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Naturaleza

¿Por qué la plaga de pulpos en Reino Unido está batiendo récords?

El pulpo común se dispara en Reino Unido: más de 3.000 toneladas en seis meses, un récord que ya supera dos años completos de pesca gallega.

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plaga de pulpos

El suroeste de Inglaterra sigue viviendo una explosión de pulpo común que ya no cabe cómodamente en la categoría de curiosidad marina. Durante el primer semestre de 2026, los seis principales puertos británicos para esta pesquería desembarcaron 3.057 toneladas de pulpo, más de lo que habían recibido durante todo 2025 y bastante más de lo comercializado por las lonjas gallegas durante 2024 y 2025 juntas. Y hay un matiz importante: esas 3.057 toneladas corresponden únicamente a seis puertos, no al conjunto de los desembarques británicos. El famoso dato de las «3.000 toneladas», por tanto, se queda incluso corto.

La especie que está detrás del fenómeno es el pulpo común, Octopus vulgaris, el mismo que constituye la base de buena parte de la pesquería artesanal gallega. No es una especie exótica recién llegada ni una misteriosa variedad inglesa: ya estaba presente en aguas británicas, aunque normalmente en cantidades pequeñas y sobre todo en las costas meridionales y occidentales. Lo extraordinario es su abundancia. La Marine Biological Association considera el episodio iniciado en 2025 el mayor «bloom» o explosión poblacional registrado en estas aguas en al menos 75 años.

Conviene además poner una pequeña pinza lingüística al término «plaga». Funciona en un titular y refleja bien la sensación de muchos pescadores, pero no es la denominación científica del fenómeno. Los organismos británicos hablan de octopus bloom, una proliferación excepcional de una población. El pulpo, como cabía sospechar, no ha solicitado permiso de residencia ni se ha declarado invasor.

Reino Unido supera en seis meses dos años de pulpo gallego

Las cifras británicas explican por qué el asunto ha dejado de ser una anécdota. Entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2026, Newlyn desembarcó 1.404 toneladas de pulpo; Brixham, 649; Salcombe, 304; Dartmouth, 255; Mevagissey, otras 255, y Plymouth, 190. Sumadas, son exactamente 3.057 toneladas. En todo 2025 esos mismos seis puertos habían registrado 2.457 toneladas. Es decir, en medio año ya estaban un 24,4% por encima del ejercicio completo anterior. Los datos de 2026 son todavía provisionales, una cautela que importa cuando se manejan estadísticas pesqueras recientes.

El contraste con Galicia es considerable. Las lonjas gallegas comercializaron 1.183.375 kilos de pulpo en 2024 y 1.232.594 en 2025: algo menos de 2.416 toneladas entre ambos años. Los seis principales puertos británicos, ellos solos, superaron esa cantidad en unas 641 toneladas durante los primeros seis meses de 2026. La comparación por campañas conduce a una fotografía parecida: la campaña gallega 2024-2025 rondó las 1.116 toneladas y la de 2025-2026 terminó cerca de las 1.327 toneladas.

Hay que distinguir, eso sí, entre «capturas» y desembarques. La estadística oficial británica contabiliza el peso desembarcado por buques del Reino Unido y sitúa la concentración principal en el canal de la Mancha occidental, especialmente en el área ICES 7e. En lenguaje de calle hablamos de miles de toneladas pescadas; en lenguaje estadístico, lo más limpio es hablar de toneladas desembarcadas.

Qué especie es: Octopus vulgaris, no el pulpo rizado británico

El protagonista es Octopus vulgaris, un molusco cefalópodo de la familia de los octópodos, ampliamente distribuido en aguas templadas y cálidas y muy conocido en el Mediterráneo y el Atlántico oriental. En el Reino Unido convivía ya con otra especie mucho más habitual, el pulpo rizado o cabezón, Eledone cirrhosa. No son lo mismo, aunque durante años las estadísticas comerciales no siempre hayan ayudado a distinguirlos.

Una diferencia visible está en los brazos. Eledone cirrhosa, generalmente más pequeño, posee una sola fila de ventosas en cada brazo y suele presentar las puntas enrolladas. Octopus vulgaris es mayor y tiene dos filas de ventosas. La confusión no es irrelevante: los propios investigadores británicos reconocen que parte de los desembarques antiguos registrados simplemente como «pulpo» pueden esconder individuos de ambas especies.

Una especie rápida, fecunda y muy sensible al agua templada

El pulpo común tiene una biología casi diseñada para producir sobresaltos estadísticos cuando las condiciones le sonríen. Vive normalmente uno o dos años, crece rápido, se alimenta de crustáceos, moluscos y peces y una hembra puede poner cientos de miles de huevos. Una población relativamente modesta puede, por tanto, transformarse con rapidez cuando aumenta la supervivencia de las nuevas generaciones.

Eso ayuda a entender por qué el episodio británico ha crecido a tal velocidad. En 2025 los científicos encontraron adultos maduros, huevos y juveniles, indicios sólidos de que el pulpo no se limitó a llegar desde otras aguas: se reprodujo con éxito en el propio suroeste británico. Ese detalle cambia bastante la película. Una llegada puntual puede desaparecer con el siguiente invierno; una reproducción exitosa deja abierta la puerta a nuevas generaciones.

El origen del boom: calor, vientos y corrientes del Canal

No hay una única palanca que explique la explosión. La investigación científica apunta a una combinación bastante más interesante: temperaturas marinas anormalmente altas, cambios en las corrientes y largos episodios de viento del este. Esas condiciones habrían favorecido tanto la reproducción como el transporte de ejemplares jóvenes desde el entorno de las Islas del Canal y el norte de Francia hacia Devon y Cornualles. Los modelos oceanográficos señalan especialmente a Guernsey, donde el aumento de pulpos ya se había observado desde 2024.

