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El temporal deja un muerto y dos desaparecidos en Málaga y Granada
La crecida de ríos y arroyos deja un fallecido, dos desaparecidos y cientos de incidencias mientras el temporal remite.

Las lluvias torrenciales que afectaron al este de Andalucía y al arco mediterráneo dejaron un fallecido en Alhaurín el Grande, un desaparecido en Málaga y otro en Íllora (Granada). La Guardia Civil localizó el cuerpo de uno de los dos hombres arrastrados junto a una furgoneta por la crecida del río Fahala; la búsqueda del otro ocupante y la del joven que cayó con su motocicleta al arroyo de la Cañada continuaban el lunes 29 de diciembre de 2025. El balance meteorológico también incluye inundaciones, cortes de carreteras y registros de lluvia muy elevados en Valencia. El peligro más grave llegó cuando el agua transformó cauces y ramblas en corrientes rápidas, en un episodio que empezaba a perder intensidad, aunque todavía podía causar problemas en zonas saturadas.
El servicio de emergencias andaluz había gestionado 474 incidencias hasta la tarde del domingo, con el mayor impacto en Málaga, Granada y Almería. A esa hora, la previsión apuntaba a una mejoría gradual desde el oeste, pero no a un final inmediato de todos los riesgos: los suelos seguían cargados de agua y algunos tramos del Mediterráneo aún podían recibir chubascos. Que la lluvia afloje no significa que un río crecido vuelva de inmediato a su nivel habitual; esa diferencia entre el tiempo que hace y la respuesta de una cuenca explica por qué las búsquedas y las precauciones continuaban.
Una crecida súbita en el Fahala y otra búsqueda en Granada
En Alhaurín el Grande, dos hombres de 53 y 54 años viajaban en una furgoneta cuando el vehículo fue arrastrado al intentar cruzar el río Fahala. La corriente volcó y dañó gravemente el vehículo, localizado durante la mañana del domingo. Más tarde, los agentes hallaron a uno de sus ocupantes a aproximadamente un kilómetro del punto donde apareció la furgoneta. El segundo hombre seguía desaparecido y el dispositivo mantenía el rastreo en el cauce y sus márgenes. La distancia entre el vehículo y el cuerpo hallado muestra cómo la corriente puede desplazar personas y objetos aguas abajo, incluso cuando el episodio de lluvia ya empieza a remitir.
Las tareas se desarrollaban en un entorno complicado por el caudal, la turbidez y los restos arrastrados. En un cauce crecido, el agua puede ocultar ramas, alambres y otros obstáculos, mientras que los márgenes erosionados dificultan el acceso desde tierra. Por eso el operativo combina el rastreo de orillas con búsquedas en distintos tramos y el uso de medios aéreos cuando las condiciones lo permiten. La seguridad de los equipos limita el trabajo nocturno: con poca visibilidad y una corriente fuerte, entrar en el agua o acercarse a ciertos puntos aumenta el riesgo para los rescatistas sin garantizar una búsqueda más eficaz.
En Íllora, en la provincia de Granada, un joven vecino de Zujaira desapareció después de que la corriente del arroyo de la Cañada lo arrastrara cuando intentaba cruzar con su motocicleta. Viajaba con un amigo, que pudo ponerse a salvo. Los hechos ocurrieron en la carretera GR-3409, entre Puerto Lope y Obéilar, en un momento en que el arroyo bajaba con un caudal elevado por las precipitaciones. La motocicleta apareció aguas abajo, una referencia útil para organizar el rastreo, aunque no permite determinar por sí sola dónde puede encontrarse una persona. Un arroyo aparentemente manejable puede cambiar de aspecto en poco tiempo si recibe varias tandas de lluvia y recoge escorrentía de su entorno.
En ambos municipios participaron efectivos de la Guardia Civil, bomberos y Protección Civil, con especialistas del GREIM en Granada. La búsqueda se distribuye por sectores, con atención a orillas, puentes, pasos y zonas donde el agua pierde velocidad y deposita barro o restos vegetales. Los drones pueden ayudar a observar áreas difíciles de recorrer, pero su utilización depende del viento y de la visibilidad. El hallazgo de un vehículo u otro objeto orienta el trabajo, pero no convierte el cauce en un espacio seguro: el nivel y la fuerza del agua pueden variar entre puntos cercanos.
Andalucía, la zona más castigada por las incidencias
Málaga concentró la mayor parte de los avisos del temporal. El balance difundido por Emergencias 112 contabilizó 343 incidencias en la provincia dentro de un total de 474 atendidas en Andalucía hasta la tarde del domingo. En un corte anterior, durante la noche y la madrugada, se habían comunicado 304 incidencias en Málaga, una cifra que corresponde a un periodo más corto y no contradice el acumulado posterior. Los problemas incluyeron calles y viviendas anegadas, lodo, rescates, árboles caídos y daños en carreteras. Las cifras de emergencias cambian a medida que se incorporan nuevos avisos, por lo que importa tanto el momento del recuento como el total.
