Ocio
¿Qué regla de 50 años rompe Matt Smith en Star Wars: Starfighter?
Matt Smith vuelve a Star Wars como posible villano y rompe una vieja rareza de la saga en Starfighter, la esperada película con Ryan Gosling.

Resumen
- Matt Smith vuelve a Star Wars como posible villano de Starfighter
- Su regreso rompe una rareza inédita en casi 50 años de la saga
- La película con Ryan Gosling llegará a los cines en mayo de 2027
La regla que rompe Star Wars: Starfighter no pertenece al Código Jedi ni figura en algún polvoriento reglamento de Lucasfilm. Se trata de un precedente de reparto: Matt Smith fue elegido para un papel relevante en El ascenso de Skywalker, desapareció del proyecto antes de rodar una sola escena y, años después, ha regresado a la franquicia para interpretar a un personaje diferente, señalado como uno de los posibles villanos de la nueva película.
Nunca había ocurrido algo exactamente igual en las películas de Star Wars. Conviene, eso sí, bajar un punto la fanfarria imperial: Lucasfilm ha confirmado a Smith en el reparto, pero todavía no ha revelado oficialmente la identidad de su personaje. El actor tampoco aclaró si encarna al antagonista cuando le preguntaron directamente. Sonrió, esquivó la respuesta y dejó el misterio flotando. El procedimiento habitual en una galaxia donde hasta el nombre de un figurante puede convertirse en secreto de Estado.
Star Wars: Starfighter llegará a los cines el 28 de mayo de 2027, con Ryan Gosling como protagonista y Shawn Levy detrás de la cámara. Será una aventura independiente, situada aproximadamente cinco años después de El ascenso de Skywalker, con personajes nuevos y sin la obligación —al menos sobre el papel— de seguir arrastrando el árbol genealógico de los Skywalker por cada rincón del universo.
La extraña regla que Starfighter rompe de verdad
La peculiaridad de Matt Smith es bastante concreta. El actor fue anunciado en 2018 como parte del reparto del entonces conocido simplemente como Episodio IX. Su personaje nunca fue identificado y el propio intérprete explicó posteriormente que aquella idea acabó resultando innecesaria durante el desarrollo del guion. No fue eliminado durante el montaje: ni siquiera llegó a ponerse delante de la cámara.
Años después, Smith entra realmente en Star Wars mediante otra película, otro director y otro personaje. Las informaciones conocidas durante la producción lo presentan como uno de los antagonistas de Starfighter. De confirmarse esa naturaleza en pantalla, sería el primer actor contratado para un posible villano cinematográfico de la saga, descartado antes del rodaje y recuperado después como un enemigo completamente distinto.
No existe, desde luego, una prohibición formal que impida reutilizar actores. La franquicia ya ha contado con intérpretes que hicieron varios papeles bajo maquillaje, prestaron su voz a criaturas o saltaron entre producciones de imagen real y animación. Lo singular es la combinación: dos contratos para dos posibles villanos, separados por casi una década, con el primero evaporado antes de nacer.
Es una segunda oportunidad muy galáctica. Aquí han regresado emperadores muertos, maestros convertidos en fantasmas, androides desmontados y héroes congelados en carbonita. Que vuelva un actor cuyo personaje fue borrado antes de existir parece, en comparación, un trámite administrativo.
Matt Smith y el personaje perdido de El ascenso de Skywalker
Smith aseguró que su intervención frustrada en El ascenso de Skywalker habría supuesto un cambio importante para la historia de la saga. Nunca precisó si iba a interpretar a un acólito del lado oscuro, una versión alternativa relacionada con Palpatine o una figura completamente nueva. La identidad de aquel personaje sigue sin confirmarse.
Durante años circularon especulaciones que lo vinculaban con el regreso del emperador. Algunas teorías hablaban de una encarnación joven de Palpatine; otras, de un sirviente encargado de facilitar su resurrección. Ninguna recibió respaldo oficial. Lo único sólido es que el papel terminó considerándose prescindible durante la preparación de la película y que Smith no grabó escenas.
