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Economía

La vendimia de Tenerife pierde un tercio de la uva y activa ayudas

Menos uva, una filoxera vigilada y planes para recuperar el rendimiento de los viñedos canarios.

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vendimia se desploma en Tenerife

La campaña de 2025 dejó un 33% menos de uva en Tenerife que en 2024, según los datos presentados por el Gobierno de Canarias en el Parlamento. El retroceso fue desigual entre comarcas y golpeó con especial fuerza a Tacoronte-Acentejo. En el conjunto del archipiélago también cayó la producción, aunque la reducción comunicada para las demás islas fue menor, de al menos un 9%.

El descenso combina una cosecha escasa con problemas acumulados en el viñedo y una alerta fitosanitaria que obliga a mantener controles. Las cifras difundidas por representantes del sector tinerfeño dibujan un panorama todavía más duro: algunas estimaciones hablan de mermas del 40% al 60% según la zona. La diferencia no implica necesariamente que una de las mediciones sea errónea: no todas comparan las mismas áreas ni usan el mismo punto de referencia.

Una caída importante, pero con cifras distintas según la medición

El dato oficial más reciente citado para Tenerife sitúa la bajada interanual en el 33%. Es una comparación con 2024, que ya había sido una campaña floja. En paralelo, fuentes del sector y del Cabildo insular describieron pérdidas de entre el 30% y el 55%, con una media estimada del 45%; otras valoraciones de viticultores situaron algunas zonas entre el 40% y el 60%. Son balances elaborados desde perspectivas y ámbitos distintos, no una única cifra calculada sobre una base común.

También circularon estimaciones de una recogida cercana a los tres millones de kilos frente a 4,1 millones en 2024. Esas cantidades corresponden a una valoración sectorial anterior o de alcance diferente a la cifra autonómica presentada posteriormente. Por eso, conviene no convertirlas en un resultado definitivo equivalente al descenso del 33%: la comparación temporal, el avance de la vendimia y la zona incluida cambian el resultado. En una isla con viñedos repartidos entre costas, medianías y cotas altas, una media puede ocultar diferencias considerables.

La disparidad territorial ayuda a entender por qué algunos productores describieron una cosecha casi reducida a la mitad mientras el balance autonómico reflejaba una caída menor. La zona de Tacoronte-Acentejo aparece entre las más afectadas, pero no todas las parcelas respondieron igual. El sur tuvo, según valoraciones del sector, un comportamiento relativamente mejor que varias áreas del norte; las variedades blancas resistieron en algunas zonas más que las tintas. La cifra global resume una campaña heterogénea, no la experiencia de cada explotación.

Sequía y brotación irregular: las causas del retroceso

La falta de agua acumulada es una de las explicaciones centrales señaladas por los productores. Una parte importante del viñedo canario depende de las lluvias, y la sequía prolongada reduce la reserva de humedad disponible para la planta. En Tenerife, un representante del sector describió varios años consecutivos de déficit hídrico: aunque las lluvias de la campaña devolvieron vigor a algunas cepas, ese alivio no se tradujo de inmediato en más racimos. La respuesta de la vid puede llegar con retraso, de modo que una mejora vegetativa no garantiza una cosecha abundante ese mismo año.

El desarrollo de las cepas también fue irregular. Las temperaturas extremas y los cambios bruscos, junto con la falta de lluvia, afectaron a la brotación y al crecimiento de los racimos. En algunas explotaciones se describieron brotes débiles y una producción escasa, sobre todo en determinadas variedades tintas. La altitud, la orientación y la exposición a las condiciones locales contribuyeron a que hubiera diferencias incluso entre fincas próximas: la vendimia se decidió parcela a parcela, atendiendo a lo que cada viña había conseguido producir.

Las enfermedades fúngicas añadieron presión en parte de la isla. Las lluvias de primavera favorecieron la aparición de mildiu en parcelas afectadas y, más adelante, también se señaló la incidencia de oídio. Esa combinación muestra por qué una campaña no depende de un solo factor climático: la falta de agua puede limitar el crecimiento, mientras que episodios húmedos en un momento concreto pueden aumentar los problemas sanitarios. En el sur se describió una afectación menor por hongos y una cosecha relativamente más favorable, aunque también por debajo de lo habitual.

Cuando el volumen esperado es muy bajo, vendimiar deja de ser una decisión automática. Algunos viticultores optaron por no recoger parcelas cuya producción no compensaba el trabajo, según los testimonios recogidos por medios locales. No se trata solo de cuántos kilos quedan en la cepa: también pesan el estado de la uva, el coste de la recolección y la capacidad de la explotación para asumir una campaña corta. La pérdida puede reflejarse tanto en menos fruto como en superficies que dejan de trabajarse.

