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¿Cómo aspira Alicante a ser Capital Europea de la Innovación 2027?

Alicante une fuerzas con Elche y l’Alacantí para lograr la Capital Europea de la Innovación 2027 con proyectos de agua, movilidad y talento.

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Alicante Capital Europea de Innovación

Resumen

  • Alicante une a Elche y l’Alacantí para optar al título europeo de 2027
  • La candidatura reúne proyectos de agua, movilidad, tecnología y talento
  • El premio aporta un millón de euros, prestigio y acceso a redes europeas

Alicante volverá a competir por la Capital Europea de la Innovación en 2027, pero esta vez ampliará el plano: la candidatura incorporará a los municipios de l’Alacantí y a Elche, con el respaldo anunciado de la Diputación y la Generalitat. La ciudad retoma así la carrera después de alcanzar las semifinales de la edición de 2026, cuando fue la única aspirante española en la categoría principal. El expediente deberá presentarse antes del 4 de agosto de 2026.

El objetivo inmediato es lograr el título y el premio de un millón de euros, además de una proyección europea difícil de comprar con una campaña convencional. Sin embargo, la distinción no trae bajo el brazo una barra libre de financiación comunitaria. Las bases garantizan el premio económico y una mayor visibilidad, contactos e integración en las redes europeas de innovación; los proyectos de agua, movilidad o digitalización que aspiren a otras ayudas deberán competir después en sus respectivas convocatorias. Europa reparte fondos, sí, pero no suele dejar el cajero abierto por haber ganado una placa.

Conviene afinar también el nombre institucional. El galardón no depende del Consejo de Europa, sino de la Comisión Europea, a través del Consejo Europeo de Innovación y de su agencia ejecutiva, dentro del programa Horizonte Europa. Puede parecer una minucia burocrática, hasta que toca rellenar treinta páginas de candidatura y una casilla mal puesta decide que la épica municipal termine en la carpeta de borradores.

Alicante vuelve a intentarlo, ahora con músculo territorial

La apuesta cambia de escala. La propuesta de 2026 se apoyaba principalmente en la transformación urbana de Alicante y en un catálogo de más de un centenar de iniciativas impulsadas por administraciones, universidades, centros científicos, empresas y entidades como Aguas de Alicante, la EUIPO o Ciudad de la Luz. Para 2027, el Ayuntamiento pretende convertir ese ecosistema local en una candidatura territorial, sumando las capacidades industriales, tecnológicas, universitarias y logísticas de Elche y l’Alacantí.

En el encuentro de respaldo participaron representantes de San Vicente del Raspeig, Sant Joan d’Alacant, Agost, El Campello, Busot, Torremanzanas, Mutxamel y Elche, además de la Diputación. Los municipios promoverán declaraciones institucionales para apoyar la propuesta, que se presenta políticamente como el proyecto de un área funcional cercana al millón de habitantes. La imagen buscada es clara: no una capital encerrada entre sus lindes administrativas, sino un corredor urbano y económico que va del eje Alicante-Elche a los municipios que lo rodean.

Alicante no necesita esa suma para superar el requisito demográfico. La ciudad cuenta oficialmente con más de 366.000 habitantes, por encima de los 250.000 exigidos para competir en la categoría principal. La alianza sirve para fortalecer el relato territorial, compartir actuaciones y demostrar capacidad de cooperación; no para alcanzar el mínimo de población, que ya estaba cubierto.

Qué hay dentro de la candidatura

Una capital europea de la innovación no se elige por acumular empresas con nombres en inglés ni por colocar pantallas táctiles donde antes había una ventanilla. La Comisión busca ciudades capaces de experimentar con nuevos servicios, ampliar soluciones que ya funcionan, conectar administraciones, empresas, universidades y ciudadanía, atraer talento y mantener una estrategia coherente a largo plazo. Innovar, en este contexto, significa que la tecnología salga del folleto y llegue al autobús, al recibo del agua o a la relación cotidiana con el Ayuntamiento.

