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Historia

La religión islámica gana presencia en las aulas de Castilla y León

Los centros con clases de Religión Islámica aumentaron de 12 a 51 en ocho años, aunque ese dato no mide las creencias del alumnado.

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se cuadruplican los sin religión

En Castilla y León no se han cuadruplicado las personas sin religión: lo que ha crecido es el número de centros que imparten Religión Islámica. En el curso 2017-2018 eran 12; en el curso al que corresponden los datos de 2025, son 51. La diferencia equivale a un aumento del 325%, o a algo más de cuatro veces la cifra inicial, pero describe una oferta educativa concreta, no un cambio general en las creencias de la población.

La enseñanza islámica llega este curso a 1.152 alumnos y cuenta con 16 docentes, según los datos comunicados por la consejera de Educación de la Junta, Rocío Lucas. En 2017-2018 había 416 estudiantes y cinco profesores. Las cifras apuntan a una expansión sostenida, aunque para interpretarla con rigor hay que distinguir entre centros, matrícula y población musulmana: son magnitudes relacionadas, pero no equivalentes, y ninguna permite concluir por sí sola que la región haya cambiado de religión.

Qué ha aumentado exactamente en las aulas

El dato principal es el número de centros con clases de Religión Islámica. Pasó de 12 en 2017-2018 a 51 en 2025, lo que supone 39 centros más. La expresión se cuadruplican resume la comparación, pero puede resultar imprecisa si se toma como una medida de todo el sistema educativo: se refiere a los colegios que ofrecen una materia, no al número de escuelas islámicas ni a la cantidad de alumnos musulmanes en la comunidad.

También aumentó la matrícula, aunque a otro ritmo. Los 416 alumnos registrados al inicio de la comparación se convirtieron en 1.152: son 736 más, casi 2,8 veces el dato de partida. El profesorado pasó de cinco a 16, algo más del triple. Los tres indicadores crecen, pero no en la misma proporción, una diferencia importante para no presentar la evolución como si cada cifra describiera exactamente el mismo fenómeno.

La comparación revela además que el promedio de alumnos por centro es menor en el dato reciente que el promedio inicial: en 2017-2018 había cerca de 35 estudiantes por centro, frente a algo menos de 23 en 2025. Es una operación orientativa, no una descripción de cada colegio; la distribución real puede variar y los datos disponibles no detallan cuántos alumnos hay en cada centro. Aun así, ayuda a entender que la expansión de la oferta territorial no equivale a un crecimiento idéntico de la matrícula por escuela.

Más centros no significa más escuelas religiosas

La expresión colegios con Islam puede llevar a pensar en centros confesionales, creados específicamente para educar conforme a una religión. Sin embargo, los datos citados se refieren a colegios donde se imparte la asignatura de Religión Islámica. No indican que esos centros sean islámicos en su organización, que el resto de sus clases siga una orientación religiosa o que la enseñanza general haya cambiado de currículo. La diferencia entre impartir una materia y definir la identidad de un colegio es esencial para describir correctamente el fenómeno.

La misma cautela se aplica al número de alumnos. Que 1.152 estudiantes estén inscritos en la materia no significa que todos los escolares musulmanes de Castilla y León la cursen, ni que todos los estudiantes de los centros donde se ofrece sean musulmanes. Tampoco permite saber qué proporción del alumnado potencial tiene acceso a la asignatura, porque los datos de referencia no especifican la distribución por localidades, etapas o centros.

La enseñanza religiosa en la escuela tampoco mide de manera directa la intensidad de las creencias familiares. Una matrícula puede responder a convicciones, a preferencias educativas o a otros motivos, y la estadística disponible no detalla esas razones. Del mismo modo, un alumno que no curse una asignatura religiosa no queda automáticamente clasificado como no creyente. Asistencia a una materia y afiliación religiosa son variables distintas; confundirlas transforma una cifra administrativa en una conclusión social que los datos no sostienen.

El contexto demográfico ayuda, pero no lo explica todo

El Observatorio Andalusí, elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, cifra en 56.431 las personas musulmanas que viven en Castilla y León, de las cuales 21.440 tienen nacionalidad española. La misma referencia contabiliza 8.114 alumnos musulmanes entre Primaria y Secundaria. Esas cantidades dan una imagen más amplia de la comunidad, pero no deben mezclarse sin matices con los 1.152 estudiantes matriculados en Religión Islámica: una cifra describe población y alumnado identificado como musulmán; la otra, inscripción en una asignatura.

La diferencia entre esos grupos no demuestra por sí sola falta de acceso ni rechazo a la materia. Para llegar a una explicación harían falta datos que no aparecen en la información disponible, como la demanda por localidad, el número de centros que podrían ofrecerla, las solicitudes que no se atienden y la distribución de los estudiantes por etapa. La distancia entre alumnado musulmán y matriculados en la asignatura plantea una cuestión estadística, pero no permite atribuir una causa concreta sin conocer esas variables.

La nacionalidad tampoco sirve como sustituto de la religión. Que 21.440 personas tengan ciudadanía española muestra que la población musulmana no está formada únicamente por extranjeros, pero no informa de cuándo llegaron, de cómo practican su fe ni de las creencias de cada familia. Del mismo modo, el crecimiento de la asignatura no puede reducirse automáticamente a la inmigración: la referencia ofrece cifras de población y de enseñanza, pero no un análisis que establezca qué parte del aumento se debe a cada factor.

