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Atlético-Barça y derbi vasco: así fueron las semifinales de 2026
El Atlético eliminó al Barça y la Real Sociedad superó al Athletic en dos semifinales decididas a doble partido.

El Atlético de Madrid y la Real Sociedad se clasificaron para la final de la Copa del Rey de 2025-26 después de superar al Barcelona y al Athletic Club, respectivamente. El cruce entre rojiblancos y azulgranas se resolvió por un gol en el marcador global, mientras que el derbi vasco quedó decantado por dos tantos de diferencia. Las semifinales se jugaron a doble partido, el único tramo ordinario de la competición con este formato.
El sorteo celebrado el 6 de febrero de 2026 en Las Rozas emparejó al Atlético con el Barcelona y al Athletic con la Real Sociedad. La ida se disputó el 11 y el 12 de febrero, y la vuelta, el 3 y el 4 de marzo. La eliminatoria madrileño-catalana acabó 4-3 en el global; la vasca, 2-0. Atlético y Real Sociedad se ganaron así el billete para la final, prevista en el Estadio La Cartuja de Sevilla el 18 de abril.
Un sorteo puro que también fijó el orden de los partidos
Los cuatro semifinalistas llegaron desde los cuartos de final: el Barcelona había eliminado al Albacete por 2-1, el Athletic venció al Valencia por el mismo resultado, la Real Sociedad superó al Alavés por 3-2 y el Atlético goleó al Betis por 5-0. Más allá de sus trayectorias distintas, todos compartían una condición decisiva: ya no había margen para una noche aislada, porque el pase se jugaba en dos encuentros y en estadios diferentes.
El sorteo no estableció cabezas de serie ni restricciones para formar los cruces. La extracción de las bolas decidió también quién comenzaba como local: el Atlético recibió al Barcelona en la ida y el Athletic hizo lo propio frente a la Real Sociedad. En los partidos de vuelta, el orden de los campos se invirtió. Esa secuencia no cambia el valor de los goles, pero sí organiza la eliminatoria y su paisaje: un primer partido en casa y la resolución ante la afición rival.
El formato a doble encuentro distingue estas semifinales de las rondas anteriores, disputadas a partido único, con la excepción de la previa interterritorial. En una eliminatoria de 180 minutos, el resultado de la ida no da una clasificación automática, aunque puede alterar por completo la forma de plantear la vuelta. Un equipo que gana con amplitud puede proteger su ventaja; el que queda atrás necesita encontrar el equilibrio entre atacar y no conceder más. La gestión del marcador global se convierte en parte del juego, no en un detalle posterior.
Atlético y Barcelona: una ventaja amplia que no bastó para cerrar el cruce
La primera semifinal enfrentó a dos equipos acostumbrados a competir bajo presión, pero el partido de ida inclinó el duelo de forma contundente hacia el Atlético. El 12 de febrero, en el Riyadh Air Metropolitano, el conjunto madrileño ganó 4-0. El marcador le dio una ventaja de cuatro goles antes de viajar a Barcelona y puso al equipo azulgrana ante una tarea excepcional: debía remontar sin conceder, además, cualquier tanto visitante. La ida convirtió la vuelta en una prueba de resistencia para ambos, aunque por razones opuestas.
El Barcelona respondió el 3 de marzo en el Spotify Camp Nou con un 3-0. Ganó el partido, pero no alcanzó el cuarto gol que habría igualado la eliminatoria: el Atlético pasó con un resultado agregado de 4-3. La diferencia entre el triunfo parcial y la clasificación explica con claridad la lógica de estas rondas. El marcador de la vuelta no se interpreta por separado; cada tanto se suma a lo ocurrido semanas antes y puede cambiar la lectura de un partido que, aislado, parecería definitivo.
El desenlace mostró dos versiones del mismo cruce. El Atlético consiguió en casa una renta que resistió hasta el final, mientras que el Barcelona elevó la presión en la vuelta y se quedó a un gol de llevar la semifinal a otro escenario. En el Camp Nou, una victoria por tres tantos mantuvo viva la remontada hasta el cierre, pero el margen construido en Madrid fue suficiente. La eliminatoria premió tanto el golpe inicial como la capacidad de sobrevivir al segundo partido: el Atlético no necesitó ganar también la vuelta para clasificarse.