En el valle del Guadalhorce, algunas estaciones registraron hasta 130 litros por metro cuadrado en 12 horas. El río Guadalhorce alcanzó los 5,77 metros a su paso por Cártama, donde varias zonas, entre ellas Doña Ana y Estación de Cártama, sufrieron inundaciones y llegaron a quedar incomunicadas. Las lluvias también motivaron desalojos y rescates en Cártama y Alhaurín de la Torre. En el aeropuerto de Málaga, 24 vuelos con destino a la ciudad fueron desviados a otros aeródromos. La concentración de lluvia en pocas horas puede desbordar tanto cauces naturales como drenajes urbanos, y afectar a la vez a barrios, carreteras y conexiones aéreas.
Granada registró 58 incidencias y Almería, 48, según el recuento regional citado. En Granada hubo anegaciones, desprendimientos y problemas de circulación por nieve y barro, además del operativo en Íllora. Las precipitaciones y las bajas temperaturas obligaron a retirar nieve en carreteras de Sierra Nevada. En Almería, los avisos se relacionaron con ramblas crecidas, desprendimientos, problemas de alcantarillado y vehículos atrapados; en Pulpí, los bomberos rescataron a una persona cuyo coche había quedado alcanzado por una riada. El mismo temporal produjo impactos distintos según el terreno: agua acumulada en unas zonas, nieve en cotas altas y barro o desprendimientos en vías de montaña.
El episodio tuvo además efectos en otras provincias andaluzas, con incidencias en carreteras y cortes puntuales. Las actuaciones incluyeron retirar nieve y obstáculos, despejar calzadas y atender vehículos atrapados. El alcance del temporal no se mide solo por los registros máximos: también importa si la lluvia coincide con calles de drenaje limitado, pasos bajos o vías expuestas a desprendimientos. Un aguacero localizado puede dejar una huella muy desigual, con daños en una barriada y condiciones mucho más tranquilas a pocos kilómetros.
Valencia registró acumulados muy altos en pocas horas
La Comunitat Valenciana vivió otro de los focos más intensos, sobre todo en la Ribera Alta y el prelitoral. Durante el domingo, Carcaixent superó los 180 litros por metro cuadrado, Barx se acercó a los 102 y Turís alcanzó los 99. Estas cantidades se acumularon en un contexto de tormentas que descargaban de manera irregular y que en algunos puntos provocaron desbordamientos locales, calles inundadas y problemas de drenaje. El dato de lluvia acumulada describe cuánto ha caído, pero no explica por sí solo el impacto: también cuentan la duración, la extensión de la tormenta y la capacidad del terreno para absorber el agua.
Algunos núcleos tormentosos avanzaron en bandas y permanecieron casi estacionarios, de modo que una misma cuenca recibió lluvia durante un periodo prolongado. Las brisas y el relieve pueden favorecer el ascenso del aire húmedo y ayudar a que las nubes descarguen de nuevo sobre una zona. El granizo fue irregular, desde partículas pequeñas hasta piedras de mayor tamaño, con posibles efectos en cultivos sensibles y en el tráfico. Cuando las tormentas se desplazan lentamente, la persistencia puede ser más decisiva que un chaparrón breve: el agua sigue llegando a un suelo que ya tiene menos capacidad para absorberla.
La actividad meteorológica también afectó a la movilidad. Se comunicaron desbordamientos de barrancos menores y anegamientos, mientras que el aeropuerto de Valencia y algunos servicios de Cercanías fueron normalizando su funcionamiento a primera hora del lunes, conforme la inestabilidad perdía fuerza. La situación no fue uniforme en toda la comunidad: los focos se desplazaron entre los litorales de Castellón y Valencia y el norte de Alicante, con episodios separados por intervalos de calma. La aparente tregua entre dos chubascos no garantiza que la vía o el barranco hayan recuperado condiciones seguras, especialmente si el agua sigue bajando desde zonas próximas.
Por qué la lluvia intensa desborda cauces y calles
El episodio se produjo con aire marítimo húmedo y una lengua de aire más frío en altura. Al coincidir, esas masas favorecen la inestabilidad y la formación de nubes de desarrollo vertical capaces de descargar mucha agua en poco tiempo. La cizalladura, es decir, los cambios de dirección o velocidad del viento entre distintas alturas, puede organizar las tormentas y prolongar su actividad en determinados sectores. No hace falta que una tormenta cubra una región entera para que cause una inundación local: basta con que descargue con intensidad sobre una cuenca pequeña o una zona urbana vulnerable.