Qué cuenta la tendencia y qué deja fuera

El salto de 12 a 51 centros es significativo porque muestra que la materia está disponible en más colegios que hace ocho años. Sin embargo, el total no revela si la oferta se concentra en unas pocas zonas o está extendida por toda la comunidad. Tampoco dice si los centros incorporados recientemente tienen grupos numerosos o reducidos, ni si el crecimiento se produjo de forma constante o mediante avances puntuales. La cifra final resume el resultado, no el recorrido completo.

La evolución de estudiantes ofrece una pista adicional: pasó de 416 a 1.152. El aumento confirma que la expansión no se limita a abrir más puntos de enseñanza sin matrícula, pero no basta para conocer la demanda no atendida ni la evolución de cada curso. Tampoco se facilitan cifras comparables de otras comunidades autónomas, por lo que no es posible afirmar, a partir de estos datos, que Castilla y León avance más deprisa que el resto de España.

Hay otra precaución temporal. La comparación enfrenta el curso 2017-2018 con las cifras presentadas para 2025. Es adecuada para describir el cambio entre ambos momentos, pero no permite reconstruir los años intermedios. Para medir el ritmo anual haría falta una serie completa, con datos homogéneos de cada curso. Sin ella, el incremento puede expresarse como una diferencia acumulada en ocho años, no como una tendencia uniforme año tras año.

El debate político mezcla cuestiones distintas

El crecimiento de la enseñanza islámica también ha entrado en la discusión política autonómica. Vox ha sostenido que los docentes de Religión Católica tienen peores condiciones laborales que quienes imparten Religión Islámica y ha presentado una proposición no de ley para reclamar cambios en la organización del profesorado católico. Entre sus alegaciones figuran diferencias en la jornada, la asignación de horas y los procedimientos para acceder a destinos. Son reivindicaciones de un partido y de representantes del profesorado, no conclusiones que puedan deducirse de las cifras de centros y matrículas.

La Junta, según la información publicada sobre el debate en las Cortes, respondió que los profesores católicos deben cumplir los requisitos docentes correspondientes y contar con la acreditación de la autoridad religiosa católica. La discusión incluye, por tanto, la normativa laboral, la selección y las condiciones de trabajo del profesorado, además de la presencia de distintas materias religiosas. Son planos conectados en el debate público, pero no idénticos: el aumento de colegios que ofrecen una asignatura no prueba que exista un trato preferente en la contratación de sus docentes.

La proposición de Vox cita el Real Decreto 696/2007, que regula la relación laboral de los profesores de Religión que no son funcionarios, y cuestiona cómo se aplican en Castilla y León los criterios de acceso a destinos. La iniciativa plantea también cuestiones sobre carga horaria y organización escolar. Para valorar si existe una vulneración normativa habría que examinar la regulación aplicable y los hechos concretos; las acusaciones políticas no sustituyen esa comprobación. Las cifras disponibles sobre alumnos y centros no resuelven por sí solas la controversia laboral.

La presencia de una materia no demuestra una estrategia ideológica

Algunas interpretaciones presentan el aumento como una islamización del sistema educativo, una pérdida de identidad cristiana o el resultado de una agenda política. Esas afirmaciones exceden lo que acreditan los datos citados. El recuento muestra una expansión de la enseñanza islámica en determinados centros; no mide cambios en el currículo general, en las prácticas religiosas de la población, en la enseñanza católica o en la cohesión social. Una tendencia numérica puede describirse sin atribuirle intenciones que la estadística no prueba.

También conviene separar la diversidad religiosa de expresiones como islamismo, que suelen aludir a corrientes políticas y no son sinónimo de Islam ni de población musulmana. La información de referencia no aporta datos sobre contenidos concretos de las clases ni permite evaluar qué valores se enseñan en ellas. Por eso, afirmar que la asignatura implica una transformación ideológica de los colegios sería ir más allá de la evidencia disponible y confundir una religión con posiciones políticas que no representan necesariamente a sus fieles.

La expansión de una materia religiosa tampoco demuestra que otra haya desaparecido o sido relegada. Para sostener una comparación entre Religión Islámica y Religión Católica harían falta cifras equivalentes sobre centros, alumnado, horas lectivas y docentes en los mismos cursos, además de información sobre las reglas de organización. Sin esos datos, puede exponerse el debate y atribuir las denuncias a quienes las formulan, pero no presentar como hecho probado un doble rasero o una sustitución de una tradición por otra.

Una cifra clara, con límites que importan

La información disponible permite afirmar algo concreto: en Castilla y León, los centros que imparten Religión Islámica pasaron de 12 en 2017-2018 a 51 en 2025; los alumnos, de 416 a 1.152; y los docentes, de cinco a 16. El crecimiento es considerable y merece ser explicado sin eufemismos, pero su alcance debe formularse con precisión. Se han multiplicado los centros que ofrecen la asignatura, no las personas sin religión.

Para entender mejor qué hay detrás del cambio, el siguiente paso informativo sería disponer de datos desglosados por curso, localidad, etapa y demanda. También sería útil contar con cifras comparables sobre el conjunto de enseñanzas religiosas y sobre las condiciones laborales de sus docentes, para separar la evolución educativa de la controversia política. Mientras esa información no esté disponible, la lectura más sólida es también la más sencilla: hay más centros con oferta islámica y más alumnos matriculados, pero los números no bastan para describir por sí solos una transformación cultural de toda la región.

La escuela refleja una sociedad diversa, aunque cada indicador ilumina solo una parte del cuadro. Contar centros permite medir dónde existe una oferta; contar matrículas muestra cuántos estudiantes la cursan; contar población aporta contexto demográfico. Solo al mantener separadas esas escalas se evita convertir un dato educativo en un diagnóstico sobre la identidad o las creencias de Castilla y León.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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