La candidatura alicantina recuperará parte del trabajo desarrollado en 2025 y añadirá proyectos supramunicipales. El expediente anterior incluía la digitalización del ciclo hídrico, la venta electrónica de abonos de transporte, la gestión inteligente de residuos, el control ambiental vinculado a la zona de bajas emisiones, los ciberquioscos municipales y el asistente virtual de la Administración local. Son actuaciones menos fotogénicas que un robot saludando en una feria, pero bastante más cercanas a lo que Bruselas valora: servicios públicos medibles y replicables.

Agua, transporte y recarga eléctrica: innovación que se pisa

Uno de los pilares será la gestión circular del agua. Alicante pretende incorporar iniciativas como Vertido Cero y Alicante Agua Circular, planteadas para mejorar el tratamiento de las aguas depuradas en las estaciones de Rincón de León y Monte Orgegia, facilitar su reutilización agrícola y reducir los vertidos al mar. En una provincia acostumbrada a que cada conversación sobre agua acabe pareciéndose a una discusión familiar en Nochebuena, convertir el recurso en un circuito reutilizable tiene bastante más sustancia que otro eslogan azul y verde.

La movilidad aportará otro bloque de proyectos, con actuaciones sobre el transporte público y la red comarcal de puntos de recarga para vehículos eléctricos coordinada por la Mancomunidad de l’Alacantí. La fuerza de estas propuestas reside precisamente en que los desplazamientos reales no entienden de términos municipales: se vive en Sant Joan, se estudia en San Vicente, se trabaja en Alicante y se vuela desde Elche. El mapa administrativo acaba en una línea; el atasco, normalmente, continúa.

Campus 42 y talento digital

La apertura de 42 Alicante en 2027 pretende reforzar la parte formativa de la candidatura. El campus, impulsado por la Generalitat, el Ayuntamiento y la Fundación Telefónica, ocupará la antigua sede de Correos de la plaza Gabriel Miró y ofrecerá enseñanza gratuita en programación, inteligencia artificial, ciberseguridad, desarrollo de software y arquitectura de redes. Su incorporación permite enlazar el discurso sobre atracción empresarial con una cuestión menos vistosa, aunque decisiva: quién ocupará los empleos tecnológicos cuando lleguen.

A ese activo se suman las estrategias Alicante Futura y ALIA, los parques científicos de las universidades, los campus de Alicante y Elche, las áreas empresariales y una red de compañías emergentes vinculadas a sectores como el agua, la salud, la energía, la inteligencia artificial, la logística o las industrias creativas. La candidatura de 2026 ya fue reconocida por su capacidad para movilizar ese ecosistema; el reto consiste ahora en demostrar que la red produce resultados compartidos y no solo fotografías de familia con abundancia de atriles.

Un millón de euros, no una lluvia automática de fondos

El ganador de la categoría Capital Europea de la Innovación recibirá un millón de euros. Las ciudades clasificadas en segundo y tercer lugar obtendrán 100.000 euros cada una. Existe una segunda modalidad, reservada a poblaciones de entre 50.000 y 249.999 habitantes, con 500.000 euros para la vencedora y 50.000 para cada finalista. Alicante compite en la primera, la de las grandes ciudades y áreas metropolitanas.

El premio resulta modesto frente al coste de una gran infraestructura hidráulica o de una transformación completa del transporte público. Su valor reside, sobre todo, en el sello europeo, la visibilidad ante inversores, la conexión con otras ciudades innovadoras y la posibilidad de reutilizar el expediente para presentar proyectos maduros a programas comunitarios. Esa es la lectura razonable de las bases: el título puede mejorar la posición de Alicante, pero no concede por sí mismo acceso automático a nuevas subvenciones. Cada fondo mantiene sus requisitos, evaluadores y competencia.

La candidatura encaja, además, en una estrategia municipal más amplia para localizar oportunidades de Horizonte Europa destinadas a pymes, empresas emergentes y proyectos de competitividad. Impulsalicante y el Parque Científico de la Universidad de Alicante ya han organizado jornadas específicas para traducir las convocatorias comunitarias —esa prosa de Bruselas que puede dormir a un notario— en proyectos financiables para el tejido económico local.

