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Economía

Qué cambia con las sanciones de EE. UU. a Rosneft y Lukoil

La presión sobre las grandes petroleras rusas puede alterar sus ventas y complicar las operaciones de sus compradores internacionales.

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sanciones de EEUU a Rosneft y Lukoil

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El 22 de octubre de 2025, Estados Unidos anunció sanciones contra Rosneft y Lukoil, dos de las principales petroleras rusas, con el propósito de reducir los ingresos que sostienen al Kremlin durante la guerra en Ucrania. La medida también elevó el riesgo para las entidades financieras extranjeras que mantengan negocios con ambas compañías: no solo está en juego el acceso directo al mercado estadounidense, sino también la posibilidad de afrontar sanciones secundarias.

El anuncio marcó un cambio relevante en la política de Donald Trump, que hasta entonces no había dirigido sanciones de este tipo contra las grandes empresas energéticas rusas durante su segundo mandato. No significa, sin embargo, que todo el petróleo ruso quedara automáticamente fuera del mercado ni que las compras de terceros países se detuvieran de inmediato. El efecto depende de cómo reaccionen bancos, refinerías y compradores, y de cuánto valoren conservar sus vínculos con el sistema financiero de Estados Unidos.

Un golpe dirigido al principal motor exportador ruso

Rosneft y Lukoil ocupan posiciones centrales en la industria petrolera de Rusia, aunque tienen perfiles distintos. Rosneft es una compañía estatal y, según la información publicada al anunciarse las sanciones, el segundo mayor productor de petróleo del mundo, por detrás de Saudi Aramco. Lukoil, por su parte, es la mayor productora independiente rusa. Al apuntar a las dos, Washington eligió empresas con capacidad para generar ingresos y mantener flujos comerciales a gran escala, no actores periféricos del sector.

La importancia de esa elección está en el recorrido que sigue el dinero. El petróleo se extrae, se vende a compradores de otros países y se paga a través de redes comerciales y financieras internacionales. Cuando las compañías que organizan esa actividad quedan sujetas a restricciones, el problema no se limita a sus operaciones en territorio estadounidense: también puede afectar a quienes necesitan bancos, financiación o servicios vinculados a Estados Unidos para cerrar sus transacciones.

El Tesoro estadounidense justificó la decisión por la negativa de Moscú a poner fin a la guerra. Scott Bessent, secretario del Tesoro, presentó las dos empresas como fuentes de financiación para la maquinaria bélica rusa y dejó abierta la posibilidad de nuevas medidas. La lógica declarada es económica y política a la vez: reducir los ingresos disponibles para el Estado ruso y elevar el coste de prolongar el conflicto, sin que el anuncio por sí solo garantice un cambio en las decisiones del Kremlin.

Qué bloquean las medidas y a quién pueden alcanzar

Las restricciones afectan a Rosneft y Lukoil y se extienden a varias filiales rusas de su propiedad mayoritaria. En términos prácticos, esa inclusión puede impedir que las empresas afectadas realicen operaciones con personas o entidades estadounidenses y dificultar las transacciones en dólares. La medida también puede bloquear bienes e intereses sujetos a la jurisdicción de Estados Unidos. El alcance no se limita, por tanto, al nombre de las dos matrices, aunque tampoco debe interpretarse como una prohibición automática de cualquier operación petrolera rusa en cualquier país.

La diferencia entre una sanción directa y una secundaria es clave para entender el anuncio. Las prohibiciones directas restringen las operaciones de personas y entidades estadounidenses con las compañías designadas. Las sanciones secundarias, en cambio, pueden exponer a instituciones financieras extranjeras a penalizaciones si facilitan determinados negocios con ellas. El Tesoro señaló que las entidades financieras extranjeras participantes podían quedar sujetas a esas consecuencias, una advertencia que amplía el alcance potencial de la presión más allá de las fronteras estadounidenses.

