Síguenos

Actualidad

Cobraban 900 euros a migrantes por dormir en un garaje: dos arrestados

La Policía detiene a dos personas por una red que cobraba hasta 900 euros al mes a migrantes por dormir en garajes de Ceuta y por otros servicios.

Publicado

el

migrantes por un garaje

Resumen

  • Dos detenidos por cobrar hasta 900 euros al mes a migrantes en Ceuta
  • Algunos dormían en garajes y pagaban incluso por cargar el móvil
  • La red ofrecía traslados a la Península por hasta 6.000 euros

La Policía Nacional ha detenido en Ceuta a dos personas como presuntas responsables de una organización que habría convertido la extrema necesidad de migrantes recién llegados en un negocio: hasta 900 euros al mes por dormir en un garaje, entre vehículos y en espacios sin condiciones adecuadas de habitabilidad. No era, según la investigación, un simple alojamiento irregular. La estructura habría captado a las personas, gestionado sus pagos, controlado sus movimientos y ofrecido incluso traslados clandestinos hasta la Península.

El precio por pasar la noche rondaba los 30 euros diarios. En determinados momentos llegaron a coincidir alrededor de 20 personas en plazas de garaje, trasteros y otros rincones concebidos para cualquier cosa menos para vivir. Una cama tampoco estaba garantizada. Los investigadores sostienen que incluso elementos tan básicos como colchones o mantas podían quedar condicionados al pago íntegro de las cantidades exigidas.

Hasta 900 euros al mes por dormir en un garaje

La investigación comenzó después de que se detectara de forma reiterada la presencia de migrantes en las zonas comunes de un garaje comunitario próximo a la barriada del Príncipe, en Ceuta. Los vecinos habían advertido movimientos frecuentes y la presencia de personas durmiendo directamente en el suelo, en espacios destinados al estacionamiento.

A partir de ahí empezó a dibujarse un sistema de alojamiento bastante más organizado de lo que podía sugerir a primera vista un grupo de personas pasando la noche en un aparcamiento. Las pesquisas apuntan a una estructura coordinada que se aprovechaba de personas con escaso margen para encontrar alojamiento o continuar su viaje.

Los testimonios recabados señalan que determinadas plazas de garaje, trasteros y espacios similares se ofrecían por cantidades cercanas a 30 euros cada día. Mantenerse allí durante un mes podía suponer unos 900 euros.

El contraste resulta difícil de ignorar: no se pagaba por una habitación, ni siquiera por una cama convencional, sino por permanecer en instalaciones que, según la Policía, no reunían condiciones adecuadas para dormir.

Entre cinco y diez euros por cargar un teléfono

Tener batería en el móvil puede parecer una cuestión menor hasta que el teléfono es el único vínculo con familiares, mapas, contactos o personas capaces de ayudar a continuar un viaje. En esas circunstancias, un enchufe deja de ser una comodidad y se convierte casi en una necesidad básica.

La organización investigada habría cobrado entre cinco y diez euros por una carga completa del teléfono móvil. Colchones y mantas también podían depender del desembolso de las cantidades reclamadas.

Cada necesidad adquiría así un precio. Dormir bajo techo, aunque ese techo fuera el de un aparcamiento; mantener el teléfono operativo; conseguir algo donde tumbarse. Una economía mínima, áspera, construida alrededor de personas en una situación de especial vulnerabilidad.

La Península podía costar hasta 6.000 euros

El alojamiento era solo una parte del presunto negocio. La Policía sostiene que la organización ofrecía también la posibilidad de llegar irregularmente a la Península por cantidades de hasta 6.000 euros.

La investigación describe una estructura con funciones diferenciadas. Algunas personas se habrían ocupado de localizar y captar a migrantes recién llegados. Otras gestionaban el dinero, organizaban desplazamientos hacia los lugares donde iban a permanecer alojados o ejercían tareas de control.

No era, por tanto, un esquema improvisado alrededor de una plaza de aparcamiento. Los investigadores hablan de una red de intermediarios y responsables de distintos niveles, con tareas repartidas desde la captación hasta el posible traslado posterior.

La estancia en el garaje funcionaba, según esa hipótesis policial, como una especie de sala de espera clandestina. Solo que aquí la espera también se cobraba.

Ocultarse de la Policía mientras esperaban el traslado

Algunas de las personas localizadas declararon que habían recibido instrucciones para permanecer escondidas y evitar el contacto con los agentes mientras aguardaban la posibilidad de continuar su trayecto hacia la Península.

Ese elemento resulta especialmente relevante para entender el control que presuntamente ejercía la organización. Cuando los policías localizaron inicialmente a varios migrantes, algunos reaccionaron con temor ante la presencia de los agentes.

Después, varias personas decidieron colaborar voluntariamente y prestaron declaración. Esos testimonios permitieron reconstruir buena parte del funcionamiento de la estructura investigada, desde los precios del alojamiento hasta el reparto de tareas entre sus integrantes.

Amenazas para imponer silencio

La investigación no se limita a cobros abusivos. Los relatos recogidos por los agentes apuntan también a amenazas de muerte y coacciones contra algunas de las víctimas.

La finalidad habría sido impedir que colaborasen con la Policía o declarasen contra quienes controlaban la organización. El miedo, de confirmarse esos testimonios, habría funcionado como una herramienta más del negocio.

No es un matiz menor. La vulnerabilidad económica permite cobrar por un lugar donde dormir; el temor puede garantizar que ese sistema continúe funcionando sin demasiadas preguntas. La combinación de dependencia, aislamiento y amenazas habría reducido todavía más el margen de decisión de las víctimas.

Dos detenidos en Ceuta

El dispositivo terminó con la detención de dos personas en Ceuta como presuntas responsables de los hechos investigados. La Policía Nacional sitúa el caso dentro de una estructura dedicada presuntamente al favorecimiento de la inmigración irregular y al aprovechamiento económico de migrantes vulnerables.

Las pesquisas han requerido la coordinación de unidades policiales de Ceuta, equipos desplegados en la costa andaluza y servicios centrales, junto con la Fiscalía especializada en la lucha contra el tráfico ilícito de migrantes.

La investigación deberá determinar con precisión el grado de participación de cada detenido y el alcance real de la estructura. Como en cualquier procedimiento penal, las responsabilidades concretas tendrán que quedar acreditadas judicialmente.

La necesidad convertida en mercancía

El dato de los 900 euros mensuales llama la atención porque se parece al precio de un alquiler convencional en muchas ciudades españolas. Aquí, sin embargo, lo que presuntamente se compraba era un hueco en un garaje o un trastero. Cemento, vehículos alrededor y, en algunos casos, el suelo como cama.

Pero quizá la cifra que mejor explica el caso no sea esa. Puede ser también los cinco euros de una carga de móvil o el colchón condicionado al pago completo. Pequeñas cantidades que revelan hasta qué punto cualquier necesidad básica podía convertirse en una fuente de ingresos.

La investigación abierta en Ceuta describe, en definitiva, algo más complejo que un alojamiento clandestino: una presunta cadena de captación, alojamiento, cobro, control e intermediación, levantada alrededor de personas que buscaban continuar su viaje y tenían muy poco margen para elegir dónde dormir, cuánto pagar o en quién confiar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído