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Qué ver en el cine este finde: estrenos 17, 18 y 19 de abril

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pop corno con cine

La cartelera del 17 al 19 de abril mezcla terror, comedia, cine de autor y un regreso de culto: películas muy apetecibles este fin de semana.

La cartelera española del viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de abril de 2026 llega con una rareza bastante reconocible para cualquiera que siga el pulso de las salas: no hay un único estreno gigantesco que engulla todo lo demás, no aparece ese coloso que convierte el resto del cartel en simple atrezo, pero sí hay varias películas con público muy claro y una disputa bastante viva entre la novedad, el prestigio y la taquilla pura y dura. En los estrenos del 17 de abril destacan La momia de Lee Cronin, La familia Benetón +2, Un poeta, La mujer más rica del mundo y el documental We The Hispanos. Al mismo tiempo, siguen muy presentes en salas Super Mario Galaxy: La película, Proyecto Salvación, Torrente presidente, el reestreno-evento de Kill Bill: The Whole Bloody Affair y, todavía resistiendo, Amarga Navidad.

La respuesta, en limpio, sale bastante sola. Si lo que apetece es un estreno nuevo con olor a sala llena, sobresalto, sonido alto y conversación rápida al encenderse las luces, la opción más evidente es La momia. Si el plan va por el carril familiar, de tarde tranquila y butacas compartidas entre generaciones, La familia Benetón +2 entra de cabeza. Si se busca una sesión más adulta, menos impulsiva, de las que dejan una frase rondando durante el camino de vuelta, entonces el tramo más fino lo ocupan Un poeta y La mujer más rica del mundo. Y si la idea no es ver “lo nuevo” sino aprovechar una experiencia de sala poco habitual, larga, casi física, la cita más singular del fin de semana probablemente sea Kill Bill: The Whole Bloody Affair.

Un fin de semana con dos carteleras a la vez

Lo que vuelve especialmente interesante esta cartelera no es sólo lo que entra el viernes, sino lo que se niega a salir. A estas alturas de abril, la asistencia en España sigue muy condicionada por títulos que ya han encontrado su hueco en el imaginario popular. No hablamos de películas que simplemente “siguen ahí”, sino de títulos que todavía pesan, todavía mandan, todavía condicionan la conversación del espectador medio cuando se planta ante la marquesina y decide. En otras palabras: este fin de semana no empieza de cero.

Ahí está Super Mario Galaxy: La película, que sigue tirando con una fuerza muy seria en taquilla. Ahí sigue también Proyecto Salvación, que ha ido asentándose como opción potente para el público que quiere aventura espacial con rostro conocido y maquinaria de gran estudio. Y ahí continúa Torrente presidente, demostrando una vez más que el personaje, por mucho que escandalice a unos y agote a otros, conserva una capacidad comercial nada despreciable. El cine español más bronco, más basto y más provocador, cuando conecta, no pide permiso a nadie.

Eso obliga a leer el fin de semana del 17 al 19 de abril con un poco más de matiz. No basta con preguntar qué se estrena. Hay que mirar para quién se estrena, qué hueco real ocupa cada película y si entra a pelear por abrir fuerte o por durar varias semanas a base de boca a boca. Algunos títulos nacen para el primer impulso del viernes por la noche. Otros entran discretos, casi de puntillas, y encuentran su público en la sesión de versión original del sábado o en la tarde del domingo. La cartelera, esta vez, está partida en dos: la del estreno y la de la permanencia. Y no siempre manda la primera. A veces manda la que ya estaba sentada en la mesa cuando los nuevos aún estaban buscando sitio.

La momia, el estreno que mejor huele a fenómeno de sala

Entre las novedades, La momia parece la película con más facilidad para convertirse en la conversación general del fin de semana. La dirige Lee Cronin, dura algo más de dos horas y cuenta con Laia Costa, Jack Reynor y May Calamawy en el reparto. La premisa parte de la desaparición de la hija de un periodista en el desierto y de su regreso ocho años después. Regresa, sí, pero no del modo en que nadie querría que alguien regresase. El planteamiento no busca la aventura arqueológica con barniz clásico, sino una relectura de terror contemporáneo, más pegada al cuerpo, a la atmósfera turbia, al miedo incómodo.

Y ahí está su principal baza. La momia no parece diseñada para acariciar la nostalgia del espectador que sólo quiere recuperar un icono reconocible, sino para aprovechar esa marca y llevarla a un terreno más agresivo, más físico, más de sobresalto seco que de exotismo elegante. Es una decisión bastante astuta. Las viejas criaturas del cine aguantan mejor cuando no se las trata como piezas de museo, sino como presencias aún capaces de molestar. Si les limpias demasiado el polvo, dejan de asustar. Si las sueltas otra vez en la oscuridad, la cosa cambia.

También ayuda el momento. Abril suele ser un mes traicionero para el terror comercial. O entra con fuerza desde el primer día o se ve arrinconado enseguida por el siguiente reclamo más ruidoso. La momia llega con varias ventajas concretas: una marca universalmente reconocible, un enfoque que no parece el simple refrito de siempre y una actriz como Laia Costa, que aporta una densidad poco habitual en productos de gran consumo. No garantiza excelencia, claro. Garantiza algo quizá más valioso en este tipo de cine: que la película puede funcionar de verdad dentro de una sala. Y eso, en terror, es media victoria.

No tiene por qué ser la mejor del cartel, ni falta que le hace. Su misión parece otra: convertirse en el estreno más evidente para quien quiere una experiencia colectiva de fin de semana, de esas en las que el público reacciona junto, se tensa junto y sale comentando una escena concreta mientras busca un bar abierto. El terror, cuando afina, tiene una precisión comercial casi obscena. Ordena el deseo del espectador sin necesidad de discursos. Basta con que el monstruo llegue a tiempo.

La comedia familiar vuelve a reclamar su sitio

En el otro extremo del mapa aparece La familia Benetón +2, dirigida por Joaquín Mazón y protagonizada por Leo Harlem, El Langui y Anabel Alonso. Es una secuela, sí, y ni siquiera intenta disimularlo. Lo suyo consiste en volver a una fórmula que ya funcionó: familia desbordada, humor amplio, caos doméstico, ternura razonable y un tipo de enredo que no necesita reinventar nada para cumplir su función. Esta vez, la suma de dos bebés amplifica el desorden y convierte el título casi en una declaración de intenciones.

No conviene pedirle a esta película lo que nunca ha prometido. La familia Benetón +2 no sale a conquistar el prestigio crítico ni a ganar respeto en la sobremesa cultural. Sale a ocupar una franja muy concreta del mercado, la del plan familiar reconocible, la de la tarde compartida, la de la película que permite meter a varias generaciones en la misma sala sin que nadie se sienta expulsado del todo. Y eso, que a veces se despacha con cierta condescendencia, sigue siendo una pieza central de la exhibición en España.

Hay algo muy poco glamuroso y muy real en ese cine que funciona como pacto intergeneracional. No deslumbra. No pretende revolucionar el lenguaje. Pero resuelve una necesidad concreta del público. A veces eso pesa más que cualquier ambición estética. De hecho, cuando se desprecia demasiado este tipo de comedia suele aparecer la taquilla para recordar, con una sonrisa algo cruel, que la gente también va al cine para pasarlo bien sin necesidad de firmar un manifiesto intelectual antes de entrar. Y hacen bien.

Dinero, escándalo, fracaso y memoria: el carril más adulto

Si el lector busca una sesión menos obvia, menos diseñada para el golpe inmediato y más pegada a la conversación de fondo, el viernes trae dos títulos especialmente sugerentes y un documental con bastante sentido en el contexto actual. La mujer más rica del mundo, dirigida por Thierry Klifa y protagonizada por Isabelle Huppert, Marina Foïs y Laurent Lafitte, se inspira en el gran escándalo asociado a la fortuna de Liliane Bettencourt y al universo de poder que giraba a su alrededor. Lo interesante aquí no es sólo el dinero, que siempre da mucho juego en pantalla, sino la forma en que ese dinero organiza relaciones de dependencia, sospecha, influencia y deterioro familiar.