No sería la primera vez. Los científicos han reconstruido grandes proliferaciones británicas en 1899-1900, 1932-1933 y 1950-1951. Todas estuvieron asociadas a periodos especialmente cálidos. La de 2025-2026 encaja en ese patrón histórico, aunque aparece ahora en un océano donde las temperaturas altas son cada vez menos excepcionales. Ahí está la parte incómoda del asunto: un fenómeno que antes aparecía una vez cada varias décadas podría dejar de ser tan extraordinario.

La documentación disponible sigue situando el núcleo de la proliferación en el suroeste de Inglaterra y el canal occidental. Hay observaciones fuera de esa zona y las autoridades están creando sistemas específicos para seguir su expansión, pero afirmar que el pulpo común ya ha colonizado de forma estable toda Gran Bretaña sería ir por delante de las pruebas disponibles. El mar cambia deprisa; los titulares, a veces, un poco más.

El pulpo cambia la pesca de Devon y Cornualles

Para una parte de los pescadores británicos, el animal ha sido un inesperado salvavidas económico. Artes que hasta hace poco buscaban principalmente cangrejos o langostas empezaron a llenarse de pulpos y algunas embarcaciones adaptaron su actividad para venderlos. En 2026, las nasas y trampas concentran alrededor del 85% del peso desembarcado de pulpo, mientras el arrastre representa una fracción bastante menor. Hace apenas unos años la situación era justo la contraria.

Pero lo que entra por una puerta puede salir por otra. El pulpo común es un depredador formidable de crustáceos y moluscos. En una encuesta realizada a 40 pescadores, más de la mitad declaró efectos negativos de la proliferación y se comunicaron descensos del 30% al 50% en las tasas de captura de cangrejo, bogavante y vieira durante 2025. Eso no significa que esas poblaciones hayan caído exactamente en ese porcentaje —son capturas declaradas por profesionales, no un censo biológico del fondo marino—, pero sí describe una perturbación pesquera seria.

El problema resulta especialmente irritante dentro de una nasa. El pulpo no siempre espera pacientemente a ser pescado: puede entrar en los aparejos y comerse el marisco que ya había quedado atrapado. Para el pescador, la escena tiene poca poesía submarina. Levanta una nasa esperando crustáceos y encuentra al comensal después del banquete.

Galicia mira de reojo un mercado que ya no es el mismo

El fenómeno británico tiene una segunda vida a más de mil kilómetros, en Galicia. En 2025 las lonjas gallegas vendieron 1.232 toneladas de pulpo por algo más de 14 millones de euros, con un precio medio de 11,41 euros por kilo. Son cifras muy inferiores a las de hace una década: en 2016, por ejemplo, se habían comercializado más de 3.190 toneladas. La escasez local ha convertido desde hace años las importaciones en una pieza estructural del mercado.

Ahí entra el pulpo británico. Galicia consume mucho más pulpo del que captura y alrededor de nueve de cada diez ejemplares consumidos proceden del exterior. Hasta hace poco el imaginario del pulpo importado miraba casi automáticamente hacia Marruecos o Mauritania. Ahora aparece otro proveedor, geográficamente más próximo y con volúmenes inesperados. El Atlántico, una vez más, se muestra bastante indiferente a nuestras denominaciones gastronómicas.

La llegada de más producto puede aliviar la oferta y ejercer presión sobre los precios, pero también ha reabierto el viejo problema de la identificación del origen. El pulpo capturado en Cornualles puede procesarse, cocerse o envasarse en Galicia sin transformarse mágicamente en pulpo gallego. De ahí las peticiones para que comercios y restaurantes indiquen con mayor claridad la procedencia. No es una cuestión menor cuando dos productos de la misma especie, visualmente casi indistinguibles, llegan al plato con historias pesqueras y precios distintos.

Del episodio raro a una pesquería que obliga a gestionar

Reino Unido ya está tratando el fenómeno como algo más serio que una temporada extraordinaria. La Marine Management Organisation ha creado un grupo de gestión del pulpo, ha puesto en marcha un sistema para comunicar avistamientos, prepara programas regulares de muestreo en Brixham y Newlyn y ha elaborado material específico para diferenciar Octopus vulgaris de Eledone cirrhosa. El objetivo no es simplemente pescar todo lo que aparezca, sino averiguar si delante hay una nueva pesquería sostenible o un pico ecológico destinado a desplomarse.

Esa prudencia tiene sentido. Los cefalópodos responden muy deprisa a cambios ambientales y sus poblaciones pueden crecer y caer con una velocidad desconcertante. Lo que parece una despensa inagotable puede adelgazar en una temporada. Pero los datos de 2026 ya permiten descartar una cosa: el gran boom británico del pulpo no terminó en 2025. Aguantó el invierno, volvió a acelerar y en seis meses colocó a un puñado de puertos ingleses por encima de dos años completos de desembarques gallegos.

Y el protagonista no es una criatura nueva ni una invasión llegada de quién sabe dónde. Es nuestro conocido pulpo común, Octopus vulgaris, haciendo lo que las especies oportunistas hacen cuando el escenario cambia a su favor: ocuparlo. La verdadera novedad está alrededor del animal —el agua más cálida, las corrientes, las presas y la pesca—. Ahí, bajo la superficie, es donde se está escribiendo la noticia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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