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Santoral de hoy 27 de diciembre: ¿qué santo se celebra?

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Santoral de hoy 27 de diciembre

San Juan, apóstol y evangelista, marca el 27 de diciembre con historia, liturgia y la bendición del vino: origen, sentido y huella en España.

Hoy, sábado 27 de diciembre de 2025, el santoral católico celebra a San Juan, apóstol y evangelista. Es la fiesta del discípulo amado, autor del cuarto Evangelio y figura de referencia en los primeros pasos de la Iglesia. En el calendario romano se trata de una fiesta situada en plena Octava de Navidad, con color litúrgico blanco y protagonismo absoluto de Juan, cuyo símbolo es el águila por la altura teológica de sus textos. En España, la onomástica corresponde a quienes se llaman Juan y Juana, además de variantes como Joan, Xoán y Jon.

La jornada destaca por su significado espiritual y por algunas costumbres con arraigo en varios lugares de nuestro país, como la Bendición del Vino de San Juan, que recuerda una antigua tradición asociada a la vida del apóstol. Parroquias y cofradías programan hoy misas con textos propios, y no faltan las felicitaciones a quienes llevan su nombre. La Fiesta de San Juan Evangelista es distinta —y complementaria— de la popular celebración del 24 de junio dedicada a San Juan Bautista: hoy manda el evangelista, el testigo que “vio y dio fe”, según la memoria viva de la Iglesia.

San Juan, apóstol y evangelista: datos esenciales

La figura que hoy se conmemora es Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, pescadores de Galilea. Los evangelios lo sitúan en el grupo más cercano a Jesús, junto con Pedro y Santiago: aparece en la Transfiguración, acompaña al Maestro en la agonía de Getsemaní y permanece al pie de la cruz junto a María. Por esa fidelidad, la tradición lo llama “el discípulo amado”. Tras la Pascua, las fuentes cristianas lo vinculan con la comunidad de Éfeso, ciudad mediterránea donde habría vivido largos años en servicio pastoral.

El legado literario que la Iglesia lee bajo su nombre es determinante. A Juan se atribuye el cuarto Evangelio, tres cartas que subrayan la caridad y la verdad de la fe —frente a desviaciones doctrinales de finales del siglo I— y el Apocalipsis, un libro profético de símbolos potentes que tomó forma, según la tradición, durante su destierro en Patmos. Su teología abre con el conocido prólogo: “En el principio era la Palabra…”, que presenta a Cristo como Verbo eterno que se hace carne. De ahí la imagen del águila, asociada a su evangelio desde la Antigüedad, porque “vuela alto” para contemplar el misterio desde arriba.

Biografía y papel en los Evangelios

Las primeras noticias de Juan lo muestran a pie de lago, echando las redes. De oficio pescador, responde a la llamada de Jesús con rapidez: deja la barca de Zebedeo y se integra en la predicación itinerante. Su carácter aparece en pinceladas: ardor juvenil —junto a su hermano reciben el apodo Boanerges, “hijos del trueno”—, y, con el tiempo, una madurez que conjuga firmeza doctrinal con ternura. El cuarto Evangelio, que la tradición relaciona con su escuela, no repite punto por punto el guion de los sinópticos; se detiene en siete “signos” y en largos discursos —Pan de Vida, Buen Pastor, Luz del mundo, la vid y los sarmientos— que interpretan los hechos y su significado.

Un momento clave de su perfil es la escena de la cruz. Jesús confía a su madre al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. Ese gesto ha marcado la devoción cristiana y ha alimentado la memoria de Juan como custodio de María, rasgo que se proyecta en la tradición que lo sitúa en Éfeso al cuidado de la comunidad. Tras la resurrección, otra imagen indeleble: la carrera al sepulcro la mañana de Pascua. Llega primero, ve y cree. La fe, en su caso, nace de un encuentro directo con lo que ha visto y tocado.

Escritos y símbolos: el águila, la copa y una teología de la experiencia

El cuarto Evangelio está pensado como una gran invitación a creer a partir de signos que revelan a Jesús. No busca la crónica exhaustiva, sino la comprensión teológica. Por eso el símbolo del águila: Juan remonta el vuelo con frases que abren el horizonte (“En el principio…”, “la Palabra se hizo carne”). En sus Cartas, el acento recae en la caridad verificable (“no amemos de palabra, sino de obra”), en la verdad cristológica —Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre— y en la comunión eclesial. El Apocalipsis ofrece una lectura del presente a la luz de la esperanza, con un lenguaje cargado de imágenes —sellos, trompetas, la Jerusalén nueva— que ha marcado la historia del arte y de la espiritualidad.

Entre los símbolos más populares de Juan aparece la copa con una serpiente saliendo del vino. La leyenda cuenta que intentaron envenenarlo en Éfeso y que el apóstol, al bendecir la copa, neutralizó el veneno. Con ese trasfondo, la devoción popular desarrolló en Europa la Bendición del Vino de San Juan, un gesto que se mantiene hoy —en clave sobria y local— en templos y hermandades.

Tradiciones del 27 de diciembre en España

La fiesta de San Juan Evangelista ha dejado en España una huella litúrgica, artística y popular. En el ámbito cofrade, su imagen —joven, con manto verde o rojo, libro y pluma— acompaña a la Virgen María en numerosos pasos de palio. En ciudades con Semana Santa de fuerte tradición, el 27 de diciembre suele reservarse para cultos internos de hermandades, triduos o misas solemnes en honor del apóstol. En parroquias de pueblos y barrios, la jornada se vive con naturalidad: Eucaristía con lecturas propias, recuerdo a los Juan y Juanas de la comunidad, y, donde se mantiene, la bendición de botellas de vino al final de la celebración.

La pervivencia de esta costumbre es desigual, pero se observa en zonas con cultura vitivinícola marcada y en templos donde la memoria de Juan está más arraigada. La práctica actual subraya dos aspectos: acción de gracias por los dones recibidos durante el año y moderación en el consumo, con un punto de pedagogía social. Hay quien guarda en casa la botella bendecida y la abre en momentos señalados —una mesa de Navidad, una celebración familiar—, como signo de salud y unidad.

En el plano patrimonial, el apóstol ha inspirado retablos, vitrales y esculturas desde el románico hasta el barroco. Catedrales, monasterios y museos conservan piezas donde se le representa con el águila, sosteniendo el Evangelio o señalando la cruz. La fecha, ubicada entre Navidad y el fin de año, anima recorridos culturales para redescubrir tesoros menos transitados, con el añadido de los belenes y exposiciones temporales que multiplican la oferta en estas fechas.

Bendición del vino de San Juan: origen y práctica actual

Con origen en la hagiografía que relaciona a Juan con una copa envenenada, la Bendición del Vino se documenta en Europa desde hace siglos. En su forma más habitual, al término de la misa del 27 de diciembre el sacerdote bendice las botellas que han llevado los fieles. Cada lugar conserva matices: en algunos sitios se emplea una oración tradicional; en otros, se integra en la bendición final de la celebración. El sentido actual es claro: recordar que los alimentos son un don que se recibe con gratitud y que la alegría navideña pide responsabilidad. No se trata de buscar prodigios, sino de educar la fiesta y de tejer comunidad.

Otros nombres del santoral de hoy

Aunque la fiesta principal del 27 de diciembre corresponde a San Juan Evangelista, el santoral recuerda también a Santa Fabiola, noble romana del siglo IV cercana a San Jerónimo, conocida por su dedicación a los enfermos y por su impulso a obras de caridad en Roma. Su figura ha servido de espejo de reconciliación personal y de compromiso social en tiempos de cambios, y su nombre aparece aún en devocionarios y calendarios litúrgicos.

En calendarios particulares o martirologios se registran beatos y mártires con culto local, especialmente del siglo XX, memoria que cada diócesis o familia religiosa integra en su propio calendario sin desplazar la centralidad del evangelista. La estructura litúrgica establece jerarquías —solemnidad, fiesta, memoria obligatoria o libre— y hoy, en el marco de la Octava de Navidad, la Iglesia latina mantiene como fiesta la de San Juan Evangelista.

Lecturas, color litúrgico y patronazgos de la jornada

Dentro de la Octava de Navidad, la misa de San Juan se celebra con ornamentos blancos. Las lecturas más habituales incluyen el inicio de la Primera Carta de Juan (1 Jn 1,1-4) —un texto que subraya lo “visto y tocado”, la experiencia directa de Cristo— y el pasaje del Evangelio de Juan (Jn 20,2-8) que narra la carrera al sepulcro vacío la mañana de Pascua. La oración colecta pone acento en el conocimiento del Verbo y en la alegría de la encarnación.

A San Juan Evangelista se le invoca como patrono de teólogos, escritores, editores y estudiantes de la Biblia. En regiones de tradición vitivinícola, también protege —por herencia de la leyenda— a bodegueros y viñadores. En el plano artístico, su iconografía —libro, pluma, águila, copa— ofrece un catálogo que aúna teología, arte y memoria popular. En España, su presencia en pasos procesionales, retablos y cofradías da continuidad a esa huella más allá de la fecha exacta.

San Juan y el calendario: no confundir con junio

Una aclaración útil en estas fechas: San Juan Evangelista (27 de diciembre) no es San Juan Bautista (24 de junio). Son dos santos distintos que comparten nombre y gran difusión. El de junio marca el nacimiento del Bautista y se asocia a tradiciones de fuego, agua y solsticio; el de hoy, en cambio, sitúa al evangelista en el corazón de la Navidad. Esa cercanía con los días grandes del calendario cristiano no es casual: Juan es el teólogo que explica quién es ese Niño que ha nacido, el Hijo de Dios, y por qué su venida cambia la historia.

La liturgia de estos días dibuja un tríptico: 25 de diciembre (Navidad), 26 de diciembre (San Esteban, primer mártir) y 27 de diciembre (San Juan, testigo). El conjunto subraya tres vías complementarias: el misterio de la encarnación, el martirio que confiesa a Cristo con la sangre y el testimonio del discípulo que ha visto y da fe. En esa secuencia, la fiesta de hoy aporta una voz inconfundible: la de quien recuerda que la alegría de la Navidad no es vaga emoción, sino una certeza que se apoya en la experiencia.

San Juan hoy: la huella que deja en plena Navidad

El 27 de diciembre no es una nota al margen entre la resaca de Nochebuena y los preparativos de fin de año. Deja una huella concreta en la vida de parroquias, cofradías y familias. Quienes llevan el nombre de Juan o Juana reciben hoy una felicitación que enlaza con abuelos y ahijados, con onomásticas que sobreviven a las modas. En los templos, la misa ofrece un itinerario nítido: lecturas cortas y precisas, una oración que mira al Verbo hecho carne y, en muchos casos, la bendición del vino que se comparte después con calma, sin estridencias. En el arte, el apóstol reaparece en cuadros y tallas que quizá pasen desapercibidos el resto del año y que, en cambio, hoy reclaman atención.

También deja una clave de lectura útil para entender el tiempo. Juan pone en primer plano la verdad y la caridad. La primera evita que la fe se disuelva en frases huecas; la segunda comprueba que el discurso se traduce en obras. Por eso su fiesta vive a caballo entre el sagrario y la calle: oración, silencio, y, al lado, iniciativas de proximidad que crecen en Navidad —comidas solidarias, visitas, voluntariados— y que responden a necesidades muy reales. La tradición de Santa Fabiola, también presente hoy, recuerda precisamente esa cara social de la fe.

Queda, por último, el perfil más íntimo del apóstol: su manera de mirar. En el Evangelio se repiten los verbos ver y dar testimonio. Juan no escribe desde lejos. Ofrece lo que ha visto y tocado. De ahí la fuerza de sus páginas, que atraviesan siglos con una claridad poco común. Esa es, probablemente, la razón de que en la Octava de Navidad se le dé un lugar propio: ayuda a interpretar lo que se celebra y a sostener la alegría cuando el calendario se acelera. Una fiesta breve en el papel, pero con profundidad de fondo. Un día para nombrar lo esencial: San Juan, apóstol y evangelista, el amigo que entendió de cerca al Verbo y lo contó con la lucidez de quien primero miró y luego escribió.


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Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: Archidiócesis de Madrid, Vatican News, USCCB, Arzobispado de Barcelona.

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