Su ausencia, por tanto, no fue un simple corte de metraje. Fue el resultado de una transformación previa del argumento, probablemente durante una de las numerosas reescrituras que sufrió la última entrega de la trilogía de secuelas. El personaje desapareció antes del rodaje, como una estrella que se apaga antes de que su luz alcance la pantalla.
La revancha que Shawn Levy considera inevitable
Shawn Levy ha reconocido la historia anterior de Smith y describió su incorporación a Starfighter como una especie de destino finalmente cumplido. La expresión encaja con una saga obsesionada con profecías, retornos y linajes, aunque esta vez el prodigio haya sucedido en una oficina de casting y no en un templo Jedi.
Smith, conocido por Doctor Who, The Crown y La casa del dragón, aporta una presencia difícil de clasificar. Puede parecer aristocrático, vulnerable y peligroso dentro de la misma escena. Ese perfil resulta especialmente útil si el antagonista no es otro imitador de Darth Vader, sino una figura militar o política surgida del vacío dejado por la derrota de la Primera Orden.
Su incorporación también devuelve cierta lógica a una historia que quedó a medias. Smith estuvo a punto de entrar en la saga durante uno de sus momentos más discutidos y finalmente debutará dentro de una producción nueva, sin necesidad de cargar con los remiendos narrativos de la anterior trilogía. No es una reparación histórica, tampoco exageremos, pero tiene algo de justicia poética.
Qué se sabe de Star Wars: Starfighter
Lucasfilm define la película como una historia original e independiente, ambientada en un periodo todavía poco explorado por el cine de la saga. Ryan Gosling encabeza el reparto junto a Flynn Gray, Matt Smith, Mia Goth, Aaron Pierre, Simon Bird, Jamael Westman, Daniel Ings y Amy Adams. El guion es obra de Jonathan Tropper, colaborador habitual de Shawn Levy.
El estudio no ha difundido una sinopsis detallada. Las informaciones surgidas durante el desarrollo apuntan a que Gosling interpreta a un hombre encargado de proteger a un joven perseguido por fuerzas hostiles. Mia Goth sería una de esas perseguidoras; Smith, otro antagonista con una posición diferente dentro del conflicto.
El esquema recuerda al Star Wars más elemental: un adulto imperfecto, un muchacho en peligro, una huida y algo relacionado con la Fuerza latiendo debajo. Es una fórmula conocida, sí, pero no necesariamente agotada. El problema nunca fue que la saga repitiera arquetipos; el problema aparece cuando confunde el arquetipo con la fotocopia.
La acción transcurre unos cinco años después de la caída de Palpatine y de la derrota de la Primera Orden. Ese pequeño salto temporal permite imaginar una galaxia fragmentada, con antiguos mandos militares, caudillos locales y mercenarios disputándose territorios mientras las instituciones intentan reconstruirse.
La desaparición de un régimen no borra sus armas, sus soldados ni sus ambiciones. Los uniformes pueden cambiar de insignia; el poder, en cambio, conserva buena memoria. Ese escenario ofrece espacio para nuevos antagonistas sin necesidad de resucitar otro Sith legendario o descubrir un parentesco secreto bajo cada piedra de Tatooine.
La decisión de alejarse de los personajes heredados concede a Levy cierto margen. No necesita explicar otra infancia desconocida de Luke, otra resurrección de Palpatine o un primo lejano de Chewbacca que casualmente posea la llave del universo. El desafío será crear figuras nuevas que parezcan pertenecer a Star Wars sin vivir de copiar sus viejos iconos.
Jedi, refugios y un duelo todavía sin confirmar
Las filtraciones difundidas durante la producción sostienen que el personaje de Gosling podría llamarse Cade y que su misión consistiría en trasladar al joven interpretado por Flynn Gray hasta Adaria, un planeta donde existiría un refugio o centro de formación Jedi.
También se ha descrito un entorno verde y embarrado, con arquitectura inspirada en Asia oriental, además de un posible duelo con sable de luz entre los personajes de Mia Goth y Aaron Pierre. Son detalles sugerentes, aunque permanecen dentro del terreno de las filtraciones.
Ni los nombres de los personajes, ni Adaria, ni la supuesta condición Jedi de Aaron Pierre han sido presentados oficialmente. Conviene tratar esas piezas como provisionales: podrían pertenecer a la película terminada, a versiones antiguas del guion o a escenas susceptibles de cambiar durante el montaje y la posproducción.
La experiencia aconseja prudencia. En Star Wars, una filtración puede acertar con el color de un sable y equivocarse con todo lo demás. Entre el rodaje y la pantalla hay reescrituras, escenas eliminadas, efectos digitales y ejecutivos con opiniones. Muchos ejecutivos con opiniones.
Mia Goth y el doble frente de los antagonistas
Mia Goth fue vinculada desde las primeras informaciones con una de las principales amenazas de la historia. Los rumores le atribuyen sensibilidad a la Fuerza y el uso de un sable de luz, aunque no necesariamente como integrante de los Sith. Esa diferencia podría resultar interesante: una combatiente conectada con la Fuerza, pero movida por intereses propios.
Sería menos una sacerdotisa del mal y más una mercenaria con agenda particular. La saga ha explorado a fondo la rivalidad entre Jedi y Sith, pero todavía dispone de bastante terreno fuera de esas dos iglesias galácticas. La Fuerza no tiene por qué llegar siempre acompañada de túnicas, consejos solemnes y normas redactadas hace milenios.
Smith, por su parte, podría encarnar a un mando militar o señor de la guerra sin poderes sobrenaturales. La película tendría así dos clases de peligro: la estructura, los recursos y los soldados de él; la capacidad física y espiritual de ella.
La combinación ofrece más flexibilidad que el clásico villano vestido de negro, acompañado por oficiales que miran al suelo para evitar que los estrangulen durante una reunión. También permitiría separar la amenaza política de la amenaza personal, algo que las mejores entregas de la saga siempre supieron manejar.
Nada obliga, naturalmente, a que ambos personajes permanezcan aliados. Star Wars suele funcionar mejor cuando sus antagonistas también desconfían entre sí. Vader contra Tarkin, Vader contra el emperador, Kylo Ren contra Snoke. El lado oscuro nunca ha destacado por el compañerismo.
El rodaje comenzó en el Reino Unido durante 2025 y terminó antes de concluir aquel año. Smith confirmó posteriormente que ya existía un primer montaje visionable, todavía tosco y lejos de la versión definitiva. El actor elogió el trabajo de Gosling, Mia Goth y Levy, aunque volvió a guardar silencio sobre la identidad de su personaje.
Disney también ha mostrado imágenes preliminares de Starfighter en encuentros profesionales, pero el material promocional completo continúa bajo llave. La película dispone todavía de meses para completar efectos visuales, montaje, sonido y música. Un primer corte se parece a una nave recién salida del astillero: tiene fuselaje y motores, aunque falten paneles, pintura y alguna explosión convenientemente ruidosa.
La galaxia se permite una segunda oportunidad
La historia de Matt Smith importa menos por haber quebrantado una norma imaginaria que por lo que revela sobre el rumbo de Lucasfilm. Starfighter quiere presentarse como un territorio autónomo, capaz de recuperar a un actor descartado sin recuperar también el personaje, el argumento o las servidumbres de la trilogía anterior.
Smith entra por fin en Star Wars, pero no para completar una escena perdida ni para rescatar una versión alternativa de Palpatine. Lo hará mediante una aventura nueva, rodeado de protagonistas sin apellido célebre y dentro de una galaxia que necesita aprender a caminar después de los Skywalker.
Ahí reside la auténtica ruptura. No en una regla administrativa de medio siglo, sino en la posibilidad de que la saga deje de mirar constantemente por el retrovisor. Un villano nuevo, un héroe nuevo y personajes nuevos, sin fantasmas familiares exigidos por contrato.
Para una franquicia construida sobre regresos, herencias y destinos repetidos, esa modesta voluntad de avanzar casi parece una revolución. Matt Smith no rompe el universo de Star Wars. Rompe una rareza de su historia y, de paso, abre una puerta que llevaba demasiado tiempo atascada.

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