Historia
¿Qué santo se celebra el 28 de junio? El santoral católico del día
San Ireneo de Lyon encabeza el santoral del 28 de junio, acompañado por otros santos, mártires y figuras esenciales de la tradición católica.

Resumen
- San Ireneo de Lyon es el santo principal del 28 de junio
- El santoral también recuerda a san Pablo I y san Argimiro de Córdoba
- En 2026, la misa corresponde al XIII domingo del tiempo ordinario
El 28 de junio se celebra principalmente a san Ireneo de Lyon, obispo, Padre de la Iglesia, mártir según la tradición y uno de los pensadores decisivos del cristianismo antiguo. Quienes llevan el nombre de Ireneo festejan, por tanto, su onomástica en esta jornada.
El santoral del día no se limita a un único nombre. También recuerda a san Pablo I, san Argimiro de Córdoba, san Heimerado de Hassungen, san Juan Southworth, santa María Du Zhaozhi y santa Vicenta Gerosa. Varias épocas, países y vidas muy distintas reunidas en una misma casilla del almanaque; el santoral católico nunca ha sido precisamente un vecindario monótono.
Este domingo, 28 de junio de 2026, aparece además un matiz litúrgico importante. La memoria de san Ireneo permanece en el calendario de los santos, aunque la misa corresponde al XIII domingo del tiempo ordinario, que tiene precedencia. Dicho de manera sencilla: san Ireneo sigue siendo el santo principal de la fecha, pero las celebraciones dominicales utilizan las oraciones y lecturas propias del domingo.
San Ireneo de Lyon, el santo principal del 28 de junio
Ireneo nació en Asia Menor durante la primera mitad del siglo II, probablemente en Esmirna, territorio de la actual Turquía. Allí recibió una formación griega sólida y fue discípulo de san Policarpo, obispo que, según la tradición cristiana, había conocido al apóstol Juan. Esa cercanía con las primeras generaciones de creyentes otorgó a Ireneo una posición singular: estaba lejos de los años de Jesús, claro, pero todavía podía escuchar el eco de quienes habían tratado con los apóstoles.
Más tarde viajó hasta la Galia y se instaló en Lyon, entonces llamada Lugdunum. Llegó a una comunidad castigada por las persecuciones y acabó sucediendo como obispo de Lyon a san Potino, muerto durante la represión contra los cristianos. La ciudad era un cruce de caminos, lenguas y culturas; Ireneo entendió que predicar exigía algo más que repetir fórmulas. Aprendió los idiomas de los pueblos celtas y germánicos y adaptó su labor pastoral a aquel paisaje humano.
Su figura quedó vinculada a la defensa de la tradición apostólica, pero no fue un polemista de escritorio encerrado entre pergaminos. Ejerció como obispo, acompañó a comunidades golpeadas y trató de mantener la unidad en una Iglesia joven que ya discutía —con bastante entusiasmo, como suele ocurrir en las familias— sobre doctrina, disciplina y costumbres.
De Esmirna a Lyon y su respuesta al gnosticismo
La biografía de san Ireneo atraviesa el Mediterráneo de este a oeste. Nacido en el mundo cultural griego y convertido en obispo de una ciudad gala, llevó a Occidente el pensamiento teológico desarrollado en las comunidades cristianas orientales. Ese recorrido explica por qué siglos después sería presentado como un puente espiritual entre Oriente y Occidente.
También su nombre parecía anunciar su tarea. Ireneo procede del término griego relacionado con la paz y puede traducirse como pacífico o pacificador. No se trató, sin embargo, de una paz blanda, hecha de silencios cómodos. Defendió con firmeza sus ideas, pero procuró evitar rupturas innecesarias entre las distintas iglesias. En tiempos de controversia, prefirió coser antes que rasgar.
Ahí reside una de las paradojas más atractivas del personaje. Fue un adversario severo de las doctrinas que consideraba falsas y, al mismo tiempo, un hombre preocupado por conservar la comunión. Convicción y diálogo, dos palabras que suelen aparecer divorciadas, convivían en su pensamiento sin montar demasiado escándalo.
Buena parte de la obra de Ireneo nació de su enfrentamiento con el gnosticismo, nombre que agrupa varias corrientes religiosas y filosóficas extendidas durante los primeros siglos del cristianismo. Sus seguidores defendían formas de conocimiento reservado a una minoría y, en algunos casos, presentaban el mundo material como una realidad inferior o defectuosa.
Ireneo respondió que la fe cristiana no era un secreto para iniciados ni una contraseña reservada a una élite espiritual. La enseñanza debía ser pública, compartida y reconocible en las comunidades fundadas sobre la predicación apostólica. Frente al laberinto de revelaciones ocultas, proponía una tradición común. Menos misterio clandestino y más memoria contrastable, por expresarlo con palabras de este siglo.
Su obra más conocida, Contra las herejías, desmontó aquellas doctrinas y expuso de manera ordenada las bases de la fe cristiana. También se conserva la Demostración de la predicación apostólica, un texto más breve en el que presenta los grandes ejes de la historia de la salvación. Sus escritos resultaron fundamentales para la teología posterior y permiten conocer movimientos religiosos que, de otro modo, apenas habrían dejado rastro.
Por qué san Ireneo es Doctor de la Iglesia
El papa Francisco proclamó a san Ireneo Doctor de la Iglesia el 21 de enero de 2022 y le concedió el título latino de Doctor unitatis, Doctor de la Unidad. La distinción reconoce a santos cuya enseñanza posee una relevancia extraordinaria para el conjunto de la Iglesia católica.
No todos los santos reciben ese título. La santidad alude al testimonio de vida; el doctorado eclesial destaca, además, la profundidad y permanencia de una doctrina. En el caso de Ireneo, pesaron su defensa de la fe apostólica, su visión del ser humano y su capacidad para conectar las tradiciones cristianas de Oriente y Occidente.
