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¿Por qué Vox es el partido europeo que más apoya a Israel y Netanyahu?
El 98,74 de apoyo a Israel sitúa a Vox al frente del estudio europeo y sus vínculos con Netanyahu, el Likud y Patriotas refuerzan esa sintonía.

Resumen
- Vox lidera el estudio europeo de apoyo a Israel con una nota de 98,74
- Su relación con Netanyahu y el Likud se ha estrechado desde 2023
- Los datos acreditan una alianza política, no financiación israelí directa
Vox figura como el partido nacional con mayor puntuación de apoyo a Israel en el estudio europeo elaborado por EU-Matrix y difundido por la European Coalition for Israel. El dato llama la atención incluso antes de entrar en el barro político: 98,74 sobre 100 en el conjunto analizado y 99,13 después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Ninguna otra formación incluida en aquella clasificación quedó por encima.
Pero conviene afinar la lupa. Ese 98,74 no significa literalmente que Vox haya coincidido con Benjamin Netanyahu en el 98,74 % de sus decisiones, ni que exista una votación conjunta entre ambos partidos. Es un índice de apoyo a Israel construido a partir de votaciones del Parlamento Europeo, clasificadas previamente como favorables o desfavorables a Israel. El estudio original de 2023 tomó 71 votaciones celebradas entre 2019 y 2022; la edición actualizada amplió el periodo hasta 2024. Fue encargado por la European Coalition for Israel, una organización abiertamente favorable al Estado israelí, y elaborado por EU-Matrix. Matiz pequeño en apariencia, enorme cuando se transforma una estadística en titular.
El 98,74 que sitúa a Vox por delante del resto
La tabla actualizada coloca a Vox con un 98,74 de apoyo global, frente al 97,70 anterior al 7 de octubre y el 99,13 posterior. La distancia respecto a otros partidos españoles resulta considerable. El PP aparece con un 68,61; el PSOE, con un 37,07; el PNV, con un 36,28; mientras Podemos obtiene un 8,83. No es una fotografía de la opinión pública española, claro, sino del comportamiento parlamentario según la metodología utilizada por el estudio.
También merece una precisión otra cifra que ha circulado junto al dato. La primera investigación fue presentada en 2023 sobre 199 partidos nacionales representados en la Eurocámara y 71 votaciones relacionadas con Israel entre 2019 y 2022. Vincular sin más esos 71 votos y otros recuentos posteriores con el índice actualizado mezcla ediciones diferentes de la investigación. El resultado de Vox, eso sí, está documentado: encabeza la clasificación publicada en 2024.
Y no parece una anomalía estadística caída del cielo. La política exterior de Vox lleva años acercándose a la del Likud de Netanyahu, particularmente desde el ataque de Hamás de octubre de 2023 y la posterior guerra de Gaza.
De las visitas de Abascal al acuerdo con el Likud
En diciembre de 2023, Santiago Abascal viajó a Israel invitado por el Likud. Allí se reunió con el ministro de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, y con el entonces ministro de Agricultura Avi Dichter, además de visitar Nir Oz, uno de los kibutz atacados por Hamás. Vox presentó aquel desplazamiento como una muestra explícita de respaldo al Gobierno israelí en su ofensiva contra la organización islamista.
Cinco meses después llegó una fotografía políticamente todavía más potente. El 28 de mayo de 2024, precisamente el día en que España reconoció oficialmente el Estado de Palestina, Abascal se entrevistó durante más de una hora con Netanyahu en Jerusalén. El presidente de Vox rechazó la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez y aseguró que trataría de revertir ese reconocimiento si llegaba a la Presidencia del Gobierno. La escena condensaba dos políticas exteriores españolas enfrentadas en apenas unas horas: la institucional, encabezada por el Ejecutivo, y la que Vox quería exhibir como alternativa política.
La relación dejó después de depender solo de viajes y fotografías. En septiembre de 2024 Vox se incorporó a Patriots.eu, la organización política europea asociada a Patriotas por Europa, y en noviembre Abascal fue elegido presidente de la formación. En febrero de 2025, durante una cumbre celebrada en Madrid, el Likud fue admitido como primer miembro observador de Patriots.eu. La alianza había pasado de la simpatía a una estructura política compartida.
Patriotas de Jerusalén nació antes de lo que se ha contado
El siguiente salto llegó el 25 de enero de 2026. Netanyahu recibió en Jerusalén a una delegación de Patriotas por Europa en la que participó el jefe de la delegación de Vox en la Eurocámara, Jorge Buxadé. También estuvo presente la ministra israelí Miri Regev, que presentó a los llamados Patriotas de Jerusalén, definidos por la propia Oficina del primer ministro israelí como la primera rama israelí que se incorporaría a la familia de los Patriotas europeos.
Por eso tampoco es exacto fechar su creación en marzo de 2026. La presentación oficial se produjo en enero; en marzo adquirió mayor difusión mediática. Netanyahu agradeció entonces a sus visitantes su apoyo continuado a Israel y llegó a describir la relación con los patriotas europeos en términos de alianza y camaradería política frente al islamismo radical y la izquierda radical.
No es un detalle menor. Vox ya no mantiene únicamente una relación amistosa con determinados dirigentes israelíes: el partido que gobierna Israel y la plataforma internacional presidida por Abascal están conectados políticamente.
Buxadé, Tertsch y Girauta, los nombres que hacen de puente
Jorge Buxadé y Hermann Tertsch han ocupado una posición especialmente visible en ese eje. Ambos han participado en visitas y actos relacionados con Israel y con las organizaciones políticas internacionales de Vox. El discurso encaja con bastante naturalidad en la cosmovisión que la formación lleva años desplegando: fronteras fuertes, soberanía nacional, oposición al islamismo, crítica a organismos supranacionales y defensa de una idea común de civilización occidental.
