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Ucrania respalda el plan de paz de EE. UU., pero falta Rusia
Kiev respalda el marco negociado, pero el texto final y la respuesta rusa siguen sin estar claros.

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Ucrania ha dado su visto bueno a un marco de paz revisado por Estados Unidos, según un funcionario estadounidense citado por medios de ese país. Pero esa afirmación no equivale a que exista un tratado firmado ni a que la guerra haya terminado: faltan detalles, no se ha publicado la versión definitiva del documento y Rusia todavía no ha aceptado sus términos.
El anuncio llegó después de que las delegaciones estadounidense y ucraniana revisaran en Ginebra una propuesta que pasó de 28 puntos a 19. Kiev confirmó que las conversaciones seguían en marcha y que su equipo regresó con un marco actualizado, mientras Moscú dijo que esperaba conocer el nuevo texto. La diferencia entre respaldar una base de negociación y cerrar un acuerdo es, en este caso, decisiva.
Qué significa el visto bueno de Kiev
La noticia de que Ucrania había aceptado el acuerdo se apoyó en declaraciones de un funcionario estadounidense, que aseguró que quedaban algunos detalles por resolver. Esa formulación transmitía optimismo sobre el resultado de las conversaciones, pero no aclaraba si el Gobierno ucraniano había aprobado cada cláusula, si aceptaba únicamente el marco general o si quedaban asuntos reservados para una negociación posterior entre los presidentes.
La comunicación pública de Volodímir Zelenski fue más cauta. El presidente ucraniano confirmó que mantenía conversaciones con Estados Unidos y explicó que su equipo había vuelto de Ginebra con un informe y un marco actualizado. También agradeció los esfuerzos estadounidenses y los del presidente Donald Trump, pero no anunció la firma de un tratado ni declaró terminada la negociación. Esa diferencia ayuda a entender por qué los titulares sobre una aceptación pueden sonar más definitivos que los hechos comunicados por Kiev.
En diplomacia, aceptar una propuesta puede describir varios niveles de compromiso. Un Gobierno puede considerar que un texto sirve como punto de partida y, al mismo tiempo, exigir cambios en disposiciones concretas antes de asumirlo como acuerdo final. En este caso, la información disponible permite afirmar que Washington consideraba aceptable para Ucrania la versión revisada, pero no permite reconstruir el alcance jurídico o político exacto de ese respaldo.
De 28 puntos a una versión de 19
La propuesta inicial estadounidense tenía 28 puntos y fue objeto de una revisión en Ginebra, donde participaron representantes de Washington y Kiev. Según la información difundida, el nuevo borrador quedó reducido a 19 puntos. Entre los cambios mencionados figura la eliminación de disposiciones sobre amnistía por actos cometidos durante la guerra y de límites al tamaño futuro del Ejército ucraniano.
La reducción del número de cláusulas no demuestra por sí sola que las cuestiones más difíciles hayan desaparecido. Un texto puede condensar asuntos, aplazar decisiones o dejar conceptos abiertos a una negociación posterior. Y, como la versión completa de los 19 puntos no se hizo pública en las informaciones disponibles, no se puede saber con precisión qué formulaciones sustituyeron a las anteriores ni qué temas siguen pendientes.
El borrador inicial había sido descrito por medios y participantes como favorable a algunas demandas rusas. Entre los puntos polémicos atribuidos a esa versión estaban las concesiones territoriales, el compromiso de que Ucrania no entrara en la OTAN y una limitación del tamaño de sus fuerzas armadas. Es importante no trasladar automáticamente esos elementos al texto revisado: las modificaciones conocidas indican que al menos algunas cláusulas cambiaron, pero no revelan el contenido íntegro ni confirman qué ocurrió con cada una de las demás.
Por qué la respuesta de Rusia sigue siendo determinante
Un acuerdo entre Kiev y Washington no bastaría para detener una guerra entre Ucrania y Rusia. Moscú tendría que aceptar los términos y las partes deberían acordar cómo aplicarlos. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que Rusia esperaba recibir o conocer la versión revisada, una respuesta que deja claro que, en ese momento, el anuncio de aceptación ucraniana no venía acompañado de un consentimiento ruso.
La postura de Moscú tampoco parecía favorable a recortar las condiciones de la propuesta original. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, había cuestionado los cambios promovidos por los europeos y sostenido que los principios del plan inicial debían conservarse. Vladimir Putin había descrito ese primer borrador como una posible base para un acuerdo, pero esa valoración no equivale a aceptar el texto posterior de 19 puntos, cuyo contenido Rusia todavía debía examinar.
Por eso, el resultado de las conversaciones no podía darse por hecho aunque los funcionarios estadounidenses hablaran de avances. Las informaciones citadas por medios señalaban que analistas consideraban improbable que el Kremlin aceptara sin más las modificaciones. Se trataba de una previsión, no de una decisión oficial rusa. La incógnita central era si Moscú vería el nuevo documento como una base negociable o como un alejamiento de las condiciones que defendía.
Abu Dabi: contactos paralelos, no un pacto confirmado
Mientras avanzaban las conversaciones políticas, el secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, mantuvo reuniones con representantes rusos en Abu Dabi. Su portavoz, el teniente coronel Jeff Tolbert, dijo que las discusiones continuaban y describió el ambiente como positivo. La delegación estadounidense también mantenía contactos con representantes ucranianos presentes en la ciudad, según un funcionario citado de forma anónima.