El encuentro de ida reunió a 70.460 espectadores en el Metropolitano y fue arbitrado por Juan Martínez Munuera, con Pablo González Fuertes en el VAR. En la vuelta, con 45.398 asistentes en el Camp Nou, el árbitro fue Ricardo de Burgos Bengoetxea y el VAR estuvo a cargo de Daniel Jesús Trujillo Suárez. Son datos que ayudan a situar el tamaño de ambos escenarios, pero el contraste esencial estuvo en el césped: cuatro goles rojiblancos en la ida frente a tres azulgranas en la vuelta.
El derbi vasco se decidió en dos partidos de diferencias mínimas
La otra semifinal enfrentó al Athletic Club y a la Real Sociedad, en un derbi que llevó la rivalidad regional a una eliminatoria con un premio inmediato. La ida se jugó el 11 de febrero en San Mamés y acabó con victoria visitante por 1-0. Beñat Turrientes marcó el único tanto en el minuto 62. El resultado dejó al Athletic obligado a remontar en San Sebastián, pero mantuvo la eliminatoria abierta: un solo gol separaba a los dos equipos antes de la vuelta.
El segundo encuentro tuvo lugar el 4 de marzo en Anoeta. La Real volvió a ganar por 1-0, esta vez con un penalti transformado por Mikel Oyarzabal en el minuto 87. Ese tanto amplió el balance de la eliminatoria hasta el 2-0 y cerró el paso al Athletic. El marcador de la vuelta fue estrecho durante casi todo el partido, pero la suma de ambos resultados no dejó espacio para una interpretación ambigua: la Real avanzó sin encajar goles en los dos encuentros.
La secuencia fue distinta a la del Atlético y el Barcelona. En el derbi vasco no hubo una goleada temprana que obligara a perseguir una remontada amplia; cada partido se decidió por un gol y el margen solo se hizo visible al sumar las dos noches. La Real logró imponerse primero en Bilbao y después en casa, una combinación que le permitió controlar el cruce desde el marcador. La ida no resolvió la semifinal, pero sí dio a los donostiarras una ventaja que nunca perdieron.
San Mamés registró 53.332 espectadores para el primer partido, arbitrado por José María Sánchez Martínez, con Mario Melero López en el VAR. La vuelta reunió a 38.738 personas en Anoeta; César Soto Grado fue el árbitro y Jorge Figueroa Vázquez estuvo en el VAR. La diferencia de asistencia entre los dos encuentros no altera el resultado, aunque retrata la dimensión de una eliminatoria seguida en ambos territorios. El derbi conservó la tensión hasta los últimos minutos, cuando el penalti de Oyarzabal aseguró el pase de la Real.
Qué cambia en una semifinal a doble partido
La Copa había ofrecido hasta cuartos eliminatorias a partido único, donde una tarde basta para decidir el futuro de dos equipos. En semifinales, en cambio, cada aspirante debe competir dos veces y adaptarse a dos campos. Esto modifica el ritmo emocional del torneo: una ventaja puede parecer amplia y reducirse en la vuelta, mientras que un resultado corto obliga a convivir con la incertidumbre hasta el último tramo. El tiempo entre encuentros forma parte de la eliminatoria, porque los equipos deben preparar la revancha sin dejar de afrontar sus otros compromisos.
En estas semifinales, los partidos de ida se disputaron el 11 y el 12 de febrero, y los de vuelta, el 3 y el 4 de marzo. La separación entre fechas permitió que cada cruce tuviera dos momentos claramente diferenciados, en vez de resolverse en días consecutivos. Para el Atlético, el desafío fue defender una renta de cuatro goles; para el Barcelona, construir una remontada. Athletic y Real Sociedad, por su parte, regresaron a la cancha con solo un tanto de diferencia. La situación de partida condicionó el planteamiento, pero no sustituyó la necesidad de competir en la vuelta.
El criterio decisivo fue el marcador agregado: los tantos de la ida y de la vuelta se suman para determinar qué equipo avanza. En caso de igualdad tras los dos partidos, la eliminatoria puede prolongarse con prórroga y, si persiste el empate, decidirse en los penaltis. Los goles marcados fuera de casa no cuentan con valor doble, así que marcar como visitante no ofrece una ventaja adicional por sí misma. La clasificación depende del balance total, no de una regla especial que premie el lugar donde se anotó.
