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Semana Santa 2026: el pronóstico del tiempo por comunidades

Frío al inicio, mejoría en el centro y el sur, y más incertidumbre en el norte: así se distribuía el pronóstico.

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Qué tiempo hará en Semana Santa 2026

El pronóstico difundido por la Aemet el 25 de marzo de 2026 dibujaba una Semana Santa de dos tiempos: un Domingo de Ramos frío, con lluvias en el norte y nieve en zonas de montaña, seguido de una recuperación térmica en buena parte del centro, el sur y el litoral mediterráneo. El norte atlántico, en cambio, mantenía más opciones de chubascos durante varios días.

Estas previsiones corresponden al periodo del 29 de marzo al 5 de abril de 2026 y describen lo que se esperaba antes de esas fechas; no son un pronóstico vigente. Con los datos disponibles entonces, Andalucía y Extremadura partían con mejores perspectivas generales, mientras que Asturias, Cantabria y el País Vasco afrontaban un tramo más húmedo. La diferencia entre comunidades, y también entre costa e interior, era más importante que cualquier resumen para toda España.

Una previsión fechada y una semana de contrastes

El rasgo central del mapa era la distancia entre el primer día y el resto de la semana. Para el domingo 29 de marzo se anticipaba un descenso acusado de las temperaturas en amplias zonas peninsulares y Baleares. Las máximas podían quedarse entre 11 y 13 grados en áreas del interior norte y del este, con valores inferiores a 10 grados en algunos puntos y heladas nocturnas en zonas interiores, especialmente del norte y el este.

La previsión no planteaba, sin embargo, que ese ambiente casi invernal dominara todos los días festivos. A partir del Lunes Santo se esperaba una subida de las temperaturas en muchas regiones y una mayor estabilidad en amplias zonas del centro y del sur. La lluvia quedaba más concentrada en el extremo norte y en algunos sectores del noreste, aunque el panorama podía cambiar de una jornada a otra. La recuperación no equivalía a sol asegurado en todo el país: señalaba una tendencia general, no una garantía local.

Ese matiz importa porque una máxima templada por la tarde no elimina el frío de madrugada, y una jornada sin lluvia en una capital no describe necesariamente lo que sucede en las montañas de su comunidad. El pronóstico situaba nieve en los Pirineos con una cota de alrededor de 1.000 a 1.200 metros al comienzo de la semana, mientras las zonas costeras podían tener temperaturas más suaves. La geografía convertía el mapa nacional en una suma de escenarios distintos.

Domingo de Ramos: el golpe frío del comienzo

El primer cambio llegaría antes del Domingo de Ramos: el jueves previo, las máximas podían bajar entre seis y ocho grados respecto al miércoles en una parte relevante de la Península. El resultado previsto para el domingo era una jornada fría para finales de marzo, con heladas en algunos puntos y una sensación desapacible allí donde se sumaran viento y precipitaciones. El frío se iba a notar especialmente al amanecer y después de la caída del sol, incluso en lugares donde el mediodía ofreciera una tregua.

Teruel resumía el extremo del frío nocturno en el interior, con una mínima prevista en torno a −2 grados. Cuenca podía acercarse a −1, mientras Burgos y Soria aparecían entre las ciudades con máximas por debajo de 10 grados. En Valladolid, Salamanca, Zamora y León se esperaban valores contenidos, aproximadamente entre 12 y 15 grados, con diferencias locales. Madrid también comenzaría fresca, aunque sin alcanzar los registros más bajos del interior norte.

La lluvia del domingo se concentraría sobre todo en el Cantábrico, los Pirineos y el alto Ebro, además de alcanzar Baleares. En las montañas pirenaicas podía nevar por encima de cotas relativamente bajas para la época, mientras buena parte del centro y del sur tendría una jornada más seca, aunque fría a primera y última hora. No se anticipaba un día lluvioso de costa a costa, sino un reparto desigual de precipitaciones y temperaturas.

Andalucía y Extremadura, con mejores perspectivas

Andalucía destacaba por la combinación de tardes más templadas y un panorama general más estable que el del norte. Sevilla arrancaría con una mañana fresca el Domingo de Ramos y una máxima en torno a 22 grados; para el martes y el miércoles, la previsión apuntaba a 25 o 26 grados. En el tramo posterior podía aumentar la nubosidad e incluso presentarse chubascos, de modo que el pronóstico favorable no descartaba cambios hacia el jueves o el viernes.

Córdoba y Jerez seguían una pauta parecida, con tardes cálidas para la época y una subida más marcada que en las regiones septentrionales. Málaga, bajo una influencia marítima más directa, mantenía máximas más moderadas, de alrededor de 19 a 21 grados, y mínimas contenidas. Granada combinaría amaneceres frescos con tardes en ascenso, que podían rondar los 22 o 23 grados en los momentos más templados. Jaén, Cádiz, Huelva y Almería encajaban, en términos generales, en esa mejoría tras el comienzo frío.

