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¿Quién cobra los 400 euros del ‘césped’ de la F1 en Madrid y por qué?
IFEMA recauda las entradas del Gran Premio de Madrid, mientras la pelouse de casi 400 euros provoca críticas por su aspecto seco y polvoriento.

Resumen
- IFEMA recauda la taquilla de la F1 de Madrid como promotor del Gran Premio
- La pelouse ronda los 400 euros y recibe críticas por el terreno seco
- Fórmula 1 cobra derechos de sede, pero el reparto exacto no es público
La imagen ha hecho buena parte del trabajo. Aficionados sentados sobre un terreno seco, polvo, tablones y bastante menos verde del que sugerían las recreaciones previas del circuito. La pelouse del Gran Premio de España de Fórmula 1 en Madrid, la opción de entrada más barata de MADRING, se ha convertido en uno de los asuntos más comentados durante el estreno del trazado. El detalle que termina de encender la conversación es el precio: las localidades de esta categoría llegaron a venderse en distintas fases desde unos 295 euros y alcanzaron cifras próximas a los 400 euros por el abono del fin de semana.
Y conviene despejar enseguida la duda económica. Ese dinero no va directamente ni al Ayuntamiento de Madrid ni a Fórmula 1. El promotor del Gran Premio es IFEMA MADRID y las condiciones de venta establecen una relación contractual directa entre el comprador de la entrada y esta institución. Dicho de forma sencilla: la taquilla ordinaria forma parte de los ingresos del organizador madrileño. Otra cosa es lo que ocurre después con ese dinero, porque IFEMA debe financiar la organización de la prueba y pagar, entre otros costes, los derechos correspondientes a Fórmula 1. El reparto contractual exacto entre ambas partes no es público.
Una pelouse con bastante menos verde del esperado
El problema no es únicamente semántico. Pelouse es una palabra francesa que significa césped y se utiliza desde hace décadas en circuitos europeos para identificar las áreas de admisión general, normalmente espacios abiertos donde el espectador no dispone de una butaca numerada y busca su sitio sobre una ladera o explanada.
MADRING promocionaba precisamente su pelouse como una experiencia flexible, con acceso a zonas verdes y abiertas, vistas de la pista, pantallas gigantes y libertad para elegir posición. Meses antes de la carrera también se difundieron recreaciones digitales en las que este sector aparecía sensiblemente más verde que el terreno que se han encontrado algunos aficionados durante el fin de semana del 11 al 13 de septiembre de 2026.
Las fotografías difundidas durante el viernes y el sábado 12 de septiembre muestran áreas de tierra seca y superficies polvorientas que han provocado comparaciones poco amables con un arenero. En redes se ha repetido una idea con diferentes grados de elegancia: pagar varios cientos de euros para acabar sentado en el suelo no era exactamente la postal que algunos compradores tenían en la cabeza.
Hay también espectadores que han defendido la zona porque la visibilidad de la pista es buena. Y ahí aparece una distinción importante. Una pelouse no vende una butaca ni el confort de una grada; vende acceso general a un sector desde el que seguir la carrera. Que resulte razonable pagar casi 400 euros por esa experiencia es otra discusión, mucho más terrenal.
Qué compraba realmente el espectador
La entrada de pelouse incluye el acceso al recinto durante el horario establecido, la zona correspondiente y su fan zone, además de servicios como pantallas, baños, puntos de agua y áreas de sombra distribuidos por el circuito. No hay asiento reservado. Tampoco está permitido introducir mobiliario voluminoso como sillas plegables, mesas o grandes neveras rígidas en esta modalidad.
Es decir, los cerca de 400 euros no son el precio de una parcela de césped. Son el precio de un abono de acceso al Gran Premio durante el fin de semana en su categoría más económica. La precisión importa porque explica el producto, aunque no elimina el contraste entre la promoción y la realidad. Cuando vendes visualmente una zona verde y el cliente se encuentra tierra reseca, el diccionario quizá te salve una discusión; la fotografía, bastante menos.
Los precios tampoco fueron idénticos durante todo el proceso comercial. Las primeras localidades de pelouse aparecieron por unos 295 euros, mientras que otras fases y referencias posteriores se acercaron a los 399. Por encima estaban las gradas, con importes que podían superar holgadamente los 500, 700 o 1.000 euros según ubicación y categoría. El universo VIP juega directamente en otra liga, con paquetes de varios miles de euros.
Entonces, ¿quién se queda con el dinero de las entradas?
Aquí está la parte menos visible del Gran Premio. La documentación del evento identifica expresamente a IFEMA MADRID como promotor. No a Liberty Media, no al Ayuntamiento de Madrid y no a la Comunidad de Madrid.
Eso significa que, en las entradas ordinarias como la pelouse, el ingreso comercial pertenece al entramado económico del evento organizado por IFEMA. De esa caja salen después numerosos gastos: personal, seguridad, montaje y desmontaje, servicios, operación del circuito, promoción, infraestructuras y, particularmente importante, el coste de tener una carrera del Mundial.
Fórmula 1 no cede gratis su campeonato, sus derechos comerciales ni su marca. Formula One World Championship Limited posee los derechos comerciales del Mundial y el promotor local adquiere el derecho a organizar la prueba mediante un acuerdo plurianual. Madrid firmó por diez temporadas, desde 2026 hasta 2035.
Fórmula 1 cobra un canon, pero su cifra exacta no es pública
IFEMA debe satisfacer los compromisos económicos establecidos con las sociedades de Fórmula 1. Entre ellos está el conocido habitualmente como canon de organización o hosting fee. Su cuantía exacta para Madrid no se ha divulgado oficialmente.