Eso no equivale a que todos los bancos que tramiten cualquier pago vayan a ser sancionados de manera automática. El riesgo depende de las operaciones, de la entidad implicada y de la aplicación concreta de las medidas. Pero la incertidumbre también pesa: una institución puede optar por no gestionar una transacción si teme perder acceso a financiación o servicios estadounidenses. En las sanciones financieras, la cautela de los intermediarios puede ampliar el efecto más allá de lo que prohíbe formalmente la norma.

El caso de Reliance, citado en la información sobre el anuncio por sus operaciones internacionales, sirve para ilustrar esa exposición, no para afirmar que la empresa fuera sancionada. Un comprador con actividad global podría encontrarse con dificultades para obtener financiación de bancos estadounidenses si continuara adquiriendo petróleo de las compañías afectadas. Para una refinería, el dilema no consiste solo en encontrar un cargamento alternativo: también debe valorar cómo se pagan las compras y qué relaciones financieras podría poner en riesgo.

Por qué importan los bancos y los compradores de Asia

La presión sobre Rosneft y Lukoil busca llegar a la cadena que conecta la producción rusa con sus clientes. Una petrolera puede mantener capacidad para extraer crudo y, aun así, tener problemas para venderlo, cobrarlo o financiar los servicios que sostienen el comercio. Si los bancos reducen su exposición y las refinerías buscan otros proveedores, las empresas rusas pueden verse obligadas a ofrecer condiciones menos favorables o a reorganizar sus rutas comerciales.

China e India son relevantes en ese cálculo porque los compradores de ambos países han aparecido en el debate sobre las exportaciones rusas. Analistas citados tras el anuncio consideraron que las nuevas medidas podían llevarles a reducir sus compras. La amenaza no es idéntica para todos: cuanto más dependa una empresa del acceso a los mercados de capitales estadounidenses, mayor puede ser el coste de conservar esos negocios. En cambio, un comprador con menos vínculos con el sistema financiero de Estados Unidos podría valorar de otra manera el riesgo.

De ahí que la decisión de Washington no equivalga a un embargo mundial. Su capacidad para presionar a compradores extranjeros procede, sobre todo, de la importancia del dólar y de la posición de los bancos estadounidenses en la financiación internacional. Una empresa puede no tener sede en Estados Unidos y aun así necesitar intermediarios que operan allí. Si esos intermediarios deciden apartarse de las operaciones relacionadas con las petroleras rusas, el efecto se extiende sin que Washington tenga que prohibir por separado cada compra realizada en otro país.

La presión también depende de que las advertencias sean creíbles y se apliquen. En el debate posterior al anuncio, algunos analistas señalaron que la ausencia de bancos o compradores indios y chinos en la lista inicial podía limitar el impacto inmediato sobre las decisiones de sus gobiernos y empresas. Otros subrayaron que la amenaza de actuar contra entidades financieras extranjeras podía ser suficiente para que algunas refinerías buscaran suministros alternativos. La diferencia entre una señal política y un cambio efectivo se verá en las decisiones comerciales, no solo en el comunicado.

Un mercado que reaccionó, pero no quedó fuera de peligro

Los precios del petróleo subieron tras conocerse las sanciones. El crudo Brent avanzó un 5% hasta los 65,69 dólares por barril el jueves por la mañana, según los datos difundidos entonces. También aumentaron las acciones de grandes petroleras cotizadas en Europa: Shell y BP subieron un 3,2%, mientras que TotalEnergies avanzó un 2,1%. La reacción reflejó la posibilidad de interrupciones o cambios en las rutas de suministro, pero no permite concluir por sí sola que la oferta mundial fuera a caer de forma permanente.

El precio del crudo depende de muchos factores y puede moverse ante la expectativa de problemas antes de que se produzcan cambios materiales en los cargamentos. Si las refinerías sustituyen el petróleo ruso por crudo de otros proveedores, el impacto puede adoptar la forma de rutas más largas, costes distintos o competencia por determinados suministros. Si, por el contrario, las exportaciones continúan mediante compradores y canales que no abandonan las operaciones, la presión económica puede ser menor de lo que anticipa una reacción inicial del mercado.

Por eso conviene distinguir entre la respuesta bursátil de las primeras horas y las consecuencias sostenidas. El aumento del Brent mostró que los operadores incorporaron el riesgo a sus cálculos; no demuestra que las sanciones provocaran por sí solas una escasez global. El efecto final dependerá de cuánto crudo logren vender las compañías y de las condiciones en que puedan hacerlo, además de la reacción de otros productores y de la demanda internacional.

Rusia ya había reorganizado sus exportaciones

Las empresas rusas no afrontaban estas restricciones en un mercado intacto. Desde 2022, las grandes petroleras habían respondido a las sanciones occidentales trasladando suministros desde Europa hacia Asia y recurriendo a petroleros de segunda mano integrados en lo que se conoce como flota fantasma. Ese antecedente ayuda a explicar por qué una nueva medida no borra de un día para otro las ventas rusas: las redes comerciales pueden adaptarse, aunque hacerlo añade fricciones y no elimina la exposición financiera.

La flota fantasma alude a barcos utilizados para transportar petróleo al margen de algunos controles y restricciones previos. Su existencia ofrece una vía para reorganizar cargamentos, pero no resuelve todos los obstáculos: siguen siendo necesarios compradores, pagos y servicios comerciales. Cambiar la ruta de un barco es más sencillo que sustituir toda la infraestructura que permite cobrar y financiar una exportación. Por eso las medidas dirigidas a bancos y contrapartes pueden tener un alcance distinto al de las sanciones sobre buques.

La situación de las compañías también se había deteriorado por otros factores. La información disponible al anunciarse las nuevas restricciones apuntaba a una caída de los precios mundiales de la energía durante ese año y a aranceles estadounidenses aplicados a India por sus compras de petróleo ruso. En ese contexto, sumar riesgo financiero podía hacer menos atractivas operaciones que ya tenían que desenvolverse con menores ingresos o bajo presión comercial. No implica que Rusia perdiera automáticamente sus clientes, pero sí que el margen para mantener las ventas en las mismas condiciones podía estrecharse.

La capacidad de adaptación tampoco significa inmunidad. Cuando un proveedor se vuelve más difícil de financiar o sus pagos pueden exponer a un banco a sanciones, los compradores tienen motivos para diversificar. La transición puede ser gradual y desigual: algunas refinerías quizá encuentren alternativas con rapidez, mientras que otras tendrían más dificultades para reemplazar determinados volúmenes. La vulnerabilidad no reside solo en cuánto produce Rusia, sino en la facilidad con que ese petróleo puede llegar al mercado y convertirse en ingresos.

Una escalada dentro de una estrategia más amplia

La decisión estadounidense se sumó a medidas anteriores de otros gobiernos. Reino Unido había anunciado sanciones contra Rosneft y Lukoil la semana previa. En enero de 2025, la Administración de Joe Biden había sancionado a Gazprom Neft y Surgutneftegas, otras dos grandes petroleras rusas. Con el anuncio de octubre, las cuatro mayores compañías del sector mencionadas en la información de referencia habían quedado afectadas por sanciones estadounidenses.

El momento también representó una diferencia respecto a la cautela previa. La Administración Biden había aplazado medidas contra Rosneft y Lukoil ante el temor de que una presión directa sobre empresas de ese tamaño empujara al alza los precios mundiales de la energía. Trump anunció las nuevas sanciones en medio de una creciente frustración con Vladímir Putin por la continuidad de la guerra, que atravesaba su cuarto año. La decisión combinó presión sobre los ingresos rusos con una señal de endurecimiento político.

Trump afirmó que esperaba que las sanciones no tuvieran que mantenerse durante mucho tiempo y vinculó su duración a la posibilidad de resolver la guerra. También explicó que había cancelado una cumbre prevista con Putin en Hungría porque no consideraba oportuno celebrarla entonces. Después de una conversación telefónica entre ambos mandatarios, la reunión se había anunciado; cinco días más tarde quedó cancelada tras contactos entre Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, y Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso.

La secuencia muestra que las medidas económicas no se presentaron aisladas de la diplomacia. Washington las describió como una forma de aumentar la presión ante la falta de avances, mientras dejaba abierta la posibilidad de nuevas acciones. Eso no permite saber si Moscú cambiaría su posición ni cuánto tardaría en hacerlo. Las sanciones son un instrumento de negociación y coerción, no una garantía de que el objetivo político se alcance.

La coordinación con Europa amplía la presión, con límites propios

El anuncio estadounidense coincidió con una nueva ronda de medidas europeas. La Unión Europea aprobó su decimonoveno paquete de sanciones contra Moscú, que incluyó restricciones más estrictas a las transacciones con Rosneft y Gazprom Neft y la prohibición de importar gas natural licuado ruso a partir del 1 de enero de 2027. El bloque también añadió 117 buques a la lista de embarcaciones de la flota fantasma señaladas por eludir controles anteriores.

La coincidencia fue resultado de contactos entre Washington y las instituciones europeas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habló con Bessent antes del anuncio estadounidense, y la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, valoró la alineación entre ambas partes. La coordinación importa porque reduce las opciones de que las empresas sancionadas compensen las restricciones de un mercado trasladando sencillamente sus operaciones a otro de los principales centros financieros occidentales.

El paquete europeo no se limitó a petróleo y gas. Incluyó medidas contra bancos y compañías a las que Bruselas atribuyó ayuda a Rusia para obtener componentes destinados a drones y armamento, entre ellas entidades de China y Hong Kong, además de empresas de otros países. También contempló restricciones relacionadas con una criptomoneda vinculada al rublo y una plataforma de intercambio, así como límites a los viajes de diplomáticos rusos dentro del bloque. La respuesta europea combinó energía, finanzas, tecnología y transporte, aunque cada medida tiene un calendario y un ámbito distintos.

La coordinación occidental tampoco elimina las diferencias sobre cómo asumir los costes de la guerra y de las sanciones. En paralelo, los líderes europeos debatían el uso de activos rusos congelados para respaldar un préstamo de 140.000 millones de euros a Ucrania. Bélgica, donde está inmovilizada la mayor parte de esos activos, se oponía al plan si los demás Estados miembros no compartían los riesgos legales y financieros. Ese desacuerdo revela un límite menos visible de la presión internacional: la unidad sobre el objetivo no siempre resuelve quién asume las consecuencias económicas y jurídicas.

El alcance real se medirá en las operaciones que cambien

Las sanciones colocaron a dos gigantes del petróleo ruso en el centro de una presión que busca alcanzar también a quienes facilitan sus ventas. Su fuerza potencial procede menos de una prohibición universal que del peso de Estados Unidos en las finanzas internacionales y de la cautela que puede provocar la amenaza de sanciones secundarias. Para Rosneft y Lukoil, la dificultad puede aparecer en distintas etapas: encontrar compradores dispuestos, organizar los pagos y mantener acceso a servicios financieros sin exponer a sus contrapartes.

Pero el desenlace no se deduce únicamente del alcance legal del anuncio. Rusia ya había redirigido exportaciones hacia Asia y utilizado redes alternativas para sostener los envíos. Los compradores, a su vez, comparan precios, disponibilidad y riesgos financieros. Si las restricciones persuaden a bancos y refinerías para apartarse, los ingresos de las petroleras pueden resentirse; si se consolidan canales alternativos, la presión puede reducirse o trasladarse a costes y descuentos.

La medida de octubre de 2025 fue, por tanto, un endurecimiento significativo, no una llave que apagara de inmediato el flujo de petróleo ruso. Su resultado depende de una cadena de decisiones repartida entre gobiernos, bancos, navieras y compradores. El indicador más revelador será si esas compañías pueden seguir vendiendo con normalidad o si cada operación empieza a exigir rutas más complejas, más riesgo y menos acceso a financiación.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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