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Santoral del 27 de diciembre: san Juan y otros santos

San Juan Evangelista ocupa el centro de esta fecha navideña, que también recuerda a Fabiola y a mártires del siglo XX.

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Santoral de hoy 27 de diciembre

El 27 de diciembre, la Iglesia católica celebra a san Juan apóstol y evangelista, figura central de la primera comunidad cristiana y autor al que la tradición atribuye el cuarto Evangelio. La fecha coincide con la Octava de Navidad, los ocho días que prolongan litúrgicamente la celebración del nacimiento de Jesús. También se recuerda a santa Fabiola y, en calendarios particulares, a beatos y mártires como Alfredo Parte y José María Corbín Ferrer.

La jornada tiene un significado propio dentro de las fiestas navideñas: tras la celebración de san Esteban el 26 de diciembre, el calendario pone el foco en Juan como testigo y transmisor de la fe. Su imagen más reconocible es el águila, símbolo de la altura teológica de sus escritos. En España, además, su nombre se celebra en esta fecha y algunas comunidades conservan la tradición de bendecir el vino.

San Juan Evangelista, la figura principal del día

Juan aparece en los Evangelios como hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Ambos trabajaban como pescadores en Galilea antes de incorporarse al grupo de Jesús. Los relatos evangélicos lo sitúan entre los discípulos más cercanos al maestro, junto con Pedro y Santiago, y lo muestran presente en episodios decisivos de su vida pública. Esa proximidad explica que la tradición cristiana lo identifique con el discípulo amado, aunque los textos no lo nombren directamente con ese título.

En los relatos de la Transfiguración y de la agonía en Getsemaní, Juan forma parte del círculo íntimo de discípulos. También aparece junto a María al pie de la cruz. El Evangelio según san Juan narra que Jesús confió su madre al discípulo amado, escena que ha marcado la devoción cristiana y ha asociado al apóstol con la figura de custodio de María. La tradición sitúa más tarde su actividad en Éfeso, donde habría acompañado a una comunidad cristiana durante años.

Los textos bíblicos dibujan a Juan con rasgos distintos: es un discípulo de carácter ardiente, llamado junto a su hermano Boanerges, expresión que suele traducirse como hijos del trueno, y también un testigo que insiste en la importancia de la caridad y la fidelidad. Esa mezcla de firmeza y cercanía ayuda a entender por qué su figura ha inspirado tanto la espiritualidad como el arte. Su memoria no se apoya solo en una biografía, sino también en la influencia duradera de los escritos vinculados a su nombre.

El Evangelio, las cartas y el símbolo del águila

La tradición cristiana atribuye a Juan el cuarto Evangelio, tres cartas y el libro del Apocalipsis. Los escritos comparten un lenguaje y unas preocupaciones teológicas que los han convertido en una parte influyente del Nuevo Testamento, aunque cada uno tiene un propósito y un tono distintos. El Evangelio presenta a Jesús mediante escenas y signos que invitan a interpretar su identidad; las cartas insisten en la verdad de la fe, la comunión y el amor llevado a la práctica.

El prólogo del Evangelio, con su reflexión sobre la Palabra que existe desde el principio y se hace carne, ofrece una de las formulaciones más características de la teología joánica. A lo largo del libro aparecen imágenes como la luz, el buen pastor, el pan de vida y la vid. No se limita a contar episodios: los organiza para proponer una lectura espiritual de la vida de Jesús. Por eso la tradición lo representa con un águila que eleva la mirada, en contraste con una narración pegada únicamente a los hechos cotidianos.

Las cartas atribuidas a Juan recalcan que la fe no puede quedarse en una declaración abstracta. El amor al prójimo, la fidelidad y la verdad aparecen unidos, como dimensiones que se comprueban en la vida comunitaria. El Apocalipsis, por su parte, recurre a visiones y símbolos para hablar de la esperanza en medio de la adversidad. La tradición lo relaciona con el destierro del apóstol en Patmos, pero su lenguaje no debe confundirse con una crónica literal de acontecimientos futuros: pertenece a un género profético cargado de imágenes.

El águila es el emblema más extendido de Juan, pero no el único. En representaciones populares aparece también con un libro o una pluma, referencias a su condición de evangelista. Otra imagen característica es una copa de la que sale una serpiente, ligada a una leyenda sobre un intento de envenenamiento. Ese relato pertenece a la tradición hagiográfica y explica la asociación del santo con el vino, no un episodio que los textos bíblicos describan.

La fiesta en plena Octava de Navidad

La celebración de san Juan se sitúa entre dos fechas con perfiles distintos: el 25 de diciembre, Navidad, y el 26, día de san Esteban, considerado el primer mártir cristiano. En ese tramo, el 27 recuerda al apóstol como testigo de Jesús. La sucesión ofrece una lectura simbólica de la Navidad: el nacimiento de Cristo, la fidelidad llevada hasta el martirio y el testimonio de quien transmite lo que ha visto. La fiesta de Juan no es un añadido separado de la Navidad, sino parte de su calendario litúrgico.

En la liturgia romana, la celebración se reconoce como fiesta y emplea el color blanco, asociado a las solemnidades y fiestas del Señor y de los santos que no son mártires. Entre las lecturas que se utilizan figuran el comienzo de la primera carta de Juan, que evoca aquello que fue visto y oído, y el pasaje del Evangelio sobre la visita al sepulcro vacío. Los textos varían según el calendario litúrgico y la celebración concreta, pero mantienen el acento en la experiencia y el testimonio.

La ubicación navideña también ayuda a explicar la fuerza de la imagen del evangelista. Juan no solo recuerda a una figura del pasado: sus escritos interpretan el nacimiento de Jesús como la entrada de la Palabra en la historia humana. La fecha invita así a mirar más allá de la escena del pesebre y a preguntarse por el sentido que la tradición cristiana atribuye a ese nacimiento. El calendario enlaza la celebración con una reflexión sobre quién es el niño que acaba de nacer.

San Juan Evangelista y san Juan Bautista no son el mismo santo

La coincidencia del nombre suele causar confusión, pero se trata de dos figuras diferentes. San Juan Evangelista se conmemora el 27 de diciembre y es uno de los apóstoles, vinculado a los escritos del Nuevo Testamento. San Juan Bautista, en cambio, es el profeta que bautizó a Jesús en el Jordán y cuya fiesta principal se celebra el 24 de junio. Compartir nombre no significa compartir biografía ni fecha litúrgica.

Las dos celebraciones tienen además contextos culturales muy distintos. La de junio se asocia en muchos lugares con hogueras y fiestas populares próximas al solsticio de verano. La de diciembre cae dentro de la Navidad y se articula alrededor de la figura del evangelista. Esta diferencia permite distinguir también sus representaciones: Juan Bautista suele aparecer con rasgos propios de un profeta, mientras que el evangelista se reconoce a menudo por el libro, la pluma y el águila.

La confusión resulta comprensible porque ambos ocupan un lugar destacado en la tradición cristiana y porque el nombre Juan es muy común en distintas lenguas y culturas. En las felicitaciones por la onomástica, la fecha de diciembre corresponde a Juan y sus variantes cuando se celebra al evangelista. En cualquier caso, las costumbres familiares y locales pueden escoger otros santos patronos con el mismo nombre. El calendario ofrece una referencia general, pero la tradición de cada comunidad puede tener matices propios.

Santa Fabiola y otros nombres del calendario

Junto a san Juan, el 27 de diciembre recuerda a santa Fabiola, una mujer romana del siglo IV cuya vida se conoce especialmente por el testimonio de san Jerónimo. Según esa tradición, después de una etapa de penitencia dedicó esfuerzos a atender a personas pobres y enfermas. Su figura se vincula así con la caridad concreta, un aspecto que completa el énfasis de los escritos de Juan en el amor expresado mediante obras.

Fabiola aparece en relatos cristianos como una viuda que empleó sus recursos y su posición social en favor de quienes necesitaban ayuda. Su historia ha quedado asociada a la atención de los enfermos y a las obras de caridad en Roma. Más allá de los detalles transmitidos por las fuentes antiguas, su recuerdo permite comprender que el santoral no reúne únicamente apóstoles y mártires: también conserva la memoria de personas cuya vida se consideró ejemplar por su servicio a los demás. La fecha combina, por tanto, testimonio religioso y compromiso con los vulnerables.

Algunos calendarios y martirologios incluyen también a beatos vinculados a celebraciones locales. Entre ellos se recuerda al escolapio Alfredo Parte, presbítero y mártir, cuya memoria está asociada a Santander. La presencia de estos nombres depende del calendario particular de cada diócesis o familia religiosa y no desplaza la celebración principal de san Juan en el calendario romano. El santoral puede variar en sus referencias secundarias según el lugar, mientras que la fiesta del evangelista es la referencia común de la jornada.