Las estimaciones conocidas durante la preparación del Gran Premio lo han situado en varias decenas de millones de euros anuales, pero las cifras cambian según la información utilizada. El dato verdaderamente firme es otro: no existe una cifra contractual pública que permita afirmar cuánto paga Madrid cada año a la F1. Parte de las condiciones económicas del acuerdo está sometida a confidencialidad.
Por tanto, sería incorrecto decir que Fórmula 1 se embolsa directamente los 399 euros de una entrada de pelouse. También lo sería presentar esos 399 euros como dinero que entra en la caja del Ayuntamiento. En realidad, IFEMA recauda como promotor y utiliza esos ingresos para sostener el negocio del Gran Premio, dentro del cual una de las grandes partidas es precisamente el pago de los derechos de F1.
No existe, al menos públicamente, una equivalencia del tipo «de estos 399 euros, 120 son para Liberty Media». El reparto exacto de cada entrada no puede establecerse con la información disponible.
IFEMA es Madrid, pero no es la caja del Ayuntamiento
Aquí la cosa se vuelve institucionalmente curiosa. IFEMA MADRID no es una empresa privada convencional. Es un consorcio participado por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, la Cámara de Comercio y la Fundación Montemadrid. La distribución institucional sitúa un 31% en manos de cada uno de los tres primeros socios y un 7% en la fundación.
Así que afirmar que el dinero «va a Madrid» necesita apellidos. Entra en la actividad de una institución madrileña estrechamente vinculada a las administraciones públicas, pero no se convierte automáticamente en un ingreso del presupuesto municipal como puede ocurrir con una tasa, un impuesto o una multa.
El proyecto se ha defendido desde el principio con la premisa de que debía sostenerse con sus propios ingresos, patrocinadores y explotación comercial, sin recurrir a subvenciones públicas para cubrir el negocio ordinario de la carrera. El riesgo empresarial, por tanto, está concentrado en el modelo diseñado por IFEMA: entradas, patrocinios, hospitality y explotación comercial tienen que pagar una maquinaria considerablemente más cara que la que se ve rodando por la pista.
La hospitalidad premium tiene incluso una arquitectura comercial distinta. IFEMA alcanzó un acuerdo con MATCH Hospitality para desarrollar y explotar conjuntamente las áreas VIP durante los diez años del proyecto, con un compromiso de inversión anunciado de 400 millones de euros durante ese periodo. No conviene mezclar esos paquetes de miles de euros con la pelouse: son productos y circuitos comerciales diferentes.
Los 467 millones para Madrid tampoco son dinero de taquilla
Otra cifra aparece continuamente alrededor de MADRING: 467 millones de euros. Tampoco significa que el Gran Premio vaya a ingresar esa cantidad.
Se trata de una estimación de impacto socioeconómico para la primera edición. Incluye la actividad generada en hoteles, restaurantes, transporte, comercio, construcción, industria y otros sectores. Las previsiones calculan también alrededor de 8.850 empleos asociados y cerca de 83 millones en impuestos y cotizaciones sociales. Son estimaciones, no el beneficio neto del organizador ni dinero que pueda colocarse en una única columna de ingresos.
La distinción es esencial. Una persona que llega desde Londres, duerme tres noches en Madrid, cena en un restaurante y utiliza transporte genera impacto económico en la ciudad aunque ninguno de esos euros pase por la taquilla de MADRING. Del mismo modo, una entrada de 399 euros sí constituye negocio directo del evento, pero debe enfrentarse a sus costes.
Y las previsiones económicas, por definición, necesitan contraste posterior. El propio planteamiento contempla una evaluación una vez terminada la prueba. De hecho, el fin de semana ha dejado algún dato menos exuberante: la ocupación hotelera se ha situado alrededor del 70%, claramente por debajo de algunas expectativas previas, después de que se liberaran numerosas reservas bloqueadas con antelación.
El precio del suelo seco también paga una Fórmula 1 muy cara
Así se entiende mejor la fotografía que ha incendiado las redes. Un aficionado puede haber pagado cerca de 400 euros, llegar a la zona más económica del circuito y encontrarse sentado sobre tierra. El dinero no se transfiere directamente a Fórmula 1: lo cobra el promotor, IFEMA MADRID. Pero tampoco se queda intacto en Madrid, porque organizar un Gran Premio significa pagar derechos al campeonato y asumir una estructura gigantesca de costes.
La paradoja es bastante gráfica. En la parte alta del negocio hay derechos comerciales internacionales, patrocinios y hospitality de varios miles de euros, además de un acuerdo pensado para durar hasta 2035. Abajo, literalmente abajo, está el espectador de la pelouse buscando dónde colocar la mochila sin levantar demasiado polvo.
Y ahí el debate deja de ser únicamente económico. MADRING vendió su admisión general como una zona abierta y verde; el estreno ha mostrado en algunos sectores una realidad mucho más árida. Que la pelouse sea la entrada más barata no significa que sea barata. Cerca de 400 euros siguen siendo cerca de 400 euros, aunque alrededor circulen paquetes VIP de 6.000.
La primera edición del Gran Premio de España en Madrid deberá juzgarse con todos sus números cuando termine: ingresos reales, costes, impacto económico y experiencia del público. De momento hay uno que resulta muy fácil de entender. Para quien pagó varios cientos de euros esperando aquella ladera verde de los renders, la diferencia entre una pelouse y un pedazo de tierra no es precisamente un tecnicismo.