La película parece moverse en ese terreno tan francés y tan feroz donde los salones impecables sirven para esconder guerras sucias. El lujo no aparece como aspiración, sino como campo de batalla. Hay algo casi venenoso en esa clase de relatos: cuanto más refinado parece todo, más evidente resulta el barro bajo la alfombra. Isabelle Huppert, además, tiene esa capacidad para sostener la ambigüedad con una frialdad eléctrica, de modo que la película puede convertirse en una de las mejores opciones para el espectador que quiere un cine adulto, elegante y con mala leche.

Muy cerca, aunque en una frecuencia completamente distinta, aparece Un poeta, dirigida por Simón Mesa Soto. La historia de Óscar Restrepo, poeta frustrado, profesor, hijo, hombre desubicado que cree reconocer en una alumna el talento que él perdió o nunca supo administrar, toca una fibra bastante incómoda. Habla del fracaso sin disfrazarlo, del desgaste, de esa frontera borrosa entre la vocación auténtica y la obstinación estéril. Es una película pequeña sólo en apariencia. En realidad pisa terreno delicado, muy reconocible para cualquiera que haya convivido alguna vez con una ilusión vieja que ya no sabe si lo sostiene o lo arrastra.

Tiene además una ventaja rara en esta cartelera: promete una experiencia de cine menos ruidosa, más interior, y eso puede resultar especialmente atractivo en un fin de semana donde el resto de títulos empujan con más volumen. No todo el mundo quiere salir del cine como quien sale de una atracción. A veces se busca lo contrario: una película que no te zarandee, pero sí te acompañe un rato después.

A ese tramo adulto se suma We The Hispanos, el documental de José Luis López-Linares, centrado en la huella hispana en Estados Unidos y en el peso cultural, político y social de esa comunidad. No es el título llamado a reventar la sesión del sábado noche, pero sí uno de esos documentales que pueden encontrar un público bastante atento si logran colocarse bien. La identidad, la memoria compartida, la discusión sobre lo hispano al otro lado del Atlántico… nada de eso suena menor. Al contrario. En una cartelera repleta de ruido, este tipo de cine a veces entra como una pausa, pero no como un descanso: más bien como una corrección de enfoque.

Las películas que siguen mandando aunque no sean novedad

Sería un error escribir sobre qué ver en el cine este fin de semana como si sólo existiera lo que se estrena el viernes. De hecho, varias de las opciones más sólidas siguen siendo películas que ya estaban ahí y que no han perdido fuerza. Super Mario Galaxy: La película continúa dominando la conversación popular y la asistencia familiar. Proyecto Salvación se ha consolidado como referencia para quien quiere gran espectáculo, ciencia ficción accesible y una aventura con músculo. Torrente presidente sigue demostrando que, en España, cierto tipo de comedia gamberra mantiene una capacidad de arrastre que muchos llevan años subestimando. Y Amarga Navidad permanece como refugio claro para el espectador que todavía busca cine español adulto, emocionalmente áspero y sin correcciones blandas.

Cada una ocupa un espacio muy distinto. Super Mario Galaxy es la opción transversal, la del público amplio, la del recuerdo de marca convertido en plan de ocio. Proyecto Salvación ofrece una mezcla muy reconocible de peripecia espacial, tensión de misión y carisma industrial, ese cine grande que no necesariamente sorprende pero sí sabe moverse dentro de su propia maquinaria. Torrente presidente, mientras tanto, funciona casi como una anomalía persistente: el personaje es bruto, excesivo, de trazo gordísimo, pero sigue siendo una herramienta comercial muy eficaz, quizá porque conecta con una parte del público sin la menor vergüenza, sin pedir perdón y sin necesidad de barniz.