Los mártires vinculados a Santander y Valencia

El 27 de diciembre se recuerda asimismo al beato José María Corbín Ferrer, joven valenciano que murió en 1936 en el barco prisión Alfonso Pérez, anclado frente a Santander. La información biográfica recogida en el calendario indica que había nacido en Valencia el 26 de diciembre de 1914 y que murió al día siguiente de cumplir 22 años. Su historia se inscribe en la persecución religiosa vivida durante la Guerra Civil española y en la memoria de quienes fueron asesinados por su condición de religiosos o por su fe.

Corbín Ferrer era universitario y soltero. Los relatos sobre su vida destacan que trató de animar a otros presos a vivir sus convicciones cristianas, una imagen de acompañamiento entre personas sometidas a una situación extrema. El martirio forma parte de la memoria religiosa de muchas comunidades, aunque su interpretación histórica debe situarse en el contexto de la violencia política y social de la época. Recordarlo no borra la complejidad de aquel periodo, sino que conserva la historia concreta de una víctima y de las circunstancias de su muerte.

La memoria del escolapio Alfredo Parte está vinculada también a Santander y a la persecución de sacerdotes durante esos años. En el santoral general, estos beatos pueden tener una presencia menos extendida que Juan o Fabiola, pero para las comunidades que los recuerdan su fecha posee un significado local y familiar. La diferencia entre la celebración universal de un santo y la memoria particular de un beato explica por qué dos calendarios pueden ofrecer una relación de nombres algo distinta para el mismo día.

La bendición del vino y la huella popular de la fecha

La leyenda de la copa envenenada dio origen a una tradición asociada a san Juan: la bendición del vino el 27 de diciembre. Según el relato hagiográfico, alguien habría intentado matar al apóstol con una bebida envenenada y Juan la habría bendecido sin sufrir daño. La imagen de la copa con una serpiente procede de esa historia. No es un episodio bíblico, sino una narración devocional que alimentó costumbres posteriores en distintas zonas de Europa.

En los lugares donde se conserva, la práctica suele consistir en bendecir el vino durante una celebración religiosa o al finalizar la misa. La forma concreta no es idéntica en todas partes: depende de la parroquia, la hermandad o la tradición local. Para algunas familias, la botella bendecida se reserva para una comida señalada; para otras, el gesto se ha perdido o se conoce solo como parte del patrimonio religioso. Su continuidad desigual refleja cómo las costumbres se transforman sin desaparecer de la memoria colectiva.

El sentido contemporáneo de la bendición no requiere atribuir al vino propiedades extraordinarias. Dentro de la tradición cristiana, bendecir un alimento expresa gratitud y sitúa su consumo en un contexto de celebración compartida. La leyenda aporta el vínculo con el santo; el rito, cuando se practica, adquiere un significado comunitario. La costumbre habla tanto de la devoción como de la manera en que una comunidad integra la fe en sus comidas y encuentros.

La iconografía de Juan también permanece en iglesias, retablos, vitrales y pasos procesionales. En muchas representaciones aparece como un hombre joven con un libro o junto a María; en otras, el águila permite identificarlo incluso cuando no hay una inscripción. En hermandades de Semana Santa, su figura acompaña a la Virgen en escenas de la Pasión. Así, una fiesta situada entre Navidad y fin de año conecta tradiciones litúrgicas, relatos antiguos y expresiones artísticas que siguen visibles durante el resto del calendario.

Una fecha que une testimonio, memoria y celebración

La jornada reúne historias de épocas muy diferentes: el apóstol asociado a los primeros años del cristianismo, Fabiola y sus obras de caridad en la Roma antigua, y los mártires del siglo XX recordados en Santander. No todos ocupan el mismo lugar en el calendario ni sus biografías tienen el mismo grado de documentación, pero comparten una función en la memoria religiosa: ofrecer ejemplos de fe, servicio o perseverancia. El santoral es a la vez calendario litúrgico y archivo de tradiciones locales.

Para quienes celebran su onomástica, el nombre de Juan —incluidas variantes como Joan, Xoán o Jon— enlaza la fecha con la vida cotidiana, aunque las costumbres familiares pueden variar. En parroquias y comunidades religiosas, la fiesta se expresa en la misa y en la memoria del apóstol; donde perdura, la bendición del vino añade un gesto popular. No hace falta que todas esas prácticas estén presentes para que el día conserve su lugar dentro de la Octava de Navidad.

La figura de Juan deja, sobre todo, una invitación a relacionar lo que se cree con lo que se vive. Sus escritos enlazan la verdad con la caridad y presentan el testimonio como algo que nace de una experiencia compartida. En medio de las celebraciones navideñas, esa idea le da a la fecha una voz propia: la memoria de quien, según la tradición, vio, creyó y transmitió su relato, junto al recuerdo de otros nombres que completan el calendario del 27 de diciembre.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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