Ese mecanismo ayuda a comprender por qué una derrota en la vuelta no siempre elimina a un equipo y por qué ganar un partido tampoco garantiza el pase. El Barcelona venció en el Camp Nou, pero el Atlético había marcado más en el conjunto de la serie; la Real ganó ambos encuentros y evitó cualquier cálculo final. En el fútbol de eliminatorias, el resultado visible en el marcador al final de una noche es solo una parte de la historia. La cuenta completa abarca los dos estadios y los dos partidos.
De los cuartos a la final de Sevilla
Los recorridos hasta semifinales explican el contraste entre los cuatro aspirantes. El Barcelona se clasificó con un 2-1 ante el Albacete, el Athletic repitió ese resultado frente al Valencia, la Real Sociedad ganó 3-2 al Alavés y el Atlético superó al Betis por 5-0. Eran victorias de distinta naturaleza: dos partidos ajustados, una remontada con goles y una goleada. La ronda de cuartos dejó el cuadro completo y preparó dos cruces de alto voltaje, uno entre grandes rivales y otro con identidad de derbi.
El sorteo transformó esos cuatro billetes en dos caminos hacia el partido decisivo. La trayectoria del Atlético quedó marcada por una ida dominante y una vuelta en la que tuvo que conservar su renta; la de la Real, por dos triunfos mínimos ante el Athletic. Aunque los estilos y los marcadores fueron distintos, el desenlace respondió a la misma regla: avanzar significaba superar el resultado conjunto, no imponerse en una sola noche. Los dos finalistas llegaron por vías opuestas, pero con el mismo objetivo cumplido.
La final estaba fijada para el 18 de abril de 2026 en el Estadio La Cartuja, en Sevilla. Para Atlético de Madrid y Real Sociedad, alcanzar ese encuentro significó quedar a un partido del título. También supuso clasificarse para las semifinales de la Supercopa de España de 2027, un premio deportivo añadido a la posibilidad de levantar la Copa. El pase no era solo una plaza en la final: prolongaba la temporada copera y aseguraba presencia en otra competición.
Las semifinales dejaron una conclusión distinta en cada emparejamiento. El Atlético sobrevivió a la remontada del Barcelona después de construir una ventaja amplia en Madrid; la Real fue más regular en el balance y ganó por la mínima tanto en Bilbao como en Anoeta. El mismo formato permitió dos relatos muy diferentes, desde la persecución de tres goles hasta una serie resuelta por detalles en los últimos minutos. La Copa terminó esta ronda con dos finalistas y dos formas de llegar hasta ellos.
Una ronda que condensó la lógica de la Copa
La Copa del Rey suele convivir con sorpresas porque una eliminatoria a partido único puede concentrar toda la presión en una sola tarde. Las semifinales cambian esa dinámica: no eliminan la incertidumbre, pero la distribuyen entre dos encuentros. En el Atlético-Barcelona, el 4-0 de la ida parecía una frontera difícil de cruzar y, aun así, la vuelta fue suficiente para que el Barça ganara por tres goles. La remontada estuvo cerca, pero la suma de los partidos sostuvo al Atlético.
El duelo entre Athletic y Real ofreció el reverso: sin una gran diferencia en un solo marcador, la clasificación se construyó con dos victorias cortas. Un gol de Turrientes en San Mamés y un penalti de Oyarzabal en Anoeta acabaron teniendo un peso decisivo, no por una regla extraordinaria, sino porque fueron los goles que separaron a ambos equipos en el global. En una serie equilibrada, una acción concreta puede inclinar meses de recorrido.
Con el sorteo ya convertido en resultados, los emparejamientos dejaron de ser una promesa y pasaron a formar parte de la historia de la edición. Atlético y Real Sociedad siguieron adelante; Barcelona y Athletic se despidieron tras dos eliminatorias distintas, aunque igualmente exigentes. La final de La Cartuja aguardaba a los vencedores de una ronda en la que el orden de los partidos, la respuesta en la vuelta y la lectura del marcador agregado resultaron inseparables. La puerta de la final se abrió para quienes gestionaron mejor los dos capítulos.

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