Síguenos

Actualidad

Min Aung Hlaing, del golpe militar a la presidencia de Myanmar

Su ascenso militar, el golpe de 2021 y las denuncias internacionales explican el poder que concentra en Myanmar.

Publicado

el

Quién es Min Aung Hlaing

Min Aung Hlaing es el militar que encabezó el golpe de Estado de 2021 en Myanmar y gobierna el país desde entonces. Tras más de quince años como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, dejó ese cargo en marzo de 2026 y fue elegido presidente en abril, en una transición impulsada bajo control militar. Su trayectoria concentra una paradoja central de la política birmana: el cambio de título no ha supuesto, por sí solo, el fin de la influencia de los uniformados.

Nacido el 3 de julio de 1956, llegó a la cúpula del ejército en 2011 y defendió durante años que las fuerzas armadas conservaran un papel decisivo en la vida política. Desde el golpe, su gobierno ha afrontado una guerra civil, sanciones internacionales y graves acusaciones por la persecución de la minoría rohinyá. Su figura no puede separarse del poder militar que dirigió ni de la crisis política que siguió a la destitución del Gobierno electo.

De la universidad a la cúpula militar

Min Aung Hlaing nació en la antigua Unión de Birmania, en una localidad identificada como Tavoy, hoy Dawei, en la costa meridional del país. La información biográfica disponible sitúa sus estudios escolares en Rangún, la ciudad que ahora se llama Yangon. En 1972 aprobó el examen de fin de secundaria y después cursó Derecho en la Universidad de Artes y Ciencias de Rangún. Su paso por la universidad duró poco: en 1974 ingresó en la Academia de Servicios de Defensa, tras intentarlo en tres ocasiones.

Se graduó en 1977 y comenzó una carrera que transcurrió por distintas unidades y puestos de mando. Los perfiles sobre su etapa de formación lo describen como una persona reservada, poco dada a destacar entre sus compañeros. El contraste resulta llamativo: aquel cadete de perfil discreto terminaría al frente de una institución que ha sido mucho más que un ejército, con capacidad para influir en las decisiones políticas y económicas del país. La academia fue la puerta de entrada a una estructura que acabaría situándolo en el centro del Estado.

En sus primeros años ejerció tareas militares y de inteligencia, y participó en operaciones contra grupos armados. En 1989 estuvo vinculado a los combates de Kawmoora, enfrentamiento entre las fuerzas gubernamentales y la Unión Nacional Karen. Más tarde ocupó destinos de mando en el estado de Mon y, en 2002, fue nombrado responsable del Comando de la Región del Triángulo, en el este del estado Shan. Allí participó en negociaciones con el Ejército del Estado de Wa Unido y el Ejército de la Alianza Democrática Nacional.

El ascenso dentro del Tatmadaw

El Tatmadaw, nombre con el que se conoce a las fuerzas armadas de Myanmar, lo convirtió en una figura nacional en 2009. Ese año encabezó una ofensiva contra el Ejército de la Alianza Democrática de las Nacionalidades de Myanmar en Kokang, cerca de la frontera con China. En junio de 2010 pasó a ser jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Menos de un año después, el 30 de marzo de 2011, sustituyó a Than Shwe como comandante en jefe.

Su nombramiento coincidió con una etapa de reformas políticas controladas por los propios militares. El país había celebrado elecciones en 2010 y el Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo, respaldado por el ejército, asumió el Gobierno. Aunque la junta formalmente se retiraba del poder, la nueva etapa no eliminó la influencia castrense: la Constitución y las instituciones mantenían espacios reservados a los uniformados. Min Aung Hlaing defendió públicamente ese papel y, en 2012, sostuvo que los militares debían seguir participando en la política nacional.

En 2012 fue ascendido a vicegeneral superior y en marzo de 2013 alcanzó el rango de general superior, el más alto de las fuerzas armadas birmanas. Desde la jefatura supervisó una institución con presencia política y grandes intereses empresariales. También reforzó los contactos con China, cuyo vicepresidente Xi Jinping se reunió con él en 2011, y cultivó relaciones con otros gobiernos de la región. El mando militar le dio una plataforma de poder que no dependía de ocupar un cargo elegido en las urnas.

