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Santoral del 22 de diciembre: Cabrini y otros santos
Cabrini, los mártires antiguos y el Adviento se encuentran en una fecha muy arraigada en la tradición española.

El 22 de diciembre, la Iglesia católica recuerda a Santa Francisca Javier Cabrini, fundadora de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y figura ligada a la atención de las personas migrantes. La fecha reúne también a san Isquirión, san Queremón y sus compañeros, san Hungero de Utrecht y el beato Tomás Holland, entre otros nombres recogidos en el calendario martirológico.
La jornada tiene, además, una particularidad litúrgica: al caer dentro de las ferias mayores de Adviento, la celebración de la misa se centra en la preparación de la Navidad y no en una memoria de Cabrini. En España, el día coincide con el Sorteo Extraordinario de Navidad, de modo que conviven en una misma fecha la tradición popular, la espera cristiana y el recuerdo de personas de épocas muy distintas.
Francisca Javier Cabrini, una vida dedicada a quienes emigraban
Francisca Javier Cabrini nació el 15 de julio de 1850 en Sant’Angelo Lodigiano, en Lombardía, dentro de una familia campesina. Fue la penúltima de once hermanos y desde joven se interesó por la enseñanza y por la atención a personas necesitadas. Trabajó como profesora y asumió tareas en un orfanato, experiencias que orientaron una vocación religiosa que acabaría tomando una dimensión internacional. Su biografía conecta la vida espiritual con una labor social organizada, algo que ayuda a explicar por qué su figura mantiene interés más allá de los círculos religiosos.
En 1880 fundó el Instituto de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. La congregación nació con una vocación misionera y de servicio, aunque el destino que marcaría su historia no fue el que Cabrini había imaginado al principio. León XIII la animó a dirigir su trabajo hacia Occidente, y en 1889 llegó a Nueva York para atender a la comunidad italiana. Muchos inmigrantes afrontaban pobreza, barreras lingüísticas y dificultades para encontrar asistencia sanitaria o educación para sus hijos. La acogida, para Cabrini, debía convertirse en instituciones capaces de sostenerse y responder a necesidades concretas.
Su trabajo se extendió desde Nueva York a otras ciudades de Estados Unidos, entre ellas Chicago, Nueva Orleans, Denver y Seattle, y alcanzó también distintos lugares de América Latina y Europa. A lo largo de su vida impulsó 67 instituciones, entre escuelas, orfanatos y hospitales. La cifra da una idea de la escala de la iniciativa, pero también de una manera de trabajar que combinaba la creación de servicios, la búsqueda de apoyos y la coordinación de equipos. No se trataba solo de atender una urgencia, sino de construir una red de educación, salud y cuidado.
La atención a los migrantes italianos no consistía únicamente en ofrecerles ayuda material. Cabrini entendió que aprender la lengua del país de acogida, conservar los vínculos culturales y encontrar un lugar seguro para los niños podían ser partes de un mismo proceso. Sus instituciones respondían a necesidades inmediatas, pero también buscaban que las personas pudieran desenvolverse en una sociedad nueva sin quedar aisladas. Esa mirada explica que se la recuerde como patrona de los emigrantes: su legado se asocia a una acogida que combina asistencia y oportunidades de integración.
Cabrini fue naturalizada estadounidense en 1909. Murió en Chicago el 22 de diciembre de 1917 y fue canonizada por Pío XII en 1946, convirtiéndose en la primera ciudadana estadounidense proclamada santa. En 1950 fue declarada patrona de los emigrantes. Su memoria litúrgica se celebra el 13 de noviembre en numerosos calendarios particulares, mientras que el Martirologio Romano recoge su muerte en la fecha del 22 de diciembre. Ese doble anclaje explica que aparezca en el santoral de este día aunque su memoria litúrgica tenga otra fecha.
Por qué el 22 de diciembre se celebra la misa de Adviento
Del 17 al 24 de diciembre, la liturgia católica entra en las llamadas ferias mayores de Adviento, días de preparación inmediata para la Navidad. El calendario dirige la atención hacia los relatos bíblicos que preceden al nacimiento de Jesús y hacia la esperanza de su llegada. En ese marco, el 22 de diciembre se proclama el Magníficat, el canto de María recogido en el Evangelio de Lucas. La misa del día conserva así el tono propio del Adviento, aunque el martirologio recuerde a santos y beatos.