Y luego está Amarga Navidad, que juega una liga distinta. Más íntima, más quebrada, más pegada al duelo y al desorden emocional. En una cartelera que mezcla monstruos, bebés, sátiras y aventuras espaciales, su mera permanencia ya dice algo: sigue existiendo un espacio para el cine que no busca entretener a toda costa, sino explorar la fragilidad con cierta sequedad. No es la película más ruidosa del fin de semana. Probablemente tampoco la más vistosa. Pero para cierta parte del público sigue siendo una de las más necesarias.

La experiencia de sala más singular no llega del todo nueva

Hay, además, una anomalía maravillosa en el cartel: Kill Bill: The Whole Bloody Affair. No es estrictamente el estreno del 17, porque aterrizó unos días antes, pero para muchos espectadores sigue siendo la verdadera gran cita de este fin de semana. Más de cuatro horas de metraje, intermedio incluido, material recompuesto, secuencias ampliadas, ritmo de maratón y una propuesta que se parece poco al consumo rápido con el que tantas veces se trata el cine actual.

Lo interesante aquí no es sólo la nostalgia, aunque la nostalgia esté, claro. Lo verdaderamente poderoso es la posibilidad de volver a un material muy conocido y encontrarlo transformado, casi rehecho desde dentro. Esta versión convierte las dos películas en una experiencia más continua, más grande, más desmesurada y más física. No es una sesión para “echar la tarde”, sino casi para instalarse en el cine. Y eso, precisamente por ser poco frecuente, vuelve el plan todavía más atractivo.

Mientras muchos estrenos nuevos parecen diseñados para entrar y salir de la conversación con la misma velocidad con la que se consume una serie cualquiera, Kill Bill propone lo contrario: duración, exceso, coreografía, cuerpo, cansancio feliz. Una película que exige tiempo y que por eso mismo deja una sensación distinta. No es la opción más práctica. Quizá ni siquiera la más cómoda. Pero sí puede ser la experiencia más memorable de este fin de semana para quien aún entienda la sala como un lugar al que se va a vivir algo, no sólo a cubrir expediente cultural.

La cartelera más viva no siempre es la más espectacular

El fin de semana del 17, 18 y 19 de abril deja, en el fondo, una noticia bastante buena para el espectador: hay variedad real. No esa variedad tramposa en la que cinco películas parecen distintas y en realidad ofrecen el mismo molde con distinto disfraz, sino una cartelera con tonos, ritmos y públicos claramente separados. La momia concentra el impulso del gran estreno de terror. La familia Benetón +2 ocupa sin complejos el territorio familiar. Un poeta y La mujer más rica del mundo elevan el tramo adulto con dos propuestas muy distintas entre sí. We The Hispanos abre una vía documental con sentido. Y por debajo, sosteniendo el conjunto, siguen empujando Super Mario Galaxy, Proyecto Salvación, Torrente presidente, Amarga Navidad y la rareza monumental de Kill Bill: The Whole Bloody Affair.

Eso cambia bastante la lectura del fin de semana. No manda una sola película. Manda la disposición del espectador. El que quiera miedo tiene una opción clara. El que quiera familia, también. El que quiera cine adulto, lo encuentra. El que quiera espectáculo ya probado, lo tiene delante. El que quiera una sesión larga, casi ceremonial, también puede salir servido. Y eso en abril, mes tantas veces de transición, no es poca cosa.

Quizá la mejor noticia de esta cartelera sea justamente esa: no obliga a nadie a entrar por un único pasillo. No empuja a una sola conversación. No te dice qué debes ver para sentir que estás al día. Ofrece varias puertas. Algunas más ruidosas, otras más discretas. Algunas con vocación de gran público, otras destinadas a resistir en voz baja. Pero puertas al fin y al cabo. Y en una temporada en la que la industria se empeña a menudo en fabricar “el gran evento definitivo” de cada semana, encontrarse con una cartelera así, más repartida, más abierta, más viva, casi sabe mejor. Menos trompetería. Más cine.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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