La relación con los gobiernos civiles

La victoria de la Liga Nacional para la Democracia, liderada por Aung San Suu Kyi, en las elecciones de 2015 abrió un periodo de gobierno civil, pero no desplazó al ejército del centro del sistema. Min Aung Hlaing conservó el mando de las fuerzas armadas y mantuvo una relación tensa con la nueva administración. La convivencia entre ambas autoridades fue limitada: el Gobierno civil gestionaba buena parte de la política cotidiana, mientras los militares retenían competencias y autonomía institucional.

Uno de los conflictos más graves de esos años fue la persecución de los rohinyás, una minoría musulmana concentrada principalmente en el estado de Rakáin. Las operaciones militares de 2016 y 2017 provocaron una huida masiva hacia Bangladesh y denuncias de asesinatos, violencia sexual y destrucción de pueblos. La responsabilidad de Min Aung Hlaing y de otros mandos por esos hechos se convertiría en un asunto central de la presión internacional. La crisis rohinyá precedió al golpe y ya había colocado al jefe militar bajo escrutinio mundial.

En 2020, la Liga Nacional para la Democracia volvió a ganar ampliamente las elecciones. Min Aung Hlaing y los militares denunciaron irregularidades electorales, pero la comisión electoral rechazó las acusaciones por falta de pruebas que las respaldaran. El desacuerdo se convirtió en una crisis abierta durante los días previos a la formación del nuevo Parlamento. El jefe del ejército, que debía retirarse por razones de edad, cuestionó la legitimidad del resultado y no aceptó el desenlace político que había confirmado la victoria de sus rivales.

El golpe de 2021 y la toma del poder

El 1 de febrero de 2021, el día en que debía reunirse el nuevo Parlamento, los militares detuvieron a Aung San Suu Kyi, al presidente Win Myint y a otros dirigentes. Min Aung Hlaing encabezó la toma del poder y el ejército declaró el estado de emergencia. Al día siguiente se creó el Consejo de Administración del Estado, organismo que pasó a dirigir el país bajo autoridad militar. El golpe anuló en la práctica el resultado de las elecciones de 2020 y quebró la transición política que había comenzado años antes.

En agosto de ese año, Min Aung Hlaing asumió también el cargo de primer ministro de un Gobierno provisional, sin dejar la presidencia del Consejo de Administración del Estado ni el mando militar. El uso simultáneo de cargos diferentes reflejó cómo se organizó el régimen: las instituciones y los títulos cambiaban, pero la autoridad efectiva seguía concentrada en el jefe de las fuerzas armadas. En 2024 pasó a ejercer funciones presidenciales en sustitución de Myint Swe, apartado por motivos de salud, aunque este continuó formalmente en el cargo hasta su muerte en 2025.

La junta había prometido celebrar elecciones una vez terminada la emergencia, pero fue aplazando el calendario mientras continuaban los combates. En julio de 2025 anunció el fin del estado de emergencia y la reorganización de los órganos de gobierno para preparar unos comicios. Ese cambio administrativo no puso fin a la guerra ni disipó las dudas sobre las condiciones políticas en que se celebrarían las elecciones. La secuencia de anuncios y cambios institucionales permitió al régimen presentar una transición, aunque el poder militar siguió siendo determinante.

Una guerra civil que condiciona su gobierno

La respuesta al golpe no se limitó a manifestaciones. Tras la represión de las protestas, surgieron fuerzas de resistencia y se intensificó la cooperación entre grupos armados opositores y organizaciones étnicas que llevaban décadas combatiendo al Estado. Myanmar entró así en una nueva fase de una guerra civil de larga duración. El conflicto se extendió por distintas regiones y debilitó el control territorial del ejército, que respondió con operaciones militares y ataques aéreos.

Organizaciones y medios internacionales han informado de ataques contra civiles, incendios de poblaciones y desplazamientos forzados durante la campaña militar. También se han denunciado ejecuciones de activistas prodemocráticos. En julio de 2022, las autoridades ejecutaron a cuatro presos vinculados a la oposición, en las primeras ejecuciones de este tipo en décadas. La decisión recibió condenas internacionales, incluso de dirigentes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, que advirtieron del daño que suponía para los esfuerzos de paz.