Su pensamiento concede un gran valor a la creación, al cuerpo y a la historia. El ser humano no aparece como un espíritu accidentalmente atrapado en la materia, sino como una criatura llamada a crecer y alcanzar plenitud. Esa mirada chocaba de frente con las corrientes que despreciaban el mundo material. Para Ireneo, la encarnación de Cristo confirmaba la dignidad de la humanidad entera, cuerpo incluido. Nada menor en una época en la que algunos pretendían salvar el alma desentendiéndose del resto del equipaje.
La tradición atribuye a Ireneo una muerte martirial alrededor del año 202, aunque los detalles históricos no están completamente documentados. Por eso conviene hablar de martirio según la tradición, sin añadir escenas novelescas que las fuentes antiguas no permiten sostener. La hagiografía también necesita frenos; la devoción no mejora cuando se adorna con datos inventados.
Los otros santos que se celebran el 28 de junio
El santoral católico reúne cada día varias conmemoraciones. La más destacada del 28 de junio es san Ireneo, pero el Martirologio romano incorpora otros nombres cuya memoria se conserva en comunidades y tradiciones locales.
San Pablo I fue papa en el siglo VIII. Se le recuerda por la atención prestada a enfermos y personas pobres, a quienes visitaba discretamente durante la noche, y por su defensa del culto a las imágenes durante las disputas iconoclastas. También fue el primer pontífice que sucedió en el cargo a un hermano, el papa Esteban II, una singularidad familiar que rara vez ofrece la historia del Vaticano.
San Heimerado de Hassungen fue un sacerdote y eremita alemán del siglo XI, conocido por sus peregrinaciones y por una vida marcada por la pobreza y el desprecio social. San Juan Southworth, sacerdote inglés del siglo XVII, atendió a enfermos durante una epidemia y fue ejecutado en Londres por ejercer el ministerio católico durante un periodo de persecución religiosa.
Santa María Du Zhaozhi murió en China durante la rebelión de los bóxers tras negarse a abandonar su fe. Santa Vicenta Gerosa, religiosa italiana del siglo XIX, fundó junto con santa Bartolomea Capitanio el Instituto de las Hermanas de la Caridad, dedicado especialmente a la asistencia de enfermos, personas pobres y jóvenes sin recursos.
San Argimiro de Córdoba, la memoria española de la jornada
Entre los nombres del día sobresale para España san Argimiro de Córdoba, uno de los mártires mozárabes del siglo IX. Había desempeñado funciones públicas y, ya en edad avanzada, se retiró a la vida monástica. Fue detenido durante el emirato de Mohamed I y recibió la orden de renunciar al cristianismo.
San Argimiro se negó. Las autoridades lo sometieron a tormento y lo ejecutaron en Córdoba en el año 856. Su historia pertenece al complejo paisaje religioso de Al-Ándalus, donde cristianos, musulmanes y judíos compartieron ciudades y mercados, aunque aquella convivencia estuvo lejos de ser siempre apacible o igualitaria. La estampa idílica y la caricatura sombría sirven de poco: la historia real acostumbra a tener más pliegues.
Su conmemoración aporta al santoral del 28 de junio una referencia directamente vinculada con la historia religiosa peninsular. El nombre Argimiro es poco frecuente, pero conserva su jornada onomástica en esta fecha.
Qué se celebra en la misa del 28 de junio de 2026
El calendario litúrgico no coincide exactamente con el santoral popular. El santoral indica qué santos son recordados en una fecha; la liturgia determina qué celebración corresponde a la misa y al oficio religioso atendiendo a un orden de precedencia.
En 2026, el 28 de junio cae en domingo. La Iglesia católica celebra el XIII domingo del tiempo ordinario, perteneciente al ciclo A, y esta celebración dominical prevalece sobre la memoria de san Ireneo. Por esa razón, en las parroquias se leen los textos propios del domingo, entre ellos el pasaje del Evangelio de Mateo sobre el seguimiento, la acogida y la entrega de la vida.
Nada de esto elimina a san Ireneo del santoral. Su onomástica se mantiene y su figura puede ser recordada en la predicación o en la devoción particular. Simplemente, la estructura litúrgica concede prioridad al domingo, centro semanal de la celebración cristiana. El calendario tiene sus jerarquías; incluso los santos guardan turno.
Conviene no confundir tampoco esta fecha con la solemnidad de san Pedro y san Pablo, celebrada el 29 de junio. La proximidad provoca búsquedas y felicitaciones adelantadas, pero el día 28 pertenece a san Ireneo y a los demás santos mencionados. Pedro y Pablo llegan veinticuatro horas después.
Una fecha antigua que todavía habla en presente
El santoral del 28 de junio está encabezado por un obispo del siglo II que combatió ideas reservadas a minorías, defendió una fe común y trató de preservar la unidad sin convertirla en uniformidad. San Ireneo de Lyon no fue un personaje de gestos espectaculares, sino un pensador paciente que cruzó culturas y puso orden en una época intelectualmente revuelta.
Junto a él aparecen un papa que visitaba enfermos de noche, un monje cordobés, un eremita alemán, un sacerdote inglés y dos mujeres vinculadas al martirio y al servicio social. Un pequeño atlas humano extendido a lo largo de dieciocho siglos.
Para quienes consultan el calendario, la respuesta permanece clara: el santo principal del 28 de junio es san Ireneo de Lyon y quienes llevan el nombre de Ireneo celebran su onomástica. En 2026, la jornada coincide con el domingo XIII del tiempo ordinario, una circunstancia litúrgica que modifica la misa, no la memoria. Dos planos distintos que caben, sin molestarse, en el mismo día.

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