Hay también conexiones profesionales con entidades españolas claramente proisraelíes. El caso más documentado es el del eurodiputado de Vox Juan Carlos Girauta. Su declaración de intereses ante el Parlamento Europeo recoge que, antes de incorporarse a la Cámara, percibía 2.000 euros netos mensuales como asesor de una fundación hispanojudía y otros 1.000 euros mensuales por asesoría jurídica para ACOM, Acción y Comunicación sobre Oriente Medio. Declaró asimismo 7.000 euros mensuales por su trabajo como columnista en El Debate y un pago único de 6.000 euros por el guion de un documental.
Aquí hay otra diferencia importante frente a algunas versiones publicadas. No eran 10.000 euros mensuales pagados conjuntamente por ACOM y la Fundación Hispanojudía. Los ingresos declarados procedentes de esas dos entidades sumaban 3.000 euros mensuales; hasta alcanzar los 10.000 había que añadir los 7.000 declarados por su actividad periodística en El Debate.
Parece una precisión de contable. No lo es. Cuando se habla de dinero, influencia política y gobiernos extranjeros, mover una coma puede mover también la historia.
Qué dinero está documentado y qué no
ACOM aparece repetidamente alrededor de este ecosistema político. En 2019 firmó con Okdiario un contrato por 75.000 euros anuales para la publicación de diez contenidos patrocinados construidos a partir de información proporcionada por la asociación. El acuerdo incluía una cláusula por la que el medio se comprometía a no difundir contenidos perjudiciales para la imagen de ACOM. La propia existencia del contrato fue confirmada posteriormente por el medio, según las informaciones publicadas sobre el documento.
Eso describe un circuito español de influencia y comunicación favorable a Israel, pero no demuestra por sí mismo que el Estado israelí financiara a Vox. Tampoco los pagos declarados por Girauta permiten llegar a esa conclusión: fueron relaciones laborales con ACOM y una fundación hispanojudía anteriores a su actividad como eurodiputado de Vox.
La distinción importa. Existen lazos políticos acreditados, relaciones personales, coincidencias parlamentarias extraordinariamente altas y vasos comunicantes con organizaciones proisraelíes. Pero una cosa es documentar todo eso y otra afirmar una financiación directa del Gobierno de Israel a Vox sin una trazabilidad económica que la pruebe. Ahí la evidencia pública disponible no permite dar el salto alegremente.
También hay fricciones que complican cualquier dibujo demasiado perfecto. ACOM, por ejemplo, llegó a pedir públicamente en 2021 el cese de un dirigente de Vox en Barcelona por sus antecedentes en organizaciones que la asociación consideraba antisemitas y xenófobas. El universo proisraelí español y Vox pueden coincidir mucho, muchísimo, pero no son la misma organización ni marchan siempre al mismo paso.
Una alianza ideológica con intereses para ambas partes
¿Por qué funciona entonces la relación? Porque las piezas ideológicas encajan con una facilidad poco frecuente. Para Vox, Israel bajo Netanyahu representa un Estado que reivindica seguridad, identidad nacional, fronteras y combate contra el islamismo; cuatro asuntos centrales en el discurso del partido español. Para el Likud, Vox y sus aliados europeos ofrecen apoyos políticos en una Unión Europea donde la actuación israelí en Gaza ha provocado una fuerte contestación y donde varios gobiernos han endurecido sus posiciones.
La relación permite también a una parte de la nueva derecha europea alejarse de la tradición antisemita asociada históricamente a movimientos ultranacionalistas. La bandera israelí funciona aquí casi como un certificado político: la batalla contemporánea, sostienen estas formaciones, ya no se libra contra los judíos sino junto a Israel frente al islamismo y una izquierda presentada como enemigo común.
Hay una paradoja considerable, y no precisamente escondida. Partidos que hacen de la soberanía nacional una cuestión casi litúrgica están construyendo una red internacional cuidadosamente organizada, con congresos, alianzas, ramas territoriales y socios observadores. El nacionalismo, visto desde Bruselas o Jerusalén, también sabe viajar en clase internacional.
Conviene, por último, no confundir al Estado de Israel con Netanyahu o con el Likud. Israel posee oposición parlamentaria, movimientos sociales, medios críticos y una sociedad políticamente fracturada. Los lazos descritos son, sobre todo, los de Vox con el Gobierno de Netanyahu, el Likud y determinadas organizaciones proisraelíes; extenderlos automáticamente al conjunto del país sería convertir una relación partidista en una caricatura nacional.
Una relación que ya forma parte de la política europea
El 98,74 de Vox no nació de repente ni explica por sí solo todo lo demás. Es más bien la huella numérica de una aproximación política que después se hizo visible en viajes a Israel, encuentros con Netanyahu, votos en Bruselas, la entrada del Likud en Patriots.eu y la aparición de Patriotas de Jerusalén.
El dato merece atención precisamente porque coincide con los hechos posteriores. Vox pasó de ser uno de los partidos europeos más favorables a Israel en las votaciones estudiadas a ocupar un lugar central en una red política internacional en la que el Likud participa formalmente.
Lo que no conviene hacer es estirar las pruebas hasta romperlas. Hay una alianza política muy estrecha y documentada entre Vox y el entorno de Netanyahu; hay conexiones con organizaciones proisraelíes y existe una extraordinaria coincidencia parlamentaria según el índice de EU-Matrix. Lo que no está acreditado con la misma solidez es una financiación directa del Estado israelí a Vox. Entre una cosa y la otra cabe una diferencia fundamental: la que separa un hecho documentado de una acusación que todavía necesita pruebas.












