Actualidad
Carmen Prades y Marta Mercader, Falleras Mayores de 2026
Dos perfiles distintos, una misma representación: así son las protagonistas y las cortes de honor de las Fallas de 2026.

Foto de Rafa Esteve, licenciada bajo CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons
Carmen Prades Gil y Marta Mercader Roig fueron las máximas representantes de las Fallas de València en 2026. Prades, de 25 años y vinculada a la comisión Convento Jerusalén-Matemático Marzal, asumió el cargo de Fallera Mayor; Mercader, de 10 años y perteneciente a Alberic-Heroi Romeu, fue nombrada Fallera Mayor Infantil. Sus trayectorias son distintas, pero comparten una relación estrecha con la vida de casal y con una fiesta que durante meses las sitúa en el centro de la actividad cultural y pública de la ciudad.
La alcaldesa, María José Catalá, anunció sus nombres en el Hemiciclo Municipal durante la tradicional llamada, celebrada el 13 de octubre de 2025. Primero se comunicó la elección de Mercader y después la de Prades. La proclamación tuvo lugar al día siguiente en el mismo espacio. El relevo abrió un ejercicio que pasó por las exaltaciones de enero y los actos centrales de marzo, hasta la Cremà del día 19, y que convirtió dos biografías personales en una representación compartida de las comisiones, los barrios y la fiesta fallera.
Dos representantes y dos maneras de vivir las Fallas
El cargo no es una distinción limitada a una noche de elección. A lo largo del ejercicio, las máximas representantes acuden a actos de Junta Central Fallera, encuentros institucionales, presentaciones y celebraciones de las comisiones. También reciben a delegaciones y atienden a los medios. La agenda combina ceremonias solemnes con actos de barrio, y exige estar disponible para una sucesión de compromisos que acompañan el calendario fallero hasta su desenlace en marzo.
En esa función, Carmen y Marta representan tanto la dimensión pública como la vida cotidiana de una fiesta formada por cientos de comisiones. La primera llega desde una comisión acostumbrada a competir en la Sección Especial y con experiencia propia en las delegaciones de infantiles y protocolo; la segunda, desde una etapa infantil en la que conviven el colegio, las actividades artísticas y la participación en su casal. La representación se apoya en trayectorias personales, pero también en el trabajo colectivo de las cortes de honor y de las entidades falleras.
La diferencia de edad no es un detalle menor: determina dos experiencias distintas del mismo calendario. La agenda infantil se desarrolla con un ritmo y unos contenidos adecuados a una niña que sigue cursando Primaria, mientras que la Fallera Mayor compagina los actos con su formación y su trabajo. En ambas, sin embargo, el protocolo tiene un peso visible: saludos, parlamentos, fotografías y presencia ante públicos muy diversos forman parte de una labor que requiere constancia. La fiesta se cuenta también a través de quienes la representan.
Carmen Prades, de Convento Jerusalén al cargo mayor
Carmen Prades Gil tiene 25 años y pertenece a la falla Convento Jerusalén-Matemático Marzal. Su vinculación fallera comenzó a los 12 años, aunque el contacto con la comisión venía de antes: acudía a las fiestas junto a un tío suyo antes de estar censada oficialmente. En la actualidad participa en las delegaciones de Infantiles y Protocolo, dos ámbitos que combinan la atención a las nuevas generaciones con la organización de actos y el cumplimiento de las formas propias de la fiesta.
Su recorrido incluye el Bunyol d’Or, una recompensa fallera asociada a la permanencia y la participación. Más que un adorno en la indumentaria, estos distintivos hablan de años de presencia en la comisión, de actividades y de implicación en la vida del casal. Para comprender el vínculo de Prades con Convento Jerusalén, ese recorrido resulta tan significativo como su nombramiento: su relación con la falla no se limita al año en que ocupa el cargo.
En el ámbito académico, se graduó en Transporte y Logística y cursó un máster en Gestión Portuaria y Transporte Intermodal en la Universitat Politècnica de València. Durante el ejercicio se encontraba en el último curso del Grado en Administración y Finanzas, al tiempo que trabajaba como adjunta de dirección en la empresa familiar de transporte y logística. Es una formación que enlaza con su entorno profesional, aunque la representación fallera no se reduce a esa faceta: su día a día también está marcado por los actos de la comisión y por los compromisos públicos del cargo.