El contraste entre el sur y el norte quedaba especialmente claro hacia el jueves: la previsión citada situaba Sevilla cerca de 27 grados, mientras algunas ciudades del norte de Castilla podían permanecer por debajo de 10. No significaba que toda Andalucía fuera a tener cielos despejados, sino que el balance térmico y la estabilidad eran más favorables. Extremadura también partía con buenas perspectivas: Badajoz y Cáceres podían alcanzar entre 23 y 25 grados en varios momentos, con una recuperación rápida y sin señales de lluvia persistente.

El centro peninsular pasa del abrigo a la primavera

Madrid reflejaba bien la transición prevista. Para el Domingo de Ramos se calculaban unos 15 grados de máxima y cerca de 4 de mínima, una jornada fresca, sobre todo a primera hora. Desde el lunes, las temperaturas debían remontar, con valores de 22 o 23 grados entre martes y miércoles. La señal principal para la región era, por tanto, un inicio frío seguido de días más templados, sin indicios en aquel pronóstico de una semana entera dominada por la lluvia.

Castilla-La Mancha ofrecía diferencias entre sus llanuras y las zonas de mayor altitud. Toledo podía rondar los 18 grados el domingo y acercarse a 24 o 25 durante el tramo central de la semana. Cuenca comenzaría con una madrugada próxima a −1 y una máxima alrededor de 13, para superar los 20 grados desde el martes. Ciudad Real, Albacete y Guadalajara compartían el patrón general de mañanas frías y tardes en progresiva recuperación, aunque el detalle variaba según la localidad.

Castilla y León empezaría con más frío. Valladolid y Salamanca podían quedarse cerca de 12 grados el domingo; León, alrededor de 13, y Zamora, cerca de 15. Las máximas subirían el lunes y el martes, con varias capitales aproximándose a los 20 grados, pero Burgos y Soria seguirían entre las zonas más frías. Aragón también combinaría una mejoría posterior con un arranque invernal: Zaragoza rondaría los 16 grados el domingo y subiría hacia 18, 20 y 22 durante la semana, mientras Teruel y el Pirineo oscense conservarían el mayor riesgo de frío y nieve.

El Mediterráneo: costa más suave, montaña más expuesta

Cataluña no tenía un único pronóstico válido para toda la comunidad. Barcelona podía comenzar cerca de 17 grados y avanzar hacia máximas de 20 o 21 entre martes y jueves, en una secuencia relativamente templada. El Pirineo catalán, en cambio, estaba dentro de la zona con más opciones de lluvia y nieve al inicio, con cotas previstas de 1.000 a 1.200 metros. La diferencia entre litoral y montaña era suficiente para que el tiempo de una ciudad no representara el de toda la región.

La Comunidad Valenciana aparecía entre las zonas con una evolución más llevadera. Valencia podía pasar de unos 19 grados el Domingo de Ramos a alrededor de 23 en la mitad de la semana. El pronóstico mantenía una situación mayoritariamente estable, aunque señalaba la posibilidad de chubascos hacia el viernes. Castellón y Alicante compartían, en términos generales, temperaturas suaves y menos sobresaltos que el interior castellano. La previsión apuntaba a una semana razonable, no a una ausencia absoluta de lluvia.

En la Región de Murcia, la capital podía moverse aproximadamente entre 20 y 24 grados, con una primera mitad de semana más estable y una posibilidad de lluvia más marcada al final. Cartagena, por la influencia del mar, tendría un ambiente menos contrastado. Baleares requería más cautela: se esperaban precipitaciones el Domingo de Ramos, una mejoría entre martes y jueves y un posible aumento de la inestabilidad al acercarse el cierre de la semana. En las islas, además, el viento podía influir en la sensación de frío tanto como la temperatura.

El norte, la franja más pendiente de las nubes

Asturias, Cantabria y el País Vasco concentraban las perspectivas más húmedas. Para Bilbao y San Sebastián se esperaba un domingo fresco, con máximas en torno a 13 grados y posibilidad elevada de chubascos. La lluvia podía reaparecer durante la semana, acompañada de nubosidad abundante y temperaturas moderadas. No se describía necesariamente un episodio de precipitaciones continuas, sino una sucesión de jornadas con más humedad e incertidumbre que en el centro y el sur.

Oviedo podía oscilar entre 12 y 18 grados durante la semana, con lluvias intermitentes y abundancia de nubes. Cantabria presentaba un patrón parecido: costa fresca, nubosidad persistente y precipitaciones recurrentes. Para quienes seguían las celebraciones al aire libre, el factor más condicionante no era solo el frío, sino la posibilidad de que los chubascos aparecieran en distintos momentos. La previsión, con los datos disponibles entonces, mantenía al arco cantábrico entre las regiones menos estables.