Esto no significa que las personas conmemoren a Cabrini o a los demás santos de manera incorrecta, ni que sus nombres desaparezcan del calendario. Son planos relacionados, pero distintos: el martirologio reúne las conmemoraciones de santos y beatos, mientras que el calendario litúrgico determina qué celebración ocupa el lugar principal en la misa. Durante estas ferias, la preparación navideña tiene precedencia sobre las memorias de santos. El santoral acompaña la jornada, pero no sustituye la celebración litúrgica que corresponde a ese día.
El Magníficat aporta un sentido particular a la víspera de la Navidad. En el canto, María expresa gratitud y esperanza, y presenta una imagen de Dios que mira a quienes viven en humildad y necesidad. Esa dimensión ayuda a comprender por qué la figura de Cabrini encaja de forma significativa en la fecha, aunque no sea la protagonista de la misa: su trabajo estuvo centrado precisamente en personas vulnerables, muchas de ellas recién llegadas a un país. La relación entre el texto litúrgico y su legado es una lectura de contexto, no un cambio en el calendario.
En España, el 22 de diciembre se reconoce también por el sorteo de la Lotería de Navidad. Durante la mañana, la atención pública suele concentrarse en los números y en los premios; para los creyentes, la jornada discurre a la vez dentro del tramo final del Adviento. No hay una relación litúrgica entre ambas tradiciones, pero su coincidencia forma parte del paisaje cultural del día. La fecha reúne costumbres civiles y religiosas sin que una explique o reemplace a la otra.
Los mártires y obispos que recuerda el calendario
Entre las figuras antiguas de la jornada aparece san Isquirión, recordado como mártir de Alejandría durante la persecución del emperador Decio, en el siglo III. La tradición cuenta que se negó a sacrificar a los dioses y que murió por mantener su fe. Los relatos martirológicos describen su ejecución con dureza, pero su sentido no reside únicamente en la violencia narrada: lo presentan como alguien que sostuvo sus convicciones en un contexto de presión política y religiosa. Su memoria remite a las primeras comunidades cristianas y a los riesgos que afrontaban sus miembros.
También se recuerda a san Queremón, obispo de Nilópolis, y a sus compañeros. Según la tradición, durante la persecución fueron desplazados hacia zonas montañosas de Arabia, donde las condiciones de vida eran extremas. En estos casos, los relatos no siempre permiten reconstruir cada detalle con la certeza que exigiría una biografía moderna. Sí transmiten una memoria de huida, precariedad y pérdida, que la tradición cristiana interpretó como testimonio de fidelidad. La conmemoración conserva esa historia sin convertir la falta de datos precisos en una certeza artificial.
San Hungero de Utrecht, obispo del siglo IX, ofrece un perfil distinto. Su nombre quedó asociado a la defensa de la indisolubilidad del matrimonio en el conflicto que rodeó al rey Lotario II, su esposa Teutberga y Waldrada. La cuestión no era solo privada: la ruptura matrimonial y la sucesión dinástica tenían consecuencias políticas, y la posición de Hungero lo enfrentó al poder real. Su recuerdo muestra cómo, en la Europa medieval, las disputas religiosas podían entrelazarse con la autoridad de los monarcas.
La tradición biográfica también sitúa a Hungero en una época de incursiones vikingas, que obligaron a comunidades y clérigos a buscar refugio. Se le relaciona con desplazamientos a lugares como Prüm y Deventer, lejos de la seguridad que habría ofrecido una sede estable. La historia de este obispo no tiene la dimensión institucional de la de Cabrini, pero revela otra forma de servicio: sostener una comunidad cuando el territorio y el poder político se vuelven inciertos. Su figura enlaza la vida pastoral con las tensiones de una época convulsa.