Tacoronte-Acentejo y el declive de la superficie cultivada

El impacto más señalado en el balance autonómico se concentra en Tacoronte-Acentejo, una comarca del norte de Tenerife donde la sequía y la irregularidad de la cosecha han agravado una situación ya difícil para parte de los agricultores. Las estimaciones sectoriales mencionan fuertes diferencias entre la costa y las medianías y entre unas denominaciones de origen y otras. Esa variación hace que la experiencia de una finca concreta no pueda extrapolarse sin más a toda la isla, aunque el retroceso general sí esté confirmado.

La reducción de kilos tiene una consecuencia que va más allá de las botellas de una campaña: puede debilitar la continuidad de los cultivos. Un testimonio de un viticultor de la comarca nordeste describió cómo la superficie que gestionaba había pasado de 82,7 hectáreas en 2010 a 27 en 2025, con una previsión de atender 12 hectáreas al año siguiente. Esa trayectoria individual no representa por sí sola a todo Tenerife, pero ilustra la presión que la falta de rentabilidad puede ejercer sobre el mantenimiento de las viñas.

El abandono de parcelas preocupa también por su relación con la vigilancia sanitaria. Productores han advertido de cepas sin atender y terrenos cubiertos de maleza, mientras se detectaban focos de filoxera en la isla. Esa coincidencia alimenta la inquietud, pero no permite concluir que las explotaciones cuidadas estén libres de riesgo ni que el abandono explique por sí solo la propagación. La situación requiere seguimiento técnico: la condición de una finca y la presencia del insecto deben comprobarse mediante inspecciones, no deducirse únicamente por su aspecto.

El problema de fondo es económico y productivo a la vez. Una vendimia débil reduce los ingresos potenciales, y la pérdida de superficie puede dejar menos cepas en producción para las campañas posteriores. A su vez, conservar un viñedo repartido en parcelas pequeñas y con condiciones distintas exige trabajo continuado. La caída de 2025, por tanto, no se limita a una variación anual: se suma a la preocupación por la capacidad de mantener las hectáreas cultivadas y sostener el relevo productivo.

Filoxera: 86 positivos y vigilancia en todas las islas

La filoxera, un insecto que afecta a la vid, se detectó en Tenerife durante 2025. Los primeros focos señalados por fuentes del sector aparecieron en Valle de Guerra y después se notificaron hallazgos en otros puntos, entre ellos Tacoronte, La Matanza, La Orotava y Candelaria. En su actualización más reciente, el Gobierno de Canarias comunicó 86 positivos, localizados principalmente en La Orotava y Güímar, y señaló que no se registraban casos nuevos desde el 20 de noviembre.

La ausencia de nuevos positivos durante ese periodo es una señal favorable para el seguimiento, pero no equivale a la erradicación del insecto. El propio responsable autonómico de Agricultura explicó que la filoxera puede controlarse, aunque no se daba por eliminada. Esa distinción importa: un recuento estable puede reflejar que la vigilancia y las medidas están conteniendo los focos conocidos, sin demostrar que el riesgo haya desaparecido. Controlar la expansión y erradicarla son objetivos distintos.

Las inspecciones se extendieron a todas las islas. En Tenerife se realizaron 7.137 controles; los resultados fuera de los 86 positivos conocidos fueron negativos, al igual que las inspecciones efectuadas en el resto del archipiélago, según el balance comunicado. La amplitud de esos controles permite describir mejor dónde se han encontrado ejemplares, pero la vigilancia debe continuar para detectar cambios. En una situación fitosanitaria nueva para el sector, la información se actualiza con el avance de las inspecciones.

Los testimonios de productores y representantes sectoriales situaron los hallazgos observados en hojas y señalaron que no se habían identificado en raíces, donde el daño puede ser especialmente peligroso para la planta. Ese matiz ayuda a comprender la preocupación, pero no convierte los focos en inocuos: la observación en una parte de la planta no sustituye la evaluación técnica del riesgo. La respuesta depende de la localización, el estado de los ejemplares y los resultados de los controles oficiales.

La filoxera no debe confundirse con la causa principal de la caída de la cosecha. Los datos disponibles atribuyen el descenso sobre todo a las condiciones de producción y al comportamiento desigual de las cepas; la alerta por el insecto ha añadido vigilancia y preocupación, pero no hay en la información oficial citada una atribución de la merma del 33% a la filoxera. Separar ambos asuntos evita presentar una coincidencia temporal como una relación causal demostrada.

Ayudas para amortiguar las pérdidas de los viticultores

Para sostener al sector tras campañas débiles, el Gobierno de Canarias ha destinado 3,5 millones de euros en ayudas vinculadas a la sequía. El esquema citado contempla un euro por cada kilo perdido y alrededor de 1.500 productores beneficiarios, con el objetivo de aliviar parte de la pérdida de renta y evitar que disminuya la superficie cultivada. La misma cuantía por kilo se ha aplicado en 2024 y 2025, según la información disponible.