La guerra no es solo un pulso entre el ejército y quienes se oponen al golpe. Myanmar está compuesto por múltiples comunidades étnicas y alberga movimientos armados con objetivos y trayectorias diferentes. Algunas organizaciones llevan generaciones reclamando autonomía; otras surgieron al calor de la represión posterior a 2021. Esa diversidad hace que un acuerdo entre la junta y un único interlocutor no baste para cerrar el conflicto. La fragmentación del país explica por qué la fuerza militar no ha traducido automáticamente el control del Gobierno en estabilidad.

La presión sobre las fuerzas armadas también aumentó por sus dificultades para cubrir efectivos. En 2024, Min Aung Hlaing activó por primera vez la ley de servicio militar de 1959, que permite reclutar a jóvenes. El Gobierno anunció que esperaba incorporar a 60.000 personas y fijó obligaciones de servicio de hasta cinco años durante el estado de emergencia. La medida añadió un coste directo a la guerra para muchas familias y alimentó el temor a que la movilización forzosa ampliara la resistencia al régimen.

Las acusaciones por la persecución de los rohinyás

El historial de Min Aung Hlaing está marcado por las operaciones contra los rohinyás en el estado de Rakáin. Una misión internacional de investigación de Naciones Unidas concluyó en 2018 que existían motivos para investigar y procesar a varios mandos militares por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. La misión señaló a Min Aung Hlaing entre los responsables que debían ser examinados por la justicia internacional. Son acusaciones y conclusiones de investigación, no una sentencia penal definitiva.

La respuesta de las plataformas digitales y de distintos gobiernos mostró que el aislamiento no fue solo diplomático. Facebook expulsó a Min Aung Hlaing y a otros dirigentes militares de su plataforma en 2018, tras las conclusiones de la investigación de la ONU sobre el riesgo de incitación a la violencia contra comunidades minoritarias. Twitter suspendió su cuenta en 2019. Estados Unidos le prohibió la entrada al país en julio de ese año y, en diciembre de 2020, congeló activos bajo su jurisdicción y prohibió determinadas transacciones financieras.

En noviembre de 2024, el fiscal de la Corte Penal Internacional solicitó una orden de arresto contra él por presuntos crímenes de lesa humanidad relacionados con la deportación y persecución de los rohinyás. La solicitud del fiscal no equivale a que la Corte haya emitido una orden ni a una condena. En febrero de 2025, un tribunal argentino dictó órdenes de arresto contra Min Aung Hlaing y otros altos cargos en una causa basada en el principio de jurisdicción universal. Los procedimientos avanzan en vías distintas y deben describirse con precisión: hay acusaciones, solicitudes judiciales y órdenes nacionales, pero no una condena internacional firme.

De jefe militar a presidente

El 30 de marzo de 2026, Min Aung Hlaing dejó el puesto de comandante en jefe, que había ocupado desde 2011. El cambio era necesario para presentarse a la presidencia bajo el marco constitucional, y el ejército nombró en su lugar a Ye Win Oo, considerado cercano a él. El 3 de abril, el Parlamento lo eligió presidente con 429 votos de un total de 584. Juró el cargo el 10 de abril y formó un nuevo Gobierno con varios miembros que habían servido en sus administraciones anteriores.

Su llegada a la presidencia fue presentada como el inicio de una etapa civil, pero el contexto limita lo que ese cambio representa. La elección se produjo en un proceso dirigido por instituciones dominadas por el poder militar y después de años de detenciones, disolución de estructuras opositoras y guerra. La Liga Nacional para la Democracia, que había ganado las elecciones de 2020, no participó en igualdad de condiciones en la reorganización política. Por eso, el nuevo título no permite concluir que el país haya recuperado un sistema democrático competitivo.

La distinción entre el cargo formal y la autoridad efectiva es clave para comprender su posición. Como comandante en jefe controlaba directamente las fuerzas armadas; como presidente dirige el Gobierno y conserva una influencia construida durante décadas dentro de esa institución. El relevo en la jefatura militar no borra los vínculos entre el aparato estatal y la cúpula castrense, ni resuelve las consecuencias del golpe. La presidencia cambia la forma de ejercer el poder, pero no demuestra por sí misma que haya cambiado quién lo sostiene.