La letra pequeña que puede decidir el resultado

Las normas europeas permiten que una autoridad local represente a una ciudad, una gran urbe o una región metropolitana, considerando las áreas urbanas funcionales cuando resulte pertinente. Ahí encuentra encaje la alianza entre Alicante, Elche y l’Alacantí. Pero las mismas bases prohíben las solicitudes conjuntas de varios aspirantes: deberá existir un único solicitante formal, previsiblemente el Ayuntamiento de Alicante, que represente y documente la dimensión territorial del proyecto.

No bastará, por tanto, con reunir adhesiones municipales. El expediente tendrá que explicar quién gobierna cada actuación, cómo se coordinan las administraciones, qué resultados se han obtenido, qué presupuesto existe y de qué manera pueden replicarse las soluciones en otras ciudades europeas. Las cartas de respaldo dan volumen político; la evaluación, en cambio, pedirá evidencias. Una diferencia conocida por cualquiera que haya asistido a la presentación solemne de un proyecto que después se quedó esperando licitación.

El jurado evaluará seis grandes ámbitos: experimentación urbana, capacidad para ampliar proyectos, construcción del ecosistema innovador, transferencia hacia otras ciudades, visión estratégica y protección de los derechos ciudadanos. Este último criterio incluye democracia, cohesión social e integración de minorías, personas con discapacidad y colectivos expuestos a discriminación. La innovación europea no consiste únicamente en sensores, algoritmos y vehículos eléctricos; también debe evitar que la modernización deje a media ciudad mirando una pantalla que no entiende.

Alicante parte con una experiencia valiosa y una pequeña herida competitiva. En 2025 alcanzó la semifinal de la edición de 2026 junto con Grenoble, Liverpool, Riga, Róterdam y La Haya, pero no pasó al grupo definitivo. La victoria fue para Grenoble Alpes Métropole, seguida por Róterdam y Liverpool, tres candidaturas con estrategias industriales, científicas y urbanas consolidadas durante años. Quedar cerca sirve para aprender; convertirlo en una medalla imaginaria, bastante menos.

El calendario oficial prevé evaluar las solicitudes entre agosto y octubre de 2026 y comunicar el resultado entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Antes habrá una selección de las seis candidaturas mejor puntuadas y una audiencia con el jurado, presencial en Bruselas o a distancia. Alicante ya conoce ese tramo del camino: en la edición anterior defendió su proyecto durante cerca de una hora ante los evaluadores europeos.

El título se ganará fuera del cartel

La ampliación hacia Elche y l’Alacantí mejora la candidatura porque refleja una realidad económica compartida que lleva años funcionando sobre el terreno. Universidades, aeropuerto, puerto, empresas industriales, centros tecnológicos, movilidad cotidiana y recursos hídricos forman un sistema común, aunque las competencias estén repartidas entre ayuntamientos que no siempre comparten calendario, presupuesto ni entusiasmo. Precisamente ahí está la prueba: demostrar que la cooperación sobrevive a la foto institucional.

Alicante tiene proyectos, población suficiente y el antecedente de haber llegado a semifinales. También tiene enfrente ciudades europeas con décadas de investigación, industria avanzada y administraciones acostumbradas a medir cada política pública. El título de 2027 no se decidirá por quién pronuncie más veces las palabras talento, ecosistema o hub, vocabulario que ya empieza a necesitar su propio contenedor de reciclaje. Se decidirá por la capacidad de enseñar resultados verificables: agua reutilizada, desplazamientos más sencillos, empresas que crecen, formación accesible y servicios digitales que no abandonen a quien todavía prefiere hablar con una persona.

Ahí se juega la candidatura. No en parecer una ciudad del futuro, sino en conseguir que la innovación mejore la vida presente de Alicante, Elche y los municipios que han decidido caminar juntos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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