La logística, además, ofrece una conexión concreta con la escala material de las Fallas. La fiesta ocupa calles, desplaza equipos y requiere coordinar tiempos y personas, sobre todo durante los días de mayor actividad. No hace falta convertir su formación en una explicación de su personalidad para reconocer el contraste entre ese mundo profesional y el calendario ceremonial que asumió. Prades conocía la fiesta desde dentro y, a la vez, llegaba con una trayectoria laboral propia, ajena a la idea de que el cargo define por completo a quien lo ejerce.
La Plantà, el truc y una comisión en un año destacado
Entre los actos falleros, Prades señala la Plantà como su preferido. Es el momento en que el monumento termina de tomar forma y en que el trabajo del artista y de su equipo se vuelve visible en la calle. La elección resulta reveladora porque pone el foco no solo en la imagen final de la falla, sino también en el proceso: las piezas, los preparativos y la labor que precede a la llegada del público. La fiesta empieza mucho antes de que el monumento quede terminado.
Su comisión llegaba a ese ejercicio después de una temporada especialmente reconocida. Convento Jerusalén-Matemático Marzal obtuvo en las Fallas de 2025 el primer premio de la Sección Especial tanto en la categoría mayor como en la infantil, además del ninot indultat mayor, salvado de las llamas de la Cremà. El contexto suma interés al nombramiento, aunque el premio colectivo y la responsabilidad individual son cosas distintas: el éxito de una falla no convierte automáticamente a su representante en portavoz de cada decisión artística.
En su vida personal, Prades se había aficionado recientemente al truc, un juego de cartas habitual en reuniones y sobremesas valencianas. También participa en la celebración de San Cristóbal, patrón de los conductores, una festividad que tiene un significado particular para ella por la actividad profesional de su familia. Son detalles pequeños, pero dibujan una relación con las tradiciones que no se limita a los grandes actos del calendario. La experiencia fallera también se construye en esos espacios informales, entre amistades, familia y actividades compartidas.
Marta Mercader, representante infantil de Alberic-Heroi Romeu
Marta Mercader Roig tenía 10 años cuando fue elegida y cursaba quinto de Primaria. Es fallera de nacimiento y pertenece a la comisión Alberic-Heroi Romeu. Cuenta con el Distintiu d’Argent, reconocimiento ligado a su trayectoria fallera. En su comisión participa en los playbacks y en concursos de dibujo, actividades que muestran una parte menos ceremonial de la fiesta: la que se organiza durante el año dentro del casal y reúne a niñas, niños y familias.
La Ofrenda es su acto favorito. En ese recorrido, las falleras llevan flores hasta la plaza de la Virgen y contribuyen a formar el manto floral de la patrona. Para una niña que crece dentro de la fiesta, el atractivo no reside solo en el resultado que ve la ciudad, sino también en la experiencia de participar junto a su comisión. La Ofrenda une el gesto individual con una imagen construida entre miles de personas, una característica que explica por qué ocupa un lugar tan destacado en el calendario fallero.
Mercader estudia ballet clásico y baile español, canta en un coro y en alguna ocasión ha actuado como solista. También disfruta de la lectura, los viajes familiares y las excursiones por el monte. Es una combinación de intereses que convive con su actividad fallera sin que una faceta anule a las demás. La agenda del cargo infantil se integra en la vida de una alumna de Primaria, por lo que los compromisos públicos se desarrollan junto a la escuela, la familia y las actividades propias de su edad.
En su historia familiar hay otro vínculo con la fiesta. Su madre fue fallera mayor de Joaquim Costa-Borriana en 1997 y, en 1998, fue nombrada Reina de las Fallas del Ateneo Mercantil de València, la primera persona en recibir esa distinción. El antecedente no determina el recorrido de Marta, pero da contexto a una relación con las Fallas que atraviesa generaciones. La tradición familiar puede ser una puerta de entrada; después, la experiencia de cada niña se construye con su propia comisión y sus propios recuerdos.
La elección: de las candidatas a la llamada municipal
La elección llegó después de un proceso con preselecciones por sectores y una gala celebrada el 27 de septiembre de 2025 en el Roig Arena. De aquella fase salieron 26 candidatas para las cortes de honor, 13 adultas y 13 infantiles. El recinto, que acogió por primera vez la gala de elección de ese ejercicio, permitió reunir a un público amplio y situó la designación en un escenario de gran capacidad. La cita se presentó bajo el título Llum y contó con una puesta en escena que incorporó música sinfónica y referencias a Sorolla.
La gala y la llamada posterior cumplen funciones diferentes. En el Roig Arena se conocieron las integrantes de las cortes; el nombre de cada representante principal se anunció más tarde en el Ayuntamiento, después de un pleno extraordinario de Junta Central Fallera. La alcaldesa leyó el acta del jurado y comunicó primero la elección infantil y después la adulta. La llamada conserva una escala íntima dentro de un proceso multitudinario: ante las cámaras y el mundo fallero, dos noticias se transmiten de forma directa a las protagonistas.
El acto del Hemiciclo se conoce también como La Llamada o la telefonada. Su sencillez contrasta con la producción de la gala y ayuda a explicar por qué mantiene tanto peso simbólico. No es el único momento institucional de la transición: la proclamación del día siguiente formaliza la presentación de las nuevas representantes junto a las salientes, Berta Peiró y Lucía García, y sus respectivas cortes. A partir de ahí, el año adquiere continuidad pública y la agenda empieza a llenarse de visitas, ensayos y ceremonias.
La organización corresponde a Junta Central Fallera en colaboración con el Ayuntamiento. El calendario incluye presentaciones de bocetos, visitas y actos ligados a la actividad de las comisiones, además de las exaltaciones, la Crida, las mascletaes, la Ofrenda y la Cremà. No todos tienen el mismo tono: algunos muestran el trabajo artístico; otros, el componente institucional o religioso de la fiesta. El ejercicio fallero avanza como una secuencia de encuentros en la que cada acto coloca una pieza distinta del patrimonio festivo ante la ciudad.
Exaltaciones e indumentaria: el relato también se viste
Las exaltaciones de Carmen Prades y Marta Mercader se celebraron en el Palau de la Música, el 30 y el 31 de enero de 2026, respectivamente. Son ceremonias centrales de la temporada porque presentan formalmente a las máximas representantes y a sus cortes. La música, la escenografía y la imposición de las bandas forman parte de una puesta en escena solemne, pero la atención se dirige también a los trajes y a los oficios artesanos que los hacen posibles.
Para su exaltación, Prades lució un espolín bautizado como Terreta, confeccionado por Vives y Marí. El nombre remite a la tierra valenciana y a las raíces de la fallera mayor. La elección del color —un tono marrón claro— se planteó como una declaración de afecto hacia su tierra, según la información difundida por la organización fallera. El espolín es una pieza singular dentro de la indumentaria: su tonalidad y su tejido quedan asociados a la representante y a un momento concreto de su reinado.
La confección incorporó seda natural y una composición de tramas diversas. Según los detalles técnicos publicados, el tejido se realizó sobre una urdimbre de tres cabos de seda natural y reunió 30 tramas: una de algodón para armar el fondo, cuatro metales, 24 tramas de seda natural para colorear flores y hojas y una trama de nobleza. La cifra ayuda a entender por qué estas telas requieren un trabajo minucioso: el dibujo no se imprime como una imagen sobre una superficie, sino que surge del entrecruzado de hilos de distintos materiales y colores.
La indumentaria fallera no termina en el vestido. Manteletas bordadas, aderezos, peinetas y peinados completan conjuntos en los que intervienen talleres especializados. También forman parte de la imagen las bandas que identifican los cargos y los tejidos elegidos para las cortes. La ropa tradicional funciona como lenguaje visual: señala una posición dentro del acto, conserva técnicas artesanas y vincula la ceremonia actual con una tradición que se transmite mediante materiales, formas y oficios.
En el caso de Mercader, la exaltación infantil tuvo un espolín llamado Azul Cristalino. El interés de estas elecciones no reside solo en el color, sino en la diferencia entre los tejidos y en la manera en que cada representante participa en la definición de su imagen ceremonial. Las exaltaciones ofrecen así una lectura paralela del ejercicio: mientras los discursos y la música ordenan el acto, los trajes hacen visible la relación entre diseño, artesanía y representación pública.
Las cortes de honor que acompañaron a las máximas representantes
La corte infantil quedó formada por Martina Songel, de Convent Jerusalem; Aitana Ramírez, de P. Gil Sumbiela-Assutzena; Lola López, de Felipe Bellver-Mare Ràfols; Nuria Miñana, de P. Salvador Abril-Peris i Valero; Claudia de los Ángeles Díaz, de P. Sant Bult; y Alba García-Pardo, de E. Manuel Soto-França. Completaron el grupo Daniella Borrego, de P. del Negret; Olga Garriga, de J. Vilar-M. del Cabanyal; Vega Carmen González, de S. Vicent-P. Azzati; Jimena Mompó, de Costa i Borràs-A. d’Aragó; María Mariner, de J. Benavente-Na Germana; y Jimena Noguera, de Sagunt-Sant Guillem.
La corte de honor de la Fallera Mayor reunió a Anabel Calero, de P. Sequiota-El Palmar; Zoe Molino, de M. Déu de la Fontsanta; Mar Vivanco, de P. Doctor Collado; Marta Capella, de C. Escrivà-C. Sant Ferran; Marta Salvador, de P. Doménech-Pius XII; y Daniela Roig, de J. Costa-Comte d’Altea. También formaron parte del grupo Vega Archer, de P. Mercat Central; Paula Castell, de C. Salvatierra-Ciril Amorós; Paula Andrea Marí, de M. Perelló-L. Santàngel; Ani Torregrosa, de S. Vicent-Marvà; Virginia Pulido, de M. Montortal-J. Esteve; y Laura Llobell, de Exposició-M. Mascó.
La corte no es un telón de fondo para la Fallera Mayor o la representante infantil. Sus integrantes participan en los actos y comparten buena parte de la agenda, de modo que la representación se distribuye entre comisiones y sectores de la ciudad. Cada nombre mantiene el vínculo con una falla concreta y amplía el mapa de procedencias presente en los actos oficiales. La fiesta aparece así como una red de comunidades, no como una sucesión de figuras aisladas.
Una fiesta que se construye entre la calle y el casal
El calendario de las Fallas alterna momentos de gran visibilidad con una actividad menos evidente. La Plantà muestra el trabajo de los artistas y sus equipos; la Ofrenda reúne a las comisiones en un recorrido colectivo; las mascletaes llevan la pólvora al centro de la ciudad y la Cremà pone fin al ciclo con la quema de los monumentos. Junto a esos hitos hay presentaciones, reuniones, concursos y encuentros que sostienen la vida fallera durante el resto del año.
Por eso, las preferencias de Prades y Mercader apuntan a dos dimensiones complementarias. La primera se siente atraída por la construcción del monumento y el trabajo previo de la Plantà; la segunda destaca la emoción comunitaria de la Ofrenda. Una mira el proceso que da forma a la falla y la otra el gesto compartido que convierte las flores en un manto. Ninguna representa por sí sola toda la fiesta, pero ambas permiten ver cómo conviven la creación artística y la participación colectiva.
El ejercicio de 2026 dejó asociados dos nombres a un calendario intenso y a una ciudad que transforma sus calles con la llegada de marzo. Carmen Prades aportó la experiencia de una fallera adulta ligada a la logística, los estudios y la actividad de su comisión; Marta Mercader, la mirada de una niña que combina música, danza, lectura y vida escolar con su pertenencia a Alberic-Heroi Romeu. Junto a sus cortes, encarnaron durante ese año una tradición que necesita tanto de sus ceremonias como del trabajo cotidiano de quienes la mantienen viva.
La relevancia de estas representantes, en última instancia, no se explica solo por el título. También importa el tejido de familias, artistas, talleres y comisiones que hace posible cada acto, desde la elección hasta la Cremà. La fiesta cambia de protagonistas cada ejercicio, pero conserva su carácter colectivo: esa continuidad es la que permite que cada nuevo año añada nombres propios a una historia compartida por València.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