Galicia quedaba en una posición intermedia. Santiago de Compostela podía mejorar en el tramo central, con máximas previstas de 21 a 23 grados, aunque el final de la semana se presentaba más dudoso y con opciones de lluvia. Navarra y La Rioja también ocupaban una zona de transición: podían recibir la influencia de la inestabilidad del norte y del valle del Ebro, con temperaturas contenidas y precipitaciones posibles en distintos tramos. No se dibujaba una semana uniformemente lluviosa, pero tampoco una estabilidad sostenida como la prevista para partes del sur y el Mediterráneo.

Canarias y las ciudades autónomas

Canarias se encaminaba hacia un tiempo más tranquilo tras los días de inestabilidad asociados a la borrasca Therese. La previsión apuntaba a estabilidad desde el comienzo de la semana, aunque no descartaba precipitaciones débiles en el norte de algunas islas. Las máximas en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife podían situarse entre 19 y 23 grados, con intervalos nubosos y un ambiente suave. El escenario era más benigno que el del interior peninsular, pero no completamente uniforme entre islas y vertientes.

En Ceuta y Melilla se esperaba un tiempo cálido y estable durante la Semana Santa. Esa perspectiva contrastaba con las lluvias previstas en el Cantábrico y el frío de algunas zonas interiores al inicio. Aun así, el pronóstico debía leerse por jornadas: una tendencia estable no excluye cambios locales, del mismo modo que un día de lluvia en el norte no significa que todas las ciudades de la comunidad vayan a registrar precipitaciones a la misma hora.

Los festivos también variaban por territorio

La Semana Santa de 2026 se extendía del Domingo de Ramos, 29 de marzo, al Domingo de Resurrección, 5 de abril. El Jueves Santo caía el 2 de abril y el Viernes Santo, el 3. La distribución laboral no era idéntica en todo el país: la mayoría de las comunidades reconocía como festivos el jueves y el viernes, mientras otras sustituían el Jueves Santo por el Lunes de Pascua, el 6 de abril. Las fechas podían ser relevantes para interpretar qué jornadas concentraban más desplazamientos y celebraciones, aunque no alteraban el pronóstico meteorológico.

Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla y León, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia, Ceuta y Melilla tenían como festivos el 2 y el 3 de abril. Asturias señalaba el Viernes Santo como festivo. Cataluña y la Comunidad Valenciana celebraban el Viernes Santo y el Lunes de Pascua, mientras Castilla-La Mancha, Navarra, el País Vasco y La Rioja incorporaban los tres días: Jueves Santo, Viernes Santo y Lunes de Pascua. La organización del calendario dependía de cada territorio, por lo que el periodo de descanso podía alargarse de forma distinta.

Ese calendario ayuda a situar los días centrales, pero no convierte la previsión en un pronóstico cerrado para cada procesión o localidad. La información meteorológica citada se publicó antes de la Semana Santa y describía tendencias regionales; el tiempo concreto podía diferir entre municipios próximos. En especial, la distancia entre costa y montaña, las heladas nocturnas y la persistencia de nubes en el norte hacían que la escala local fuese decisiva para entender el mapa.

El mapa que dejaba la previsión de marzo

La lectura más fiel de aquel pronóstico era la de una Semana Santa que comenzaba con frío y se recomponía de forma desigual. Andalucía y Extremadura aparecían con el balance más favorable; Madrid y Castilla-La Mancha tenían una subida térmica clara; la Comunidad Valenciana y Murcia ofrecían condiciones relativamente estables. Cataluña mezclaba una costa más suave con un Pirineo expuesto a lluvia y nieve, mientras Baleares mantenía más incertidumbre en el inicio y el final del periodo.

En el otro extremo, Asturias, Cantabria y el País Vasco reunían más opciones de precipitaciones repetidas. Galicia, Navarra y La Rioja quedaban en un terreno intermedio, y Castilla y León y Aragón debían afrontar el frío inicial, con especial atención a las heladas y la montaña. Canarias tendía a estabilizarse, mientras Ceuta y Melilla esperaban jornadas cálidas. No había un único tiempo para toda España: el rasgo decisivo era el contraste entre regiones y la mejoría prevista después del Domingo de Ramos.

Al tratarse de una previsión emitida antes de las fiestas, sus cifras describen lo que se esperaba con la información disponible el 25 de marzo de 2026, no necesariamente lo que terminó ocurriendo. Esa fecha es parte esencial del pronóstico: la lluvia y las temperaturas se revisan conforme se acerca cada jornada. El cuadro de entonces, aun con sus matices, dejaba una idea clara: abrigo al comienzo en muchas zonas y más opciones de tiempo templado después, salvo en un norte que seguía mirando al cielo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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