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Quién era Claudio Valente, el tirador de Brown

El antiguo alumno fue vinculado también al asesinato de un profesor del MIT; el FBI descartó una motivación terrorista.

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Quién era el tirador de Brown

Las autoridades federales identificaron a Claudio Manuel Neves Valente, ciudadano portugués y antiguo estudiante de posgrado de la Universidad Brown, como responsable del tiroteo que mató a dos alumnos en el campus de Providence. La investigación también lo vinculó con el asesinato de Nuno Loureiro, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ocurrido días después. Neves Valente fue encontrado muerto en una unidad de almacenamiento de New Hampshire; los investigadores consideraron que la herida de bala que presentaba se la había causado él mismo.

El FBI concluyó que actuó solo y que los ataques no estaban relacionados con el terrorismo. Según la evaluación federal, Brown y Loureiro tenían un significado simbólico para el autor, pero los archivos que dejó no explicaron de forma definitiva por qué decidió matar. La identificación resolvió quién era el sospechoso y permitió conectar ambos crímenes; no convirtió, sin embargo, una motivación compleja en una explicación completa ni eliminó las preguntas sobre cómo preparó los ataques durante años.

Un antiguo estudiante de física en Brown

Neves Valente había estudiado en Brown entre 2000 y 2001 como alumno de posgrado en física. Su paso por la universidad se produjo más de dos décadas antes del tiroteo, una distancia temporal que ayuda a entender por qué el vínculo no era necesariamente visible para quienes compartían el campus en 2025. La presidenta de la institución confirmó esa matrícula después de que las autoridades lo identificaran. El dato también estableció una conexión concreta con el lugar: no era un desconocido sin relación previa con Brown, aunque eso no demuestra por sí solo qué sabía del edificio o de la sesión atacada.

Tras abandonar Estados Unidos, regresó años más tarde y obtuvo la residencia permanente legal en 2017, cuando vivía en Miami, Florida. Las autoridades indicaron que era ciudadano portugués y que las armas utilizadas en los crímenes fueron compradas legalmente en una casa de empeños de ese estado. Esos antecedentes describen partes de su trayectoria, pero no permiten deducir una causa del ataque ni atribuir valor explicativo automático a su nacionalidad, su formación académica o su situación migratoria. Ninguno de esos datos, por separado, explica la violencia.

La investigación federal reconstruyó además un estilo de vida itinerante y un prolongado aislamiento social. Según los investigadores, esas circunstancias, sumadas a la planificación reservada, dejaron pocas señales que un observador casual pudiera interpretar como indicios de un ataque inminente. La conclusión no equivale a decir que no hubiera señales o que nadie pudiera haberlas detectado: significa que, a partir de las pruebas examinadas, las autoridades describieron una preparación difícil de advertir desde fuera. Esa diferencia importa porque evita convertir el desenlace, conocido después, en una sospecha que supuestamente habría sido evidente desde el principio.

El ataque durante una sesión de repaso

El tiroteo ocurrió el 13 de diciembre de 2025, alrededor de las 4:05 de la tarde, en la sala 166 del edificio Barus y Holley, sede de la Escuela de Ingeniería de Brown y de su departamento de física. Era el segundo día del periodo de exámenes finales del semestre de otoño. En la sala se celebraba una sesión de repaso para una asignatura introductoria de Economía, dirigida por una asistente docente de la profesora Rachel Friedberg. El lugar tenía capacidad para 186 personas, aunque ese dato no establece cuántas estaban presentes cuando comenzaron los disparos.

El edificio no estaba cerrado con llave y las autoridades no confirmaron cómo entró el atacante. Sí indicaron que salió por el lado de Hope Street. En los primeros momentos, la policía describió a un hombre vestido con ropa negra o gris muy oscura; las imágenes difundidas lo mostraban caminando por una calle cercana con el rostro parcialmente oculto. La descripción ayudó a orientar la búsqueda, pero no bastaba para identificarlo. Tampoco se determinó públicamente en los primeros comunicados qué arma concreta había utilizado, aunque las autoridades creían que se trataba de una pistola.

La primera alerta de seguridad de Brown llegó a las 4:22 de la tarde, después de los disparos. Más tarde, a las 5:27, la universidad informó de un posible segundo tiroteo cerca de Governor Street; a las 6:10 retiró ese aviso y comunicó que el incidente no había ocurrido. En medio de la emergencia, una alerta inicial también indicó por error que había un sospechoso bajo custodia. La universidad corrigió el mensaje unos 20 minutos después. La rectificación fue importante: durante esas horas no había una detención confirmada por el ataque.