El beato Tomás Holland lleva el calendario hasta la Inglaterra del siglo XVII. Jesuita y sacerdote, ejerció su ministerio en un contexto en el que el catolicismo estaba sometido a fuertes restricciones. Regresó a Inglaterra después de formarse fuera del país y acompañó a católicos que vivían su fe con discreción. Fue arrestado y ejecutado en Londres en 1642, durante el reinado de Carlos I. Su historia recuerda que la clandestinidad religiosa podía convertir tareas cotidianas, como confesar o celebrar misa, en actos de riesgo.
Junto a estos nombres, los calendarios pueden recoger otras conmemoraciones según la tradición y el ámbito eclesiástico consultado. La composición del santoral no funciona como una lista idéntica en todos los lugares: hay diferencias entre calendarios universales, propios de diócesis y congregaciones, además de variaciones en la forma de escribir algunos nombres. Por eso, una fecha puede destacar a una figura principal y mencionar a la vez a otros santos y beatos.
Qué es el santoral y cómo se relaciona con el calendario
El santoral es el conjunto de conmemoraciones de santos y beatos distribuidas a lo largo del año. Su principal referencia oficial en la Iglesia católica es el Martirologio Romano, un catálogo que se actualiza y recoge nombres, fechas y datos esenciales sobre quienes son recordados. No es una biografía completa de cada persona ni un programa de lecturas para la misa: su función es señalar la memoria de figuras reconocidas por la tradición de la Iglesia.
La palabra también se utiliza en la vida cotidiana para hablar del santo asociado a un nombre o de la celebración de la onomástica. De ahí que muchas personas feliciten a familiares y amistades en el día vinculado a su nombre, aunque no todas las familias sigan la costumbre con la misma intensidad. En algunos hogares se conserva como una fecha familiar; en otros, el cumpleaños ha ocupado casi todo ese espacio. La onomástica pertenece a una tradición cultural y religiosa que se vive de maneras diversas.
La fecha asignada a un santo suele estar relacionada con el día de su muerte, entendido en la tradición cristiana como el paso a la vida eterna, aunque el calendario también depende de decisiones históricas y litúrgicas. Cuando coinciden varias conmemoraciones o una celebración de mayor rango, la misa sigue las normas del calendario y no todas las memorias tienen el mismo protagonismo. Por eso, consultar el santoral y saber qué misa se celebra son cuestiones relacionadas, pero no equivalentes.
También conviene distinguir entre santo y beato. Ambos pueden aparecer en el calendario, pero la beatificación y la canonización son etapas distintas dentro del reconocimiento eclesial. Los artículos de divulgación suelen reunirlos bajo la expresión santos y beatos porque los dos son objeto de conmemoración, aunque su condición no sea idéntica. En el caso de Tomás Holland, el título de beato debe conservarse y no sustituirse por el de santo.
La onomástica de Francisca y otros nombres del día
Quienes se llaman Francisca pueden celebrar su onomástica el 22 de diciembre por la asociación de la fecha con Cabrini. También es habitual encontrar el nombre compuesto Francisca Javier, mientras que Paquita se utiliza tradicionalmente como diminutivo. La extensión de una costumbre así depende de las familias y de las regiones: no existe una obligación de celebrarla ni una única manera de hacerlo. Para muchas personas, basta una felicitación o un recuerdo compartido para mantener viva la fecha.
El nombre de Cabrini procede de una tradición italiana y religiosa que combina Francisca con Javier. Su caso permite observar cómo los nombres de santos cruzan fronteras y se adaptan a distintas lenguas, sin que la forma cotidiana sea siempre la misma que figura en los calendarios. En otras fechas, las variantes de los nombres pueden hacer que una persona vincule su onomástica a más de un santo. La relación entre nombre y santoral es cultural y puede variar según el calendario consultado.
San Isquirión, san Queremón y san Hungero son nombres menos frecuentes en España, pero su presencia amplía el mapa histórico del día. Tras ellos hay lugares y épocas muy diferentes: Alejandría bajo persecución, las rutas de Arabia, la Utrecht medieval y la Inglaterra de los Estuardo. Esa variedad es una de las características del calendario cristiano, que no reúne únicamente figuras célebres ni limita sus recuerdos a una sola región. Los nombres menos conocidos también conservan la memoria de comunidades y conflictos que dejaron poca huella en la cultura popular.
La celebración del santo puede ser una ocasión para conocer el origen de un nombre o la historia de la figura que lo lleva. En el caso de Francisca Javier Cabrini, la onomástica abre una puerta a una biografía que se entiende mejor junto a los grandes movimientos migratorios de su tiempo y a la expansión de sus instituciones. El nombre propio adquiere así un contexto histórico que va más allá de la felicitación.
Una obra que convirtió la acogida en una red
El trabajo de Cabrini destaca por haber unido atención directa y organización. Para responder a las necesidades de las comunidades migrantes, impulsó centros educativos, orfanatos y hospitales, y buscó recursos para que esas obras pudieran continuar. La cifra de 67 instituciones ofrece una medida de su alcance, pero también obliga a mirar el trabajo cotidiano que hay detrás: personal formado, espacios, financiación y vínculos con las comunidades locales. La caridad que perdura necesita estructuras, no solo gestos individuales.
Su método incluía la búsqueda de colaboración con autoridades y benefactores, además de la formación de mujeres que participaban en las obras de la congregación. La educación tenía un papel central, tanto para niños como para quienes necesitaban aprender la lengua del entorno y desenvolverse en una nueva sociedad. Cabrini no fue una teórica de las políticas migratorias, pero su labor muestra una intuición práctica: la ayuda tiene más recorrido cuando conecta salud, enseñanza y acompañamiento. La integración aparecía como un proceso hecho de servicios concretos y relaciones de confianza.
Ese legado tiene resonancias actuales, aunque no conviene trasladar sin matices las condiciones de finales del siglo XIX al presente. Las causas de la migración, los sistemas públicos y las normas de cada país han cambiado. Lo que sí permite la comparación es reconocer preguntas que siguen vigentes: cómo se evita que una familia recién llegada quede aislada, qué papel desempeña la escuela y cómo se presta atención sanitaria cuando hay barreras culturales o lingüísticas. La obra de Cabrini inspira una conversación, pero no sustituye el análisis de las circunstancias actuales.
La figura también ha llegado a públicos alejados de los espacios religiosos. En 2024, la película Una mujer italiana (Cabrini), dirigida por Alejandro Monteverde, reavivó el interés por su historia; en España se estrenó el 10 de mayo. El cine ofrece una puerta de entrada, aunque una representación dramática no reemplaza el estudio histórico de una vida. La presencia de Cabrini en la cultura popular ha ampliado la conversación sobre su labor y su época.
Una fecha entre la memoria y la espera navideña
El 22 de diciembre concentra historias que no son iguales entre sí. Cabrini representa una misión internacional centrada en la educación, la salud y la atención a los migrantes; Isquirión y Queremón remiten a las persecuciones antiguas; Hungero aparece en una disputa donde religión y política se cruzaron, y Tomás Holland recuerda la práctica clandestina del catolicismo en Inglaterra. El calendario reúne trayectorias distintas sin reducirlas a una sola lección.
La proximidad de la Navidad añade otra capa a la jornada. Mientras las ferias mayores preparan la celebración cristiana y el Magníficat ocupa un lugar central en la liturgia, la tradición popular española mira también al sorteo de lotería. En medio de esa mezcla, el recuerdo de Cabrini introduce una pregunta de fondo sobre la acogida y el cuidado, no como una consigna abstracta, sino como una tarea que requiere lugares, personas y continuidad. La memoria del día adquiere sentido cuando se observa junto a la vida concreta de quienes fueron atendidos.
Así, el santoral del 22 de diciembre no se limita a asignar un nombre a una fecha. Permite recorrer casi dos mil años de historia cristiana y distinguir entre la conmemoración de los santos y la celebración litúrgica propia del Adviento. Cabrini destaca por una obra que cruzó el Atlántico y dejó instituciones en funcionamiento; los demás nombres recuerdan formas de fidelidad vividas bajo condiciones muy diferentes. La jornada mira hacia la Navidad sin borrar las historias humanas que la preceden.

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