La presencia de delegaciones de distintos países en Abu Dabi alimentó las expectativas de que el proceso pudiera avanzar, pero no se confirmó una reunión conjunta entre representantes rusos y ucranianos. Tampoco se publicó una lista completa de participantes rusos ni una descripción oficial detallada de lo que se discutió. Los contactos paralelos pueden servir para transmitir posiciones y explorar fórmulas, aunque no garantizan que las partes hayan alcanzado un entendimiento.
El recorrido de Driscoll también muestra que las conversaciones no se limitaron a un único encuentro. El secretario había participado en contactos con Ucrania en Ginebra y después se reunió con representantes rusos en Emiratos Árabes Unidos. La Casa Blanca, según las declaraciones difundidas, estaba al tanto de esas gestiones. Sin embargo, el carácter reservado de parte de los intercambios dejó sin aclarar qué puntos se pusieron sobre la mesa en Abu Dabi y si hubo avances concretos para acercar las posiciones.
La alternativa europea y los asuntos más sensibles
Los cambios al plan estadounidense se produjeron después de que Ucrania y Estados Unidos negociaran en Ginebra, en medio de críticas europeas al borrador inicial. Los países europeos promovieron una contrapropuesta con diferencias importantes. Entre los elementos atribuidos a esa iniciativa figuraba permitir que el Ejército ucraniano tuviera hasta 800.000 efectivos en tiempos de paz, frente al límite de 600.000 mencionado en la versión inicial estadounidense.
La propuesta europea también contemplaba que Ucrania se comprometiera a no recuperar por medios militares los territorios en disputa y que se abriera una negociación sobre ellos. Además, planteaba elecciones en Ucrania después de la firma de un tratado, mientras que en el apartado sobre Rusia proponía una reintegración gradual en las relaciones occidentales, incluido el regreso al G8 y el levantamiento paulatino de sanciones. Estas ideas describen una contrapropuesta europea, no necesariamente el contenido del texto acordado entre Washington y Kiev.
También había desacuerdos sobre la OTAN y la seguridad regional. La propuesta europea eliminaba un punto del plan estadounidense que combinaba la expectativa de que Rusia no invadiera a sus vecinos con la idea de que la alianza atlántica no se ampliara. La existencia de documentos distintos complica hablar de un único plan de paz: había borradores y propuestas en circulación, y el texto revisado tras Ginebra no se conocía íntegramente. En esas condiciones, cualquier afirmación sobre concesiones definitivas debía tratarse con cautela.
La diplomacia seguía bajo la presión de los ataques
Las negociaciones se desarrollaban mientras misiles rusos golpeaban Kiev durante la noche, con daños en edificios de apartamentos e infraestructura eléctrica. El contraste entre las conversaciones diplomáticas y los ataques sobre la capital subrayaba que los contactos no habían producido un alto el fuego inmediato. La continuidad de los combates era una realidad paralela a los anuncios de progreso, no una señal de que el pacto estuviera ya en vigor.
Este contexto también explica por qué las palabras sobre avances podían tener consecuencias políticas sin alterar de inmediato la situación sobre el terreno. Para Kiev, el contenido de cualquier acuerdo tendría que responder a cuestiones de soberanía, territorio y seguridad. Para Moscú, la aceptación de un texto dependería de si considera satisfechas sus demandas. Y para Washington, la negociación se convirtió en una prioridad de alto nivel, con Trump afirmando que su equipo había logrado progresos y que quería reunirse con Zelenski y Putin cuando el acuerdo estuviera cerrado o cerca de estarlo.
La distancia entre una declaración optimista y una paz efectiva se mide en compromisos verificables: quién acepta cada cláusula, cuándo entraría en vigor y cómo se resolverían los incumplimientos. La información difundida no ofrecía respuestas completas a esas preguntas. Mientras siguieran los ataques y no hubiera un texto público aprobado por las partes, el anuncio debía entenderse como un avance negociador, no como el fin de la guerra.
Qué falta para que el acuerdo pueda considerarse cerrado
El primer paso pendiente era conocer el documento revisado y precisar qué significaban los detalles todavía abiertos. Después, Rusia debía responder formalmente a una propuesta que, según el Kremlin, aún esperaba examinar. También quedaba por establecer si las diferencias se resolverían entre equipos negociadores o si algunas cuestiones pasarían directamente a una conversación entre Zelenski y Trump, como planteaban las informaciones sobre los contactos.
Trump expresó su intención de enviar a su representante Steve Witkoff a Moscú para tratar los puntos de desacuerdo con Putin, mientras Driscoll seguía en contacto con las delegaciones. El presidente estadounidense dijo que esperaba reunirse con sus homólogos ucraniano y ruso solo cuando el texto fuera definitivo o estuviera en su fase final. Esa condición reconoce, de forma implícita, que el proceso todavía no había llegado a un cierre político.
Así, la noticia contenía dos hechos distintos: Washington afirmaba que Kiev había aceptado el marco revisado y, al mismo tiempo, las conversaciones continuaban porque faltaban detalles y no se conocía la respuesta rusa. Ucrania había respaldado una base negociadora, pero no se había anunciado un tratado firmado ni un alto el fuego. La diferencia no es menor: un acuerdo solo puede poner fin a la guerra si las partes enfrentadas aceptan sus condiciones y convierten ese compromiso en medidas concretas sobre el terreno.

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