Dos estudiantes muertos y nueve heridos

El balance del tiroteo fue de dos estudiantes muertos y nueve personas heridas, trasladadas al Hospital de Rhode Island. Una de las víctimas mortales fue Ella Cook, estudiante de Brown y feligresa de una iglesia de Birmingham, Alabama. La otra fue Mukhammad Aziz Umurzokov, recién graduado de un instituto de secundaria de Midlothian. La presidenta de Brown señaló que al menos ocho de las personas afectadas, incluidas las dos fallecidas, eran estudiantes. La distinción entre el número total de víctimas y el de alumnos afectados apareció en los primeros informes mientras se confirmaban las identidades y el estado de los heridos.

Las informaciones publicadas durante la emergencia no siempre coincidieron en el recuento de personas heridas. Algunos comunicados iniciales mencionaron ocho, mientras que el balance recogido posteriormente en la información de referencia fue de nueve. También se describieron distintos estados clínicos: a medianoche, una persona estaba en estado crítico, seis se encontraban críticas pero estables y dos permanecían estables. Esas categorías son una fotografía de un momento concreto, no una descripción invariable de la evolución médica posterior. El saldo más grave, en cualquier caso, fue la muerte de dos jóvenes durante una sesión académica.

La respuesta policial incluyó el confinamiento de personas en edificios del campus y la evacuación posterior de estudiantes. La existencia de una segunda alerta que terminó siendo infundada pudo añadir confusión a una situación ya incierta, pero no debe confundirse con un segundo ataque confirmado. La información disponible sitúa el tiroteo en Barus y Holley y describe una única secuencia de disparos en ese edificio. Separar los avisos de emergencia de los hechos verificados permite reconstruir el episodio sin amplificar versiones provisionales que fueron corregidas mientras la búsqueda seguía abierta.

La búsqueda y la identificación del sospechoso

La policía de Providence difundió imágenes del sospechoso y pidió a residentes de la zona que revisaran grabaciones de cámaras domésticas, incluidos timbres inteligentes. El rastro visual mostraba a una persona caminando cerca del campus, pero la ropa oscura y el rostro cubierto limitaban las posibilidades de reconocimiento. Los investigadores debían convertir fragmentos de vídeo y pistas de distintas zonas en una identidad verificable. En una investigación de este tipo, una persona de interés no es necesariamente el autor: es alguien cuya relación con los hechos se examina, y su situación puede cambiar cuando se contrasta la evidencia.

El 14 de diciembre, casi 30 horas después del ataque, una persona de interés fue detenida y posteriormente puesta en libertad por falta de pruebas. Esa detención no fue la identificación definitiva de Neves Valente ni una confirmación de que el caso estuviera resuelto. La diferencia entre una retención provisional y una conclusión apoyada en pruebas es especialmente relevante en una noticia que evoluciona en tiempo real: el anuncio de una captura puede difundirse antes de que las autoridades hayan establecido quién cometió el crimen. En este caso, la persona liberada no debe confundirse con el hombre identificado más tarde como responsable.

Los investigadores siguieron distintas pistas hasta localizar al sospechoso en una unidad de almacenamiento de New Hampshire. Según las informaciones difundidas, también rastrearon el uso de un coche de alquiler en Massachusetts. Neves Valente fue hallado muerto junto a una cartera y dos armas de fuego. Las autoridades consideraron que la herida que causó su muerte era autoinfligida. El hallazgo puso fin a la búsqueda del autor, pero impidió que pudiera ser interrogado o sometido a un proceso judicial que estableciera los hechos mediante un juicio. La atribución oficial se apoyó en la investigación y las pruebas reunidas, no en una declaración ante un tribunal.

El vínculo con el asesinato de un profesor del MIT

La pesquisa sobre Brown acabó conectando a Neves Valente con la muerte de Nuno Loureiro, profesor y director de un centro de investigación sobre ciencia y fusión del plasma en el MIT. Loureiro fue hallado herido de bala en su vivienda, cerca de Boston, el lunes posterior al ataque de Brown, y murió en el hospital al día siguiente. La proximidad temporal llevó a los investigadores a examinar si ambos casos compartían autor. Las autoridades federales concluyeron que sí: atribuyeron a Neves Valente tanto el tiroteo de Providence como el asesinato del profesor.

El vínculo no se limitaba a que los crímenes ocurrieran en la misma región. Loureiro y Brown aparecían en la interpretación que el FBI hizo de los materiales del sospechoso como objetivos simbólicos. Las autoridades sostuvieron que ambos representaban para él fracasos personales y agravios que atribuía a otras personas o comunidades. Según esa evaluación, atacar a la universidad y al profesor podía servirle para castigar a quienes, desde su perspectiva, habían contribuido a su ruina. Esa lectura pertenece a la reconstrucción de los investigadores: no es una explicación expresada de forma clara por el propio autor ni una motivación que pueda presentarse como plenamente demostrada en cada detalle.

La investigación identificó compras legales de armas en una casa de empeños de Florida. El dato describe cómo se obtuvieron los medios empleados, pero por sí solo no explica el acceso a las armas ni la decisión de utilizarlas. Las autoridades también señalaron que Neves Valente grabó archivos de audio y vídeo después de los ataques en los que confesaba los crímenes, aunque no expuso un motivo concreto. La combinación de esos registros con otras pruebas permitió reconstruir aspectos de la preparación y establecer el vínculo entre los casos, sin despejar todas las incógnitas sobre la experiencia subjetiva que condujo a la violencia.

Lo que concluyó el FBI y lo que sigue sin saberse

El FBI afirmó que Neves Valente actuó solo y descartó que los ataques tuvieran relación con el terrorismo. También describió un proceso de agravios acumulados, una percepción de haber sido tratado injustamente y una sensación de estancamiento vital. En su análisis, el sospechoso parecía medir su vida como una sucesión de fracasos frente a lo que creía que debía haber alcanzado. Las autoridades asociaron ese deterioro con una decisión suicida de larga duración, pero subrayaron que los problemas de salud mental, por sí solos, no bastan para explicar los ataques. La evaluación oficial no ofrece una causa única ni convierte un diagnóstico en explicación del crimen.

La escala del análisis fue amplia. Los investigadores revisaron más de 112 elementos de prueba, más de 11.000 archivos de cámaras de vigilancia, 815 vídeos y 1.327 archivos de audio recuperados de dispositivos electrónicos, además de realizar cientos de entrevistas. Esas cantidades dan una idea del volumen documental examinado, no de que cada archivo aportara una pieza decisiva. Un registro puede ser redundante, incompleto o ajeno a la secuencia central. La reconstrucción de un ataque requiere cotejar fuentes distintas —imágenes, testimonios, movimientos y archivos digitales— antes de distinguir entre coincidencias y pruebas con valor real.

Una incógnita importante es por qué una persona con un vínculo antiguo con Brown eligió precisamente aquella sesión y aquel momento. El FBI dijo que la universidad tenía un valor simbólico para Neves Valente, pero la información pública disponible no establece que la sesión de repaso de Economía fuera seleccionada por su contenido académico. Tampoco aclara de forma concluyente si conocía de antemano quién estaría en la sala o si sus víctimas concretas fueron elegidas individualmente. La diferencia entre el simbolismo atribuido a un lugar y la selección de personas determinadas permanece abierta en el material conocido.

Una reconstrucción que no borra las preguntas

El caso dejó una secuencia verificable: un antiguo alumno de física volvió a quedar ligado a Brown décadas después de estudiar allí, preparó el ataque durante un periodo prolongado, disparó en el edificio Barus y Holley y fue vinculado también al asesinato de un profesor del MIT. Según el FBI, actuó sin cómplices y no perseguía un objetivo terrorista. La identificación y el análisis de los archivos permitieron reconstruir buena parte de esa trayectoria, desde la planificación iniciada en 2022 hasta la muerte del sospechoso en New Hampshire.

Pero una cronología precisa no equivale a una explicación completa. Las grabaciones y el análisis federal aportan indicios sobre los agravios que acumulaba y el significado que atribuía a Brown y a Loureiro; no resuelven por entero cómo se transformó esa percepción en una decisión concreta ni qué elementos pudieron haberla frenado. Tampoco autorizan a reducir el ataque a una sola causa psicológica. Las autoridades afirmaron que no existía una amenaza actual para la seguridad pública, mientras la investigación continuaba. Lo que se conoce identifica al responsable y conecta los crímenes; lo que falta recuerda los límites de toda reconstrucción posterior a una violencia planificada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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