Síguenos

Salud

¿Qué se sabe del brote de legionela que deja 59 casos en Nueva York?

El brote de legionela en Nueva York deja 59 casos y 15 hospitalizados; las torres de refrigeración centran una investigación todavía abierta.

Publicado

el

brote de legionela

Resumen

  • El brote deja 59 casos, 15 hospitalizados y ningún fallecido
  • Las torres de refrigeración concentran la investigación sanitaria
  • El agua del grifo y el aire acondicionado doméstico siguen siendo seguros

El brote de legionela detectado en el Upper East Side de Manhattan ha dejado 59 personas afectadas, de las que 15 permanecen hospitalizadas. Otras 33 han recibido el alta y 11 no necesitaron ingreso. El dato que, de momento, contiene la inquietud: no se ha registrado ningún fallecimiento.

La investigación se concentra en Carnegie Hill y Yorkville, dentro de los códigos postales 10028, 10128 y 10075. Las autoridades sanitarias creen que la exposición comenzó a finales de junio y sitúan el principal foco de atención en las torres de refrigeración instaladas sobre numerosos edificios. El origen concreto, sin embargo, todavía no está confirmado.

No hay indicios de que la bacteria haya entrado en la red doméstica de agua. Los vecinos pueden beber del grifo, cocinar, ducharse y utilizar el aire acondicionado con normalidad. Conviene subrayarlo porque, cuando aparece una bacteria ligada al agua, el grifo suele convertirse en sospechoso por aclamación popular. Esta vez, no.

Un brote concentrado en Carnegie Hill y Yorkville

El Departamento de Salud de Nueva York abrió la investigación el 2 de julio, después de detectar dos diagnósticos próximos entre sí. Tres días más tarde amplió el perímetro al código postal 10075 al confirmar otro caso relacionado con la zona. Desde entonces, el recuento ha crecido hasta los 59 afectados, aunque también ha descendido el número de pacientes que siguen ingresados.

La enfermedad del legionario es una neumonía causada por bacterias del género Legionella. Estos microorganismos existen de forma natural en ambientes de agua dulce, pero pueden multiplicarse dentro de instalaciones artificiales cuando encuentran temperatura templada, agua con poco movimiento, sedimentos o una desinfección insuficiente. Una torre mal mantenida ofrece, en términos bacterianos, algo parecido a un hotel discreto y con calefacción incluida.

La infección se produce principalmente al respirar gotas microscópicas de agua contaminada. No se contagia, salvo situaciones extraordinariamente raras, de una persona a otra. Tampoco viaja por el aire frío generado por los aparatos domésticos: las unidades de ventana y los sistemas residenciales habituales no emplean agua para enfriar el ambiente y, por tanto, no generan el aerosol asociado a estos brotes.

Las torres de refrigeración, bajo sospecha

Nueva York ha tomado muestras en más de 180 torres de refrigeración del área investigada. Las primeras pruebas detectaron material genético de Legionella en instalaciones pertenecientes a 31 edificios, cuyos propietarios recibieron la orden de vaciarlas, limpiarlas y desinfectarlas. La relación oficial actualizada el 13 de julio señala que la intervención se ha completado en todas ellas.

Entre las direcciones afectadas figura el número 1071 de la Quinta Avenida, correspondiente al Museo Guggenheim. El edificio permaneció abierto y ejecutó la desinfección requerida, ya que la detección en la torre exterior no implicaba un riesgo añadido dentro de las salas. Ni los visitantes que contemplaban un Kandinski ni quienes atravesaban la célebre rampa helicoidal estaban respirando el aire de esa instalación.

También aparecen inmuebles residenciales y comerciales situados en East End Avenue, York Avenue, la Segunda y Tercera Avenida y varias calles comprendidas entre la 78 y la 95. La presencia de tantos resultados positivos no significa que existan 31 focos distintos. Significa, por ahora, que había rastros bacterianos merecedores de una limpieza preventiva.

Una PCR positiva no identifica al culpable

Las pruebas PCR utilizadas en la primera fase son rápidas y sensibles, pero tienen una limitación decisiva: detectan bacterias vivas y muertas. Una torre puede arrojar un resultado positivo por restos genéticos sin haber emitido microorganismos capaces de provocar una infección. Por eso, ninguna de las direcciones publicadas puede considerarse todavía el origen probado del brote.

Los laboratorios están realizando cultivos de las muestras para comprobar dónde había Legionella viva cuando se recogió el agua y comparar después esas cepas con las halladas en los pacientes. Estos análisis pueden tardar hasta dos semanas. La investigación, menos cinematográfica de lo que sugiere el perfil de Manhattan, avanza entre placas de laboratorio, historiales clínicos y depósitos de tejado.

Aun cuando las instalaciones ya han sido desinfectadas, podrían notificarse nuevos diagnósticos. Los síntomas suelen aparecer entre dos y 14 días después de la exposición, de modo que la curva de casos puede seguir creciendo durante un tiempo sin que ello demuestre que la bacteria continúa propagándose.

El agua del grifo y el aire acondicionado son seguros

Las autoridades han descartado que este episodio esté relacionado con las tuberías interiores de los edificios. No existe una recomendación de hervir el agua, cerrar duchas, evitar fuentes domésticas o suspender el uso de aparatos de climatización. Tampoco se aconseja usar mascarilla, porque la legionela no circula mediante la respiración ordinaria de otras personas.

La confusión nace del nombre “torre de refrigeración”. Estas estructuras forman parte de grandes sistemas que expulsan calor mediante agua y ventiladores, normalmente desde azoteas. Al hacerlo pueden liberar al exterior una fina niebla de gotas. Si el circuito contiene Legionella viva, esas partículas pueden ser arrastradas por el aire y respiradas en las inmediaciones. El aire acondicionado de una vivienda funciona de otra manera y no comparte esa agua.

Entrar en uno de los edificios incluidos en la relación tampoco supone, por sí mismo, una exposición peligrosa. Las torres están en el exterior y no alimentan la ventilación interior ni el suministro de agua potable. La lista se difundió para ganar transparencia y acelerar la desinfección preventiva, no para colocar una cinta amarilla imaginaria alrededor de 31 portales.

Síntomas que pueden parecer una gripe

La enfermedad suele comenzar con fiebre, tos, dolor muscular, cefalea o dificultad para respirar. En algunos pacientes aparecen escalofríos, náuseas, diarrea o confusión. Como estos signos se parecen a los de una gripe, una infección respiratoria común o una neumonía de otro origen, el historial de exposición resulta esencial para orientar el diagnóstico.

Las personas que hayan vivido, trabajado o visitado Carnegie Hill o Yorkville desde finales de junio deben consultar con un profesional sanitario si desarrollan fiebre acompañada de tos o falta de aire. La legionelosis se trata con antibióticos y la detección temprana mejora claramente el pronóstico.

No es una enfermedad banal. En términos generales, alrededor de uno de cada diez pacientes diagnosticados puede morir por sus complicaciones, aunque el riesgo varía según la edad, el estado de salud y la rapidez con la que comienza el tratamiento. Que este brote no haya causado muertes hasta el momento es un dato relevante, pero no convierte la infección en una gripe con nombre extravagante.

Quiénes tienen más riesgo

La mayoría de las personas que entran en contacto con Legionella no enferman. La vulnerabilidad aumenta a partir de los 50 años y entre fumadores o exfumadores, personas que vapean, pacientes con enfermedades pulmonares, cardiacas, renales o hepáticas, personas con diabetes y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado por una enfermedad o por determinados medicamentos.

Este perfil explica por qué un mismo aerosol puede pasar inadvertido para muchos transeúntes y provocar una neumonía grave en otros. No depende únicamente de haber cruzado una calle determinada, sino de la intensidad de la exposición, su repetición y las defensas de cada organismo. La ciudad ha pedido una vigilancia especial a estos grupos, sin recomendar restricciones generales para el resto de la población.

Nueva York vuelve a mirar hacia sus azoteas

La rapidez de la respuesta tiene un antecedente incómodo. En 2025, otro brote registrado en Harlem enfermó a más de un centenar de personas y causó siete muertes. La investigación terminó vinculándolo a torres de refrigeración situadas en el Hospital de Harlem y en una obra próxima al laboratorio público de la ciudad.

En el Upper East Side, la situación es distinta: todos los sistemas con PCR positiva han sido limpiados, no hay fallecidos y el número de hospitalizados representa una cuarta parte de los casos confirmados. Falta, eso sí, identificar mediante cultivos qué instalación contenía bacterias vivas y si una o varias torres estuvieron detrás de las infecciones.

El balance provisional dibuja un brote serio pero contenido, con una incógnita todavía suspendida sobre los tejados de Manhattan. La vida continúa bajo ellos: el agua corre, los aparatos de aire acondicionado funcionan y el Guggenheim mantiene abiertas sus puertas. La parte menos visible —tuberías industriales, depósitos y mantenimiento— vuelve a recordar que una ciudad también se juega la salud pública en lugares que nadie fotografía.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído