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¿Trump negociará con Putin antes de que termine la guerra de Ucrania?

Trump estudia anticipar acuerdos económicos con Rusia para facilitar las negociaciones sobre Ucrania, en paralelo a nuevas sanciones contra Moscú.

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el

putin y trump en 2026

Imagen: Kremlin.ru / CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Trump estudia acuerdos económicos con Rusia antes del fin de la guerra
  • Washington cree que los negocios podrían ayudar a mover la negociación
  • El plan conviviría con nuevas sanciones y fuertes dudas en Ucrania

La Casa Blanca está estudiando la posibilidad de alcanzar acuerdos económicos con Rusia antes de que termine la guerra en Ucrania, una fórmula que introduciría los negocios directamente en la negociación entre Washington y Moscú. La idea parte de una premisa sencilla: ofrecer a Vladímir Putin señales concretas de una futura normalización económica podría ayudar a desbloquear unas conversaciones de paz que siguen sin producir un acuerdo definitivo.

No existe, por el momento, un pacto comercial cerrado entre Donald Trump y Putin, ni se han anunciado contratos concretos. Lo que está sobre la mesa es la posibilidad de negociar determinados acuerdos separados incluso antes de alcanzar una paz completa. La Administración estadounidense considera que una futura cooperación económica podría servir para demostrar al Kremlin que Washington contempla seriamente una nueva etapa en las relaciones bilaterales.

Trump introduce los negocios en la negociación con Putin

El planteamiento supone un giro respecto a la manera en que Trump había presentado anteriormente una posible normalización económica con Rusia. Hasta ahora, la recuperación de los negocios entre ambos países aparecía asociada principalmente a un escenario posterior al final del conflicto. La posibilidad que examina su Administración altera ese orden: ciertas oportunidades económicas podrían aparecer antes precisamente para intentar facilitar un entendimiento.

Es un matiz importante. No significa necesariamente levantar de golpe las sanciones ni regresar a unas relaciones comerciales normales con Moscú. Tampoco equivale a aceptar las exigencias territoriales rusas. Significa que la Casa Blanca contempla los incentivos económicos como otra herramienta diplomática, situada junto a la presión financiera, las sanciones y la negociación política.

La fórmula tiene algo de diplomacia clásica con traje de ejecutivo: enseñar qué podría haber al otro lado de un acuerdo. Inversiones, comercio y proyectos conjuntos entran así en una conversación hasta ahora dominada por el frente militar, el territorio y las garantías de seguridad. La gran cuestión es cuánto puede ofrecer Washington antes de reducir la presión que pretende ejercer sobre Moscú.

Por ahora, la Casa Blanca no ha detallado públicamente qué acuerdos concretos podrían adelantarse. Lo que sí consta es que las conversaciones recientes entre representantes estadounidenses y rusos han incluido cuestiones económicas y posibles grandes proyectos bilaterales, además de la negociación sobre Ucrania. De ahí a un contrato firmado hay, claro, un trecho considerable.

Witkoff y Kushner reabrieron el canal con Moscú

La noticia no aparece en el vacío. El 5 de septiembre, los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner mantuvieron en Moscú una reunión de más de tres horas con Putin para intentar reactivar el proceso negociador sobre Ucrania. En el encuentro participaron también el asesor presidencial ruso Yuri Ushakov y Kirill Dmitriev, representante de Putin para cuestiones económicas internacionales.

La composición de aquella mesa resultaba significativa. Junto a los asuntos estrictamente políticos apareció la cooperación económica. Desde Moscú se reconoció que se habían abordado posibles proyectos ruso-estadounidenses de gran escala, aunque sin revelar detalles suficientes para saber qué iniciativas podrían prosperar realmente.

Witkoff y Kushner viajaron después a Kyiv para reunirse con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y con responsables del Gobierno. No hubo un avance definitivo. Las diferencias sobre el territorio ocupado, las garantías de seguridad para Ucrania y las condiciones planteadas por Moscú siguieron abiertas.

El Donbás continúa en el centro del bloqueo

Uno de los asuntos más difíciles continúa siendo el Donbás. Moscú reclama territorios que no controla completamente, mientras Kyiv rechaza entregar zonas que siguen bajo administración ucraniana. Ese desacuerdo permanece como uno de los principales obstáculos para un entendimiento político capaz de poner fin a la guerra.

Ucrania se prepara, además, para una posible reanudación en octubre de las conversaciones trilaterales con Rusia y Estados Unidos. Moscú no descarta retomar el diálogo, aunque ha evitado confirmar fechas y sedes. El precedente más reciente de este formato terminó sin resolver las diferencias de fondo.

Ahí encaja la nueva hipótesis estadounidense. Si el castigo económico no logra modificar la posición rusa, la Administración Trump examina si la perspectiva contraria —beneficios ligados a una relación futura con Estados Unidos— puede cambiar los cálculos del Kremlin. Es una apuesta distinta, aunque todavía es eso: una posibilidad en estudio, no una concesión aceptada por Putin.

Washington combina incentivos y nuevas sanciones

La paradoja salta a la vista. Mientras la Casa Blanca contempla posibles negocios con Rusia, Washington acaba de avanzar también por la vía de las nuevas sanciones. La Cámara de Representantes aprobó el 16 de septiembre un amplio paquete destinado a aumentar la presión económica sobre Moscú y lo remitió a Trump.

La legislación alcanza a funcionarios, bancos, energía y redes de transporte de petróleo vinculadas a Rusia. También concede al presidente facultades para imponer aranceles de hasta el 100% relacionados con países que mantienen importantes compras de petróleo y gas rusos, con determinadas excepciones previstas en el texto.

Son, en apariencia, dos lenguajes difíciles de conciliar: presionar económicamente a Moscú y, al mismo tiempo, colocar futuras oportunidades comerciales sobre la mesa. Pero ambos instrumentos pueden convivir dentro de una negociación. El castigo eleva el coste de continuar la guerra; el incentivo intenta mostrar qué podría obtener Rusia si se produce un acuerdo.

La discusión está en el orden de los factores. Anticipar determinadas ventajas económicas puede ser presentado por sus defensores como un estímulo para negociar, mientras quienes prefieren mantener la máxima presión temen que Moscú obtenga beneficios sin realizar concesiones equivalentes. Por ahora no existe una política comercial detallada que resuelva esa tensión.

El Kremlin ha reaccionado negativamente al endurecimiento de las sanciones. Su portavoz, Dmitri Peskov, ha sostenido que nuevas medidas estadounidenses dificultarían las conversaciones para poner fin a la guerra. Kyiv sostiene la posición contraria: considera que la presión económica sobre Rusia puede reducir los recursos disponibles para prolongar la ofensiva.

Ucrania observa cualquier acercamiento económico con cautela

Para Kyiv, el asunto va mucho más allá del comercio bilateral entre estadounidenses y rusos. Cualquier normalización económica con Moscú antes de un acuerdo puede modificar el equilibrio de la negociación, especialmente si termina implicando alivio de sanciones, inversiones o nuevas fuentes de ingresos.

Zelenski ha defendido la necesidad de mantener la presión económica y militar hasta que Rusia acepte condiciones que Ucrania considere sostenibles. El Gobierno ucraniano respaldó el nuevo paquete estadounidense de sanciones porque entiende que puede dificultar la financiación de la maquinaria de guerra rusa.

Eso no impide que Kyiv participe en las iniciativas diplomáticas promovidas por Trump. Ucrania recibió a Witkoff y Kushner después de su reunión con Putin y ha mostrado disposición a retomar contactos a tres bandas. Zelenski insiste, sin embargo, en que los asuntos sobre territorio y seguridad necesitan compromisos sólidos y no simples declaraciones políticas.

También existe movimiento alrededor de la energía. Trump aseguró recientemente que Rusia y Ucrania habían aceptado detener los ataques contra determinadas infraestructuras energéticas, pero Zelenski precisó después que no existía todavía un acuerdo formal y condicionó cualquier paso ucraniano a garantías de que Moscú cumpliría su parte.

La distancia entre una conversación y un acuerdo sigue siendo, por tanto, considerable. En una guerra de más de cuatro años y medio, una frase diplomática puede abrir una puerta, pero no elimina las trincheras, las reivindicaciones territoriales ni la desconfianza acumulada.

Qué cambiaría un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Rusia

Un entendimiento económico previo al final de la guerra tendría consecuencias que excederían cualquier contrato empresarial. Desde la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022, las sanciones occidentales han tratado de limitar el acceso de Rusia a financiación, tecnología y determinados mercados, además de reducir ingresos vinculados a sectores estratégicos.

Por eso, cualquier acuerdo relevante chocaría inmediatamente con una cuestión práctica: qué permiten las sanciones vigentes y cuáles deberían modificarse, suspenderse o quedar fuera de determinadas operaciones. Una señal política puede anunciarse con rapidez; mover capital, tecnología e inversiones entre las dos economías es bastante más complejo.

Existe otro factor. Estados Unidos no negocia en un tablero vacío. La Unión Europea mantiene sus propios regímenes de sanciones, mientras China e India conservan importantes relaciones económicas y energéticas con Moscú. Las decisiones de Washington, por tanto, tendrían efectos que alcanzarían mucho más allá de las relaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin.

Hablar de una futura normalización entre Washington y Moscú tampoco significa volver simplemente al escenario anterior a 2022. Habría que resolver sanciones, restricciones financieras, activos, garantías para las empresas y una enorme desconfianza política. Y debajo de todo seguiría la cuestión que condiciona las demás: la guerra.

Una negociación con dos palancas sobre la mesa

La novedad es concreta: la Administración Trump estudia alcanzar determinados acuerdos económicos con Rusia antes del final de la guerra, utilizando la perspectiva de una relación comercial renovada como posible incentivo para que Moscú avance en la negociación. No existe todavía un pacto anunciado ni se conocen sus condiciones.

Washington conserva al mismo tiempo la otra palanca. El nuevo paquete de sanciones mantiene abierta una vía de presión económica sobre Rusia, mientras Kyiv reclama que esa presión no disminuya sin contrapartidas. Negocio y castigo, zanahoria y palo: una convivencia incómoda, pero no precisamente desconocida en la diplomacia internacional.

Las posiciones esenciales siguen alejadas. Rusia mantiene sus reivindicaciones territoriales, Ucrania rechaza entregar las zonas que controla y Estados Unidos busca una fórmula capaz de reactivar unas conversaciones estancadas. Sobre la mesa están territorio, seguridad, sanciones y relaciones económicas. Los negocios han dejado de ser únicamente una promesa para después de la guerra y empiezan a aparecer como una posible pieza de la negociación misma.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.