Sanciones y alianzas exteriores

Las sanciones contra Min Aung Hlaing se ampliaron después del golpe. Reino Unido anunció medidas contra él y otros miembros de la junta en febrero de 2021; la Unión Europea adoptó sanciones en marzo de ese año y Canadá también impuso restricciones. Entre las medidas figuran la congelación de activos y prohibiciones de viaje o de realizar transacciones, según la jurisdicción que las aplica. Las autoridades que las impusieron las vincularon al golpe y a las violaciones de derechos humanos.

El aislamiento de países occidentales no ha impedido que el régimen mantenga relaciones con otros gobiernos. Rusia se convirtió en un socio especialmente visible: Min Aung Hlaing se reunió con Vladímir Putin en 2022 y volvió a Moscú en marzo de 2025, donde ambos países anunciaron acuerdos de cooperación en ámbitos como energía, comercio y educación. China también conserva un papel relevante por su proximidad geográfica y sus intereses en la frontera; India, por su parte, mantiene contactos por razones regionales y de seguridad.

En 2025, la ASEAN mantuvo la decisión de limitar la participación de Myanmar en sus cumbres a representantes no políticos, una señal de que la junta no había recuperado plena aceptación regional. Ya como presidente, Min Aung Hlaing visitó India entre el 30 de mayo y el 3 de junio de 2026 y China del 15 al 19 de junio. Esos viajes reflejan el interés de su Gobierno por sostener apoyos y relaciones económicas en el exterior, mientras persisten las sanciones y las críticas internacionales.

Familia, negocios y vida privada

Min Aung Hlaing está casado con Kyu Kyu Hla y tiene dos hijos, Aung Pyae Sone y Khin Thiri Thet Mon. La vida familiar se conoce sobre todo por informaciones relacionadas con sus actividades empresariales. Su hijo ha sido vinculado a compañías de construcción, seguros y telecomunicaciones, además de negocios relacionados con la gestión de permisos y trámites de productos sanitarios. Su hija fundó una empresa de producción cinematográfica en 2017, mientras que su nuera creó otra compañía de entretenimiento ese mismo año.

Las actividades de sus familiares han generado denuncias de posibles conflictos de intereses. En 2013, el hijo obtuvo un permiso gubernamental para alquilar durante 30 años terrenos públicos en Rangún, por debajo de los precios de mercado según investigaciones periodísticas, con el fin de desarrollar un restaurante y una galería. Estas informaciones no prueban por sí solas que cada negocio sea ilícito, pero han alimentado el escrutinio sobre la relación entre la élite militar, las empresas y el acceso a recursos públicos.

También se ha señalado su participación en Myanmar Economic Holdings Limited, uno de los grandes conglomerados vinculados al ejército. La información publicada sobre el ejercicio fiscal 2010-11 indicaba que poseía 5.000 acciones y recibió dividendos anuales de 250.000 dólares. Es una cifra correspondiente a ese periodo, no una estimación actual de su patrimonio. El interés público reside en la estructura económica que une a la institución militar con empresas y redes familiares, además de las decisiones políticas de su jefe.

Su identidad pública incorpora asimismo el budismo theravada, mayoritario en Myanmar. En 2019 y 2020 recibió títulos honoríficos de la Asociación Budista de Hombres Jóvenes. También ha sido condecorado por Tailandia y Malasia, y recibió una medalla del Ministerio de Defensa ruso. Estas distinciones reflejan relaciones militares, religiosas y diplomáticas, aunque no reducen el peso de las controversias que acompañan su trayectoria.

El poder más allá de los cargos

La carrera de Min Aung Hlaing permite entender por qué la historia política reciente de Myanmar no puede leerse solo a través de los nombres de sus presidentes o primeros ministros. Desde 2011 encabezó unas fuerzas armadas que conservaron un papel autónomo durante la apertura política. En 2021 utilizó esa posición para derrocar al Gobierno electo y, después, acumuló cargos ejecutivos mientras el país se deslizaba hacia una guerra civil.

En 2026 pasó de general a presidente, pero el cambio de uniforme por traje no ha despejado las preguntas sobre la legitimidad del proceso, el futuro de los grupos opositores ni la rendición de cuentas por los abusos denunciados. Su mandato se mide tanto por las instituciones que dirige como por la capacidad de poner fin a la violencia y permitir una vida política abierta. La continuidad de su poder es, al mismo tiempo, la clave de su ascenso y el principal obstáculo para interpretar la presidencia como una ruptura con el régimen militar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído