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¿Por qué Rusia construye otro submarino nuclear Yasen-M con Zircon?
Rusia inicia la construcción del Murmansk, un submarino nuclear Yasen-M preparado para lanzar los misiles hipersónicos Zircon desde alta mar.

Rusia ha dado el primer paso formal para construir el Murmansk, su noveno submarino nuclear multipropósito del proyecto Yasen-M. La ceremonia de colocación de la quilla se celebró el 17 de junio de 2026 en los astilleros Sevmash de Severodvinsk, junto al mar Blanco, donde Moscú fabrica sus unidades submarinas más avanzadas.
El futuro buque estará concebido para localizar submarinos y grupos navales enemigos, proteger formaciones rusas y atacar objetivos terrestres desde gran distancia. También podrá integrar misiles de crucero Zircon, capaces de alcanzar velocidades hipersónicas. Conviene rebajar, eso sí, el ruido de fanfarria: el Murmansk acaba de entrar en construcción y tardará años en estar listo para navegar.
La puesta de quilla no es la botadura
Las imágenes de una ceremonia naval, con almirantes, placas metálicas y discursos solemnes, pueden sugerir que el submarino está casi terminado. Nada más lejos. La colocación de la quilla marca el inicio oficial del programa de construcción, no la botadura ni la entrada en servicio.
Durante el acto se instaló una placa conmemorativa en una sección del futuro casco. Participaron el comandante en jefe de la Armada rusa, Aleksandr Moiséyev; el director de la Corporación Unida de Construcción Naval, Andréi Puchkov, y el responsable de Sevmash, Mijaíl Budnichenko. El diseño procede de la oficina Malakhit, la misma que ha desarrollado el resto de la familia Yasen.
Rusia no ha comunicado una fecha concreta para entregar el Murmansk. Los precedentes invitan a mirar el calendario con paciencia: estos submarinos son máquinas enormes, densas en sensores, tuberías y cableado, además de sistemas clasificados. Entre colocar una placa bajo los focos y escuchar el reactor en marcha suele mediar casi una década. A veces, más.
Qué clase de submarino será el Murmansk
El Murmansk pertenecerá al proyecto 885M Yasen-M, la versión modernizada del submarino Severodvinsk, construido según el proyecto 885 original. No será un submarino balístico como los Borei, encargados de patrullar con misiles nucleares estratégicos. Su función será más flexible y, en ciertos escenarios, bastante más incómoda para el adversario.
Los Yasen-M son submarinos de ataque con propulsión nuclear. El reactor les permite permanecer bajo el agua durante periodos muy largos sin necesidad de salir a respirar, como ocurre con las unidades diésel-eléctricas convencionales. Su autonomía real termina dependiendo sobre todo de los víveres, el mantenimiento y la resistencia de la tripulación. Ahí no hay ciencia ficción: el cuerpo humano sigue siendo la pieza más frágil del casco.
Según la industria naval rusa, el diseño reduce la firma acústica, incorpora un alto grado de automatización y emplea equipos avanzados de sonar, comunicaciones y guerra electrónica. Buena parte de sus características permanece bajo secreto militar, por lo que las cifras divulgadas deben leerse como aproximaciones, no como una ficha de catálogo de electrodomésticos.
Un cazador con misiles de largo alcance
La misión de un Yasen-M no consiste únicamente en perseguir otros submarinos. Puede vigilar rutas marítimas, seguir portaaviones, escoltar unidades estratégicas, recopilar inteligencia y lanzar ataques contra instalaciones situadas tierra adentro.
Su armamento puede incluir torpedos y misiles de las familias Kalibr, Oniks y Zircon. Esa combinación permite utilizar una misma plataforma contra barcos, submarinos y blancos terrestres. El valor militar está en la incertidumbre: un submarino oculto obliga al enemigo a buscarlo en una extensión de océano inmensa, como quien intenta encontrar una sombra negra dentro de una habitación sin luz.
Rusia presenta esta polivalencia como el sustituto natural de varias clases soviéticas que todavía continúan en servicio. Menos modelos, más funciones concentradas en un solo diseño. Sobre el papel simplifica tripulaciones, repuestos y mantenimiento; en la práctica, cada unidad es tan compleja y costosa que cualquier retraso pesa como una losa.
El Zircon y el tiempo de reacción
El elemento que concentra la atención es el 3M22 Zircon, denominado Tsirkon en ruso. Se trata de un misil de crucero naval que Moscú describe como hipersónico, capaz de superar cinco veces la velocidad del sonido y maniobrar durante parte de su trayectoria.
Las autoridades rusas le atribuyen velocidades de hasta Mach 9 y un alcance situado, según las distintas comunicaciones oficiales, alrededor de los 900 o 1.000 kilómetros. Son datos procedentes principalmente de Rusia y no existe información pública suficiente para comprobar todas sus prestaciones en condiciones reales de combate.
Su principal ventaja no es una supuesta invisibilidad mágica, sino el tiempo. A gran velocidad, los radares y sistemas defensivos disponen de menos minutos —o segundos— para detectar, clasificar y tratar de interceptar la amenaza. La maniobrabilidad complica todavía más el cálculo. Hipersónico, sin embargo, no significa invulnerable; significa difícil, rápido y caro de contrarrestar. Que ya es bastante.
El Perm, botado en 2025, será el primer Yasen-M preparado desde su diseño para llevar Zircon como armamento ordinario. El Murmansk se construirá dentro de esa etapa más reciente del programa, por lo que su arquitectura estará vinculada a la integración de este tipo de misiles y de futuros sistemas navales.
El término submarino nuclear suele provocar una confusión automática. En este caso describe, ante todo, su propulsión nuclear: el buque utiliza un reactor nuclear para generar energía y moverse.
Eso no significa que todos los misiles que transporte lleven una carga nuclear. La carga dependerá del arma, la misión y las decisiones de las autoridades rusas, información que no se publica para cada patrulla. Un submarino puede tener reactor nuclear y utilizar munición convencional. Son dos planos distintos, aunque en los titulares se mezclen con alegre facilidad.
El Ártico y el Atlántico Norte están detrás del proyecto
El nombre Murmansk no es decorativo. La ciudad se encuentra en la península de Kola, corazón de la Flota del Norte y puerta rusa hacia el Ártico y el Atlántico. Allí se concentran bases navales, submarinos estratégicos, astilleros y parte esencial de la infraestructura militar de Moscú.
Otro submarino soviético, el K-206 del proyecto 949, ya llevó el nombre de Murmansk. Recuperarlo enlaza la nueva unidad con la tradición naval del norte ruso, una zona donde la historia militar, el hielo y la propaganda suelen viajar en el mismo convoy.
Para la OTAN, la expansión submarina rusa en el Alto Norte representa un problema concreto. Desde esas aguas, las unidades pueden aproximarse a las rutas que unen Norteamérica y Europa, seguir movimientos aliados o amenazar los refuerzos que cruzarían el Atlántico durante una crisis. No hace falta disparar para alterar el tablero: basta con que nadie sepa con certeza dónde está el submarino.
La entrada de Finlandia y Suecia en la Alianza Atlántica ha estrechado todavía más el espacio estratégico alrededor de Rusia. Moscú responde reforzando el Ártico, modernizando sus bases y renovando una flota submarina envejecida. La vieja Guerra Fría no ha regresado exactamente igual; lleva sensores mejores, drones y misiles mucho más rápidos. El paisaje, no obstante, resulta familiar.
Una flota nueva sobre un calendario muy largo
Rusia tiene en servicio cuatro submarinos Yasen-M: Kazan, Novosibirsk, Krasnoyarsk y Arkhangelsk. A ellos se suma el Severodvinsk, cabeza de la familia original Yasen. El Perm se encuentra en la fase previa a su incorporación, mientras que Ulyanovsk, Voronezh y Vladivostok avanzan en diferentes etapas de construcción.
El Murmansk será el noveno ejemplar de la versión modernizada. La Armada rusa pretende utilizar esta familia para reemplazar durante la próxima década a submarinos de tercera generación procedentes del proyecto 971, proyecto 945 y proyecto 949, muchos de ellos herederos directos de la ingeniería soviética.
La ambición es considerable. También lo son los obstáculos. Construir submarinos nucleares exige una industria especializada, componentes de alta precisión, pruebas interminables y dinero en cantidades poco submarinas: siempre acaba saliendo a la superficie. Las sanciones occidentales, la presión presupuestaria de la guerra y la limitada capacidad de los astilleros pueden ralentizar los planes anunciados desde Moscú.
No sería la primera vez. El Kazan fue colocado en grada en 2009 y entregado en 2021. El Arkhangelsk comenzó a construirse en 2015 y entró en servicio a finales de 2024. El Murmansk pertenece, por tanto, al futuro de la Armada rusa, no a su capacidad operativa inmediata.
Más sigilo, más alcance y la misma vieja lógica naval
El Murmansk será una plataforma diseñada para permanecer oculta, escuchar antes de ser escuchada y lanzar armas desde cientos de kilómetros. Ese es el núcleo de la noticia. Rusia no acaba de desplegar un nuevo submarino; ha empezado a construirlo, una diferencia menos espectacular pero bastante importante.
Cuando entre en servicio, reforzará una flota orientada al Ártico, el Pacífico y el Atlántico Norte, con mayor capacidad para atacar barcos y objetivos terrestres sin exponer unidades de superficie. Su combinación de propulsión nuclear, sensores y misiles hipersónicos reducirá los márgenes de reacción de cualquier adversario.
La tecnología cambia, la lógica permanece. Bajo el agua, la ventaja sigue perteneciendo a quien detecta primero y revela su posición el último. El Murmansk nace para eso: convertirse algún día en una presencia que nadie ve, pero que todos deben tener en cuenta.

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