En las ciudades, el agua corre por superficies impermeables y se concentra en los puntos bajos. Los imbornales y colectores pueden quedar sobrepasados si reciben más caudal del que pueden evacuar, sobre todo cuando el suelo ya está saturado o las rejillas contienen hojas y arrastres. Por eso se producen balsas en pasos inferiores, rotondas hundidas y accesos a garajes, incluso cuando la precipitación no parece extraordinaria en toda la ciudad. El drenaje urbano depende tanto de la intensidad de la lluvia como del estado de las redes y de la forma del terreno.
En una cuenca, el agua caída en las laderas puede llegar al cauce después de que haya parado de llover en el punto donde se encuentra una persona. Esa demora explica por qué el nivel de un río o un arroyo puede seguir subiendo cuando el cielo se abre. La corriente arrastra barro, ramas y otros materiales, que pueden acumularse en estrechamientos, puentes o pasos y alterar el flujo. La ausencia de lluvia visible no equivale a la desaparición del peligro aguas abajo; el caudal responde a lo que ha ocurrido en toda la cuenca, no solo en un tramo concreto.
La previsión contemplaba una transición hacia una situación más estable desde el oeste. El Mediterráneo podía conservar chubascos residuales durante la tarde, sobre todo en Baleares y sectores del sur de Valencia y el norte de Alicante, mientras que el martes se esperaba una mejoría más amplia. En la meseta norte podían aparecer nieblas matinales y heladas débiles en zonas elevadas. La estabilización atmosférica y la normalización hidrológica no avanzan al mismo ritmo: la primera puede llegar en horas, mientras que un cauce, una carretera o un terreno anegado necesitan más tiempo para recuperarse.
Carreteras, niebla y daños que aparecen después
La lluvia intensa añade riesgos en carretera incluso fuera de los tramos inundados. Puede arrastrar gravilla, cubrir baches con agua y reducir la adherencia del firme; si el vehículo entra en una balsa, la profundidad no siempre es visible desde el habitáculo. Los pasos inferiores son especialmente vulnerables porque el agua se acumula en la cota baja y puede impedir la salida. Una corriente que parece poco profunda puede ejercer suficiente fuerza para desestabilizar un vehículo, por lo que no debe interpretarse la apariencia de la calzada como una medida fiable de seguridad.
En Salamanca, Valladolid y Zamora se habían señalado nieblas con visibilidad de hasta 100 metros en valles y cuencas. La combinación de niebla, pavimento mojado y restos sobre la calzada reduce el margen de reacción y puede sorprender a quienes circulan después de las lluvias. En Granada, además, la nieve y los desprendimientos complicaron algunas vías. Los efectos del temporal se solapan: cuando una zona deja atrás la lluvia más fuerte, todavía puede afrontar baja visibilidad, hielo, barro o daños en el firme.
La retirada del agua suele dejar al descubierto problemas que no se veían durante la tormenta. Taludes erosionados, cunetas obstruidas, pavimentos dañados y arrastres junto a puentes requieren inspección y limpieza. También es necesario comprobar que las rejillas y aliviaderos vuelvan a evacuar el agua. En el litoral, el oleaje y las corrientes pueden persistir después de que mejoren las condiciones en tierra. El final del episodio de lluvia es el comienzo de una fase de revisión, en la que se identifican daños y se restablecen servicios e infraestructuras.
Un episodio que se retira, pero deja cauces crecidos
El lunes, las bandas de lluvia aún podían afectar a Baleares y quedaban focos en el arco mediterráneo, aunque la tendencia general apuntaba a una reducción de la inestabilidad. Los avisos y su nivel variaban según la zona y la hora, así que el mapa meteorológico no debía leerse como una situación idéntica para todas las provincias. El temporal se desplazaba y debilitaba de forma desigual: mientras unas áreas entraban en una fase más tranquila, otras podían recibir chubascos residuales.
En las horas siguientes, la atención pasaba de la intensidad de la precipitación a sus consecuencias. El suelo saturado podía responder con rapidez a un nuevo aguacero y los cauces seguían recibiendo agua de zonas altas. En agricultura, las lluvias podían aliviar la falta de agua en algunas comarcas, pero el granizo y el exceso de humedad también podían dañar hortalizas y cítricos; la cuantía de esas pérdidas requería peritajes. Un mismo episodio puede ser beneficioso para las reservas de agua y perjudicial para cultivos o infraestructuras, según el lugar y la forma en que se distribuye la lluvia.
El balance más grave seguía concentrado en Málaga y Granada: un hombre había muerto tras la crecida del Fahala y continuaban las búsquedas de dos desaparecidos. A la vez, las incidencias en Andalucía y los acumulados excepcionales de Valencia mostraban que la emergencia no se limitaba a un único cauce. La vigilancia de ríos, ramblas y pasos inundables seguía siendo pertinente aunque el cielo empezara a despejarse. La huella de una tormenta no termina cuando cesa la lluvia: permanece en el agua que aún desciende, en los caminos dañados y en los lugares donde el drenaje no puede absorber otra descarga intensa.

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