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¿Cómo logró Irán dañar un A-10 y ocho F-15E de EE.UU. en Jordania?

Un ataque iraní con misiles balísticos dañó un A-10 y ocho F-15E estadounidenses en Jordania pese a una amplia respuesta con defensas Patriot.

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avion de iran está despegando

Foto: Shahram Sharifi / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Irán dañó un A-10 y ocho F-15E estadounidenses en la base de Muwaffaq Salti
  • Jordania afirma que interceptó 18 de los 20 misiles balísticos lanzados
  • El ataque mostró que una defensa eficaz no elimina todos los daños posibles

Un ataque iraní con misiles balísticos contra la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania, causó daños a varios aviones militares estadounidenses. Un A-10 Thunderbolt II quedó gravemente afectado, hasta el punto de perder un ala, mientras que alrededor de ocho cazabombarderos F-15E Strike Eagle sufrieron desperfectos menores y pudieron regresar al servicio.

El episodio ocurrió durante la noche del 8 al 9 de septiembre y deja un detalle especialmente significativo: las defensas jordanas aseguran haber derribado 18 de los 20 misiles lanzados hacia el país. Pese a ese elevado porcentaje de interceptación, el ataque consiguió provocar daños materiales dentro de una instalación estratégica que alberga fuerzas estadounidenses. Cómo llegaron exactamente los efectos de la ofensiva hasta los aparatos, sin embargo, todavía no ha sido explicado públicamente con suficiente detalle.

El ataque iraní que alcanzó una base clave de EE.UU.

La ofensiva tuvo como objetivo la base aérea de Muwaffaq Salti, situada cerca de Azraq, al este de Amán. Es una instalación de la Real Fuerza Aérea Jordana utilizada también por Estados Unidos y convertida en los últimos años en una pieza relevante de su despliegue militar en Oriente Próximo.

Fuentes estadounidenses conocedoras de la evaluación de daños confirmaron que un A-10 Thunderbolt II, el robusto avión de ataque a tierra conocido popularmente como Warthog, sufrió desperfectos severos en un ala. La información disponible señala que el aparato quedó sin una de ellas, un daño de una magnitud muy distinta al registrado en los F-15.

Alrededor de ocho F-15E Strike Eagle también resultaron afectados. En su caso, los desperfectos fueron considerados leves y los aviones pudieron volver al servicio. Es un matiz importante: Irán dañó aeronaves estadounidenses, sí, pero no existen datos que permitan afirmar que ocho F-15E hayan quedado destruidos o inutilizados de forma prolongada.

Tampoco se han comunicado muertes de militares estadounidenses durante este ataque.

Cómo hubo daños pese a la interceptación de 18 misiles

Ahí está la parte más llamativa del episodio. Las Fuerzas Armadas jordanas comunicaron que sus defensas detectaron 20 misiles balísticos procedentes de Irán y destruyeron 18 proyectiles. Los otros dos, según la versión oficial jordana, terminaron en zonas despobladas.

Sobre el papel, las cuentas parecen difíciles de casar con los daños sufridos por los aviones. Pero una intercepción antimisiles no funciona como una pared invisible que hace desaparecer limpiamente todo lo que viene del cielo. Un proyectil interceptado puede fragmentarse; pueden caer restos del propio misil o del interceptor y, dependiendo del punto y la altura en que se produzca la destrucción, seguir existiendo efectos sobre el terreno.

Hay otra posibilidad: que la información inicial no describa todavía con precisión toda la secuencia del ataque. En una acción con decenas de interceptores en el aire, radares siguiendo múltiples trayectorias y evaluaciones posteriores sobre una base militar, la primera fotografía de los daños rara vez llega perfectamente enfocada.

Estados Unidos utilizó aproximadamente 30 interceptores Patriot para responder al ataque, según la información conocida. Que se emplearan más interceptores que misiles atacantes tampoco resulta extraño en defensa aérea: contra determinados objetivos pueden lanzarse varios proyectiles defensivos para elevar la probabilidad de destrucción.

Lo que todavía no está públicamente establecido es qué misil, fragmento o efecto concreto causó los daños al A-10 y a los F-15E. Atribuirlos sin más a uno de los dos misiles que Jordania afirma que no interceptó sería ir más allá de los datos conocidos. En una guerra, sumar dos y dos deprisa suele producir cinco.

Un A-10 gravemente dañado y ocho F-15E de nuevo operativos

La diferencia entre ambos tipos de daños ayuda a medir mejor el resultado militar del ataque. Los F-15E sufrieron desperfectos suficientemente limitados como para ser devueltos al servicio, lo que reduce el impacto operativo a medio plazo.

El caso del A-10 es bastante más serio. El Thunderbolt II fue construido precisamente alrededor de una filosofía de resistencia extrema: estructura robusta, sistemas redundantes y capacidad para sobrevivir a daños que dejarían fuera de combate a aeronaves menos protegidas. Ver uno con un ala severamente afectada da una idea de la energía que alcanzó la zona donde estaba estacionado.

