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¿Cómo sentenció Pogacar La Vuelta con un ataque de 50 km en Andorra?

Pogacar destroza La Vuelta en Andorra con un ataque a 50 km de meta y abre más de tres minutos sobre sus principales rivales por la general.

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Pogacar agachado en una carrera

Tadej Pogacar ha dejado la Vuelta a España 2026 muy cerca de convertirse, apenas en su cuarta etapa, en una carrera por el segundo puesto. El esloveno ganó este martes 25 de agosto en Andorra la Vella después de atacar a unos 50 kilómetros de la meta, marcharse prácticamente solo y meter 2 minutos y 39 segundos al primer grupo de perseguidores. Una diferencia enorme para una jornada de apenas 104,8 kilómetros.

El resultado tiene una traducción todavía más contundente en la clasificación general: Pogacar conserva el maillot rojo y aventaja ahora en 3:21 a Primoz Roglic y en 3:32 a Enric Mas, segundo y tercero. Sepp Kuss queda a 3:44, Oscar Onley a 3:45 y Richard Carapaz a 3:50. La Vuelta no está matemáticamente decidida —quedan más de dos semanas, montaña, contrarreloj, calor, caídas y todos esos pequeños demonios que viajan gratis en el pelotón—, pero deportivamente el mensaje resulta difícil de disimular: el favorito ha abierto un agujero cuando la carrera apenas acaba de empezar.

Y lo hizo de una manera muy Pogacar. Nada de esperar al último kilómetro, vigilar potenciómetros y resolver la tarde mediante una aceleración quirúrgica. Atacó en la Collada de Beixalís, con tres dificultades todavía por delante y una distancia que para cualquier otro aspirante a una gran vuelta sería territorio de prudencia. Para él, al parecer, era el momento oportuno para irse.

Pogacar ataca en Beixalís y convierte Andorra en un monólogo

La cuarta etapa estaba diseñada para hacer daño pese a su brevedad. Salida y llegada en Andorra la Vella, 104,8 kilómetros y cuatro ascensiones puntuables: Port d’Envalira, Collada de Beixalís y Coll de Ordino, las tres de primera categoría, antes del Alto de la Comella, de tercera. Envalira acumulaba 23,3 kilómetros al 5,1%; Beixalís presentaba unos siete kilómetros al 8,5% y Ordino, diez kilómetros al 7%. No sobraban kilómetros, pero sí montaña. Mucha.

Decathlon intentó aprovecharla. El equipo de Felix Gall endureció la carrera desde Envalira y llegó a dejar al bloque del UAE bastante reducido. Sobre el papel, la maniobra tenía lógica: aislar al líder, desgastarlo, obligarlo a responder. El inconveniente era bastante conocido de antemano. A veces aislar a Pogacar significa simplemente quitarle de alrededor a los compañeros que le impedían aburrirse.

En Beixalís llegó el movimiento. Pogacar se levantó sobre la bicicleta y aceleró. Gall trató de seguirlo, aguantó durante un corto periodo y terminó regresando hacia los demás favoritos. No hubo segundo intento. El maillot rojo siguió hacia delante mientras por detrás se reorganizaban Roglic, Mas, Kuss, Onley y Carapaz. La carrera pasó en pocos minutos de ser una batalla colectiva a convertirse en una persecución a distancia.

Pogacar continuó solo por Ordino, afrontó el descenso y superó después La Comella. En vez de administrar la ventaja, la fue ensanchando. Cruzó finalmente la meta en 2 horas, 40 minutos y 35 segundos. Jarno Widar fue segundo a 2:39, Felix Gall tercero con el mismo tiempo; Oscar Onley, Sepp Kuss, Enric Mas y Primoz Roglic también cedieron 2:39. Richard Carapaz perdió 2:57.

Una ventaja descomunal para una etapa de 104 kilómetros

La magnitud del golpe se entiende mejor al mirar el reloj que al buscar adjetivos. Pogacar recorrió solo 104,8 kilómetros durante toda la etapa y consiguió sacar casi tres minutos a buena parte de los hombres llamados a discutirle la general. No necesitó una jornada maratoniana ni una llegada a 2.500 metros después de seis horas. Le bastó una etapa corta, concentrada y explosiva.

Hay otra particularidad: los adversarios conocían perfectamente el peligro de Beixalís. Ese puerto aparecía como uno de los lugares evidentes para un ataque del líder y el propio desarrollo de la jornada fue preparando el escenario. El misterio, pues, no estuvo en saber dónde se movería Pogacar. Estuvo en comprobar que saberlo servía de bastante poco.

Esa es quizá la dimensión más incómoda de su superioridad actual. Un ataque sorpresa puede neutralizarse con vigilancia. Una emboscada táctica admite réplica. Lo sucedido en Andorra fue más elemental: un ciclista pedaleó bastante más rápido que los demás durante 50 kilómetros. El ciclismo profesional maneja ahora montañas de datos, nutrición calculada al gramo y estrategias estudiadas desde el autobús; de vez en cuando aparece alguien y reduce toda esa sofisticación a una escena casi infantil: intenta seguirme.

Gall lo intentó; Mas y Roglic eligieron sobrevivir

Felix Gall fue el único que respondió inicialmente al ataque. El austriaco, segundo en el Giro de Italia de 2026 y reciente ganador de la Vuelta a Burgos, llegaba a la ronda española como una de las referencias de la montaña. Su reacción confirmó ambición, pero también terminó mostrando la distancia que existe ahora mismo con Pogacar. Aguantó unos instantes y después tuvo que regular.

