Viajes
¿Quiénes pueden entrar a Bolivia sin visa desde hoy?
Bolivia ha levantado el requisito de visado turístico para ocho países a partir del 1 de diciembre de 2025.

Bolivia elimina el visado turístico a ocho países, incluidos EE UU e Israel: acceso al Grupo I, estancias de 90 días y controles de frontera.
Bolivia ha levantado el requisito de visado turístico para ocho países a partir del 1 de diciembre de 2025. La medida, impulsada por el presidente Rodrigo Paz Pereira y ejecutada por la Dirección General de Migración, reubica a estas nacionalidades en el Grupo I (entrada sin visado por turismo) y permite estancias de hasta 90 días por año. El cambio es inmediato y afecta de forma directa a los flujos con Estados Unidos e Israel, históricamente sometidos a trámites más exigentes, y a mercados con alto gasto medio como Corea del Sur, Sudáfrica, Bulgaria, Malta, Rumanía y Emiratos Árabes Unidos. El objetivo declarado: reactivar el turismo, captar divisas y enviar una señal de apertura en política exterior.
El anuncio llegó acompañado de detalles operativos para evitar equívocos. La propia Migración publicó la actualización de países por grupos y vinculó el cambio al Decreto Supremo 5497, que “despolitiza” antiguas restricciones. En la práctica, el viajero de las ocho nacionalidades entra como turista sin pasar por ventanillas consulares, con pasaporte en vigor y los controles habituales de frontera. No varían ni los límites de permanencia ni las obligaciones sanitarias en zonas endémicas: cambia el requisito de visa, no la normativa de estancia.
Lo esencial y desde cuándo rige
La decisión está en vigor desde el 1 de diciembre de 2025. El calendario es relevante porque zanja la confusión de las primeras horas, cuando varios medios hablaron de “siete países” y mencionaron a Letonia y Estonia. La versión final y oficial, publicada por Migración, fija la cifra en ocho e incluye Bulgaria, Malta y Emiratos Árabes Unidos, además de Corea del Sur, Sudáfrica, Rumanía, Israel y Estados Unidos. El canciller Fernando Aramayo subrayó que se trata de “puertas abiertas al mundo”, y que el turismo pasa a ser una política de Estado transversal. La ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cintya Yáñez, detalló que la apertura forma parte de un plan integral que también persigue atraer nuevas rutas aéreas y mejorar infraestructura en aeropuertos.
La arquitectura legal se apoya en la Ley 370 de Migración y su reglamento (DS 1923), que ya preveían la existencia de tres grupos de países con distintos requisitos. Con el DS 5497, el Gobierno mueve a ciertos Estados a la categoría más laxa para fines de turismo. El esquema es conocido: Grupo I (sin visa), Grupo II (visa de turismo) y Grupo III (visa con autorización previa). La novedad es el ascenso de varios países del Grupo II y el salto directo del Grupo III al Grupo I de Israel y Estados Unidos, que hace apenas unos años debían tramitar visados onerosos y, en ocasiones, obtener permisos consulares previos.
Quiénes entran sin visa y en qué condiciones
El cuadro final queda así: Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Sudáfrica, Bulgaria, Malta, Rumanía y Emiratos Árabes Unidos pasan a Grupo I y, por tanto, no necesitan visado para visitas turísticas. No hay una barra libre: el tope de permanencia se mantiene en 90 días por año, continuos o fraccionados, con un sello inicial que suele ser de 30 días y prórrogas hasta agotar el cupo anual. La condición de “turista” excluye actividades remuneradas o la prestación de servicios profesionales. Quien pretenda estudiar, trabajar, invertir con permanencia o residir deberá tramitar la categoría correspondiente (estudiante, objeto determinado, temporal, etc.).
El documento de viaje exigible es el pasaporte válido; Migración puede pedir billete de salida, reservas de alojamiento y medios económicos suficientes, de acuerdo con la práctica internacional. Para los países aquí listados, la visa deja de estar en la ecuación y con ello desaparecen tasas consulares, entrevistas y tiempos de espera que, durante años, desincentivaron la visita. Los controles en frontera continúan: verificación documental, propósito del viaje y el sellado con la fecha de entrada y el plazo otorgado. Conviene conservar el comprobante de ingreso y —si se solicita— el de prórroga.
El capítulo sanitario se mantiene. En zonas amazónicas de riesgo de fiebre amarilla (Beni, el norte de La Paz, trópico de Cochabamba y determinadas áreas de Santa Cruz), se exige la vacuna como requisito sanitario, y es habitual que operadores turísticos y alojamientos la requieran. En los grandes destinos de altura —La Paz, Salar de Uyuni, Sucre, Potosí— no suele pedirse, pero llevar el certificado internacional evita sobresaltos si el itinerario incluye selva.