Ese apoyo autonómico no debe confundirse con la partida del Cabildo de Tenerife. La corporación insular destinó 1,4 millones de euros a ayudas para viticultores afectados por la sequía de 2024, en colaboración con los cinco consejos reguladores de la isla. Son administraciones y líneas de apoyo distintas: las cantidades no se suman como si fueran una única convocatoria ni corresponden necesariamente a los mismos beneficiarios.

La finalidad de las ayudas va más allá de compensar una parte de la cosecha perdida. Si el apoyo permite que una explotación mantenga en actividad sus parcelas, puede contribuir a conservar la superficie vitícola en un momento en que la baja producción y la rentabilidad incierta empujan a algunos propietarios a reducir el cultivo. No garantiza, por sí solo, que se revierta el declive: la continuidad también depende de los costes, el agua disponible, el trabajo necesario y la evolución de las próximas campañas.

Por eso, los datos de beneficiarios y del dinero movilizado cuentan solo una parte de la respuesta. El propósito expresado por la Administración es evitar que sigan bajando las hectáreas cultivadas, mientras el sector reclama condiciones que hagan viable mantener las viñas. Una ayuda por kilo perdido alivia el golpe de una mala cosecha; no reemplaza la producción ni resuelve automáticamente los problemas estructurales.

Un viñedo singular y una productividad por recuperar

Canarias cuenta con más de 6.000 hectáreas de viñedo y la viticultura ocupa el segundo lugar en extensión agrícola del archipiélago, por detrás del plátano. Esa superficie reúne un patrimonio genético de variedades de vid que el consejero autonómico describió como único en el mundo. Su relevancia no se mide solo en kilos: también está en la diversidad de cepas y en la continuidad de un cultivo que forma parte del paisaje y de la actividad agraria de las islas.

Al mismo tiempo, los rendimientos comunicados muestran un margen amplio de mejora. Las vides canarias producen actualmente entre 2.000 y 4.000 kilos por hectárea, frente a los 9.000 a 12.000 kilos señalados para zonas de la península. La comparación no significa que ambos entornos sean idénticos ni que alcanzar las cifras peninsulares sea un resultado asegurado: las condiciones de cultivo son distintas. Sí explica por qué la investigación sobre variedades y sanidad vegetal se considera una vía para reforzar la productividad sin renunciar a la identidad local.

El trabajo de saneamiento de variedades autóctonas y minoritarias se inició con 28 variedades. De ellas, 18 respondieron positivamente al proceso y se trabaja ya con 12 en el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias. La labor busca obtener plantas libres de virus y conservar material vegetal que pueda utilizarse en las explotaciones. El saneamiento no consiste en sustituir la diversidad local, sino en mejorar el estado sanitario de parte de ese patrimonio.

El proceso puede prolongarse hasta diez años y la mejora económica por hectárea podría llegar a triplicarse, según la previsión expuesta por el consejero. Se trata de un potencial, no de un resultado inmediato garantizado para todos los viñedos. El Instituto Canario de Investigaciones Agrarias prepara además un laboratorio específico para conservar y sanear las plantas; una vez disponibles, las vides se entregarán a los viticultores. El efecto dependerá de que ese material llegue a las explotaciones y se adapte a sus condiciones.

La recuperación depende de algo más que una buena cosecha

La campaña de 2025 deja dos problemas que avanzan a ritmos distintos. Por un lado, la caída de producción responde a una combinación de sequía, brotación irregular y enfermedades en algunas parcelas; por otro, la filoxera exige mantener controles aunque no se hayan notificado nuevos positivos desde el 20 de noviembre. La contención sanitaria no devuelve los kilos perdidos, del mismo modo que una mejora de la cosecha no elimina la necesidad de vigilar el insecto.

La diferencia entre el descenso oficial del 33% y las mermas superiores estimadas por parte del sector también forma parte del retrato de la campaña. Cada dato describe una escala distinta y ninguno borra las diferencias entre comarcas, variedades y explotaciones. La concentración del impacto en Tacoronte-Acentejo, las valoraciones más favorables del sur y la reducción de superficie comunicada por algunos agricultores muestran que el promedio insular no cuenta toda la historia.

El futuro inmediato pasa por sostener las parcelas y trasladar a los viñedos los resultados del trabajo de saneamiento, sin dar por hecho que la productividad se recuperará de un año para otro. Canarias mantiene una extensión vitícola superior a las 6.000 hectáreas y un patrimonio de variedades de gran valor, pero esas fortalezas no inmunizan al sector frente a la falta de agua, la pérdida de rentabilidad o las amenazas sanitarias. La continuidad del viñedo dependerá de convertir ese patrimonio en una actividad capaz de mantenerse en el campo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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