitectura abierta. Pero la batalla del minorista —la que decide el grueso del ahorro de las familias— hoy tiene un ganador claro.
El retrato no estaría completo sin un matiz de ciclo. Si el BCE frena las bajadas de tipos o si la curva de bonos se mueve con brusquedad, el apetito por ciertos fondos puede enfriarse. Si, en cambio, la inflación sigue abaratándose y las bolsas encadenan un periodo de menor volatilidad, veremos entradas en mixtos y renta variable volver a coger aire. Por eso las cifras de 2025 hay que leerlas como parte de una secuencia, no como una foto aislada: el liderazgo se construye con flujo persistente, no con un trimestre brillante.
Un líder bajo el microscopio: qué vigilar en 2026
El año que se abre traerá varias pruebas de estrés para esta narrativa. La primera, la campaña de fin de año de planes de pensiones y la traslación a enero de operaciones realizadas a última hora: el patrón de aportaciones dirá si la tracción comercial de CaixaBank mantiene el pulso y si BBVA y Santander recortan distancia. La segunda, la evolución de la renta fija: con varios fondos de vencimiento objetivo y productos de corto plazo saturados de entradas, gestionar reembolsos y recolocaciones sin erosionar la rentabilidad será clave. La tercera, la competencia por el cliente de ticket medio, el más disputado: quien mejor combine precio, sencillez y acompañamiento humano-digital se quedará con el crecimiento orgánico.
Para CaixaBank, 2026 también será el año de plasmar en la práctica su propuesta de Wealth Management de extremo a extremo: desde el cliente de ahorro de entrada, con fondos conservadores y seguros de ahorro, hasta los patrimonios elevados con exposición a activos alternativos y arquitectura global. El reto va más allá del volumen: demostrar consistencia en la calidad de gestión, sostener rentabilidades ajustadas al riesgo en cada categoría y afinar la transparencia de costes y de idoneidad. La ventaja de partida es evidente —tamaño, cuota, flujo—, pero el mercado español ha demostrado una y otra vez que nada está blindado.
En paralelo, BBVA tendrá que consolidar su avance en recursos fuera de balance en España, aprovechando la inversión tecnológica y el tirón digital que lo distingue en el sistema. Los ojos mirarán a su cartera discrecional: si logra escalarla con satisfacción alta y costes eficientes, el impacto en comisiones será visible. Santander, por su parte, seguirá explotando su fortaleza en grandes patrimonios y tratará de aterrizar esa potencia en el segmento masivo con propuesta clara en mixtos, renta fija y pensiones. En ese punto, la colaboración con gestoras internacionales y la arquitectura abierta pueden marcar la diferencia en percepción de calidad.
Hay, además, un elemento estructural que empuja a todos: el envejecimiento de la población y la insuficiencia de la pensión pública futura como único pilar de renta. Ese vector hace que los planes de pensiones —individuales y, cada vez más, de empleo— y los seguros de ahorro tengan una demanda natural. Quien domine la pedagogía (sin paternalismos), la automatización de aportaciones y la gestión de riesgos del ciclo de vida se llevará una parte sustancial del crecimiento. Por ahora, CaixaBank ha jugado mejor ese partido en 2025.
El último apunte es de competencia y supervisión. Más cuota implica mayor escrutinio. La CNMV y Banco de España vienen insistiendo en gobernanza de producto, conflictos de interés y claridad en comisiones. Para el líder es una oportunidad de marcar estándar y, a la vez, un riesgo reputacional si se cae en la complacencia. Mantener el equilibrio entre producto propio y terceros, reforzar las métricas de idoneidad y asegurar que cada cliente está en la solución que necesita —no en la que más margen deja— será lo que diferencie un liderazgo duradero de un ciclo coyuntural.
Mientras tanto, los hechos pesan más que las promesas. CaixaBank cierra los nueve primeros meses de 2025 con 279.505 millones en ahorro gestionado, una cuota de mercado que rozaría el 29% y una captación neta récord —10.300 millones en el año; 12.900 a 12 meses—. BBVA y Santander suman cartas fuertes en otras mesas, pero en la gestión del ahorro minorista en España la ventaja del banco presidido por Goirigolzarri y dirigido por Gortázar se ha ampliado. El tablero se mueve, sí. Y, a día de hoy, la casilla del líder tiene nombre y apellidos. CaixaBank.

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