Cómo se aplicará en aeropuertos y pasos terrestres
La medida tiene efecto tanto en aeropuertos internacionales como en pasos fronterizos. En El Alto (La Paz), Viru Viru (Santa Cruz) y Jorge Wilstermann (Cochabamba), la autoridad migratoria estampa el ingreso de turista sin verificar visados previos a ciudadanos de los ocho países citados, siempre que los sistemas de aerolíneas y control anticipado (APIS) estén actualizados. Es un punto sensible: los sistemas de algunas compañías tardan unas horas —o días— en reflejar cambios normativos. El Gobierno sostiene que ha coordinado la actualización con operadores y que el ingreso sin visa es ya operativo; no obstante, es razonable que las aerolíneas mantengan chequeos documentales de rutina en los embarques.
En fronteras terrestres, los criterios son idénticos. En Desaguadero o Kasani (límite con Perú), Villazón (con Argentina), Yacuíba (con Argentina y Paraguay), Puerto Suárez (con Brasil) y otros puntos de control, Migración verificará identidad y condición de turismo, y otorgará el plazo correspondiente. El sello de entrada y las prórrogas —si se solicitan dentro de los plazos— son la referencia legal para no exceder la estancia anual. Excederla acarrea multas y posibles restricciones de reingreso. Queda también fuera de duda que la supresión del visado no equivale a un permiso para realizar negocios con retribución: cualquier actividad lucrativa exigirá una categoría migratoria distinta.
Un apunte operativo que el Gobierno ha reiterado: este movimiento no altera el régimen de países ya exentos en virtud de acuerdos regionales (Comunidad Andina, Mercosur y asociados) ni los requisitos históricos de naciones que ya estaban en el Grupo I. El cambio se dirige a ocho mercados concretos, seleccionados por su potencial turístico y por el mensaje diplomático que conlleva.
Por qué ahora: ingresos, imagen y diplomacia
La explicación oficial es triple. Economía: Bolivia transita una coyuntura de escasez de divisas y busca oxígeno en sectores de respuesta rápida; el turismo es uno de ellos. Geopolítica: el nuevo Gobierno de Rodrigo Paz Pereira pretende recomponer relaciones con Estados Unidos y normalizar la movilidad con Israel, mercados emisores con gasto medio elevado y conexiones indirectas con buena parte de Sudamérica. Competitividad regional: el país compite con Perú, Chile, Argentina o Brasil por visitantes que comparan destinos andinos y amazónicos con un clic; un trámite menos —y 160 dólares menos— puede inclinar la balanza.
Las cifras que maneja el Ejecutivo ayudan a dimensionar el giro. El canciller Fernando Aramayo ha señalado que, desde 2007 —cuando se impuso la visa a estadounidenses— y 2014 —con la restricción a israelíes—, Bolivia perdió alrededor de 900 millones de dólares en gasto turístico acumulado. El Gobierno confía en recuperar al menos 80 millones de dólares entre 2026 y 2029 solo por el efecto “sin visa” en los mercados más dinámicos, con escenarios más ambiciosos que hablan de hasta 320 millones si se suman nuevas rutas aéreas, promoción y mejoras operativas. No son promesas huecas: antes de las restricciones, Estados Unidos aportaba del orden de 61.000 viajeros anuales; con la visa, la cifra cayó a 22.000, un golpe directo al ingreso de divisas y al empleo en la cadena turística.
El mensaje político no es menor. El Gobierno define las antiguas exigencias como decisiones de “motivación política” y presenta el DS 5497 como una corrección técnica alineada a estándares de la región. En paralelo, se ha comprometido a introducir ajustes regulatorios y logísticos: ventanillas digitales unificadas, coordinación con aerolíneas y operadores, y una política de cielos abiertos para facilitar la conectividad con hubs en Lima, São Paulo, Bogotá y Madrid.
Contexto: una década de vaivenes y el retorno al Grupo I
Para comprender el alcance del giro, conviene mirar atrás. En 2007, el Ejecutivo de Evo Morales movió a Estados Unidos al Grupo III, el nivel más restrictivo, invocando el principio de reciprocidad. En 2014 se endureció el régimen para Israel. En 2019–2020 hubo ventanas de flexibilización, con la administración interina de Jeanine Áñez, y desde 2021 el Gobierno de Luis Arce restableció exigencias para estadounidenses e israelíes. Esos años de péndulo dejaron cicatrices en el mercado: los tour operadores reconfiguraron circuitos, algunas aerolíneas recortaron frecuencias y el Salar de Uyuni, emblema del país, perdió terreno en paquetes combinados con Perú y Chile.