Eso no significa automáticamente que el avión esté perdido para siempre. Su situación definitiva dependerá de la evaluación estructural, las piezas disponibles y de si merece la pena acometer una reparación profunda en una flota veterana. El A-10 nació en plena Guerra Fría y lleva décadas convertido casi en una reliquia volante; una reliquia muy querida por sus pilotos, eso sí, y bastante menos por quienes llevan años intentando jubilarla.

Muwaffaq Salti, mucho más que una pista en el desierto

El interés iraní por esta instalación no es casual. Muwaffaq Salti funciona como plataforma avanzada para la aviación estadounidense en una posición geográfica privilegiada: suficientemente cerca de los principales escenarios regionales y dentro de un país aliado de Washington.

Desde la base han operado diferentes aeronaves estadounidenses y allí se concentran capacidades de combate, mantenimiento y apoyo. Destruir un avión enemigo en vuelo es difícil; alcanzarlo cuando está aparcado resulta, en teoría, bastante más rentable. De ahí que las bases aéreas sean objetivos prioritarios en cualquier campaña con misiles de largo alcance.

El ataque también recuerda una realidad incómoda de la guerra moderna. Un caza multimillonario puede dominar el cielo y, unas horas después, convertirse en un objeto extraordinariamente vulnerable mientras permanece inmóvil sobre una plataforma de hormigón. La tecnología cambia; esa paradoja no.

Por eso las fuerzas aéreas dispersan aparatos, utilizan refugios reforzados, despliegan sistemas antiaéreos y tratan de reducir el tiempo durante el que sus aeronaves permanecen agrupadas. Incluso así, una salva suficientemente intensa obliga al defensor a detectar, clasificar, priorizar e interceptar numerosos blancos casi simultáneamente.

La represalia llegó después de ataques estadounidenses

La ofensiva contra Jordania no apareció de la nada. Horas antes, el Mando Central de Estados Unidos había anunciado la destrucción de cinco petroleros iraníes relacionados, según Washington, con una red utilizada para financiar a la Guardia Revolucionaria y a sus aliados regionales.

Estados Unidos sostuvo que aquella operación respondió a dos intentos iraníes de atacar con misiles balísticos a un buque de guerra estadounidense durante los días anteriores. Las tripulaciones de los petroleros fueron advertidas para que abandonaran las embarcaciones antes de los ataques, según la versión estadounidense.

Teherán respondió después con una nueva serie de acciones contra posiciones estadounidenses en la región, entre ellas Muwaffaq Salti. La Guardia Revolucionaria afirmó que había atacado zonas relacionadas con el mantenimiento y despliegue de aviones estadounidenses.

La secuencia refleja una dinámica cada vez más peligrosa: ataque, represalia y nueva represalia. Cada golpe se presenta como respuesta al anterior, mientras la distancia entre disuasión y escalada se vuelve cada vez más estrecha.

El problema no son únicamente los nueve aviones alcanzados

El balance visible puede parecer limitado. Un A-10 seriamente dañado y unos ocho F-15E con desperfectos ligeros no cambian por sí solos el equilibrio aéreo de Estados Unidos. El problema estratégico está en otra parte.

Para frenar aquella salva fue necesario emplear alrededor de 30 interceptores Patriot, según la información disponible. Los misiles defensivos son costosos, complejos de fabricar y existen en cantidades finitas. Cada ataque obliga, por tanto, a elegir qué proteger y cuánto material gastar para hacerlo.

Ese intercambio tiene una aritmética incómoda. No basta con preguntar cuánto cuesta el misil iraní que sale disparado; también hay que contar cuánto cuesta derribarlo, cuántos interceptores quedan almacenados y cuánto tarda la industria en fabricar otros. Las guerras de desgaste también se libran dentro de los almacenes.

Para Irán, conseguir que Estados Unidos utilice numerosos misiles defensivos mientras mantiene bajo amenaza bases regionales tiene valor aunque la mayoría de sus proyectiles sean destruidos. Para Washington, por el contrario, demostrar que puede mantener operativa la base y sus cazas pese a los ataques es parte igualmente importante de la batalla.

Una defensa eficaz que no equivale a invulnerabilidad

El ataque de Muwaffaq Salti ofrece una fotografía bastante limpia de cómo funciona una guerra aérea contemporánea. Jordania sostiene que derribó nueve de cada diez misiles dirigidos hacia su territorio y no registró víctimas mortales. Desde ese punto de vista, la defensa funcionó.

Pero dentro de esa misma noche, un A-10 quedó gravemente dañado y varios F-15E recibieron desperfectos. También funcionó, al menos parcialmente, el ataque iraní.

Las dos realidades pueden convivir. Interceptar la mayoría de una salva no significa impedir todos sus efectos, del mismo modo que conseguir daños materiales no equivale a destruir una base aérea ni neutralizar su capacidad de combate.

Muwaffaq Salti siguió operativa y los F-15E afectados regresaron al servicio. Ese es el límite del éxito iraní conocido hasta ahora. El otro dato, menos cómodo para Washington, permanece: pese a una intensa defensa antiaérea y al lanzamiento de decenas de Patriot, Irán consiguió que una ofensiva con misiles dejara daños reales sobre aeronaves estadounidenses estacionadas en una de las bases más importantes de la región.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.