Enric Mas y Primoz Roglic siguieron una lógica diferente. No entraron en una persecución suicida y acabaron integrados en el grupo que llegó a 2:39. Para Mas, la jornada tuvo una recompensa paradójica: perder casi tres minutos con el líder le permitió terminar el día tercero de la general, a 3:32, solo once segundos por detrás de Roglic. La lucha por el podio, a diferencia de la del maillot rojo, está comprimida.

Entre Roglic, segundo, y Gall, séptimo, hay únicamente 36 segundos. Kuss, Onley y Carapaz también permanecen dentro de ese estrecho corredor temporal. Ahí sí existe una carrera abierta, con nombres, estilos y equipos diferentes. Pogacar, mientras tanto, circula por otra planta del edificio.

La general de La Vuelta queda partida en dos

Después de cuatro jornadas, Pogacar lidera con 7:38:59. Roglic aparece a 3:21; Mas, a 3:32; Kuss, a 3:44; Onley, a 3:45; Carapaz, a 3:50; Gall, a 3:57; Mattias Skjelmose y Jarno Widar, a 4:06, y Jay Vine, a 4:11. Son diferencias propias de una carrera bastante más avanzada, no de un martes de la primera semana.

Decir que La Vuelta está sentenciada exige, aun así, una pequeña dosis de prudencia. Faltan 17 etapas y la competición no terminará hasta el 13 de septiembre en Granada. El recorrido todavía guarda finales de montaña, jornadas imprevisibles y la contrarreloj de 32 kilómetros entre El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera. La etapa 20, con llegada al Collado del Alguacil después de una jornada de enorme desnivel, figura también entre los grandes jueces previstos.

Pero una cosa es que la carrera siga abierta reglamentariamente y otra fingir que la situación deportiva es normal. Para derrotar ahora a Pogacar ya no basta con ser ligeramente mejor una tarde. Sus rivales necesitan recuperar más de tres minutos a un corredor que precisamente acaba de demostrar que puede regalarles casi esa cantidad en cincuenta kilómetros. La aritmética se ha vuelto bastante antipática.

De la granizada de Font Romeu al vendaval de Pogacar

La exhibición llega, además, después de una jornada extraña. La tercera etapa, con llegada prevista en Font Romeu, tuvo que ser cancelada el lunes por una fuerte granizada cuando quedaban alrededor de 15 kilómetros. La carretera quedó en condiciones peligrosas, los corredores buscaron refugio y la organización decidió que los tiempos no computaran para la clasificación. Pogacar conservó así el rojo sin que hubiera vencedor.

Veinticuatro horas después desapareció cualquier duda meteorológica y apareció otro tipo de tormenta. Andorra era la primera prueba seria de gran montaña, una oportunidad para conocer el nivel real de los candidatos después del prólogo de Mónaco, la larga jornada hacia Manosque y el frustrado final francés. La respuesta fue más rotunda de lo previsto.

Pogacar había ganado ya la contrarreloj inaugural de Mónaco por solo nueve centésimas sobre Ethan Hayter. En aquella ocasión la diferencia cabía casi dentro de un pestañeo. En Andorra necesitó otro sistema métrico: minutos.

La relación del esloveno con estas carreteras tiene, por cierto, cierta simetría. En 2019, durante su primera participación en una gran vuelta, consiguió precisamente en Andorra su primera victoria parcial en la Vuelta. Acabó aquella edición tercero en la general. Siete años después regresó convertido en un corredor con cinco Tours de Francia y un Giro en su palmarés, y volvió a ganar en el Principado. Esta vez no como revelación, sino como hombre al que todos miraban antes incluso de que comenzara la etapa.

La Vuelta que falta y la corona que persigue Pogacar

La victoria de Andorra es la quinta etapa de Pogacar en la Vuelta a España: tres llegaron en su espectacular debut de 2019, otra en la contrarreloj inaugural de esta edición y ahora la cabalgada de Andorra. Pero hay un premio bastante más grande en juego. El esloveno ya ha ganado el Tour de Francia y el Giro de Italia; conquistar la Vuelta completaría su colección de las tres grandes vueltas.

No necesita, por ahora, seguir atacando desde 50 kilómetros. Esa es precisamente una de las novedades que introduce la ventaja conseguida en Andorra. Puede permitir que otras etapas caigan en manos de fugas, administrar compañeros, elegir esfuerzos y obligar a sus rivales a asumir riesgos. Otra cuestión es que Pogacar tenga demasiado interés en comportarse como un líder conservador. Su carrera dice más bien lo contrario.

La quinta etapa llevará al pelotón desde Falset hasta Roquetes, ya en territorio español, con un perfil mucho más favorable para corredores rápidos y aventureros. Después llegarán nuevas dificultades. Queda mucha Vuelta por recorrer y eso importa: una gran ronda jamás se gana oficialmente en la cuarta jornada.

Andorra cambia la pregunta de esta Vuelta

Lo ocurrido en Beixalís ha cambiado, sin embargo, el argumento deportivo. El interrogante inicial era quién podía derrotar a Tadej Pogacar. Después de Andorra resulta bastante más razonable mirar hacia Roglic, Mas, Kuss, Onley, Carapaz o Gall y preguntarse quién conseguirá acompañarlo en el podio de Granada.

Pogacar ha conseguido algo infrecuente incluso para los grandes dominadores: convertir 50 kilómetros de agosto en una diferencia de más de tres minutos en la general y hacerlo cuando todavía quedaban tres puertos por superar. Sin accidente, crisis física o vuelco táctico de dimensiones poco habituales, sus rivales tienen ante sí una empresa monumental.

La Vuelta 2026 continúa. La carretera, como siempre, conserva el derecho a llevar la contraria. Pero después de la tarde andorrana ya hay una evidencia difícil de maquillar: todos siguen compitiendo por la misma clasificación y, sin embargo, Pogacar parece estar corriendo otra carrera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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