El 1 de diciembre de 2025 todo ese ciclo se cierra —al menos para turismo— con el retorno de Estados Unidos e Israel al Grupo I y el ascenso de Corea del Sur, Sudáfrica, Bulgaria, Malta, Rumanía y Emiratos Árabes Unidos. Un movimiento en dos direcciones: aliviar el costo de entrada para el visitante y, a la vez, enviar una señal de normalización diplomática a socios estratégicos, algunos con inversiones activas en minería, energía o tecnología. Cintya Yáñez ha sido clara al vincular la medida con una política de “turismo sostenible” que, de prosperar, debería traducirse en empleo local —guías, gastronomía, artesanía— y en un mayor gasto per cápita en destinos como La Paz, Santa Cruz, Sucre, Potosí y los parques nacionales.
También importa lo que no cambia. El país mantiene la lógica de grupos por nacionalidad que opera desde hace años, y preserva las barreras para actividades que exceden el turismo. “Sin visa” no habilita a trabajar, estudiar o hacer negocios remunerados: para eso siguen existiendo las categorías específicas. Tampoco se relajan los requisitos sanitarios en zonas amazónicas ni los controles de seguridad.
Impacto inmediato: del mostrador de migración a la caja del hotel
El efecto de la supresión de visado se notará en eslabones concretos de la cadena. En primer lugar, en la planificación: desaparecen los tiempos de ventanilla y los costes consulares que empujaban a muchos a girar el timón hacia Perú o Chile. Segundo, en la comercialización: los mayoristas que venden circuitos andinos tienden a incluir o excluir un destino en función de fricciones; sumar Bolivia a combinados con Cusco, Atacama o Santiago será más sencillo. Tercero, en la operación: con el Grupo I se reducen controversias en embarque y las negativas por “documentación incompleta” que a veces frustraban viajes a última hora.
En hoteles y restaurantes, el impacto se ve en el ticket medio: el viajero que no paga visa gasta ese dinero en destino. Guías locales, operadores del Salar, transportistas y artesanos son, probablemente, los grandes beneficiados si la medida se consolida. En aerolíneas, la expectativa es una recuperación de frecuencias y, en algunos casos, la apertura de nuevas rutas trianguladas. El Ejecutivo ha deslizado su intención de fortalecer a BOA y, a la vez, avanzar en un régimen de cielos abiertos que facilite la llegada de compañías extranjeras. Sin conectividad, no hay política turística que sostenga el impulso.
La letra chica también cuenta. Aunque el visado ya no se exige para las ocho nacionalidades, Migración mantiene la facultad de control y puede requerir pruebas de alojamiento y de recursos. Las prórrogas del sello inicial —habitualmente 30 días— se tramitan en oficinas de la DGM dentro del plazo, y el cómputo de días es anual, no por entrada. Quien ingrese por Puerto Suárez y salga por Desaguadero, por ejemplo, agota el mismo cupo de 90 días. Para los mercados ya exentos por acuerdos regionales, no hay cambios; para el resto de países, el consejo sigue siendo verificar el grupo que les corresponde antes de organizar un itinerario.
Un detalle operativo que el sector turístico considera clave: el alineamiento entre la comunicación gubernamental y los sistemas de aerolíneas. Cuando las bases de datos IATA Timatic o equivalentes se actualizan con celeridad, la experiencia del viajero en mostradores de check-in fluye. El Gobierno ha asegurado que esa actualización se ha cursado, y las primeras jornadas —según señalan los operadores— transcurren sin incidentes reseñables.
Una puerta abierta que cambia el mapa
El levantamiento de visados para Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Sudáfrica, Bulgaria, Malta, Rumanía y Emiratos Árabes Unidos no es un gesto aislado ni un eslogan. Es una decisión ejecutiva con impacto real en el costo y la fricción de viajar a Bolivia, un país con activos turísticos contundentes —Salar de Uyuni, Tiwanaku, Madidi, Cordillera Real— que no siempre han tenido la visibilidad internacional que merecen. El paso deja atrás un ciclo de vaivenes normativos y lo sustituye por una señal simple: entrar es más fácil.
¿Bastará por sí solo? No. Harán falta rutas, promoción y seguridad operativa para que los números se muevan. Pero el punto de partida cambia: con menos trabas, el destino entra de nuevo en la conversación de los grandes mercados. La apuesta de Rodrigo Paz Pereira y su equipo —con Fernando Aramayo y Cintya Yáñez en primera línea— reordena prioridades y coloca al turismo en la agenda económica como una vía creíble de ingreso de divisas. Si la coordinación con aerolíneas y operadores se mantiene, si los sistemas se actualizan sin grietas, la consecuencia es previsible: más visitantes, más noches de hotel, más empleo local.
La noticia es concreta y ya rige. Grupo I, ocho países, 90 días por año y controles habituales. Menos colas. Menos papeles. Para Bolivia, una puerta abierta que, bien aprovechada, puede cambiar el mapa del turismo andino en los próximos años.

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